La piedra del Águila

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En Cuaña se decía que esta piedra mágica la llevaban las águilas bajo el ala y la usaban para mejor incubar su nidada. En una casa de Lourido tenían una de esas piedras.

Era utilizada por las gentes de San Tirso d’Abres y Taramundi para curar las mordeduras de serpiente. Era una piedra «preñada», porque dentro parecía tener otra que sonaba al agitarla. Se decía que estas piedras eran cogidas por las águilas a las orillas del mar, bastaba ponerlas sobre la mordedura para que sorbiesen el veneno, al igual que la mítica piedra de la culiebra. Plinio el Viejo, en el siglo I de nuestra era, ya hablaba de estas piedras mágicas llamándolas «etite» o «gagate» diciendo que no se gastan ni consumen y son «una piedra dentro de otra». Lo mismo comentan Dioscórides y San Isidoro en sus «Etimologías» (siglo VII) o Juan de Mena en su obra «El Laberinto de la Fortuna» (1444) diciendo que son piedras macho y hembra, que ayudan a sacar adelante a la nidada del águila, y se empleaban contra venenos, abortos, males de cabeza y peste. En La piedra del ÁguilaAsturies también se creía que favorecían el parto de las mujeres. Algunas de estas piedras fueron identificadas como una variedad de limonita. En Cataluña también se habla de esta piedra maravillosa atribuyéndola a águilas, azores o gavilanes. El ya mencionado Plinio el Viejo decía que había seis variedades de águilas pero solamente cuatro de ellas ponían en su nido esta piedra. La que llaman los griegos «melaenactos»; el «pigargo» de cola blanca; la que Homero llamaba «percnom» y vive cerca de los lagos; y la llamada «gnesia». §

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