El sueño salvaje de Tito Parra, campeón de la SwissPeaks Odyssey 2026

Acaba de proclamarse campeón de la SwissPeaks Odyssey 2026, una carrera de montaña de 650 kilómetros, 43.800 metros de desnivel positivo en los Alpes del Valais (Suiza) con un tiempo de 141 horas, 14 minutos y 38 segundos. Tito Parra ha escrito parte de la historia de esta prueba que lleva ya diez años celebrándose.

Tito es puro nervio. Disfruta con lo que hace, se le nota hasta en la voz. Esa energía desbordantemente positiva no se puede fingir. Escuchándolo hablar, sería fácil caer en el ensalzamiento, en nombrarlo héroe y alabar su gesta, pero la realidad es que su humildad impresiona. Y es que aquí no hay ningún superhombre que convierta en fácil lo difícil. Lo que hay son muchas horas de entrenamiento, decisiones tomadas con la cabeza fría y mantenidas con voluntad de hierro, madrugones a horas intempestivas cuando lo único que apetecería sería quedarse un rato más en la cama, días de estudio de ruta, estrategias, visualización, sacrificio a raudales. El camino no ha sido fácil, aunque el resultado ha merecido la pena. Y no porque haya cruzado el primero la línea de meta siete horas por delante del segundo clasificado y casi al doble del tercero, sino porque éste es el inicio de algo más grande. Los sueños no se conquistan solos. Se trabajan.

- PUBLICIDAD -
Tito Parra, ganador en la SwissPeaks Odyssey 2026

-¿Cómo es la estructura de la carrera?
-El cómputo total de la carrera son 650 kilómetros y 43.800 metros de desnivel positivo. Lo estructuran en dos bloques. El primero son 250 kilómetros y hacemos entre 15 y 20.000 metros de desnivel positivo. Estos kilómetros los fraccionan en cuatro días/etapas largas. Arrancamos la primera a las ocho de la tarde para cubrir 86 kilómetros. Terminas en una base de vida que suele ser un albergue, pabellón o similar donde descansas y te paran el cronómetro. Ese día, si has llegado antes, tienes más rato para descansar. Te da tiempo para ducharte, comer y convivir con los corredores. Si terminas a las 11 o 12 de la mañana, tienes hasta las 5 de la mañana, que es la salida de la siguiente etapa, para recuperar. Al día siguiente, cubres unos 55 kilómetros. Terminas en otra base de vida y, hasta que se da la siguiente salida, que es otra vez a las 5 de la mañana, tienes ese tiempo para descansar. Así durante los 4 primeros días en los que ya hemos cubierto 250 kilómetros.

-¿Esto es lo que tú llamas “fase de calentamiento”?
-Sí, vas entrando en carrera. Sobre todo, es la parte en la que tienes más convivencia con todos los corredores. Ahí ya te vas posicionando con los tiempos que haces, vas viendo quién ha venido a pelear, los puntos flacos y buenos de cada atleta, vas haciendo el estudio de cada uno y organizando un poco la estrategia para lo que viene después. Una vez que ha pasado la cuarta etapa, digamos que ya es el “último día de descanso”. A las 9:00 de la mañana, a los de la SwissPeaks Odyssey –que es la prueba reina– se nos da la salida conjunta con los que vienen a correr la SwissPeak Legend, que completan una distancia de 400 kilómetros. Nos hacen un pasillo con honores para que salgamos nosotros primero y, diez minutos más tarde, salen ellos. Ahí ya empezamos los 400 kilómetros non-stop. Esta parte ya es autogestión. Tú haces tus paradas donde creas conveniente, si quieres descansar, dormir… el crono ya no se para.

«En las bases de vida, aparte de la comida y las camas, tienen un equipo técnico increíble. Desde fisioterapeutas o médico hasta podólogos. Piensa en lo que pueden sufrir los pies en una carrera como esta»

-¿Cómo es la organización a partir de esos kilómetros?
-En estos 400 kilómetros tienes seis bases de vida. Suelen estar en torno a los 50 o 60 kilómetros más o menos, normalmente en pueblos. Tú vas cruzando valles, subiendo una montaña o una cadena de ellas y, cuando bajas, te encuentras la base. Lo hacen así por logística. Tienen camas o literas, duchas, y donde aprovechas para tomar comida de verdad. Te preparan pasta, polenta, raclettes, crepes, sopas… Son los únicos puntos donde se permite una persona de asistencia por cada corredor. A mí me acompañó Nerea, mi cuñada, para hacerme el seguimiento, llevarme ropa seca, barritas y la comida que tienes que llevar entre bases de vida.

-¿Es imprescindible la asistencia?
-No sería totalmente necesario que viniese nadie, pero sí que es verdad que todos los que van a competir llevan asistencia. Piensa que, cuando llegas a una base de vida después de dos o tres días, ya tienes una falta de sueño grande y una fatiga importante. A mí tener a Nerea me dio la vida porque, cuando yo llegaba, ella ya estaba allí con la comida preparada (barritas, geles, bollitos de mermelada con aguacate). A nivel psicológico, tener a alguien que te está apoyando y animando es mucho. En mi caso, llevaba una estrategia de sueño concreta y saber que ella se iba a encargar de despertarme me permitió descansar más tranquilo. Si entras en una fase de sueño profunda no te vas a despertar porque el cuerpo te está pidiendo que descanses ocho horas.

