El 11 de septiembre es el día escogido para que “23” vea la luz. Los Acebos presentan primer disco de la mano de Esmerarte, la producción de Juan de Dios Martín (conocido por sus trabajos con artistas como Amaral, Xoel López, Leiva o Rubén Pozo) y colaboraciones como las del grupo gallego De Ninghures. Las ilustraciones del disco son fruto del arte de Luis Cuervo.
Para Berto Rodríguez las canciones no son sólo un entretenimiento, «son recuerdos, lugares y momentos. Son las personas que fuimos y, en muchas ocasiones, las que aspiramos a ser». En 23 se mezclan temas nuevos con alguno que ya grabaron en el anterior EP Esclavos de la Intensidad, esta vez pasadas por la mirada de Juande. Misma esencia, diferente producción. Este disco es para Berto un viaje emocional desde lo más profundo hasta la emoción y esperanza de ver un sueño cumplido: «Despertarse simplemente pensando en hacer canciones».
Rememorando unas líneas que él mismo nos escribió cuando celebramos el Día Mundial del Rock, la música nos une, nos representa y da voz a quienes no siempre tienen un micrófono delante. Denuncia injusticias, cuestiona certezas y nos invita a imaginar un mundo diferente. Es, probablemente, una de las formas más puras de libertad de expresión que existen.
-Día 11 de septiembre, lanzamiento de 23. ¿Cómo van esos nervios?
-La verdad que estoy tranquilo. Tengo bastante más ilusión que nerviosismo. Por un lado, están las canciones nuevas y, por otro están las que hemos vuelto a grabar y que forman parte de nuestra historia. Haber podido coger los temas con los que todo empezó en un local de ensayo, grabadas sin muchos medios, por pasar el tiempo y como un hobby, me hace muchísima ilusión. En ese momento no había ni pretensión de montar una banda. Haberlos rescatado y poderlos producir con Juan de Dios Martín –que fue con el que grabamos Esclavos de la Intensidad– y darles ese espacio y el sonido que ahora mismo son Los Acebos, me parece muy mágico. Le estaré eternamente agradecido por haber impulsado esta idea y darles una nueva vida a estos temas porque, antes, era todo como mucho más ingenuo. También se lo tengo que agradecer a Esmerarte por apoyar esa idea y ayudarme a sacar este álbum.
«Encontrarme con Esmerarte fue lo mejor del año 2025. Siempre fui haciendo todo como podía, pero ahora tengo un equipo al que, además, les mueve el proyecto y son todos encantadores y encantadoras»
-Primer trabajo que lanzas de su mano, ¿no?
-Encontrarme con ellos fue lo mejor del año 2025. No me lo creía y mola un montón. Siempre fui haciendo todo como podía, pero ahora tengo un equipo al que, además, les mueve el proyecto y son todos encantadores y encantadoras. Te liberan de mucho curro, ellos lo saben hacer y te puedes centrar en otras cosas. Aunque tengas que gestionar las redes sociales que, la verdad, te llevan mucho tiempo, te puedes dedicar más a componer y a preparar el directo. Me tratan de diez y yo encantado de trabajar con gente con la que compartes la misma ilusión porque no te sientes solo en el camino, ya no sólo a nivel de promoción o técnico, sino también emocional. Hay veces que tengo alguna preocupación y sé que la puedo compartir tranquilamente con el equipo. Si un día estoy agobiado por algo y llamo, siempre hay alguien al otro lado. Esto lo valoro un montón porque no lo tenía previamente.
-¿Qué diferencia marca el hecho de haber construido tú el proyecto desde cero?
-Es una cosa que te pone los pies en la tierra. A veces, hablas con otros artistas que están en tu misma situación y yo creo que nadie empieza haciendo música pensando en acabar como los Rolling Stone. Esto es algo muy vocacional, pero cuando se te ve desde fuera se visualiza de otra manera. También te digo que yo soy feliz con una sala llena o participando en una gira de festivales. ¿Qué más quiero? No tienes un horario, te dedicas a lo que te gusta, haces entrevistas, te preguntan sobre cosas que te molan, puedes hablar y opinar. ¡Esto es un sueño!
-Se nota mucho que estás feliz…
-Sí, lo estoy. Las cosas fueron yendo bien dentro de lo que cabe. Últimamente me preguntan mucho por el tema del éxito y para mí ha sido esto: ir paso a paso hasta llegar a donde estoy ahora mismo. He podido hacer una reducción de jornada en mi empresa y esto es genial porque curro menos horas y dedico más tiempo a la música. Esto nunca lo hubiese ni soñado. Por eso digo que parte de la clave está en construir las cosas despacio.
-En este disco hay canciones nuevas y algunas que ya estaban en el EP Esclavos de la Intensidad, pero pasadas por las manos de Juan de Dios. Independientemente de la producción, ¿las canciones suenan diferentes dependiendo del momento en el que las interpretas?
