David Arango, meteorólogo: «Ante la nueva realidad climática, toca adaptarse»

David Arango es una cara muy conocida de la RTPA, la televisión autonómica de Asturias. Desde hace veinte años, nos cuenta cada día y con su simpatía habitual si hay que sacar el paraguas a la calle o si va a acabar abriendo el día.

No fue su vocación inicial, pero la realidad es que su trayectoria profesional le ha llevado a ser un hombre del tiempo y ahora es adicto a la meteorología hasta el punto que tiene su propia empresa de productos meteorológicos a medida. Aun así, a este asturiano no le falta la energía para probar nuevos proyectos que le aseguren diversión y trabajo. De la pasión necesaria para todo ello ya se encarga él.

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-David, ¿es difícil predecir el tiempo en una comunidad como Asturias?
-Pues he de decir que no es de los sitios más complicados o al menos no tan determinantes, porque un error en la previsión aquí da otro escenario meteorológico, pero no te lleva al desastre como puede pasar, por ejemplo, en la comunidad valenciana si no modelizas una Dana. En este caso pueden llegar lluvias fortísimas y llevarse casas por delante. Aquí lo más que puede pasar es que al día siguiente por la calle alguien me diga: “Oye neno, ¿qué pasó que me estropeaste el día de playa?”.

-¿En algún momento hubieras imaginado que ibas a acabar como el hombre del tiempo en una televisión?
-Mi devenir laboral ha sido fruto de la casualidad absoluta, jamás en la vida me veía de hombre de tiempo. Tenía vocación de comunicador, pero no de meteorólogo y cuando terminé el instituto, no sabía qué estudiar. Me gustaba mucho la comunicación, pero mi formación en secundaria había sido toda por la rama de ciencias y cuando le dije a mi padre que quería estudiar periodismo, él me dijo que primero estudiase una carrera de verdad y luego lo que yo ya quisiera. Estudié Marina Civil y, un día, haciendo deporte en la piscina, me encontré a mi profesor de meteorología de la carrera y me dijo: “Oye, me han llamado de una tele que van a montar y están buscando un hombre del tiempo”. Fui a ver cómo era aquello sin ninguna expectativa de que fuera a ser un trabajo serio, ni de que pudieran seleccionarme, y aquí estoy 21 años después.

-¿La gente te pregunta si hará bueno cuando te ven por la calle?
-A veces sí, pero creo que es más como un formulismo para romper el hielo porque a la gente lo que le presta es saludarme. Piensa que yo empecé en la RTPA con 24 años y soy el neno de la casa de muchas familias. Durante 20 años, mientras comían y cenaban, me han visto crecer y mejorar como comunicador en la tele autonómica de Asturias. Dado el apego que tenemos a la idiosincrasia del asturiano, al territorio y a nuestra identidad como comunidad autónoma, los asturianos no nos veíamos reflejados en la tele. Cuando llegamos nosotros, empezaron a ver personas que, con su acento, contaban las cosas que les preocupaban y generamos un cariño tremendo. De hecho, ese cariño es lo que más le debo a este trabajo; la gente por la calle, personas que no me conocen de nada, me siguen llamando Davicín, y eso que ya soy un señor de 44 años.

-La tuya es una comunicación muy cercana.
-Como no tuve nunca formación en comunicación, la única forma que conozco de comunicar es la transparencia. Así me lo planteé al principio y así fui desarrollándolo.

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-¿Es difícil ser juzgado por tu trabajo?
-Al principio, cuando fallábamos el pronóstico, yo lo pasaba muy mal. Ahora mismo y dado que es un sistema tan complejo, si hago una buena previsión, si le dedico su tiempo sin dejar de mirar ningún modelo, me voy tranquilo para casa independientemente de que al día siguiente aquello se cumpla o no. Al principio levantaba la persiana por la mañana con miedo y cuando erraba lo pasaba horrible. Durante años tuve lo que ahora se conoce como el síndrome del impostor y eso que venía de la carrera con más formación en meteorología que se daba en España, pero era muy joven y sentía que tenía que demostrar que yo valía para ese trabajo. Esto cambió cuando salí fuera y vi cómo me valoraban en las teles nacionales, era tan solvente como cualquier otro.