- PUBLICIDAD -

-¿Las bases de vida hacen honor a su nombre?
-En las bases de vida, aparte de la comida y las camas, tienen un equipo técnico increíble. Desde fisioterapeutas o médico hasta podólogos. Piensa en lo que pueden sufrir los pies en una carrera como esta. Yo soy muy agradecido en este sentido y no suelo tener problemas de ampollas, pero hay gente que ya desde el principio empieza a tenerlas y se les rompen. Los podólogos se hinchan a trabajar. Si el terreno está mojado y estás muchas horas corriendo bajo la lluvia, al final, los pies se ablandan. Las ampollas son muy limitantes en estas carreras. Se llaman así por algo y son un reset al que estás deseando llegar.

-En un entorno cambiante, ¿cómo puedes llevar una estrategia diseñada desde el sofá de casa?
-Llevo muchísimos años corriendo este tipo de carreras y, en el pasado, he cometido muchos errores. Los he apuntado todos y los he trabajado. Durante todo el año de preparación, no solamente he salido a hacer kilómetros y desniveles. Ha sido un trabajo mental y de concienciarse, de verte en el terreno y, durante los entrenos, ser capaz de repetirte lo que vas a hacer cuando estés en un punto o en otro. El perfil, aunque no lo conozcas físicamente, lo tienes en casa sobre el papel y vas estudiándolo. Sabes dónde están las subidas y las bajadas, cuál es la parte técnica y haces un trabajo de visualización. No es algo fácil, pero te tienes que poner en situación y pensar en qué pasará cuando llegues allí y te encuentres cansado o al límite.

El sueño salvaje de Tito Parra, campeón de la SwissPeaks Odyssey 2026

-¿Hasta qué punto debe ser flexible?
-Hay que saber dónde vas a parar, dónde vas a dormir, en cuál te das una ducha y un masaje… Tu estrategia de inicio tiene que estar supercalculada. Aunque también tienes que ser flexible en el sentido de que, si no llegas a este punto a esta hora, no pasa nada. Si tienes pensado llegar a determinada base de vida y parar o coger la comida, ponerte ropa seca y no dormir para poder seguir, pero la meteorología cambia y sabes que va a caer un tormentón y vas a estar toda la noche sufriendo, dices “pues a lo mejor me renta más quedarme aquí, aprovechar un poco de sueño, descansar y que pase la tormenta”. También tienes que ir viendo cómo van los corredores con los que estás peleando. Tienes que ser fiel al diseño inicial, pero con los ojos puestos en el entorno.

-¿Cuál fue el punto fuerte de la estrategia?
-Yo le dije a Nerea: voy a dormir en las bases de vida donde toca, un máximo de una hora y media. Eso, sobre el papel, es fácil decirlo, pero cuando llegas allí, estás reventado. Lo que te apetece es meterte en la cama y no despertar en ocho horas. Pero tienes que ser capaz de decirlo y hacerlo. Cuando estaba fresco en casa, le decía “aunque te dé pena, sácame a patadas de la cama”. Ella respondía “vale, lo que tú digas”. En cuanto llegaba, lo primero, era comer para reponer el gasto y empezar a hacer la digestión, porque no vas a salir con la tripa llena. Lo siguiente era una ducha, un masaje suave porque la musculatura está bastante rota y te pueden hacer más daño de la cuenta. Y luego, a dormir. En realidad, creo que no debí de dormir más de una hora y cuarto o y veinte porque estaba con la adrenalina a tope. En algunas bases, tuve la sensación de cerrar los ojos y, en un parpadeo, ya había pasado la hora.

Nerea Garmilla acompañó a Tito Parra durante la SwissPeaks Odissey para ir dándole asistencia.
Nerea Garmilla acompañó a Tito Parra durante la SwissPeaks Odissey para ir dándole asistencia.

«A mí tener a Nerea me dio la vida porque, cuando yo llegaba, ella ya estaba allí con la comida preparada (barritas, geles, bollitos de mermelada con aguacate). A nivel psicológico, tener a alguien que te está apoyando y animando es mucho»

-Siendo el descanso una pieza clave, ¿cómo aguantaste durmiendo tan poco?
-En mi caso, echando cuentas con Nerea, en los 400 kilómetros, no llegué a dormir ni cuatro horas. Para que te hagas una idea, apuntamos unas 3 horas 45 minutos. ¡Es una barbaridad! Ahora, analizando todo lo pasado, todavía no entiendo cómo el cuerpo me ha aguantado esa distancia durmiendo tan poco. También es verdad que ha sido lo que ha marcado la diferencia con respecto al segundo y al tercero. El segundo, Laurent Luccioni, llegó siete horas más tarde en el total acumulado y el tercero, Lorenzo Franco, creo que fue el doble. Julien Christin-Benoit, el francés con el que me fui “dando hachazos” de buen rollo durante toda la carrera, reventó y terminó 50 horas más tarde que yo.

-¡Menudo papelón el de Nerea! Verte cansado y tirar de ti sin piedad no debió de ser fácil…
-En ese momento, si me suena el despertador y ella no viene, no me entero. Además, cumplió lo acordado de una manera perfecta. Por eso te digo que fue una pieza fundamental en esta lucha. Por muy fuerte y mentalizado que estés, llegas a un punto en el que necesitas ayuda. Que ella viniese fue un acierto total.

