Andrea Ariznavarreta, ingeniera asturiana en biomecánica: «La curiosidad me trajo hasta aquí y sigue guiando mi camino»

El 23 de junio se celebra el Día Internacional de la Mujer en la Ingeniería, una fecha que invita a reconocer el talento femenino que impulsa la innovación científica y tecnológica. En este contexto, conversamos con Andrea Ariznavarreta, joven ingeniera, colaboradora de nuestro medio y una de esas mentes inquietas que no conciben la tecnología sin un propósito humano.

Mientras ultima su Trabajo Fin de Grado (TFG), compagina sus estudios con proyectos de investigación en biomecánica y biomedicina, además de hacer voluntariado diseñando prótesis personalizadas mediante impresión 3D. Su historia es la prueba de que la ingeniería también se construye desde la pasión, la intuición y la valentía de probar caminos nuevos.

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-¿Recuerdas el momento en el que dijiste “lo mío va a ser la ingeniería”?
-Sí, lo tengo clarísimo. Fue en el instituto, cuando participé en unos talleres de robótica. Yo estaba más centrada en la Literatura, pero me apunté por probar en este campo. Y cuando conseguí encender un LED por primera vez… me fascinó. No sabía cómo funcionaba aquello, pero supe que quería entenderlo. Ese “cacharreo”, crear cosas con las manos, descubrir cómo funcionan… ahí empezó todo.

-¿Y cómo llegaste al mundo de la biomecánica? ¿Hubo alguna experiencia concreta que te marcase?
-Fue pura curiosidad. Me apasiona la salud, pero sabía que la medicina no era para mí; no me veo en un hospital. En cambio, la biomecánica y la biomedicina me parecían un puente perfecto para entender las señales del cuerpo humano y traducirlas en tecnología que ayude a diagnosticar o mejorar la vida de las personas me parecía casi magia.

(1) TFG de Andrea Ariznavarreta. En él, desarrolla un prototipo que mide la orientación relativa entre los aros del fijador, para que se pueda ir comprobando si el efecto del fijador concuerda con la orientación de los aros según la pauta clínica a lo largo del tratamiento.

(2) Andrea junto a una impresora 3D. La joven ingeniera forma parte de la Cátedra MBA Institute de Investigación Médica y Biomecánica como investigadora, donde imparten una Microcredencial (formación universitaria) de modelado, simulación e impresión en ingeniería biomédica.

-Y ahora ya no es solo curiosidad ya que has participado en proyectos reales con impacto social.
-Sí. Gracias a mis conocimientos y a El Rincón Tecnológico pude asistir a una jornada de puertas abiertas de la Universidad de Oviedo. Allí conocí el Proyecto Solidario Superhéroe, donde estudiantes voluntarios diseñan e imprimen en 3D prótesis personalizadas para personas que quieren realizar actividades muy concretas. Es gratuito, solidario y acude gente de toda España. Poder aportar ahí fue increíble.

-Ese fue tu primer contacto, pero luego diste un salto más hacia la investigación.
-Exacto. A raíz de ese voluntariado conocí la Cátedra de Investigación Médica y Biomecánica. Hablé con el director justo cuando arrancaban y necesitaban becarios. Me lancé sin pensarlo y desde entonces he participado en estudios, congresos, investigaciones… He aprendido muchísimo.

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«Me apasiona la salud, pero la medicina no era para mí; no me veo en un hospital. En cambio, la biomecánica y la biomedicina eran un puente perfecto para entender las señales del cuerpo humano y traducirlas en tecnología que ayude a diagnosticar o mejorar la vida de las personas me parecía casi magia»

Imagen de pelvis, fémur y rodilla como ejemplo de la parte médica en combinación con los estudios de ingeniería.
Imagen de pelvis, fémur y rodilla como ejemplo de la parte médica en combinación con los estudios de ingeniería.

-¿Qué evolución crees que pueden tener las prótesis médicas gracias a la impresión 3D?
-Una adaptabilidad enorme. Y, sobre todo, reducir los tiempos de espera. Diseñar una prótesis lleva mucho tiempo, y las personas necesitan soluciones rápidas y ajustadas a su cuerpo, que además cambia con el tiempo. La impresión 3D permite crear piezas temporales, adaptables, y eso es un avance brutal.

