Natalia Rodríguez, técnica en Moda y Confección y delineante, decidió emprender desde su pueblo, Sobrescobio, tras convertirse en madre. «Tenía que buscar un trabajo que me permitiera conciliar», explica. Así nació Telas de Mamá, una tienda online de telas infantiles que hoy es también un taller comunitario que reúne a más de cuarenta mujeres y un campamento de verano donde los niños/as aprenden a coser. Con el apoyo de programas como LEADER y Entama, Natalia ha convertido un local vacío en un motor social y económico del Alto Nalón.
-¿Dónde podemos encontrar a Telas de Mamá?
-Tengo la tienda online, doy clases de costura y también hago algo de confección infantil. Son varios frentes abiertos que conviven dentro del mismo proyecto.
-En la presentación de tu web dices que este proyecto nace a raíz de tu maternidad. ¿Recuerdas el momento en el que pensaste: “voy a crear este proyecto”?
-Cuando nació mi hija ya tenía curiosidad por la costura y quería hacerle alguna cosina, pero al vivir en un pueblín no tenía dónde comprar ni hilos ni telas; tenía que ir a Oviedo o Gijón. Pensando en Internet y en un trabajo que me permitiera conciliar –estar en casa cuando despertara, llevarla al cole– empecé a valorar otras opciones. El bajo de la casa donde me crie estaba vacío y lo vi perfecto para empezar. Como no quería desplazarme, tendría que comprar y vender por Internet… y ahí surgió la pregunta: ¿Cómo montar un negocio a partir de eso? ¿Qué necesitaba para emprender? Fui a una feria de textiles en Madrid y volví con una idea clara de lo que quería.
-Además de técnica en Moda y Confección, eres delineante. ¿Cómo conviven esas dos facetas en tu trayectoria?
-La delineación siempre me gustó, pero la crisis inmobiliaria me impidió trabajar de ello. Con el tiempo me di cuenta de que aquella formación me vino muy bien para patronar. Tuve que buscar otra salida laboral y encontré esto, que me encanta.
«Siempre pienso en mi hija para proyectar mis creaciones. Trabajo mucho la línea bebé –el equipo de nacimiento exige telas concretas– y también la vuelta al cole, con mandilones más llamativos»
-¿Qué papel ha tenido tu hija en este camino?
-Este trabajo se lo debo a ella, a Sofía, que ahora tiene 10 años. Es mi fuente de inspiración diaria. Veo una tela y enseguida pienso: “¡Con esto podría hacerle algo a Sofía!”. El proyecto empezó cuando ella tenía cuatro años y se criaba aquí conmigo. Ahora está en la preadolescencia y aunque aún coincidimos en algunos gustos, las cosas van cambiando: “¿Me haces un vestidín con esta tela tan chula?”, “¿No me puedes hacer una falda con top para las fiestas del pueblo?”. Me sigue prefiriendo frente a Zara, y eso también me ayuda a escoger telas y preparar diseños distintos cada temporada. Siempre pienso en ella para proyectar mis creaciones. Trabajo mucho la línea bebé –el equipo de nacimiento exige telas concretas– y también la vuelta al cole, con mandilones más llamativos.
-¿Por qué el nombre Telas de Mamá?
-Antes de coser aquí, cuando compraba telas para hacer cosas en casa, todo eran bolsas y rincones llenos de telas. Cuando recogía, ella –que apenas hablaba– decía que aquello eran “las telas de mamá”. El nombre fue tomando forma y empecé a buscar un dominio que me identificara y estuviera libre. “Telas de mamá” te lleva a pensar en algo infantil, que es como nace la idea.
-Dices que seleccionas telas “buscadas en los rincones más recónditos del mundo”. ¿Qué buscas exactamente en un tejido para incluirlo en tu catálogo?