-Dices que “los aciertos se cobran y los errores se pagan”. ¿Cuáles fueron esos errores?
-El más gordo fue, sabiendo que es mi punto débil, coger frío el primer día y pillar una bronquitis que arrastré durante toda la carrera. El resto de corredores han cometido errores gravísimos. Por ejemplo, Marco Mignano, que iba el primero, no paró a dormir en las primeras bases de vida para intentar ganar una horquilla de margen muy amplia y luego vivir de las rentas. Esa estrategia la pagó luego en forma de lesión. Al final, el cuerpo, de una manera u otra, te acaba parando. Si tú lo estás llevando a tal extremo que ni siquiera te paras a dormir una hora, tarde o temprano, te va a frenar. Y a él le frenó a falta de 45 kilómetros de meta. Julien, que era el otro que también venía peleando conmigo en carrera, tuvo que parar mucho antes y también pagó el pato de excederse en los ritmos. Vale más mantener un ritmo constante e ir haciendo más paraditas y descansando, haciendo resets. Paras, comes algo, te pegas una ducha, ropa seca y sales diferente.
De todas formas, en mi caso, aunque ha salido todo bien, hemos cometido errores y esos son los que te enseñan y los que tienes que apuntar en la libreta para cuando llegue el siguiente.

-¿Hay momentos en los que tira el cuerpo y momentos en los que tira la cabeza?
-Tener temple y la cabeza fría ha sido clave. Sabía que tenía fondo para ir con ellos delante a esos ritmos fuertes, pero no me traía a cuenta. Yo le decía a Nerea: “no me preocupan estos dos porque se van a matar solos ahí delante”. Les pudo el ansia, se calentaron de más y empezaron a tirar. Ellos mismos me hicieron el trabajo. Me preocupaban los que venían detrás. Tenía fichados a varios corredores que son veteranos, sabía que iban a mantener el tipo y, de hecho, han terminado segundo y tercero. También han cometido errores, pero han mantenido un ritmo muy constante y han sido capaces de ir remontando puestos hasta colocarse en el podio.

«Me dicen que es imposible que haya disfrutado (…). Pero, cuando estás en un paisaje alpino, con esas vistas, rodeado de cuatromiles, glaciares, animales por todos lados, ¿cómo no vas a disfrutar de esto?»

-¿Cómo se aprende a sufrir?
-Me dicen que es imposible que haya disfrutado. Los que nos dedicamos a hacer este deporte sabemos que esto es ilusión pura unida a las ganas de conocer sitios. Si en la ecuación metemos también la motivación, que viene ya de serie, lo único que nos falta es tener el terreno. Entonces, cuando estás en un paisaje alpino, con esas vistas, rodeado de cuatromiles, glaciares, animales por todos lados, ¿cómo no vas a disfrutar de esto? Antes de arrancar la carrera hice un grupo de WhatsApp en el que metí a cuatro familiares y cuatro colegas. Sin darme cuenta, el grupo se quedó en abierto, ellos empezaron a meter a más gente y se creó un grupo surrealista que me recordaba a la serie “Aquí no hay quien viva”. Yo les iba subiendo vídeos, fotos, amaneceres, atardeceres e iba compartiendo con ellos en directo lo que me estaba encontrando. Me acabaron echando la bronca por estar haciendo eso y no centrado en la carrera.

-Bueno… algo de razón tenían, ¿no?
-¿Cómo no voy a compartirlo? ¡Me da igual la competición! También es una manera de estar con ellos y transmitirles lo que estoy viviendo. Cuando llegué a meta me dolían hasta las pestañas, pero el sitio, la gente, los corredores… ha sido todo impresionante. Más allá de que hemos tenido una competición, la calidad humana te deja un recuerdo imborrable. Eso vale más que el podio. Los voluntarios y toda la gente han estado muy volcados en los avituallamientos, todos te preguntaban si te faltaba algo, qué necesitabas. He compartido días con personas con las que me he peleado de la manera más sana y deportiva que he visto nunca.
Al francés fui a verlo dos días más tarde cuando cruzó la meta. Entró 50 horas más tarde que yo y, cuando me vio, se me tiró a los brazos llorando. Eso me va a quedar siempre en el recuerdo. Claro que me ha gustado ganar, pero aquí tiene el mismo mérito el primero que el último. Enfrentarse a una bestia así dice mucho de una persona. Estamos todos cortados por el mismo patrón. Somos gente a la que nos apasiona y nos encanta estar horas y días en la montaña.

«Mi pareja me conoce, me apoya siempre al 100% pero sabe que un proyecto de esta envergadura implica hipotecar el año entero. Tengo la suerte de que ella también es montañera, me conoció así y sabe cómo soy»

Tito Parra con María, su pareja.
Tito Parra con María.

-Una vez decidido el objetivo, ¿ya no hay tregua?
-Cuando selecciono algo que me motiva, como fue este proyecto, lo preparo a conciencia. Sé que me hipoteco. En este caso, llegó octubre-noviembre, había venido de un parón largo de lesiones y se me metió entre ceja y ceja este proyecto. En ese momento, la pregunta que se hace en casa es: “María, ¿lo preparamos o no?” Es importante decir que esto no es únicamente decisión y cosa mía. Mi pareja me conoce, me apoya siempre al 100% pero sabe que un proyecto de esta envergadura implica hipotecar el año entero. Tengo la suerte de que ella también es montañera, me conoció así y sabe cómo soy. Siempre me teme porque, cada vez, vamos a peor, a más distancia y proyectos más locos.

-Tú realizas el esfuerzo mayor, pero, ¿qué importancia tiene la red de apoyo que te rodea?
-María sabe que necesito su ayuda y apoyo porque estamos hablando de unos volúmenes semanales demenciales. Yo le digo que me voy a entrenar a las seis o siete de la mañana, marcho a correr y ella sabe que voy a estar todo el día en la montaña. Llego por la tarde reventado y, lo último que me apetece es ponerme a cocinar. Pues imagínate lo que es llegar a casa, encontrarte un plato de comida caliente y todo el apoyo del mundo. Conozco amigos que salen a entrenar conmigo y, a las doce, me dicen “marcho, que me están esperando para ir al centro comercial”. ¡Mira la diferencia entre tener apoyo y no tenerlo! Puedo decir lo mismo de Nerea. Gracias a que ella vino conmigo, pude ganar la carrera.

