Laura Álvarez (Grado, 1996) habla de ciclismo como quien habla de una casa que conoce de memoria: cada curva, cada repecho, cada gesto del pelotón. Fue ciclista, dejó la bici cuando entendió que su camino iba por otro lado y, sin saberlo, abrió una puerta que nadie había cruzado antes: se convirtió en la primera mujer en narrar ciclismo en España. Hoy es una de las voces más reconocibles de Eurosport y una referencia para miles de niñas que la escuchan desde casa. Asturiana hasta en las expresiones que se le escapan cuando la carrera se pone seria, Álvarez vive la narración con la misma pasión con la que competía: intensidad, honestidad y una mirada que siempre busca la historia que aún no se ha contado. Esta conversación recorre su forma de narrar, su relación con el ciclismo femenino, el peso —y el orgullo— de ser pionera y el vértigo de un futuro que se abre a más retos.
-Voy a empezar por una curiosidad profesional: ¿Cómo haces cuando una carrera se duerme, cuando no pasa nada…? ¿Cómo mantienes viva la narración?
-Busco otras historias. Si las grandes favoritas están esperando su momento, como Vingegaard, toca mirar a quienes están brillando sin que nadie lo esperase, como pasó este año en El Giro, por ejemplo, con Afonso Eulálio. ¿Quién es? ¿Por qué está tan fuerte en mayo? Hablas con su entorno, investigas cómo ha llegado ahí… Creo que es importante aprovechar esos momentos para dar visibilidad a gente que no suele salir en televisión. Cuando las estrellas están a la espera, otros merecen ocupar el foco.
-¿Qué parte de tu forma de narrar dirías que es inequívocamente asturiana?
-Se me nota sobre todo cuando algo me sorprende o cuando me enfado un poco. Ahí sale la vena de casa. Alguna expresión se me escapa siempre: no me sale decir “campo”, digo “prao”. Viví cuatro años en Valladolid y ahora vivo en Madrid, así que el castellano lo tengo muy asentado, pero cuando estoy cómoda en una retransmisión, cuando baja la tensión, aparece el asturiano en giros de forma natural.
-Has dicho que te gustan los ciclistas valientes, los que arriesgan. ¿Qué narración reciente te ha levantado de la silla?
-La de París-Roubaix femenina de este año. Yo estaba narrando a las chicas y el final fue una locura, muy emocionante e inesperado. En cabina, además, te metes en una burbuja y ese día me pasó: estaba dentro de la carrera y me vine arriba…
«Estaba en el equipo de juveniles de ciclismo. Me tuve que plantear si seguía o estudiaba otra cosa. Decidí seguir ligada al ciclismo, pero de otra manera. Una decisión de la que no me arrepiento»
-En tu familia no había tradición ciclista. ¿Qué vio aquella niña de Grado en la bici para convertirla en su mundo?
-Empecé muy pequeña a andar en bici y me lo pasaba genial. Cada fin de semana nos juntábamos niños de toda Asturias, competíamos, nos picábamos unos con otros… y eso te acaba enganchando. Pero lo que más me atrapó fue el ambiente. Yo esperaba toda la semana para saber qué carrera tocaba. Mis mejores amigos siguen siendo los de entonces. Siempre le decía a mi madre que con la gente del cole estaba porque tenía que estar, pero con la del ciclismo era porque quería. Ese vínculo es distinto. Me quedo con eso: la competitividad y la gente que me rodeó.
-Ganaste premios, pero decidiste dejarlo. ¿Qué te enseñó esa renuncia?
-Que hay que saber dónde están tus límites. Ahora se repite mucho eso de “si quieres, puedes”, pero no siempre es verdad. Cuando llegué a juveniles ya sabía que físicamente no era un portento. Y en 2016 no había nada en el ciclismo femenino: ni estructuras, ni futuro claro. Personalmente no lo viví como una renuncia. En aquel momento tenía que decidir qué estudiar, si me iba o no de casa… y elegí un camino que me permitiese seguir ligada al ciclismo, pero de una forma que me diera de comer. No me arrepiento para nada de aquella decisión. Si hubiera estirado más, quizá me habría llevado algún disgusto.
-¿Qué parte de la ciclista que fuiste sigue viva en la narradora que eres?
-La personalidad. La forma de competir me enseñó a ser metódica, perfeccionista, a querer mejorar siempre. Y luego está la empatía. Cuando veo a una ciclista bajando con frío o tomando una decisión complicada, sé lo que se siente. Eso me ayuda a transmitirlo con veracidad. Uno de los mejores piropos que me pueden decir es “se nota que competiste”. Me encanta.
-Tus primeros meses en Eurosport fueron como “entrar en una tienda de juguetes”. ¿Qué te impresionó más?
-Todo. El plató, la gente, el ambiente. Yo crecí viendo Eurosport. Laura Meseguer era una ídola para mí. Y de repente estaba allí, viendo a Javier Ares, a Alberto Contador… retransmitiendo o comentando las pruebas ciclistas… yo temblaba. Pero el mayor impacto fue cuando vi las audiencias por primera vez. Pensé, “Ostras, cuánta gente me escucha”… Ahí entiendes la responsabilidad.