-¿Es más fácil acertar ahora con la previsión gracias a la tecnología que tenemos? ¿Son los modelos más fiables?
-En veinte años ha cambiado una barbaridad la previsión meteorológica. Las modificaciones matemáticas de la atmósfera han mejorado muchísimo, imagino que por la capacidad de tomar datos con tantísimos satélites. La capacidad de computación también ha avanzado mucho y la modelización de un sistema tan caótico como este también, pero yo creo que estamos a las puertas de la que será, probablemente, la segunda o tercera gran revolución de las modelizaciones atmosféricas debido a la integración de la inteligencia artificial.  Se está utilizando en los últimos años, pero todavía no ha llegado al nivel de las modelizaciones atmosféricas clásicas. Esta gran revolución no nos va a llevar a la perfección, porque el sistema atmosférico es tan complejo que no vamos a poder saber con precisión el tiempo de aquí a 10 días, pero sí vamos a conseguir afinar un poquito más.

David Arango, meteorólogo en la TPA.
Foto: RTPA

-Estamos teniendo un verano bastante bueno en lo relativo al calor y la cantidad de precipitaciones para quienes quieren disfrutar de sus vacaciones. ¿Cómo se prevé que discurra este mes de agosto?
-Te puedo hablar en base a las previsiones estacionales que hace la Agencia Estatal de Meteorología que son muy poco fiables para España, porque este tipo de previsiones funcionan bien en grandes superficies de terreno y mejoran si nos aproximamos a latitudes tropicales. Aquí, donde estamos nosotros, en latitudes medias donde están las masas de aire con origen en el Ártico y las masas de aire de origen subtropical con origen en el norte de África, siempre estamos como a medias tintas y los pronósticos estacionales no nos dan una señal importante de cómo va a ser el verano.
Viendo los modelos de las últimas semanas, creo que seguiremos teniendo un mes de agosto similar a como ha sido junio y julio, es decir, el Cantábrico librándose de la mayor parte de los episodios de calor intenso que se están viviendo en el centro y en el este de la península ibérica.

-Todavía hay mucho negacionismo del cambio climático y de otras cuestiones científicas. ¿Desde vuestra profesión ¿cómo percibís este posicionamiento?
-Hay una asociación de comunicadores meteorológicos, ACOMET, en la que estamos la mayor parte, sino todos, de los servicios meteorológicos de las televisiones españolas, gran parte de las radios y otros medios escritos y aquí hay diferentes puntos de vista. Hay gente que dice que el negacionismo ya no existe, que cómo van a negarlo si es palpable medible, percibible por el bagaje vital de cada individuo. Está siendo tan abrupto que no tenemos que remontarnos a datos de tres o cuatro generaciones, lo estamos percibiendo en nuestro tiempo vital cada uno de nosotros. Yo pienso que todavía hay gente que niega la evidencia y atribuyen el cambio a cuestiones del devenir natural que hacen que la Tierra vaya cambiando. Pero el incremento de la temperatura media en nuestro planeta nunca se había producido tan rápido y de forma tan abrupta, además hay una coincidencia brutal desde la revolución industrial por la emisión de gases de efecto invernadero. La subida de la temperatura media mundial es una realidad científica.

Mujer tumbada frente al ventilador.