-Lo primero, que sea algodón cien por cien. Me gusta la calidad y el resultado que da. También busco confort: si lleva poliéster, personalmente no me gusta porque no transpira, es tieso y no plancha bien. Además, busco estampados infantiles. No tengo nada negro, oscuro o con calaveras. Prefiero colores vivos, llamativos, una línea infantil suave, dulce, tierna, que me recuerda a mi infancia, en la que fui muy feliz.
-¿Tu madre cosía?
-Sí. Somos cuatro hermanos, tres chicos y yo, la pequeña. Recuerdo a mi madre cosiéndonos ropa a todos y tejiendo. De tejer no sé ni coger unas agujas, pero del resto sí, y es lo que me gustaría contagiar a quien esté interesado.
-¿Qué crees que te diferencia de otras tiendas online de telas y mercería?
-A priori no sabría decirte. Trabajo a través de una web donde no hay mucho trato directo: eligen, pagan, reciben el paquete y ya está. Lo que sí intento es acompañar todo el proceso, mostrarme cercana y demostrar empatía, la misma que me gustaría recibir. Suelo pedir el teléfono para hablar de tú a tú y tener un trato más cercano. En cada envío mando un detallín: una tarjeta con un rasca que puede ser un descuento, un hilo gratis, un envío… Luego les mando el enlace para que me dejen una reseña. Ahora tengo un 9 sobre 9 y estoy muy contenta. También prefiero no acumular metros y metros de tela y por eso compro en pocas cantidades para ir rotando y cambiando; si no, sería muy aburrido. Quizá la diferencia esté en que para mí lo importante es llegar a las personas.
«No tengo nada negro, oscuro o con calaveras. Prefiero colores vivos, llamativos, una línea infantil suave, dulce, tierna, que me recuerda a mi infancia, en la que fui muy feliz»
-¿Qué ha significado para ti emprender en el medio rural?
-Siempre lo tuve claro y cada vez estoy más orgullosa del paso dado. No me visualizo en una comunidad de vecinos donde sales a la ventana y casi desayunas en la calle. Me encanta el contacto con la naturaleza porque me crie en una casa de pueblo. Aquí en Sobrescobio tenemos todos los servicios: escuela infantil, primaria, comedor… Laviana está a 10 km. Tenemos lo necesario para conciliar. Mi hija está muy contenta porque aquí puede salir sola, andar por el pueblo con los amigos y luego venir a merendar. Yo me siento feliz aquí en Rioseco, aunque seamos cuatro vecinos. A veces me preguntan si no me gustaría crecer a nivel de negocio e irme a Laviana, pero no es algo que me plantee ahora.
-¿Qué ha supuesto para ti el apoyo de programas como LEADER?
-Arrancar sin esa ayuda habría sido posible, pero a costa de mucho tiempo. Ese respaldo económico te ayuda a despegar y se agradece. También hace que la gente apueste por emprender en los pueblos con negocios que no son ganadería o agricultura. Eso demuestra que hay muchos más campos en los que emprender.
-Tu proyecto va más allá de vender telas: has creado un espacio de encuentro. ¿Cómo surgió la idea de ofrecer talleres de patronaje, corte y confección?
-Muchas de las mujeres que participan en los talleres tienen maridos ganaderos que a veces vienen con la ropa rota: una cremallera, un descosido, un refuerzo… Fueron ellas las que me animaron a ampliar el negocio para incluir estas actividades. Ahora nos reunimos unas 45 mujeres; empezamos un día a la semana, cuatro horas y luego se fue ampliando. Hubo un momento en que me asusté porque pensé: ¿dónde queda la conciliación que buscaba?
También hago talleres puntuales con ayuntamientos dentro del programa Rompiendo Distancias.
-¿Cómo logras conciliar?
-Durante el curso escolar doy clases por la mañana, coincidiendo con el horario escolar. Por la tarde, lunes y viernes los tengo libres para acompañar a mi hija a sus actividades extraescolares. El sábado por la mañana trabajo y preparo material para la semana, pero ahí está su padre y sus abuelos. Luego pasamos juntos el fin de semana. Aun así, invierto más horas de las que me gustaría.