-¿Cómo es un día normal en tu vida de investigadora-estudiante?
-Hasta ahora es muy intenso. Entraba a clase a las nueve de la mañana y salía a las ocho de la tarde. En los huecos libres subía a la oficina para avanzar en los proyectos de investigación. Y si no estaba allí, estaba en la biblioteca. Ahora, con el TFG, paso mucho tiempo programando placas, procesando señales de sensores… y los fines de semana sigo leyendo papers o cacharreando en casa.

-¿Qué es lo que más te engancha ahora mismo de lo que haces?
-La sensórica. El desarrollo de sensores cada vez más pequeños, más precisos y más compatibles con el cuerpo humano. Y todo el campo de la compatibilidad electromagnética: entender cómo afectan los campos electromagnéticos al cuerpo. Es un mundo fascinante.

«Lo que más me atrae ahora es la sensórica, desarrollo de sensores cada vez más pequeños y precisos compatibles con el cuerpo humano, cara a temas de prótesis y demás»

-¿Has vivido algún momento difícil por ser mujer en un entorno tan técnico?
-Sinceramente no. Creo que hoy hay mucha divulgación y visibilidad sobre la mujer en ingeniería. Desde mi experiencia, no he sentido dificultades por género, sino más por falta de conocimientos, como cualquier persona que empieza.

-¿Qué le dirías a una chica de 15 años que duda si “sirve” para esto?
-Que pruebe. Que no tenga miedo a fallar. Que pregunte por las cosas todas las veces que haga falta. Fallar no es malo; es aprendizaje. Y, sobre todo, que se atreva a buscar su camino, aunque sea distinto al de los demás.

-¿Qué huella te gustaría dejar en tu campo?
-Además de desarrollar tecnología, me encantaría dedicarme a la divulgación. Que mi historia sirva para animar a otras personas a buscar caminos alternativos, a atreverse, a hacer contactos, a valorar la oratoria y la lectura. La ingeniería también es comunicar.

Andrea Ariznavarreta, ingeniera asturiana en biomecánica: «La curiosidad me trajo hasta aquí y sigue guiando mi camino»

-¿Es hacia ahí donde quieres orientar tu futuro?
-A largo plazo, sí. En este momento estoy terminando la carrera y me falta experiencia profesional. Pero me gustaría combinar la parte técnica con la divulgativa.

-Empezaste divulgando en redes sociales, pero luego diste un giro importante.
-Sí, hubo un tiempo en el que estuve muy activa, pero llegó un punto en el que sentí que había demasiada información superficial. Crear contenido requiere muchas horas y entender muy bien cómo funcionan las plataformas. El coste de oportunidad era demasiado alto. Decidí centrarme en estudiar, leer y avanzar en mi carrera. No descarto volver, pero cuando pueda hacerlo bien, como yo quiero.

-¿Qué avances en biomecánica crees que van a revolucionarlo todo?
-El acceso. Antes los costes eran tan altos que tecnologías como los exoesqueletos eran casi inaccesibles. Ahora, aunque siguen siendo un esfuerzo económico, son más factibles. Y eso cambia vidas. En la cátedra trabajamos sobre todo con prótesis internas -rodilla, cadera, hombro- y también ahí se está avanzando muchísimo.

-¿Cuándo presentas el TFG?
-En un mes. Después tocarán vacaciones sobre todo a nivel mental.

-Luego volveremos a contar con tus reflexiones en la sección Ingeniando que es gerundio
-Sí, y con mucha ilusión.

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Mariló Hidalgo
Mariló Hidalgo
Periodista con más de 30 años de experiencia, especializada en entrevistas y reportajes de profundidad. Tras formarme en Derecho, encontré en el periodismo mi verdadera vocación. Llevo 12 años en Fusión Asturias y desde 2012 soy directora de la revista, donde escribo sobre territorio, cultura, proyectos humanos y paisajes sociales del Principado. Mi trabajo se centra en la conversación pausada, la escucha y el retrato honesto de personas que construyen Asturias desde dentro.

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Periodista con más de 30 años de experiencia, especializada en entrevistas y reportajes de profundidad. Tras formarme en Derecho, encontré en el periodismo mi verdadera vocación. Llevo 12 años en Fusión Asturias y desde 2012 soy directora de la revista, donde escribo sobre territorio, cultura, proyectos humanos y paisajes sociales del Principado. Mi trabajo se centra en la conversación pausada, la escucha y el retrato honesto de personas que construyen Asturias desde dentro.

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