 -¿Hay que atribuir la responsabilidad a la interacción humana?
-Toda la responsabilidad recae en la actividad humana, porque el plazo de tiempo en el que ha cambiado el clima de la Tierra es cortísimo. Otra cosa, y esto es importante diferenciarlo, es que cambio climático quizá no sea la expresión más acertada para referirse a lo que a lo que está pasando porque lo que estamos teniendo es un calentamiento de la Tierra en general. La temperatura media mundial ha subido, pero este cambio climático está trayendo nuevas realidades climáticas y aunque en algunos rincones de la Tierra va a suponer un enfriamiento, de media la temperatura en todo el globo terráqueo sube.
El nuevo escenario climático va a traer condiciones que pueden beneficiar a determinadas zonas de la Tierra, pero sobre todo lo que tendremos que hacer es adaptarnos porque vamos a ir a una nueva realidad en la desaparecerán algunas especies, y otras, tanto de fauna como de flora, se van a implantar en sitios donde no estaban y desplazarán a las que había.
Nos dirigimos a cambiar nuestro modelo de vida. Por ejemplo, aquí en Asturias jamás se instalaban aires acondicionados en las viviendas, y vamos a tener que empezar a hacerlo. Otra cosa que veremos es que caminar por la calle en ciertos momentos del día va a ser una actividad de riesgo para personas que sean sensibles, como la gente mayor gente con problemas.

-¿Las administraciones están preparadas para asumir lo que se nos viene encima?
-La adaptación va a ser la gran batalla. Existe un organismo a nivel a nivel internacional que es el IPCC que se encarga de calcular escenarios climáticos y, al principio, sólo ponía el foco en la mitigación, es decir, en intentar frenar la subida de la temperatura media mundial, pero desde hace unos años para acá tiene dos focos prioritarios: mitigación y adaptación.
La mitigación viene forzada por organismos grandes, como ocurre con la Unión Europea, pero la adaptación va a tener que ser local y a mí me entran muchísimas dudas porque para poder abordar un problema lo primero que tenemos que tener es conciencia del problema. Y hay gestores que ni siquiera reconocen la realidad más palpable en sus declaraciones públicas, así que ya no hablemos de si tienen herramientas para poder hacer algo. Lo primero es tener actitud para intentar cambiar y adaptarnos a la nueva realidad climática, después ya veremos con qué recursos contamos.

-Los planes urbanísticos de muchas localidades españolas han alentado la construcción en rieras y torrenteras, y ahora asistimos a episodios de inundaciones por lluvias intensas. Aun así, no es frecuente que haya variaciones en la planificación urbanística.
-Es muy difícil y cada vez vamos a tener más episodios de situaciones atmosféricas extremas cuyo periodo de retorno es larguísimo. La cuestión es que si te dicen: “ojo, aquí no puedes construir porque hay un evento atmosférico de lluvias intensas que genera la crecida del río y cada 150 años de media se inunda”. Pero si yo he visto a mi abuelo y bisabuelo discurrir por esos campos y me han contado que aquí jamás ha llovido como para desbordarse el río, pues no me lo creo; pero tenemos que fiarnos de la ciencia. A mí me flipa escuchar declaraciones de políticos que están instalados en un punto de soberbia y que son capaces de ir en contra de afirmaciones científicas consolidadas basándose en su experiencia vital. Cuando el nivel es tan bajo cualquier cosa puede ocurrir.
El problema llega cuando tengo un sistema de prevención y protección frente a eventos meteorológicos extremos que cuesta un dinero dentro del presupuesto y que tiene un periodo de retorno de 75 años. ¿Qué hace el político de turno? Lo desmonta y se ahorra el dinero porque como “aquí nunca pasa nada”… Pero un día sí que va a pasar y hay que tomar decisiones en base a cuestiones científicas y no sacarse de la manga criterios tomados en base a la experiencia vital.

-Hay cosas evidentes que están constantemente en los medios de comunicación, como ahora ocurre con los incendios, o lo que pasó en su día con la DANA en Valencia, pero ¿qué otras cosas percibís desde vuestra situación privilegiada en esta región?
-Tanto a los demás como a mí nos llama mucho la atención el tema de las nubes, porque, aunque seguimos teniendo días de estratos (esas nubes bajas de poco desarrollo vertical que son muy típicas del verano en el Cantábrico), ahora también vemos la atmósfera con procesos convectivos, es decir, se forman muchas tormentas que aquí antes no había porque para ello necesitan energía y esa energía suele llegar en forma de temperaturas altas en superficie. Antes tenías que cambiar de provincia, ir a León, para ver grandes desarrollos nubosos y tormentas, pero en los últimos diez años es más habitual la aparición de tormentas en días de calor.

