Ana Fernández, artista asturiana: «El arte debe ser activismo y compromiso social»

Mi nombre es Ana Fernández Fernández (1984) y mi trayectoria vital es, en esencia, un viaje de ida y vuelta hacia la verdad de mi propio trazo.

Mi historia con el arte comenzó incluso antes que mis primeros pasos; en mi familia todavía se relata con asombro cómo, con apenas 15 meses y sentada en mi trona, ya encontraba en el papel y el lápiz mi primer lenguaje. Antes de saber caminar, yo ya trataba de atrapar el tiempo dibujando “relojes” y diciendo “tic-tac”, vaticinando una pasión innata que no era un hobby, sino una necesidad de entender el mundo. ​Esa pulsión me llevó a licenciarme en Bellas Artes en la Facultad de Cuenca en 2009, una etapa fundamental que cimentó mi rigor técnico.

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A partir de ahí, pasé por Valencia, salté a Gran Canaria y me asenté en Tenerife, viviendo durante años en un puente constante entre el Atlántico y mi Asturias natal. Sin embargo, en un momento dado, sentí la llamada de las raíces y decidí volver a casa para quedarme. Apostar por el retorno al entorno rural asturiano me ha hecho habitar la dualidad valiente que define a muchos creadores hoy en día: la lucha por compaginar la estabilidad de un contrato indefinido en una cadena de supermercados o en la hostelería con esa llama artística que nunca se apaga. Esta realidad nutre mi obra; es un ejercicio de resistencia que demuestra que se puede vivir en el campo y, desde ahí, construir una carrera con mensaje y propósito, sin renunciar al sueño por miedo a la precariedad.

Para mí, el arte debe ser activismo y compromiso social. No entiendo la belleza sin un mensaje detrás, y un ejemplo máximo de esta filosofía es mi mural en Castropol, ubicado estratégicamente junto al Club de Mar. Enmarcado en las Jornadas contra la Violencia de Género, mi intención fue romper con los lazos violetas y los clichés para crear un icono de empoderamiento real con el que yo misma me sintiera identificada. La protagonista es Wefa, una amiga argelina que conocí en Tenerife y que para mí es el símbolo de la mujer libre: ella es musulmana y respeta sus creencias, pero a la vez trabaja como modelo y vive con la independencia de una mujer europea.

Al retratarla con una mirada en “tres cuartos” que persigue al espectador —como una Gioconda contemporánea—, busqué que nadie pudiera girar la cara. Es una mujer morada que emerge como una revisión moderna de la Virgen del Carmen, patrona de los marineros, para que los remeros y la gente del mar se sintieran protegidos y reflejados en ella. Los fondos geométricos no son azarosos: son un homenaje al esfuerzo artesanal de los vecinos en las alfombras florales del Corpus Christi. Con esta obra, quise agradecer al Ayuntamiento su confianza y dedicar un monumento visual a la gente de lo rural, a los que luchan y a las mujeres que, como Wefa, sostienen el mundo con su determinación.

Técnica mixta sobre papel Canson gris A3 250g. Artista: Ana Fernández Fenández
Técnica mixta sobre papel Canson gris A3 250g.

Ese mismo deseo de honrar la existencia se traslada a mis retratos. Entiendo este formato como un acto de amor y memoria. Disfruto capturando la esencia de nuestros compañeros animales, como en el caso del retrato de una mascota, donde la técnica se vuelve caricia para inmortalizar esa mirada que nos une a ellos. En encargos tan especiales como el de la pareja con sus perros —un regalo de boda cargado de significado—, mi objetivo es plasmar la alegría pura y el vínculo familiar. Aunque a veces estos trabajos nacen como una vía para ganar dinero, es imposible para mí no dejar el corazón en cada trazo; la satisfacción de saber que mi obra presidirá un hogar y recordará un día de felicidad absoluta es mi mayor recompensa.

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Aportación de Ana Fernández a la Expo colectiva "Cultura contra el expolio" en Vegadeo y Tapia el pasado abril.
Aportación de Ana Fernández a la Expo colectiva «Cultura contra el expolio» en Vegadeo y Tapia el pasado abril.

Finalmente, mi compromiso con el territorio se hace tangible en obras de denuncia, como la pieza creada para la asociación «Cultura contra el expolio». A través de la simbología de una paloma de la paz muerta cuya anatomía sigue la espiral de Fibonacci, denuncio el impacto de los parques eólicos en zonas despobladas. Es un arte que no calla, que utiliza la precisión de las matemáticas y la belleza de la naturaleza para cuestionar el expolio que sufren los lugares donde, por ser pocos, parece que nuestra voz cuenta menos.

En definitiva, mi proyecto personal, a.n.a.r.t.i.s.t, es el reflejo de una mujer que no separa la técnica de la emoción ni la academia de la calle. Busco humanizar los espacios, denunciar las injusticias y, sobre todo, recordar que el arte es el puente más corto y honesto entre dos almas que deciden mirarse de frente.

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Ana Fernández @a.n.a.r.t.i.s.t.
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Ana Fernández Fernández (1984) es una artista asturiana. Para ella, el arte debe ser activismo y compromiso social.

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