-Esta es una pregunta que me la hice varias veces durante el proceso y le fui dando distintas respuestas dependiendo del momento. En algún punto, sentí un poco de rechazo porque ya no estás en esa época, pero el concepto sigue estando ahí. Lo que hizo Juande en todo el proceso fue respetar esa esencia lo máximo posible y no cambiarla mucho. Si no fuese así, no tendría sentido. No es que no tuviésemos canciones nuevas, sino que queríamos que en 23 estuviesen los temas donde todo nació solo que con una visión distinta porque la situación ha cambiado. Los dos lo hemos hablado mucho y ambos creemos que, ahora, tienen el empaque que se merecen. Estoy muy orgulloso y me hace mucha ilusión que convivan las dos partes en este disco.
«A veces, hablas con otros artistas que están en tu misma situación y yo creo que Nadie empieza haciendo música pensando en acabar como los Rolling Stone. Esto es algo muy vocacional»
-¿Qué tienen de especial aquellos temas vistos ahora desde la distancia?
-Hay momentos un poco frágiles en los que te replanteas muchas cosas. Empecé a ver que, a lo mejor, por rutina o por inercia, estaba viviendo una vida que no me llenaba del todo. Reitero que estoy muy agradecido a todo lo que me ha dado la música, pero sí que es verdad que los temas de esa época son un poco más una introspección. Planteas una situación en la que estás cansado de absolutamente todo lo que te rodea. Los actuales fueron compuestos cuando la cosa ya estaba un pelín más rodada y sí que tienen un carácter más ligero. Me levantaba todos los días con ilusión de hacer cosas, de ver crecer el proyecto musical y también empezaron a aparecer las personas del equipo. Todo esto me llenaba así que digamos que las canciones tienen un mayor toque de ilusión y de poder agarrarte a lo que te gusta.
-¿Por qué el número 23 es el “anhelo de estar permanentemente anclado a la juventud?
-Justamente con 23 fue cuando empecé en mi primer curro y todo empieza ahí. En cierta manera te haces adulto, tienes más responsabilidades y empiezas a dejarte llevar por esa inercia. A lo mejor soñabas con otras cosas y tenías ciertas ilusiones o pretensiones, pero tienes que empezar a quitar de la ecuación determinadas cuestiones y, cuando pasa el tiempo, te das cuenta de que te ponen triste. Ahora, años después, estoy sintiendo que vuelvo a esa ilusión inicial de comerme el mundo. Es volver a esa casilla de salida y me hacía ilusión reflejarlo en el título del disco con esos 23.
«Ahora estoy sintiendo que vuelvo a esa ilusión inicial de comerme el mundo. Es volver a esa casilla de salida y me hacía ilusión reflejarlo en el título del disco con esos 23»
-¿En algún momento pensaste en renegar de lo vivido?
-No, para nada. Cuando las cosas no van del todo bien y los peajes que pagas a veces son muy altos, todas las cosas que te van pasando te van forjando el carácter y dando experiencia. Ahí es donde aprendes y se te agudiza el ingenio. Estoy muy contento de todas las cosas que he pasado ya sean buenas, malas o muy malas porque eso es también lo que da sentido a las canciones. Si no hubiese vivido todas estas experiencias, a lo mejor no estaría metido en esto porque yo no tenía relación con el mundo musical, ni con esta industria. Me alegra haberlo vivido porque gracias a ello tengo cosas que decir en las canciones actuales.
-¿Vuestras canciones cuentan historias?
-Sí. Luego cada uno le da la dimensión que quiera, que es lo bonito de la música. Yo no sé otra forma de componer que teniendo algo que decir. Tengo un estado emocional y me sale una canción que luego se puede transformar o retocar. Pero es de una manera totalmente inconscientemente porque, a veces, la vida te pone delante cosas y cada uno reacciona de una forma diferente. El mío es componiendo. Surge cuando cojo la guitarra o cualquier instrumento, voy por la calle tarareando o me salen tres frases en base a algo que tengo dentro en ese momento. A partir de ahí ya no paro de darle vueltas hasta que acaba la creación. Sí que es verdad que me gusta mucho dejar el mensaje y que cada uno, luego, le dé el sentido que quiera.
-Dices que el proyecto de Los Acebos surgió como una urgencia creativa. ¿Cuál fue?
-La música fue, de manera permanente, un canon en mi vida. Cuando patinaba, hacía skate, estudiando o practicando deporte siempre me encantaba escuchar música, y es importante para mí que vaya acorde con los sentimientos o las emociones que tengo en ese momento. Creo que, de manera inconsciente y sin tener ni idea de nada, lo que hice fue, cuando tuve la ocasión, grabar unas canciones. Después se me presentó la oportunidad de poder darlas a conocer y no lo dudé.
-¿Recuerdas el momento en el que dijiste “quiero dedicarme a esto”?