Cielo tormentoso en Navia.
Foto: Fusión Asturias
Cielo tormentoso en Navia.
Foto: Fusión Asturias

-Afortunadamente nuestras condiciones climáticas hacen que el tiempo estival sea mucho más llevadero en Asturias que en otras partes de España. ¿Cómo nos afecta y afectará convertirse en un posible refugio climático?
-Nosotros llevamos viviendo con una realidad climática muchísimos años y habíamos buscado estrategias de adaptación nuestras y de todo el entorno a esa realidad, pero ahora esto ha cambiado y va a cambiar todavía más. Y estrategias que usábamos antes no nos van a valer para adaptarnos a la nueva realidad climática. Habrá cultivos, por ejemplo, que no se nos darán y habrá que plantar otras cosas, y las actividades al aire libre que hacíamos en las horas centrales habrá que replanteárselas los días de calor excepcional. Respecto al turismo ya estamos teniendo que adaptarnos ante el aluvión de gente que viene y que ya no quiere pasar el verano en el Mediterráneo. Se están activando medidas como la tasa turística porque tenemos que tener preparado todo el contexto de servicios públicos para la cantidad de gente que viene, hablamos de la red viaria, las comunicaciones, el saneamiento… Todas estas cuestiones hay que contemplarlas porque en lo turístico Asturias corre un serio peligro de morir de éxito.

-En el Occidente, afortunadamente, hay muchísima tranquilidad todavía, pero temo que acabe convirtiéndose en una zona masificada y volcada hacia el turismo, como ocurre en algunas partes del oriente asturiano.
-El encanto de esta parte de la región yo creo que radica en su autenticidad. El suroccidente parece uno de los últimos rincones a nivel nacional donde se puede estar tranquilo, donde de verdad te sientes aislado y creo que eso va a empezar a ser percibido por la gran masa turística este país que es Madrid.

-La adaptación tiene que ir también conforme con la preservación. ¿Qué problemas pueden derivar de esta situación?
-La gente viene aquí a buscar calma, tranquilidad y un entorno natural, pero si venimos todos a buscar lo mismo, esa calma no se va a encontrar. El escenario va a cambiar en algunas cosas, en unas encontraremos virtud y otras no nos van a gustar y tendremos problemas. Tenemos que ser conscientes de por qué tenemos éxito turísticamente y proteger esos puntos. Si la gente viene aquí a buscar naturaleza, calma y paisanaje, protejamos la autenticidad en el paisanaje, protejamos la naturaleza y protejamos el que no haya una megamasificación. Esto es de Perogrullo, pero a veces parece que no es percibido por algunos gestores locales.

-Se habla mucho del calentamiento global, ¿puede ser que nos estemos acostumbrando a esta situación, hasta el punto de que se estén relativizando sus consecuencias?
-Esta es una cuestión que sale en las reuniones que hacemos, porque desde el sector de la meteorología vemos que cuando toca hablar de cambio climático nos están ganando la batalla los incultos, porque son muy populistas y el populismo, al final, es una forma de comunicar sencilla que consigue entender el 99% de la sociedad. Cuando nosotros queremos cimentar nuestro discurso, lo argumentamos con todos los detalles y con cuestiones que a la gente les pueden parecer complejas, esto genera una desafección de la mayor parte de la sociedad con nuestro discurso. Los negacionistas, al contrario, generan una afección tremenda porque sus argumentos son muy sencillos. Si un día hace frío, te dicen: “Y luego se habla de calentamiento global…” pero si tú te pones a hacer una explicación de qué es el calentamiento global y el discurso es largo, la gente pierde la empatía por completo. Es un tema complicado de comunicar porque las consecuencias no son muy brutas en un espacio corto de tiempo, ocurren poco a poco. Es el ejemplo de la rana que metes en el agua fría y empiezas a calentar el agua poquitín a poquitín. La rana va a acabar hervida, pero en ningún momento va a intentar salir y cuando lo intente, va a ser demasiado tarde.