«Tienes que saber que, tarde o temprano, aparecen demonios. Vas a tener una pelea interna contigo mismo que, al final, forma parte del juego. Es una de las claves que hacen bonito este deporte porque los momentos de lucha interna son donde te defines»

-¿La clave del éxito es el sacrificio y el esfuerzo?
-Tienes que aguantar todas las semanas el tener que entrenar con pocas ganas o mal tiempo. Vivo en Cabrales y muchos días llueve, no te apetece salir y sabes que tienes que cumplir con unos mínimos. A veces se hace bastante duro. Yo tengo un método que, para mi forma de ser, me funciona bastante bien. Mi truco es ponerme metas pequeñitas, objetivos más cortos que no tienen por qué ser carreras. Cuando las cumples, liberas esa dopamina de haberlo conseguido. Yo me digo: tengo que hacer esta distancia, estos desniveles, este mini proyecto, este entreno lo voy a hacer por aquí que es más salvaje… Cuando lo haces, te ves bien y compruebas que te recuperas sin problema son mini premios que te van ayudando a construir la base para después afrontar el proyecto grande.

-El carácter que tengas, ¿importa en el momento en el que aparecen “los demonios”?
-Soy una persona muy extrovertida y positiva. Al final, estoy haciendo lo que me gusta y estoy donde quiero. He luchado y tengo la suerte de tener un trabajo que me apasiona y me permite disponer de tiempo para disfrutar de esto. Pero tienes que saber que, tarde o temprano, aparecen demonios. Vas a tener una pelea interna contigo mismo que, al final, forma parte del juego. Es una de las claves que hacen bonito este deporte porque los momentos de lucha interna son donde te defines. Puedes estar preparado físicamente pero cuando empiezas a pensar: “¿Qué haces aquí? Estás reventado, ¿ha visto el frío que hace?”. En condiciones normales, cuando la meteorología se pone dura, miras por la ventana y no bajas ni a comprar el pan. Pues imagínate estar a 3.000 metros en plena montaña, con rayos a tierra, granizo, ventisca, niebla y pasando calamidades. Por muy montañero y deportista que seas, esa pelea la vas a tener. Si salimos 100 y terminamos 43 o 45 es por algo. La tasa de abandonos, muchas veces, no es por problemas físicos sino porque la cabeza te juega malas pasadas. Es tu propio fantasma el que aparece ahí y te dice: “Cuando llegues abajo, entregas el dorsal”. Cuando has terminado la carrera es cuando te das cuenta de todo lo que has vencido.

Tito Parra, ganador de la SwissPeaks Odyssey 2026

-En esos 650 kilómetros, ¿existe algún reducto para el relax?
-Los que somos sufridores también somos muy románticos, creo que va un poco aparejado. Amanece cuando estás llegando a la cumbre, te paras a grabar y ves una cadena de montañas llenas de nieve, el Mont Blanc, el Macizo del Monte Rosa, el Cervino, glaciares por todos los lados, unas casas superbonitas, en muchos tramos la hierba parece césped cortado al milímetro… Y tú, que vienes de Asturias, donde todo se llena de helechos y parece que eres Fran de la Jungla, alucinas y sacas la vena romántica.

-¿En qué momento te diste cuenta de que podías ganar?
-Cuando llegué a la última base de vida y ví que Marco todavía no había salido. No me llevaba más de una hora y quedaban 45 kilómetros. Ni me senté a comer, no me cambié de ropa. Directamente pensé: ¡vámonos! En ese momento vino una mujer de la organización para decirnos que estuviésemos tranquilos, que Marco estaba mal del pie. Sé que pensé: ¡hasta que llegue a meta no voy a estar tranquilo! Salí escopetado de allí. Sí es cierto y confieso que soy un poco ansias. El francés que venía peleando conmigo se quedó un poco atrás y, aunque yo tenía cuatro horas de margen de la parte de etapas -se hace la suma total de tiempo-. Me vine arriba y hasta el último collao que ya ves el lago Lemán y sabes que Bouveretestá a 14 kilómetros, no me relajé. Si tienes un pinchazo muscular o una rotura y tienes que caminar 15 o 20 kilómetros en ese terreno y el otro puede ir trotando, al final, te pasa y esas horas te las come. Me vi ganador en esa base de vida, pero no lo tuve claro hasta el último collao.

«Cuando llegué a la meta tenía unos dolores impresionantes. No había que parte del cuerpo que no me doliese. A la semana siguiente, ya estando en casa, recuperé muy bien a nivel muscular, pero me iba durmiendo por las esquinas»

-¿Cómo llegaste a la meta?
-Con unos dolores impresionantes. No había que parte del cuerpo que no me doliese. A la semana siguiente, ya estando en casa, recuperé muy bien a nivel muscular, pero me iba durmiendo por las esquinas. Al cuerpo le has quitado cuatro días de sueño, lo has sometido a un esfuerzo brutal y lo recupera sí o sí. Iba del sofá a atracar la nevera y vuelta otra vez a dormir. Me llamaban familiares y amigos para preguntarme y les decía siempre lo mismo porque no era capaz ni de pensar. Pasado ese tiempo, he empezado a tener la mente más clara y ahora comienzo a asimilarlo todo. También me estoy recuperando de la bronquitis, pero tengo las zapatillas en casa y ya las estoy empezando a mirar de reojo. Eso es buena señal.

