Sinhogarismo en Gijón: la realidad que el verano no tapa

A veces, al caminar por Gijón en junio, una tiene la sensación de que la ciudad respira más hondo. Las fachadas parecen más claras, los parques más llenos, las playas más vivas. El verano tiene ese efecto, suaviza los bordes y disimula las grietas. Pero basta desviarse un poco del paseo habitual para descubrir que no todos reciben la misma luz.

En la entrada de un cajero, en un banco del parque, en un portal donde el viento no castiga tanto, alguien intenta dormir. No es una imagen nueva, pero sí una que preferimos no mirar demasiado. Quizá porque incomoda, porque nos recuerda que la frontera entre “tener un sitio” y “no tenerlo” es más fina de lo que creemos. Cruz Roja lo explica con claridad en su análisis sobre el sinhogarismo: dos de cada tres personas que hoy viven en la calle estuvieron antes plenamente integradas, tenían trabajo, casa, rutinas… Tenían una vida que podría haber sido la nuestra.

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En Gijón, la Fundación Municipal de Servicios Sociales atendió el pasado año a más de 13.000 personas, y entre ellas, cientos en situación de sinhogarismo o riesgo extremo. En un año se ha disparado un 14% más, es decir, hay 1.804 personas en situación vulnerable. Estas son sólo algunas de las muchas cifras que se incluyen en la recién presentada “Memoria de gestión de la Fundación Municipal de Servicios Sociales”. No son números abstractos: son historias que pasan por el Albergue Covadonga, por la Asociación Gijonesa de la Caridad, por los equipos de calle, por los servicios de emergencia o por los programas de alojamiento temporal. Historias que buscan algo tan básico como un lugar donde estar, un acompañamiento que no pregunte demasiado o una oportunidad para volver a intentarlo.

Los datos del informe municipal muestran algo que no deberíamos ignorar: El 40% de las personas atendidas por sinhogarismo arrastra problemas de salud mental, muchos sin diagnóstico previo. Más del 60% ha sufrido violencia o situaciones traumáticas. Y un porcentaje creciente llega tras perder la vivienda por motivos económicos, alquileres imposibles, empleos precarios o rupturas que dejan a uno de los miembros literalmente en la calle. No son casos aislados, son señales de que algo se está rompiendo.

Cruz Roja añade otro dato incómodo: El 78% de las personas sin hogar ha sufrido discriminación. No solo institucional, también cotidiana. Miradas que apartan, comentarios que hieren, gestos que expulsan. Y, sin embargo, cuando se les pregunta qué necesitan, la respuesta rara vez es dinero. Piden trato digno, ser escuchados, dejar de ser invisibles.

¿Por qué en Gijón se concentran más personas sin hogar que otras ciudades del Principado? Porque allí disponen de más ayudas, asociaciones y servicios de asistencia que en otros lugares.

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El verano, con su bullicio amable, tiene la capacidad de ocultar estas realidades. Las terrazas llenas, los festivales, los turistas, las playas… todo invita a pensar que la ciudad es un lugar luminoso y ordenado. Pero la calle, la de verdad, sigue ahí y quienes la habitan no desaparecen porque suba la temperatura.

El sinhogarismo no es un paisaje inevitable, ni un fenómeno ajeno, ni un fallo personal, es una consecuencia directa de cómo organizamos la vida, la vivienda, el trabajo, los cuidados. Y Gijón, con todos sus recursos, no puede sostener una sola realidad que crece más rápido que las respuestas.

Quizá este verano, entre una sidra y un chapuzón, podamos hacer un gesto sencillo pero poderoso: mirar. Mirar sin juicio, sin miedo, sin convertir a nadie en sombra.
Porque mirar es el primer paso para entender. Y entender, el primer paso para exigir –y construir– una ciudad donde nadie tenga que dormir en un cajero.

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Mariló Hidalgo
Mariló Hidalgo
Periodista con más de 30 años de experiencia, especializada en entrevistas y reportajes de profundidad. Tras formarme en Derecho, encontré en el periodismo mi verdadera vocación. Llevo 12 años en Fusión Asturias y desde 2012 soy directora de la revista, donde escribo sobre territorio, cultura, proyectos humanos y paisajes sociales del Principado. Mi trabajo se centra en la conversación pausada, la escucha y el retrato honesto de personas que construyen Asturias desde dentro.

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Periodista con más de 30 años de experiencia, especializada en entrevistas y reportajes de profundidad. Tras formarme en Derecho, encontré en el periodismo mi verdadera vocación. Llevo 12 años en Fusión Asturias y desde 2012 soy directora de la revista, donde escribo sobre territorio, cultura, proyectos humanos y paisajes sociales del Principado. Mi trabajo se centra en la conversación pausada, la escucha y el retrato honesto de personas que construyen Asturias desde dentro.

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