David Arango, meteorólogo: «Ante la nueva realidad climática, toca adaptarse»

-¿Cómo lo explicarías tú para que la información llegue a buen puerto?
-Yo soy de la opinión de que hay que explicarle a la gente todo. Que el cambio climático nos va a traer realidades singulares buenas y alguno va a salir ganando con ello, pero la mayor parte de nosotros, sino casi todos, vamos a tener que pagar un peaje. No sé cómo tendríamos que comunicar mejor, yo lo que hago normalmente es intentar generar empatía, es decir, llevarlo a realidades cercanas que estamos viendo en Asturias. Hay cuestiones que ya han cambiado y que van a cambiar mucho más hasta sacarnos de nuestros hábitos, y esto sí que genera cierta alarma, pero no sé si la suficiente.

-¿Cómo podemos alertar y generar esa inquietud respecto al calentamiento?
-Cuando ocurren tanto los eventos meteorológicos como los eventos asociados a ellos, en ese momento tenemos que comentar que esto es debido al cambio climático y que va a pasar más veces. Son pequeñas ventanas de oportunidad en la comunicación que debemos aprovechar. Las lluvias de excepcional intensidad que causaron inundaciones en Arriondas y que obligaron a desalojar el hospital, los episodios de sequía que sufrimos cuando pasan varios meses sin precipitaciones, las olas de calor como las que hemos tenido este año y los incendios que, aunque no están causados directamente por el cambio climático, sí están íntimamente relacionados y por ello vamos a tener que invertir más dinero en gestión forestal sacándolo de otras cosas.

-¿Estas situaciones dejan al descubierto las prioridades?
-La inversión en incendios es muy ingrata porque los recursos se usan puntualmente, pero tienes que pagarlos de forma continuada y esto supone muchísimo dinero en algo que usas pocas veces, pero claro, si te llega el evento y no tienes recursos para reaccionar, el problema es más gordo. Es complejo, por eso prefiero hablar de grandes inversiones en prevención y con una gran prevención podremos memorizar la inversión en extinción. Tenemos que ser todos muy conscientes a nivel individual para poder sumar lo máximo posible y después que las administraciones tengan cintura y sean capaces de cambiar políticas en función de lo que les vayan diciendo los científicos. Son tiempos de cambio y hay que ser coherentes y flexibles.

La excepcionalidad de un eclipse

-¿Cada cuánto tiempo hay un eclipse como este?
-Cada 18 meses hay un eclipse total de sol en el planeta Tierra, pero para que un observador que no se mueve de una posición fija pudiera ver otro eclipse como este tendrían que pasar 375 años en la Tierra.

-En todas las civilizaciones anteriores, los eclipses siempre fueron momentos especiales, pero ¿por qué este es tan importante para nosotros?
Es importante en Asturias, porque ninguno de los que vivimos ahora mismo aquí ha podido asistir a un eclipse total de sol en la región. El último que hemos tenido fue en 1905. Y después del 12 de agosto ninguno podremos asistir a otro, por lo tanto, es una situación excepcional. En cuanto a lo mágico o lo espectacular del momento, ahí entran ya las diferentes sensibilidades de cada uno. He de confesar que al principio era algo que no me llamaba demasiado la atención, pero en los últimos meses he ido documentándome y viendo las cosas que van a pasar y no me lo quiero perder. Hay cuestiones adyacentes a lo meramente astronómico, que si no estamos atentos nos las vamos a perder, como, por ejemplo, que a nivel atmosférico baje la temperatura 2 o 3 grados, que al taparse el sol cambie la actividad de la naturaleza, los pájaros dejan de piar, las pitas pueden ir a guardarse y que los árboles produzcan sombras extrañas.