-Nunca pasó eso. Siempre me imaginé cantando canciones en mi habitación mientras hacía la cama y escuchando mucha música. Al principio eran Violadores del Verso, Silverstein, Arcade Fire, Incubus, Foo Fighters o Arctic Monkeys. Tuve muchas etapas y siempre me encantó escuchar muchísimos géneros musicales y las versiones en directo de mis canciones favoritas. Me acuerdo que pensaba: “qué guay sería ser John Frusciante y entrar con la guitarra en el escenario”. Con diecisiete o dieciocho años, por esos azares de la vida, cayó en mis manos una guitarra muy barata y empecé a tocarla cinco o seis horas al día. Lo que hacía era ponerme los temas de mis bandas favoritas, la versión de directo, me la aprendía de oído y estaba ocho horas dando la chapa a la vecina y a mis padres. Después estuve en Inglaterra, pero, aunque parezca un cliché, nunca pensé en dedicarme a ello.
«Si pudiera, estaría en el estudio como el que va a la oficina de ocho a cinco. Para mí sería como estar en Disneyland Paris permanentemente»
-¿Y la primera vez que te subiste a un escenario?
-La primera que tocamos fue en el Festival Longboard de Salinas. Había bastante peña. Nadie nos conocía, pero me moló tanto ese momento que dije: ¡esto es lo mío! Empecé a escuchar muchísimas entrevistas de artistas, a coger información de cómo se mueven las cosas en este mundillo y, poco a poco, fui haciéndome con los emails de la gente, los Instagram, aprendí a mandar correos masivos. Cuando ves que no te responde nadie, buscas más, y descubres que hay una cosa que se llama dosier de prensa. Aprendes a manejar Photoshop para hacerte el tuyo y así fue como empezó todo. Después entramos en la Fundación Paideia que, si te digo la verdad, yo me había apuntado, pero no sabía muy bien ni lo que hacían. También me fui al BIME (Bilbao International Music Experience) con cuatrocientos sobrecitos en los que llevaba mi trabajo para entregárselos a todo el mundo. He hecho bastantes cosas que ahora recuerdo con ternura y muchísima nostalgia. Supongo que si tienes ganas de algo, vas capeando las cosas que se te presentan y te diriges hacia dónde quieres. Estaba bastante loco, eso sí que es verdad.
-¿Te da vértigo lo rápido que va todo actualmente?
-Para serte sincero, tengo que decirte que no. Me encanta componer y estar con Juande produciendo ideas constantemente. Realmente, quisiera correr más todavía. Si pudiera, estaría en el estudio como el que va a la oficina de ocho a cinco. Para mí sería como estar en Disneyland Paris permanentemente. A veces parece que quiere entrar ese miedo de que se te puedan acabar las ideas, pero me mola este ritmo. Me gusta sentir esa emoción y no estar quieto. Me jode más tener que esperar.
«Nos gusta estudiar el disco como una pieza única, no empezar a mirar las canciones de manera separada (…). Las ideas van fluyendo y creo que está guay agarrar las que te llaman la atención porque te transmiten algo. Da igual que sea rock, pop o un estilo que supuestamente tú no haces»
-¿Eres de los que dejan fluir la creatividad o de los que se lo piensan todo mil veces?
-En esto aprendí mucho de la visión de Juande. Cuando salen las cosas y se empiezan a trabajar, no se descarta nada. Luego, cuando ya está todo más avanzado, es cuando lo empiezas a enfocar. Nos gusta estudiar el disco como una pieza única, no empezar a mirar las canciones de manera separada. Yo no compongo pensando en lo que se supone que tendría que hacer. Si, por ejemplo, llevo una semana escuchando a Dua Lipa, a lo mejor me sale una canción de ese corte, aunque luego, obviamente, la trabaje. Las ideas van fluyendo y creo que está guay agarrar las que te llaman la atención porque te transmiten algo. Da igual que sea rock, pop o un estilo que supuestamente tú no haces.
-¿Qué piensas que va a pasar a partir del día 11?
-Si te digo la verdad, siento mucha ilusión porque tengo ganas de que a la gente le guste, pero, realmente, tampoco pienso en absolutamente nada de todo lo que pueda suceder. Doy gracias por poder lanzarlo bajo el sello de Esmerarte, pero sigo componiendo y haciendo muchas cosas. Al principio, las pretensiones tuvieron mucha relevancia porque no sabes muy bien por dónde te estás moviendo y cualquier cosa, dependiendo de cómo sea, te genera mucha alegría o desilusión, pero, a partir de un punto (creo que fue hace un año y medio) me abstraje y dejé que todo fluyera. A lo mejor, tú tenías en la cabeza algo que querías que pasara y como no lo hacía te frustrabas, sin embargo, estaban pasando otras cosas por detrás de las que tú no tenías ni idea y eran realmente las importantes. Por ejemplo, teloneamos a The Cat Empire en La Riviera en Madrid y en Las noches de Malecón en Murcia y, el día anterior, ni me lo imaginaba. Quedamos los más votados en el Madcool, fuimos a tocar en el City Sound (Liverpool) y en el festival WAVES en Vienna, que eran cosas totalmente impensables. Ahora, dejo que las cosas tiren por donde tienen que tirar. Obviamente, me encantaría que a todo el mundo le guste, que tuviera un buen recibimiento y que la gente se anime a cantar las canciones en las salas, los festivales o donde vayamos a tocar.