De los fenómenos celestes y atmosféricos

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De los fenómenos celestes y atmosféricos
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En Asturies las constelaciones reciben nombres peculiares: por ejemplo, la Osa Mayor es conocida como «el carriquín del Rey» y las Pléyades son «la pita y los pitinos». Pero además existían algunas creencias sobre ellas, se decía que contar las estrellas traía como consecuencia el nacimiento de verrugas, pero además las lluvias de estrellas fugaces, como las conocidas «Lágrimas de San Lorenzo», traían presagios, casi siempre funestos. De hecho son muchos los ancianos que todavía afirman que la Guerra Civil fue presagiada por una lluvia de estrellas. La creencia en estos presagios ya viene de antiguo, baste recordar la leyenda según la cual un cometa anuncia el nacimiento de Jesucristo. Josefo y Eusebio escribían que tras la muerte de Jesucristo, la destrucción de Jerusalén había sido anunciada por varios signos, entre ellos un «espantoso cometa en forma de espada reluciente». El poeta romano Claudiano aseguraba: «Jamás se ha visto cometa en el cielo sin que nos traiga algún mal». Y en las «Historias Prodigiosas» de Boaistuan se habla de un cometa de color sangre que apareció en el cielo de Westrie el 9 de octubre de 1528, tan sobrecogedor que «algunos murieron de espanto y otros cayeron enfermos».
Otros fenómenos atmosféricos también tienen su leyenda. Por ejemplo, la llamada «Bóvida Santa» era una apertura que se hacía en el cielo ennegrecido de nubes, y a la cual había que invocar diciendo: «Bóvida Santa dame la gloria pa mi y la mio familia toda» (Villayón).
En Bual cuando una estrella fugaz cruzaba los cielos se decía que estaba «la Bóvida abierta» y si hacía frío se pedía: «Bóveda santa, dame una manta, bóveda santa dame la gloria a mi y a la mio casa toda».
De los fenómenos celestes y atmosféricosCometa en forma de espada representado en el «Tratado de Monstruos y Prodigios» de Ambroise Paré (París-1575)El arco iris es conocido con el nombre de «Arcu la Vieya» y se creía que introducía uno de sus extremos en los ríos para «beber agua». También se creía que en el extremo que se hundía en la tierra había un pote de oro. Se le invocaba para evitar la lluvia, diciendo: «Arcu la Vieya, revira na tierra col dedín monín que nun llueva por min». En Villayón se hablaba del Arcu la Vieya y el Arcu la Nuova, este último mucho más brillante. «La Vieya» es un antiguo daimón femenino, un numen relacionado con los fenómenos atmosféricos, no solamente en Asturies sino en el resto de Europa. En Provenza, por ejemplo, se le llama Vieio y se le atribuyen los espejismos solares. En Asturies se dice: «Cuando llueve y fae sol anden les bruxes alredor» o «Cuando llueve y fae sol cásase la fía del diablu mayor».
También era frecuente hablar de extrañas lluvias, que también eran tomadas por augurios. En el 989, cerca de Venecia cayó nieve roja como la sangre; en el 989, reinando el emperador Otón III, llovió trigo del cielo; y en el 458 en Italia llovieron trozos de carne. En Asturies, en algunos pueblos de Cangas del Narcea, se dice que graniza y, a veces, dentro de las piedras heladas aparecen pelos de cabra. Esto es atribuido al Nuberu, ser maligno que provoca las tempestades y previamente se entretiene tosquilando las cabras. Lo mismo se dice si llueven ranas y sapos.
La creencia en estos personajes que gobernaban las tempestades a su antojo estuvo generalizada en toda Europa. En Las Galias eran llamados «magos tempestiarios» y se suponía provenían de un país lejano y desconocido llamado «Magonia». El Nuberu asturiano se supone que vive en la misteriosa ciudad de Brita, Lita o Griga, o en el lejano Egipto, y recibe el sobrenombre de «Xuan Cabrita». §

 

 

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