De los ungüentos y pociones de les bruxes

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De los ungüentos y pociones de les bruxes
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Los últimos estudios apuntan a que los supuestos vuelos nocturnos al aquelarre o las transformaciones animales son fruto de la ingestión de sustancias alucinógenas que llevaban a las bruxas y bruxos a otros estados de consciencia, al igual que podría ocurrir con los ritos de los chamanes.

Las setas en Asturies son algo vedado a la alimentación. Muchas veces los corros de los inofensivos champiñones reciben el sobrenombre de corros de bruxa, quizás haciendo referencia al poder alucinógeno de algunas setas. Aunque en la mayor parte de las historias brujeriles se habla de un ungüento con el que untarse el cuerpo, compuesto de grasa de gocho, rabos de lagartija en polvo, huesos de difunto y grasa de sapo… Hay que tener en cuenta que bajo estos nombres podrían ocultarse algunas plantas, por ejemplo la cicuta es llamada «pie de sapo», la dedalera es «folla de sapo» en Cataluña y el marrubio es «yerba de sapo». A veces los ungüentos también tenían carácter afrodisiaco, lo que explicaría muy bien las tendencias a las orgías en el supuesto aquelarre.
Entre los vegetales más empleados en la brujería podemos citar la adormidera, el acónito, el ajenjo, álamo negro, angélica, apio, beleño, belladona, cicuta, cáñamo, eléboro, digitalis, lengua de perro, lengua de serpiente, mandrágora, nueza, perejil, tejo y verbena.
Muchos de ellos resultan tóxicos o altamente venenosos. El conocimiento de la bruja radicaba el conocimiento para añadir la cantidad exacta.
En Asturies se decía que buscaban las nueces de tres suturas (habitualmente solamente tienen dos) para obtener aceites esenciales para el mágico ungüento.
En un proceso inquisitorial de Cuenca se hablaba de «unto de caballo, de culebra, corteza de noguera y, si se podía conseguir, grasa de niño…» Es de suponer que este último detalle fuese un añadido del inquisidor para resaltar lo abominable de la brujería. La recolección de plantas con carácter mágico siempre fue visto como algo herético por la Iglesia. Ya en el Fuero Xulgo asturiano que regía en los siglos XII y XIII, inspirado en el antiguo Lex Visigotorum, se habla de los castigos que había que administrar a los que daban «yerbas para matar o adivinar, hacer De los ungüentos y pociones de les bruxes

Rabos de lagartija, huesos de difunto y grasa de sapo… bajo estos nombres podrían ocultarse algunas plantas.abortar, facer cercos de noche y sacrificios a los diablos».
Así pues no es de extrañar que el conocimiento de aquellas sustancias que permitían caer en trances rituales fuese duramente perseguido, pues era considerado cosa del demonio. §

 

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