-Lo que te exigen para participar en estas carreras, ¿está al alcance de muy pocos?
-Lo primero es que te obligan a haber terminado una carrera de 300 kilómetros. También te exigen un material determinado. Pero, para que veas la diferencia entre esta carrera y otras donde te piden lo mismo, es que en esas te revisan que lo llevas o te paran a mitad de carrera para hacerte alguna revisión, pero aquí (por lo menos a mí) no me han pedido ni revisado nada. Entienden que quienes vamos somos gente que tenemos mucha montaña encima, sabemos lo que es pasarlo mal en este medio y no vamos a escatimar con la ropa y mucho menos con el material porque sabes que si la montaña se pone dura, no puedes hacer nada. A mayores, llevamos un geolocalizador, un dispositivo de GPS que tiene una aplicación específica de SOS de Suiza. Si tienes un problema, lo pulsas y te controlan por la pantalla.
En la carrera hubo momentos en los que no se veían las balizas, había ventisca y niebla. Estabas a 3.000 metros y tenías que fiarte del track que llevas en el reloj. En caso de que falle la tecnología, toca tirar de relajación, cabeza fría y experiencia. Ahí es donde entiendes porque hacen esos filtros y no puede competir cualquiera.

«En la carrera hubo momentos en los que no se veían las balizas, había ventisca y niebla. Estabas a 3.000 metros y tenías que fiarte del track que llevas en el reloj. En caso de que falle la tecnología, toca tirar de relajación, cabeza fría y experiencia. Ahí es donde entiendes porque hacen esos filtros en cuanto a la participación, no puede competir cualquiera»

-¿Eres consciente de lo que puedes hacer antes de hacerlo?
-Son tantos años buscando los límites que, al final, siempre he ido aumentando las distancias. Los proyectos cada vez son más complicados, difíciles, largos, así que te das cuenta de que siempre están más allá. A mí, hacer ahora una carrera de 100 millas o de 300 kilómetros, me sabe a poco porque si ya sé que mi cuerpo es capaz de más, necesito otra cosa. Y esta carrera ha subido mucho el listón.
Esa búsqueda de los límites también es una de las razones por la que nos dedicamos a esto. Es intrínseco, va en nuestro ADN. Yo ya sé que el próximo reto que busque tiene que ser tanto o más que este. Ahora estoy tranquilo, pero, cuando sea, habrá unos locos que organicen una barbaridad que caiga en mis manos y me volverá a entrar el gusanillo. ¡Somos así! En la vida, hay que progresar. Aunque reconozco que ese es también el peligro. Si cada vez que te ponen un problema, lo resuelves ¿dónde vas a parar?

-¿Estas carreras te transforman?
-Sí. Yo he cambiado totalmente en cada viaje. Me ha sumado mucho la calidad humana. Más allá de lo deportivo, que ha sido una lucha muy bonita, ahora mismo tengo contacto con todos los atletas con los que he corrido y espero volver a verlos. Me ha enriquecido mucho la vivencia con Nerea, ver cómo trabajó la organización o conocer los sitios. Todo es un aprendizaje y te abre mucho la mente. Creo que también es una de las cosas que hace que te enganches. La gente me está preguntando qué carrera voy a hacer el año que viene, pero ahora toca relajarme, disfrutar de la familia, sacar la cuerda de escalar en plan tranquilo y devolverle a María el tiempo que le he quitado. Seguro que algo caerá, pero no es el momento de pensarlo. Todavía estoy en proceso de asimilar esta experiencia, aún veo fotos y me sorprendo. Lo bonito es el crecimiento personal y el conocer a personas que sienten la misma ilusión y pasión que tú.

«Cuando veo que alguien coge el coche para comprar el pan, teniendo la panadería a trescientos metros, me pongo malo. A veces ya no sabes si es porque nadie les ha enseñado valores desde pequeños o por la forma de ser de cada uno»

-Las cosas que aprendes en una carrera, ¿te valen en tu cotidianidad?
-¡Claro! Todo va siempre más allá. Tienes que tener ilusión por hacer cosas y meter pasión en esa ecuación. La motivación la tienes que ir cultivando y trabajando. Esto también tiene mucho que ver con cómo eres en la vida personal, en el día a día o en tu trabajo. Desde los catorce años he estudiado, pero también he currado. Siempre he sido muy trabajador y luchador así que tengo una disciplina que aplico en todos los aspectos de mi vida, no solamente en el terreno deportivo. He currado en cosas muy duras y de todo lo que te puedas imaginar. Estuve trece años en un helicóptero contra incendios en Madrid en unas brigadas con unos turnos tremendos. Llegaba a casa reventado, con la garganta inflamadísima de tragar humo y, aun así, me levantaba para ir a entrenar. Años atrás, también trabajé en la construcción. Tener una disciplina ayuda en todos los campos de tu vida.

-¿No has pensado en transmitir de alguna manera todos estos valores a la gente?
-Me lo estoy planteando. El otro día, le comentaba a un amigo que controla de edición que me gustaría hacer un vídeo donde no sólo se vea esta carrera, sino lo que ha supuesto todo el año de preparación, intentar contar lo que supone asumir un reto así. Me gustaría ir a dar charlas a colegios o a institutos no para que conozcan lo que hice, sino para transmitir desde el deporte la cultura del esfuerzo, que entiendan que en la vida las cosas hay que lucharlas. Pero sobre todo que tengan claro que nadie les va a reglar nada, que la meta a la que quieras llegar vas a tener que pelearla. Si sueñas con algo de verdad, lo piensas a diario y lo trabajas, vas a conseguirlo.

