Reportaje

MAYO 2008

 


Foto: Juanjo Arrojo

 

Reportaje Oviedo

 

Encanto de piedra

Desde las alturas, la torre de la catedral observa el deambular curioso de ovetenses y visitantes. Un incesante movimiento diario de los que quieren conocer la ciudad medieval más antigua de la España Cristiana.

 

Es imprescindible. Conocer Oviedo significa acercarse hasta la plaza de Alfonso II y allí sorprenderse con la que es una de sus principales joyas: la catedral. Su presencia es tan imponente que los ovetenses sin pretenderlo le han cambiado el nombre a la plaza donde se halla. Así que si el visitante pretende llegar sin pérdidas de tiempo habrá de preguntar directamente por la Plaza de la Catedral y no mentar tan siquiera a Alfonso II.
El peregrinaje entre los monumentos e importantes muestras arquitectónicas que guarda el casco histórico puede ser abrumador por lo extenso, así que hará falta reponer fuerzas en varias ocasiones. No será difícil encontrar donde hacerlo, pues pocas calles hay en Oviedo que no cuenten con un café, bar o chigre donde saciar la sed o el hambre.
Antes de emprender rumbo hacia otras zonas, el visitante deberá recorrer todo el casco antiguo. La calle Cimadevilla es una de las más emblemáticas de la ciudad. Y en ella se encuentra una de las oficinas de Información Turística, que pone a disposición del visitante toda la información necesaria. Al inicio de esta calle, un arco sorprende al viajero. Al cruzarlo, el arco el visitante se percata de que pertenece al edificio consistorial, convertido en ruinas en la Guerra Civil y reconstruido totalmente entre los años 1939 y 1940. A un lado se encuentra la Iglesia de San Isidoro el Real.


Foto: Juanjo Arrojo

Los asturianos, y en particular los ovetenses tienen una gran aficción a la repostería. Los maestros pasteleros facilitan la labor con dulces tan
exquisitos como los Carbayones.

Muy cerca de esta Iglesia se halla uno de los rincones más entrañables de la ciudad, la Plaza de El Fontán, antaño corazón de la ciudad y durante mucho tiempo ubicación del mercado. Hoy, tras una discutida rehabilitación, es posible tomarse unas sidrinas en las numerosas terrazas.
La vecina Plaza de Daoiz y Velarde mantiene  por las mañanas un mercadillo ambulante. Pero antes de abandonar la zona de El Fontán habrá que conocer el actual mercado, donde se pueden adquirir los productos que tan buena fama han dado a la  cocina a la asturiana.
Buenas carnes, buenos pescados: la gastronomía ovetense recoge lo más sustancioso de la cocina asturiana regional. La fabada, la chopa a la sidra, la carne gobernada, el pote asturiano, la tortilla de merluza o por supuesto los garbanzos con bacalao y espinacas, protagonistas de la fiesta gastronómica ovetense más famosa: el Desarme, que celebran en el mes de octubre.

 La ciudad moderna

En el límite con el Oviedo antiguo se halla situado el Teatro Campoamor, y la plaza de la Escandalera que conecta a su vez con las más importantes calles comerciales. Aquí hay que hacer un alto para nombrar a la Calle Uría, la más conocida y la que asentó a la aristocracia ovetense. Construcciones civiles modernistas, fuentes ornamentales, parques y jardines, plazas y avenidas que conectan importantes ejes comerciales...
Oviedo es además adicta a la cultura. De entre todos los escenarios, el Teatro Campoamor es quien mejor simboliza su compromiso con ella. Es el templo de la ópera, la zarzuela, el folklore, la danza y el teatro, a la vez que escenario internacional de la entrega de los premios Príncipe de Asturias. La necesidad de un “templo musical” llevó hace unos años a la creación del Auditorio Palacio de Congresos “Príncipe Felipe”, una muy bienvenida dotación que permite continuar potenciando la tradición musical. (...)

“Culis monumentalibus”, El Culo
Foto: FER

 

Museo vivo

Una gran colección de esculturas jalonan las calles ovetenses llamando la atención de los visitantes. La obra de Úrculo “Culis monumentalibus”, conocida como El Culo, es una de las más fotografiadas.

 

Una obligación llamada Naranco

Oviedo desde lo más alto

Santa María del Naranco
Foto: Juanjo Arrojo

Hay que llegar a lo más alto para poder ver Oviedo en su magnitud. No es una gran distancia, apenas cinco kilómetros, pero son suficientes para impresionar al visitante. Así, a los pies de un gran monumento, el del Sagrado Corazón, la vista es espectacular y el silencio sobrecoge. Eso sí, la subida se completa con la visita de dos joyas del prerrománico asturiano que encontramos en plena ascensión: Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo, ambas Monumento Nacional y Patrimonio de la Humanidad.


Reportaje completo en la edición de papel.

 

 

 
   

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