Habla
del Jardín como quien ha descubierto un maravilloso
misterio. Pero en realidad, de lo que habla es de
ilusión, dedicación y de una creencia, casi ciega,
en un proyecto que tiene como punto final la
sociedad y el futuro. Ana Casino, Directora del
Jardín Botánico Atlántico de Gijón -JBA- no llegó a
este puesto por su vocación hacia el mundo de la
ciencia o la botánica. De profesión economista,
trabajó en el Instituto de Fomento Regional y la
Sociedad Regional de Promoción -actual IDEPA-, fue
durante muchos años Directora Financiera de Naval
Gijón, uno de los astilleros de capital privado más
emblemáticos de la región y, para redondear su
curriculum, fue también Directora General de la
Cámara de Comercio de Gijón.
El JBA es como un arca de Noé pero de carácter
vegetal. Pretende conservar, preservar, dar a
conocer la biodiversidad de nuestro mundo, y al
mismo tiempo, convertir este espacio en un lugar en
el que la información sea accesible tanto para un
experto en la materia como para un ciudadano de a
pie. Mundos que compartan un espacio común: el
Jardín Botánico.
-Usted
proviene del mundo de la economía y la gestión
empresarial. ¿Cómo se pasa de los números y los
cálculos a las plantas y los árboles?
-Hace falta mucha ilusión y creerse la idea. Me
encontré con un proyecto de envergadura, ya
arrancado pero sin haber abierto las puertas, con lo
cual era un reto magnífico. Inicialmente había un
equipo formado por cuatro personas, que tuvimos que
liderar la puesta en marcha de este impresionante
espacio. Le hemos dedicado horas, esfuerzo,
ilusión... Todo esto sólo es posible si el proyecto
te gusta, si te lo crees, si ves la dimensión de
aquello en lo que se puede llegar a convertir, si lo
ves como una idea de largo recorrido. Se trataba de
superar las dimensiones un tanto obsoletas de lo que
es un jardín botánico y gestionarlo desde una
perspectiva totalmente novedosa y singular. No se
trata de conseguir nada a corto plazo, aunque
también lo hemos hecho. Este es un proyecto de cara
al futuro y también de cara a la sociedad. Es muy
ilusionante.
-Un
jardín botánico, ¿es un espacio con margen para la
creatividad?
-Esa es una seña de identidad de este botánico.
Todos estamos ilusionados, permanentemente ideando
cosas, creando, viendo posibilidades para trabajar
los elementos que tenemos y poder utilizarlos de
formas diferentes. Es cierto que la sensibilidad, la
creatividad o el aspecto artístico de este jardín
son fundamentales, porque no sólo hay que tenerlo
sino que hay que presentarlo, divulgarlo y
distribuirlo en base a diferentes intereses y
públicos. Esto, evidentemente, hay que hacerlo con
mucha sensibilidad.
(...)
-
Entrevista completa en la edición de papel