«Me gustaría ir a dar charlas a colegios o a institutos no para que conozcan lo que hice, sino para transmitir desde el deporte la cultura del esfuerzo, que entiendan que en la vida las cosas hay que lucharlas»

-¿Cómo llevas lo de que, después de tanto esfuerzo, te conviertan en un “superhombre”?
-Me gustaría transmitir que no se trata de que tengas una condición especial. Todos somos capaces de conseguir cosas inimaginables en el ámbito deportivo, los estudios, laboral, personal… Date cuenta de que este es un deporte minoritario y desconocido para la mayoría de la gente. De esto viven cuatro y, precisamente, no te dedicas a ello para tener una buena vida. Necesitas ilusión y disciplina y, si no la tienes, debes despertarla, al igual que la motivación. Seguro que llega cuando empieces a conseguir esos retos pequeñitos de los que hablábamos antes.

-La montaña, ¿siempre te pone en tu sitio?
-Siempre. Participes en una carrera, estés haciendo actividad por tu cuenta o himalayismo, la montaña manda. Ella es la que dice si llegas o no. En este caso concreto, si no llevas el material mínimo necesario sabiendo que estás en unas condiciones de cansancio y fatiga extrema, deshidratación, y que, por más que quieras comer, a nivel calórico no vas a reponer lo suficiente, si de pronto te ves envuelto en una ventisca, eso hace que te enfrentes a cosas que no sabías ni que tenías ahí dentro. Los que estamos en esto desde hace tiempo ya hemos vivido unas cuantas situaciones comprometidas y sabemos lo que es pasarlo mal en montaña. Ella va a imponer sus condiciones y depende de ti que tomes las medidas mínimas. Si te pasa algo a 3.000 metros en los Alpes y te pilla una ventisca, puedes darle al botoncito de SOS pero, ¿cuándo van a venir a buscarte? Si el helicóptero no puede salir y tardan dos horas en llegar, puede que ya estés muerto por hipotermia cuando lleguen. Tienes que tener las cosas claras.

«Los que estamos en esto desde hace tiempo ya hemos vivido unas cuantas situaciones comprometidas y sabemos lo que es pasarlo mal en montaña. Ella va a imponer sus condiciones y depende de ti que tomes las medidas mínimas»

-¿Recuerdas algún momento del que te pareciese difícil salir indemne?
-En el 2012 o 2013, corriendo el Desafío Cantabria, una carrera con salida de San Vicente de la Barquera y final en Espinama, fui toda la noche en cabeza. Metí un cambio de ritmo, me escapé del grupo e iba primero. Pasando Áliva, empecé a bajar una cuesta, tropecé, volteé para adelante e impacté en la zona lumbar con una piedra de pico. No sentía las piernas y me quedé ahí un rato esperando a que viniese la gente y me sacaran de allí. Empezó a llover, acababa de amanecer y recuerdo que, en ese momento, pensaba que me iba a quedar en silla de ruedas porque no era capaz de mover las piernas. Al cabo de un rato sentí un calor que me irradió para ambas piernas, me levanté, empecé a moverme y no daba crédito a lo que me estaba pasando. Bajé caminando, pero veía que no venía nadie. Me faltaba subir la canal de Valdecoro, bajar a Fuente Dé y llegar a Espinama. Eran 13 kilómetros con 500 positivos. No sólo terminé la carrera, sino que la gané. Nos quedamos allí y fuimos al día siguiente a San Vicente de la Barquera a la premiación. Ese mismo día, bajamos a Madrid conduciendo –que era donde vivía en aquella época–. Al llegar ya no podía más porque me dolía un montón. Fui al médico, me hicieron unas placas y, cuando vieron los resultados, me tumbaron en un colchón de vacío y les tuve que mentir porque no se creían lo que me había pasado. Les dije que me había lesionado ese mismo día.

-¿Cómo fue de gorda la avería?
-Me rompí la L4, L5, las apófisis espinosas, las transversas y el coxis. Seis meses de recuperación. Si llego a saber lo que tenía no me hubiese movido del sitio. Una carrera, por importante que sea, nunca está por encima de la salud. Lo que te quiero decir es que todo puede parecer muy bonito, pero, un error o un golpe de mala suerte y se acaba la partida.

-¿Eres de los que sabe parar cuando toca?
-Llevaba tres años apartado del mundo de la competición porque lo que realmente me gusta es estar conectado con la montaña, escalando, corriendo o haciendo las dos cosas a la vez. La escalada siempre ha sido mi deporte, pero las carreras llegaron muchísimo después. Ahora tengo 48 años y, más o menos, empecé a correr con 25 o 26, que ya es tarde…
La última carrera que hice fue en Italia y tuve muchísimos problemas con el tema de la bronquitis porque acabé desarrollando una neumonía meses después. Esta fue una carrera que me marcó y dije: “Voy a descansar. Paro de competir y me voy a tomar el tiempo que necesite”. Pasaron dos temporadas y me di cuenta de que vivía superbién sin cargas. Estaba muy a gusto haciendo actividades y estando prácticamente todo el día en la montaña con María, el perro y los amigos. No me hace falta un dorsal para disfrutar.
El año pasado tenía ahí La Travesera, pero saliendo a entrenar con un compañero, tuve una caída tontísima y me rompí los ligamentos de la mano derecha. No me lo podía creer. Empezaba a remontar y, entre cirugía y rehabilitación, no empecé a correr otra vez hasta noviembre o diciembre. Por eso te digo que estos tres últimos años que han pasado hasta esta carrera, he estado muy tranquilo disfrutando de salir, escalar, montar en bici, ir a la montaña con el perro y estar todo el día allí discutiendo con él. Dylan es un border collie de cuatro años y es mi entrenador personal. Cualquiera que nos vea por los picos hablando o discutiendo pensará que es surrealista.