«Crecí viendo Eurosport y de repente estaba allí al lado de los “grandes”. Pero el mayor impacto fue cuando vi las audiencias por primera vez. Pensé, “Ostras, cuánta gente me escucha”… Ahí entiendes la responsabilidad»
-¿Cuándo sientes más el peso de ser la primera mujer que narra el ciclismo?
-Lo siento sobre todo en la cabina, porque es donde paso más tiempo. Al principio no era tan consciente, pero ahora mucha gente me considera la voz del ciclismo femenino en España. Y eso pesa. También lo noto cuando salgo a las carreras. En esta última Vuelta a España femenina, por ejemplo, mucha gente se me acercaba solo por ser asturiana. Te das cuenta de que hay mucha gente detrás escuchándote y aprendiendo a través de ti.
-En una charla dijiste que quizá “entraste en Eurosport por ser mujer”, pero que lo importante era mantenerse. ¿Qué significa mantenerse?
-Es dificilísimo. Yo salí del máster y a la semana estaba en Eurosport. No es lo normal. Aproveché la oportunidad, sí, pero luego tuve que demostrar que quería estar ahí. El ciclismo crece y el espectador exige más: más técnica, más análisis, más puntos de vista. Hay que reinventarse constantemente. Y siendo mujer, todavía tienes que justificar el doble lo que dices. Pensé que eso no me tocaría, pero sí. Mantenerse es estar siempre a la altura, siempre actualizada. El periodismo también es una competición.
-El deporte sigue teniendo discursos sexistas. ¿Qué comentario o dinámica te sigue sorprendiendo en este 2026?
-Creo que este año el discurso está cambiando un poco. Las ciclistas están más profesionalizadas y eso se nota. Antes veía barbaridades en medios, incluso con figuras como Annemiek van Vleuten tenía que explicar por qué era tan importante. ¡A Annemiek, que ha hecho historia en el mundo del ciclismo! Ahora la gente está más conectada con el pelotón femenino. Falta mucho, pero noto un cambio.
«Yo salí del máster y a la semana siguiente estaba en Eurosport. No es lo normal. Aproveché la oportunidad, sí, pero luego tuve que demostrar que quería estar ahí»
-Estuviste en la última etapa de La Vuelta a España femenina donde se decidió todo, en el Angliru. ¿Sentiste que estabas viendo historia?
-Estuve allí pero desgraciadamente no la narré. Y sí, me dio un poco de celos de mi compañero Antonio, porque narrar el Angliru femenino habría sido histórico. Pero también me quedo con haber estado con Paula Blasi justo después de ganar La Vuelta Ciclista a España. Fue algo muy especial.
-¿Notaste un cambio mediático con esa etapa y con el fenómeno Paula?
-Totalmente. Desde que ganó la Amstel Gold Race, –primera española que lo consigue– Paula Blasi ha cambiado el panorama. En España seguimos mucho el deporte a través de una estrella, y Paula lo es. Espero que la atención no sea solo cuando ella gana, porque las carreras femeninas tienen un espectáculo increíble. Pero sí, noto un cambio grande. Incluso compañeros de otros medios me piden su contacto. Eso antes no pasaba.
-¿Qué diferencia el espectáculo femenino del masculino?
-Ahora mismo el masculino gira en torno a Tadej Pogacar. Es tan dominante que cuando se mueve, sabes que es muy difícil que cambie la carrera. En el femenino no hay una dominadora tan clara. Demi Vollering podría serlo, pero no en todos los escenarios. Hay variedad, sorpresas, finales abiertos. Eso hace que el espectáculo sea distinto.
-En el Tour decidiste no leer comentarios para proteger tu narración. ¿Qué señales internas te dicen que debes desconectar?
-Fue un consejo de mi jefe: “No cojas el teléfono estos días”. Y lo hice. Yo presto atención a las críticas, pero no les doy importancia si vienen de perfiles anónimos. Miguel Ángel Méndez me dijo una vez: “No tomes una opinión de quien no tomarías un consejo”. Lo sigo a rajatabla. Antes me afectaba más. Sigo las indicaciones de mi jefe y la verdad es que me va muy bien.
«He ido al Tour, a La Vuelta, al Giro… y tengo proyectos en mente. También he empezado un podcast con María Rendueles sobre deportistas asturianos»
-¿En qué momento personal y profesional te encuentras?
-En uno muy bueno. Antes me sentía pequeña, me costaba decir “soy Laura de Eurosport”. Pero ahora estoy más segura. He ido al Tour, a La Vuelta, al Giro… y tengo proyectos en mente. También he empezado un podcast con María Rendueles sobre deportistas asturianos. Necesitaba algo que me sacara un poco de las bicis. Soy muy ambiciosa, pero he aprendido que todo tiene su ritmo.
-Te gustan los retos que te sacan de tu zona de confort. ¿Qué te gustaría probar?
-Otros deportes, otras narraciones, incluso me animaría a hacer radio. A nuestra generación se le pide ser polivalente y creo que eso puede ser una ventaja. Me gustaría probar otros medios y ver qué tal se me da.
-Empezaste a trabajar muy joven. ¿Sientes que esa experiencia temprana es una ventaja?
–Sí. Tengo 28 años y una vida laboral que mucha gente no tiene a mi edad. Sé que soy una afortunada. Para algunos mi camino será más o menos exitoso, pero para mí el verdadero éxito es trabajar en lo que quiero, en un entorno amable, y seguir creciendo. Ojalá dure mucho tiempo…