Gigantes que custodian tesoros (II)

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Gigantes que custodian tesoros (II)
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Existen en Asturias, y también en algunas regiones como Cantabria, numerosas gacetas en las que se habla de gigantes armados que custodian los tesoros ocultos.

En una gaceta manuscrita de Tapia de Casariego (antiguamente propiedad de un paisano de Sueiro-El Franco) también se habla de gigantes armados.
«Parroquia de Tuna, aseguran que el castillo de Alba, que está al pie del que baja al Argomoso, que es el de Tribías (…) tiene la puerta al poniente del sol (…) a seis pies de fondo donde está la mezquita enterrada, tiene un ydolo de oro y antes de la mezquita está un gigante que tiene en la mano una cimitarra y en la cabeza un morión de valor (…) y junto a él dos calderos de cobre llenos de oro y plata, pendientes de una barra de plata y fuera de éstos túnicas con muchas alhajas de plata y mesa de valor por labrar(…)».
En otra gaceta de Valdemoro (Candamu) podemos leer:
«San Lorenzo de Felguras, a tres pasos de la puerta de Santa Cristina y al frente de ella cavarás dos codos y hallarás dos cosas una encima de la otra y en medio un instrumento músico al pie de un sepulcro de un rey moro. Cógele y tócale con un rabil y a la música saldrán gigantes atemorizándote, no les temas, sigue tocando hasta que no aparezcan más figuras y hazles una cruz con la mano diciendo «Dios lo guarde todo» y las figuras volverán en barras de oro…» El «instrumento músico» parece ser una zanfona, o gaita rabil.
Si bien estos ejemplos se refieren a Asturias, en la vecina Cantabria encontramos historias semejantes. El codicioso monarca Felipe II llegó a costear una expedición, dirigida por un mago italiano a la cueva llamada El Tesoro, en Peñacastillu de Santander para hacerse con las riquezas custodiadas por un monstruo mitad humano mitad serpiente, un perro gigantesco y por último un gigante armado con una maza de hierro.
Gigantes que custodian tesoros (II)El «mago» italiano Marco Antonio María Romano, que se encontraba preso en la cárcel de San Sebastián, se aprovechó probablemente de tales leyendas para embaucar al Rey y posteriormente burlar la vigilancia y escapar. No sería la única vez que Felipe II se interesase por los tesoros ocultos de los que, por aquel entonces, llamaban «xentiles y paganos galigrecos» puesto que también dio permiso a Sebastián Vázquez de Ortas del Coto de Recemil (Lugo-Galicia) para excavar en las viejas mámoas (túmulos y dólmenes) en busca de tesoros, de los cuales la corona se reservaría una parte. Fueron búsquedas infructuosas que traerían como consecuencia la destrucción de gran parte del patrimonio arqueológico. ³

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