«En este proyecto he invertido más de 7.000 euros y, para alguien como nosotros, es mucha pasta. No soy tonto, si me lo pagasen estaría mejor, pero no quiero sentirme en la obligación de tener que ir a las carreras porque eso me agobia»

-¿Sigues disfrutando de lo que haces?
-Al llevar tantos años en esto también he visto desde dentro la evolución de este deporte. Antes éramos cuatro gatos los que participábamos en estas carreras locas. Ahora hay un boom y cada vez participa más gente. Se ha notado mucho más después de la pandemia. Cada vez hay más carreras, gente compitiendo todos los fines de semana y veo que hay muchos chavales que van por el monte mirando sólo el reloj, pendientes del crono y sin darse cuenta del lugar por el que van. Van con visión de túnel y no se fijan en lo bonito que es el sitio en el que están entrenando e, incluso, ni se paran a saludar porque le bajan las pulsaciones, pierden el parcial o tienen que llegar a un pico en un determinado tiempo. Cuando los veo, me planteo si están disfrutando de la montaña o están haciendo todo por el simple hecho de ser puramente competitivos. Tengo mis dudas sobre si este deporte cada vez se está profesionalizando más y perdiendo la esencia de lo que es correr por la montaña. Es la crítica que hago, pero partiendo de que, cada uno, es libre de hacer y disfrutar las cosas a su manera.

-¿Conseguir patrocinios es misión imposible?
-Por suerte o por desgracia, si quiero ir a una carrera, me lo puedo permitir. Puedo competir tranquilo porque no voy obligado bajo ningún compromiso. No tengo que rendir cuentas a nadie y, si alguien me manda unas zapatillas, una mochila o la tienda del pueblo –Deportes Morán– me apoya, como ha sido el caso, lo agradezco un montón y bienvenida sea toda ayuda. En este proyecto he invertido más de 7.000 euros y, para alguien como nosotros, es mucha pasta. No soy tonto, si me lo pagasen estaría mejor, pero no quiero sentirme en la obligación de tener que ir a las carreras porque eso me agobia. Si corro algo es porque me apetece, me motiva y me ilusiona el sitio. Yo no hago las cosas por hacer, nunca lo hice y nunca lo voy a hacer. Quiero seguir con esa ilusión y pasión por hacer las cosas, pero en todos los aspectos de mi vida. Para cuatro días que estamos aquí, hay que ser felices.  

-¿Estás a gusto viviendo en Asturias?
-Mucha gente me dice que Cabrales en invierno es un pueblo fantasma. Yo soy feliz aquí porque, para mí, Picos de Europa es como un parque de atracciones. Puedo esquiar, escalar, correr… Siempre tengo algo que hacer y no me aburre. Estoy encantado de la vida. ¡También con la comida! Me luce poco, pero soy un tragón.
A Madrid voy muy poco. Soy de la sierra, me he criado ahí y, gracias a eso, tengo el vínculo con la montaña.


Nerea Garmilla. La SwissPeaks Odyssey desde la asistencia

Nada hubiese sido lo mismo sin ella. Preparar, asistir, acompañar, cuidar, ser la cara amable cuando todo parece venirse abajo… Nerea Garmilla no sólo es la cuñada que asistió a Tito en la Odyssey. Ha sido una de las piezas clave en el diseño de la estrategia, el acompañamiento y la victoria.

Nerea Garmilla acompañó a Tito Parra durante la SwissPeaks Odissey para ir dándole asistencia.
Nerea y Tito.

-¿Cómo acaba la cuñada ejerciendo de asistente?
-¡La gente pensaba que yo era su mujer! Siempre me gusta ir a verlo a las carreras. Hacía tres años que habíamos ido mi hermana y yo con él al trail del Tor des Géants en Italia. La idea esta vez era hacer un poco lo mismo. Yo me encargaba de conducir y ella del avituallamiento. Pero María trabaja en el Refugio del Urriellu, sólo tiene una semana de descanso y le coincidía fatal. Entonces, ahí me vi sola para hacer todo. La gente me decía que me buscase a una persona, pero es muy complicado. Se viven muchos momentos de tensión, cansancio, las emociones están a flor de piel y tienes que tener mucha confianza con la persona que tienes al lado. 

-¿Qué me dices de Tito?
-Es muy buena gente, muy familiar, y tenemos muy buena relación. Por cómo es él ya le apoyas instintivamente. No tiene maldad ninguna y, desde el principio, encajó muy bien en la familia. Nos quiere y le queremos mucho. Para mí es como un hermano más.

-¿Qué cualidad destacarías?
-La humildad. Yo creo que él sigue sin ser consciente de lo que hizo. No le da la importancia que le damos el resto. Para él es un objetivo más, pero no te puedes hacer una idea de lo duro y bestia que ha sido. En lo que es calidad humana, no puede ser mejor.

«Yo creo que él sigue sin ser consciente de lo que hizo. No le da la importancia que le damos el resto»

-¿Para ti qué significó todo esto?
-Vengo de estar un poco enferma. Me quitaron un riñón por un cáncer a finales de mayo y todo esto también supuso un reto para mí. No necesité tratamiento, pero todavía no estoy al 100%. Antes repartía el trabajo con mi hermana, pero esta vez, fui yo la que condujo, llevaba una maleta por delante y otra por detrás, caminaba hasta donde hiciese falta, subía en telesilla. Tenía un poco de miedo a que me pasase algo, sobre todo por no dormir lo suficiente, pero me fue bien.