 -¿Qué cosas deberíamos tener en cuenta de cara a ese 12 de agosto, además de proteger la vista?
-Algo obvio es la necesidad de tener una protección ocular durante el eclipse, con gafas homologadas, pero es verdad que en el momento de la ocultación total podremos quitarnos las gafas y observar todo el anillo de fuego y las llamadas perlas de Bailey que son esos brillos a lo largo del anillo que va a generar el sol por el relieve, por la orografía que tiene la luna. Ese aspecto de quitar las gafas en el momento de ocultación total es importante y, a priori, podríamos no caer en ello. 

-¿Asturias puede sufrir un pequeño caos en esas fechas por saturación de visitantes y vías de comunicación?
-Los ayuntamientos y los consorcios municipales están un poco al tanto de ello, tienen miedo a una gran afluencia de gente a lugares que no están preparados para ese aluvión. Fue un tema que se abordó recientemente en el evento divulgativo de la campaña «Eclipse 2026: el cielo desde el paraíso» en Luarca en la que participé, cuando una persona comentó lo bien que se iba a ver el eclipse desde una braña de la zona y rápidamente el alcalde hizo un llamamiento a la cautela en cuanto al movimiento de la gente explicando que esa braña solo tenía una pista de acceso y podría colapsar. Si se va a ir a algún sitio a verlo, es mejor no comentarlo en redes sociales por la gran afluencia de gente que pueda acudir.

-A estas alturas todo el mundo debería saberlo, pero por si hay todavía algún o alguna despistada, ¿qué hay que tener en cuenta en lo relativo a proteger nuestra visión?
-En una de estas charlas un oftalmólogo explicaba que, incluso una persona con una enfermedad ocular, puede ver perfectamente el eclipse con un filtro homologado, con la protección adecuada. Explicaba también que, por ejemplo, los de mi generación que en alguna ocasión hemos jugado a mirar al sol directamente, podríamos haber sufrido daños en la retina y habernos recuperado de ellos o ser conscientes de ellos cuando seamos más mayores. Que la recuperación no es lineal, algunas personas se recuperan y otras no, y que un síntoma para identificar si el sol ha dañado la vista a un niño es saber si por la noche, cuando cierra los ojos, observa manchas blancas u oscuras alrededor del globo ocular. 

-Desde un punto de vista más espiritual se asocian los eclipses con tiempos de crisis, pero también de transformación profunda e incluso de renacimiento. ¿Sería un buen momento para que esto ocurriera en nuestros gobernantes?
-Sí que es verdad que el camino en la configuración mental de los políticos es lento, pero soy optimista y quiero creer que algo vamos evolucionando. Aunque haya excepciones, tenemos mejores políticos que hace 30 o 40 años. Yo todavía espero, porque me encantaría que en nuestro país hubiera políticas de estados, que se juntaran los diferentes partidos políticos para acordar sobre temas clave como pueden ser la educación, la sanidad, las pensiones, la protección al medio ambiente. Ahí tiene que haber un rumbo común y que, después, votar a uno o a otro partido sea una cuestión de pequeños detalles. Es muy duro ver que ahora mismo es un escenario imposible de alcanzar y que no sé si lo será jamás.

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Isabel G. Muñiz
Isabel G. Muñiz
Periodista y reportera de Fusión Asturias desde 1994, especializada en turismo, patrimonio natural y experiencias locales en los concejos del Principado. Gallega de origen y asturiana de adopción desde hace más de 35 años. También realizo entrevistas divulgativas sobre talento cultural, científico, deportivo y social.

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Periodista y reportera de Fusión Asturias desde 1994, especializada en turismo, patrimonio natural y experiencias locales en los concejos del Principado. Gallega de origen y asturiana de adopción desde hace más de 35 años. También realizo entrevistas divulgativas sobre talento cultural, científico, deportivo y social.

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