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Es
imprescindible. Conocer Oviedo significa acercarse hasta la plaza de
Alfonso II y allí sorprenderse con la que es una de sus principales
joyas: la catedral. Su presencia es tan imponente que los ovetenses
sin pretenderlo le han cambiado el nombre a la plaza donde se halla.
Así que si el visitante pretende llegar sin pérdidas de tiempo habrá
de preguntar directamente por la Plaza de la Catedral y no mentar
tan siquiera a Alfonso II.
El peregrinaje entre los monumentos e importantes muestras
arquitectónicas que guarda el casco histórico puede ser abrumador
por lo extenso, así que hará falta reponer fuerzas en varias
ocasiones. No será difícil encontrar donde hacerlo, pues pocas
calles hay en Oviedo que no cuenten con un café, bar o chigre donde
saciar la sed o el hambre.
Antes de emprender rumbo hacia otras zonas, el visitante deberá
recorrer todo el casco antiguo. La calle Cimadevilla es una de las
más emblemáticas de la ciudad. Y en ella se encuentra una de las
oficinas de Información Turística, que pone a disposición del
visitante toda la información necesaria. Al inicio de esta calle, un
arco sorprende al viajero. Al cruzarlo, el arco el visitante se
percata de que pertenece al edificio consistorial, convertido en
ruinas en la Guerra Civil y reconstruido totalmente entre los años
1939 y 1940. A un lado se encuentra la Iglesia de San Isidoro el
Real.
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Foto:
Juanjo Arrojo
Los
asturianos, y en particular los ovetenses tienen una
gran aficción a la repostería. Los maestros pasteleros
facilitan la labor con dulces tan
exquisitos como los Carbayones. |
Muy
cerca de esta Iglesia se halla uno de los rincones más entrañables
de la ciudad, la Plaza de El Fontán, antaño corazón de la ciudad y
durante mucho tiempo ubicación del mercado. Hoy, tras una discutida
rehabilitación, es posible tomarse unas sidrinas en las numerosas
terrazas.
La vecina Plaza de Daoiz y Velarde mantiene por las mañanas un
mercadillo ambulante. Pero antes de abandonar la zona de El Fontán
habrá que conocer el actual mercado, donde se pueden adquirir los
productos que tan buena fama han dado a la cocina a la asturiana.
Buenas carnes, buenos pescados: la gastronomía ovetense recoge lo
más sustancioso de la cocina asturiana regional. La fabada, la chopa
a la sidra, la carne gobernada, el pote asturiano, la tortilla de
merluza o por supuesto los garbanzos con bacalao y espinacas,
protagonistas de la fiesta gastronómica ovetense más famosa: el
Desarme, que celebran en el mes de octubre.
La ciudad moderna
En
el límite con el Oviedo antiguo se halla situado el Teatro Campoamor,
y la plaza de la Escandalera que conecta a su vez con las más
importantes calles comerciales. Aquí hay que hacer un alto para
nombrar a la Calle Uría, la más conocida y la que asentó a la
aristocracia ovetense. Construcciones civiles modernistas, fuentes
ornamentales, parques y jardines, plazas y avenidas que conectan
importantes ejes comerciales...
Oviedo es además adicta a la cultura. De entre todos los escenarios,
el Teatro Campoamor es quien mejor simboliza su compromiso con ella.
Es el templo de la ópera, la zarzuela, el folklore, la danza y el
teatro, a la vez que escenario internacional de la entrega de los
premios Príncipe de Asturias. La necesidad de un “templo musical”
llevó hace unos años a la creación del Auditorio Palacio de
Congresos “Príncipe Felipe”, una muy bienvenida dotación que permite
continuar potenciando la tradición musical. (...)
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Foto:
FER |
Museo vivo |
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Una gran colección de
esculturas jalonan las calles ovetenses llamando la
atención de los visitantes. La obra de Úrculo “Culis
monumentalibus”, conocida como El Culo, es una de las
más fotografiadas. |
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Una obligación llamada Naranco
Oviedo desde lo más alto |
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Foto:
Juanjo Arrojo |
Hay que llegar a lo más
alto para poder ver Oviedo en su magnitud. No es una
gran distancia, apenas cinco kilómetros, pero son
suficientes para impresionar al visitante. Así, a los
pies de un gran monumento, el del Sagrado Corazón, la
vista es espectacular y el silencio sobrecoge. Eso sí,
la subida se completa con la visita de dos joyas del
prerrománico asturiano que encontramos en plena
ascensión: Santa María del Naranco y San Miguel de
Lillo, ambas Monumento Nacional y Patrimonio de la
Humanidad. |
Reportaje completo en la edición de
papel. |