-¿Qué me dices de tener que despertarlo cuando sabías que estaba rendido?
-En un momento determinado, yo veía que estaba el segundo y que podía mantener la posición. Justo en ese momento me dice: necesito dormir dos horas. Le respondí: no, una. Sé que es duro, pero él me había dicho que, aunque se pusiese tonto con el tema del descanso, yo insistiese y no lo dejase. En la siguiente base de vida fue cuando el italiano se lesionó y ahí ya vimos que había dos opciones: dormir y arriesgarse a quedar en segunda posición o tirar sin descansar. Tiró y fue la mejor decisión.

-¿Cómo llevaste ser el punto de contacto de todo el mundo?
-En la salida él tenía muy mala cara. La noche anterior hubo una granizada tremenda y, en la caravana, apenas dormimos. Mi hermana estaba preocupada y no hacía más que preguntarme qué le pasaba. En la distancia lo pasó muy mal. La primera noche Tito se cayó y rompió un bastón. Me fui corriendo al siguiente avituallamiento para llevarle otro. Lo cambió y siguió, pero, no se le ocurrió cosa mejor que ponerlo en el grupo de WhatsApp que creó. Imagínate cómo se puso mi hermana. Hasta que no le mandé una foto del día siguiente en el avituallamiento, no se creyó que estaba bien.

-¿Te ayudaron desde aquí?
-En el grupo que se creó, había varias personas del mundo del trail y los ultras que lo conocen perfectamente. Ellos me iban diciendo: “Nerea, este punto es más difícil, que descanse, y se lo tome con calma. Ahora que salga despacio, que viene una subida muy técnica. Que coma bien, porque luego hasta no sé qué punto no vuelve a tener avituallamiento…”. Conocían la carrera y me fueron orientando y ayudando, incluso en qué puntos eran mejores para descansar y dónde iba a haber más o menos gente.

«Yo siempre le digo que hacer esto de seguido no puede ser bueno para el cuerpo. Todo eso sin mencionar lo que supone a nivel económico, es una inversión brutal»

-De todas formas, tuvo que ser muy duro para los dos…
-En la última parte lloraba. Venía como un niño chico diciendo que le dolía todo. Cuando le dije lo de las dos opciones le dije también: “Normal que te duelan hasta las pestañas, pero sólo te quedan 40 kilómetros”. ¡Pobre! Como si no fuesen nada después de todo lo que llevaba encima.

-¿Algún momento crítico?
-Vives muchos nervios porque siempre te surgen dudas sobre si lo tienes todo bien preparado o si va a necesitar algo que no llevas. No recuerdo el sitio, pero dejé el coche muy lejos y llegué tarde. Cuando me vio me preguntó si le había llevado las playeras para cambiarse. ¡Se me habían quedado en el coche! Tuve la suerte de que justo habían ido unos chavales españoles a verlo y, mientras él dormía, les pedí que me fuesen a por ellas. Por si acaso, yo solía tener todo preparado unos 45 minutos antes de que llegase. De todas formas, él es una persona que te lo pone todo muy fácil. Está más preocupado de cómo estás tú que de lo que él necesita.

Tito Parra en uno de los puntos de avituallamiento de la SwissPeaks Odissey 2026

-¿Te animas para la siguiente?
-No lo sé. Los dos dijimos que era la última, pero seguro que lo será hasta que encuentre otra que le motive y volvamos a las andanzas. Yo siempre le digo que hacer esto de seguido no puede ser bueno para el cuerpo. Todo eso sin mencionar lo que supone a nivel económico, es una inversión brutal. La mujer del italiano que quedó segundo, se quedó flipada al enterarse de que nadie lo esponsoriza. Suma que él tiene que coger sus vacaciones y cambiar turnos con compañeros para poder ir a las carreras.

-¿Qué te llevas?
-Si algo tuvo la carrera fue compañerismo. Se dieron de palos y compitieron a muerte, pero tuvieron siempre muy buen rollo. Nadie vio al otro como un enemigo. Además, el trato de la organización fue espectacular. Hasta los voluntarios estaban preocupados no sólo de los corredores sino de las asistencias. De verdad que la gente fue muy solidaria.

¿De cuánta utilidad te ha parecido este contenido?

¡Haz clic en una estrella para puntuarlo!

Promedio de puntuación 0 / 5. Recuento de votos: 0

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este contenido.

Temas relacionados: Deportes en Asturias
Marta Malde
Marta Malde
Periodista con más de 25 años de experiencia, inicié mi trayectoria profesional en Galicia, trabajando a pie de calle temas de territorio, cultura, gastronomía y vinos. Posteriormente me trasladé a Asturias, con la que mantengo un vínculo familiar, para continuar mi desarrollo profesional. Estoy especializada en entrevistas en profundidad con un enfoque basado, principalmente, en escuchar. En Fusión Asturias combino mi labor periodística con el ámbito del marketing, siendo responsable del departamento comercial de la revista.

DEJA UN COMENTARIO

¡Por favor, introduce tu comentario!
Introduce aquí tu nombre

Más del autor /a

Últimos artículos

Lo más leído

Marta Malde
Marta Malde
Periodista con más de 25 años de experiencia, inicié mi trayectoria profesional en Galicia, trabajando a pie de calle temas de territorio, cultura, gastronomía y vinos. Posteriormente me trasladé a Asturias, con la que mantengo un vínculo familiar, para continuar mi desarrollo profesional. Estoy especializada en entrevistas en profundidad con un enfoque basado, principalmente, en escuchar. En Fusión Asturias combino mi labor periodística con el ámbito del marketing, siendo responsable del departamento comercial de la revista.

Más del autor /a