«Los niños Veían que las madres venían a coser y querían venir también (…). se me ocurrió organizar un campamento de verano. Vienen 4 horas al día durante una semana»
-Los niños también quisieron apuntarse a tus clases…
-Sí. Veían que las madres venían a coser y querían venir ellos también. Pero aquello exigía más atención por mi parte: tijeras, agujas, alfileres… Tenía miedo de que se mancaran. Como la afición seguía, se me ocurrió organizar un campamento de verano. Vienen una semana, de lunes a viernes, de 10:00 a 14:00. Si te soy sincera, el viernes estoy psicológicamente agotada, pero con una gratitud enorme al ver todo lo que aprenden en esas 20 horas. Hubo un grupo de solo niños y marcharon encantados. El último día se llevan un detalle y hacemos una pequeña encuesta sin poner nombres. A la pregunta “¿Querrías repetir?”, todos pusieron que sí. Me encantó. Recuerdo que hicimos unos pantalones cortos y se los querían llevar puestos.
-También tienes un espacio especial para los mayores…
-Sí. Ellos pueden tener curiosidad por aprender, pero también es importante ayudarles a recordar. Antes todas las mujeres sabían coser, pero en algún momento desconectaron. Estos encuentros generan un ambiente de complicidad. Paramos un ratín para tomar un cafetín o una infusión y luego seguimos entre charlas haciendo distintas labores.
«Tengo una comunidad de 10.400 personas en Instagram y hace poco puse un post con diez cosas sobre mí y casi se hizo viral. Me da rabia porque lo que quiero es que se haga viral la tienda o la tela, no una foto mía en un día nublado»
-Has dicho que quieres animar a la gente a perder el miedo a volver a los pueblos y emprender negocios nuevos y necesarios. ¿Qué crees que hace falta para que más personas se atrevan a dar ese paso?
-Aquí en el Parque de Redes hay muchas ayudas y mucha información. La oficina de Soto de Agues (Sobrescobio) atiende muy bien y muy rápido. Por falta de información no va a ser, y de ayudas tampoco. Creo que simplemente la gente tiene que atreverse y decidirse. Opciones hay muchas. Si tienes un trabajo que te gusta, que te motiva y al que vas a dedicar ocho horas como si fueras a una empresa, creo que sale adelante.
¿Cómo imaginas Telas de Mamá dentro de unos años?
-No lo sé. A veces lo pienso cuando no duermo. Me cuesta hablar a la cámara y mostrar mi imagen, pero al final vende. Tengo una comunidad de 10.400 personas en Instagram y hace poco puse un post con diez cosas sobre mí y casi se hizo viral. Me da rabia porque lo que quiero es que se haga viral la tienda o la tela, no una foto mía en un día nublado. Con cómo avanza la tecnología, me pregunto si sabré manejar todo esto dentro de diez años. Ahora veo que la gente valora lo personal, lo que sale de uno. No son solo cosas que vendes, son ideas y proyectos. Busco telas que duren, que den buen resultado, que unas madres puedan pasar a otras. Un buen servicio, calidad, envíos rápidos; tengo envíos contra reembolso, que no es muy común ahora con los códigos QR y los móviles.
¿Estás contenta con tu proyecto?
-Sí, mucho. Justo fui hace poco a Madrid a un encuentro de mujeres rurales y me encantó. Vine muy motivada. Hay proyectos que a primera vista no te llaman, pero siempre puedes coger detalles de otros. Vine con las pilas cargadas. De momento seguiré centrada en lo mío. No me planteo otra cosa. Hay otras formas de trabajar, cosas que ves y puedes incorporar, pero eso no quiere decir que no tenga mil ideas en la cabeza, como vender un kit completo de costura con patrón, tela y un libro de colecciones para que la clienta pueda hacerlo.