Algunas trastadas del Diablu

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Algunas trastadas del Diablu
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Conviene recordar que bajo el nombre de Diablu o Diañu en realidad se ocultan otros personajes y mitos que fueron así cristianizados.

Resulta frecuente encontrar aventuras iguales, referidas lo mismo al trasgu que al diablu. En la toponimia menor de Cuideiru encontramos un lugar llamado El Trasgo, en el Río Santantón, donde se decía que las mujeres que iban a lavar la ropa huían atemorizadas al ver a un hombre muy pequeño y arrugado lavando su gorro colorado mientras cantaba: «Llava, llava mio gurretín, pa mañana tenelu fresquín». Se decía que era el diablu. Esto es debido a la asunción de estos mitos por la Iglesia como demonios menores.
En El Regueiru La Xuxipas, en Llindemurias, entre Villarín y Acebeu (Salas) la gente no se atrevía a pasar por miedo a encantos y apariciones del diablo.
En La Regueira’l Pilar de Maeza (Salas) el diablu se aparecía lavando los esparminos mientras cantaba: «Rau, rau, la morena y el salau».
En Ouviñana (Cuideiru) le llamaban El Piricu. Se decía que era el diablu. Tenía cuernos y rabo, y la apariencia de un hombre pequeño y arrugado. Andaba haciendo ruidos por el desván de las casas. Era muy bailarín y le gustaba hacer música entrechocando dos guadañas. Si la gente se quería marchar de casa, agobiados por sus travesuras, era imposible porque también él se mudaba de casa con ellos. Esta historia aparece muchas veces referida al Trasgu. En Ouviñana decían que se veía frecuentemente a Piricu corriendo por los caminos y sacando chispas y fuego de las piedras en su carrera.
En La Isla (Colunga) le llaman El Gorretín Colorao. Vive en una cueva en la playa de La Raposera y se introduce en las casas por la chimenea para hacer sus travesuras, cambiar los muebles de una habitación a otra o xuncir dos xatos con el mismo collar.
En Cuenya (Nava) y Bioves, en el mismo conceyu, es el trasgo que baja por las calamiyeres (las cadenas del pote) para coger las mejores tajadas. Quizás por eso en Llanuces (Quirós) se decía que les calamiyeres, antiguamente, tenían grabada una cruz para impedir que el diablo bajase por ellas.
Algunas trastadas del DiabluEste tipo de leyendas asturianas también aparecen en otros lugares, vinculados a los Lutins en Francia, o a Puck o Phouka en Gales o Irlanda, mismos personajes que nuestro Trasgo, vinculados a los espíritus lares del mundo antiguo, de reminiscencias indoeuropeas (célticas, germanas o romanas) pero que, con el cristianismo, también fueron asumidos como diablos menores. De hecho Puck es el nombre que en inglés antiguo recibía el diablo.
Al igual que ocurre en Asturies, todos estos personajes pueden cambiar de forma a voluntad con la finalidad de gastar bromas pesadas a los mortales (caballos, carneros, perros, gatos, etc.). En Brasil también encontramos el homónimo al trasgo, el Saci Perere, oscuro, de gorro rojo y manos agujereadas, aficionado también a gastar bromas y dar sustos.
Se dice que son los espíritus de los niños no bautizados nacidos de las esclavas forzadas por los terratenientes. Evidentemente no se trata de un mito autóctono brasileño, sino que se debe a la influencia portuguesa. En Portugal a su trasgo particular le llaman Pasadelo, el da mao furada. El trasgo asturiano también tiene una mano agujereada.
Fray Benito Jerónimo Feijoo decía de trasgos y duendes, en el siglo XVIII: «(…) No son ángeles buenos, ni ángeles malos ni almas separadas de los cuerpos, sino unos espíritus familiares, semejantes a los Lemures de los paganos(…)».
Y es cierto que, en algunas leyendas los trasgos o duendes puedan ser serviciales realizando las tareas de casa y del campo, pero la visión más extendida de la Iglesia sobre estos mitos fue la del Diablo, en As Mestas (Cuaña) se decía que al trasno lo tenía encadenado a la pata de la cama el mismísimo Papa de Roma. ³

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