Día 16 de agosto a las 13:00 horas. Paseo de la Playa de San Lorenzo, Gijón. Claqué Asturias Flashmobs, con Robert Taboada al frente, rendirán tributo a ABBA al cumplirse 50 años de la publicación de su canción Dancing Queen realizando un flashmob que se prevé sea el más multitudinario celebrado en Asturias hasta la fecha. Ese mismo día, Madonna, la Reina del Pop, cumple 68 años. De ahí que el encuentro se cierre bailando también su canción Confessions on the dance floor II.
Trabaja de administrativo, pero su vida tiene ritmo de claqué. Robert Taboada soñaba desde pequeño con bailar. Veía en la tele a Fred Astaire y Gene Kelly y su imaginación de niño lo llevaba a pensar que volaban por el cielo mientras danzaban. Él quería hacer lo mismo, pero tuvo que orientar su vida hacia lo tradicional: una carrera, un trabajo y una vida asegurada. Esa necesidad se adormeció, pero nunca desapareció. Con el tiempo, volvió a conectar con el baile y empezó a formarse en claqué. Ya no hubo forma de parar. Actualmente enseña a todos aquellos que quieran aprender y también organiza flashmobscomo tributo a artistas que no deberían caer jamás en el olvido.
-¿Cómo un administrativo acaba bailando claqué?
-¡Ya! Es sorprendente, ¿no? De serie, venimos aleccionados con el cuento de que hay que estudiar, sacar una carrera, buscar trabajo, comprar un piso, el coche… Lo fui cumpliendo todo, pero, en el fondo, siempre me quedaron las ganas y la curiosidad de hacer algo diferente. Recuerdo que en 2003 estuve en un festival de danza y allí conocí a una chica que despertó en mí esa necesidad que siempre había tenido de bailar. Me acuerdo perfectamente del momento en el que la vi bailando y me dije: “tengo que hablar con ella para que me oriente y pueda llegar a hacer algo”. Estuve dos años con un grupo de baile que tenían y después ya tiré por el claqué. En Asturias no había nadie que lo hiciera y siempre me había llamado mucho la atención. Me fui formando poco a poco con vídeos de YouTube y, en plan totalmente autodidacta, lo saqué todo adelante. Ahora mismo, soy el único que hago algo en esta línea y que también lo enseño. Soy el claquetero asturiano.
-¿De dónde surge la necesidad de grabar lo que hacéis y subirlo a redes?
-El baile es una cosa muy efímera, se disuelve en el aire. Solamente lo puedes observar cuando sucede, no es como otras artes que puedes disfrutarlas cuando quieras. Ahí fue cuando me dije que tenía que aliarme con los audiovisuales para poder inmortalizar lo que hacemos porque es un complemento muy bueno. Nos centramos mucho en los años 80, que es lo que más nos gusta. Aunque hay de todo un poco, la gente con la que más enganché fueron los que ahora andamos por los 55. Así que somos la generación que vivimos aquella época en la que no era tan fácil encontrar las canciones, los vídeos y tenerlo todo tan a mano como se tiene ahora. En este momento, estamos pudiendo hacer lo que no hicimos en su momento. Creo que por eso también lo disfrutamos tanto.
«Fred Astaire y Gene Kelly eran a los que más solía ver. Me quedaba flipado pensando en cómo podían hacer esa percusión con los pies»
-Con la cantidad de estilos de baile que existen, ¿por qué el claqué?
-Cuando éramos pequeños, en la televisión sólo teníamos La 1 y La 2. Ponían muchas películas de la época dorada de Hollywood. Fred Astaire y Gene Kelly eran a los que más solía ver. Me quedaba flipado pensando en cómo podían hacer esa percusión con los pies. Recuerdo que nada más acabar la película me iba para la habitación, me tumbaba de espaldas en la cama, ponía los pies contra la pared y me ponía a dar golpes intentando hacer los movimientos. Mi madre venía siempre a preguntarme qué estaba armando. Los veía a ellos y me daba la impresión de que estaban volando. De alguna manera, quería recrear esa misma sensación. De aquella, mis padres, no supieron leerme y yo tampoco fui capaz de expresar lo que sentía o quería hacer. También es verdad que, aunque lo hubiese hecho, no había nada en Asturias en aquella época.
-¿Fred Astaire o Gene Kelly?
-Gene Kelly para mí fue la máxima autoridad en claqué. Él era más acrobático y un poco más gamberro, mientras que Fred Astaire era más elegante. Se atrevió a bailar bajo la lluvia y eso fue una pasada.
-Ahora que ha pasado tiempo, ¿sientes realizada esa parte artística?
-Sí. Yo tendría unos doce años y esa sensación fue algo que quedó en mí como una carencia. Cuando te haces adulto, te vas formando y buscando los mecanismos para llevar a cabo lo que te había quedado sin resolver de aquella época. La verdad es que, lo del claqué, me dio y me sigue dando muchas alegrías. Me fui fuera a formarme, estuve en Grecia, Suecia y luego en Barcelona, que es la cuna del claqué en España. Ahí hay gente muy buena haciendo cosas impresionantes. Después ya me vine para acá y empecé a hacer cosas, aunque siempre con mucha dificultad. Creé un grupín, pero llegó el COVID y lo tuve que dejar. En ese momento sí que pensé en colgar los zapatos.
-Pero no lo hiciste…
-No. Por otras cosas, enganché con unos bailarines y les pregunté si les apetecía aprender a bailar claqué. Como todos están medio chiflados y tampoco sabían el lío en el que se metían, dijeron que sí. Estuvimos cuatro meses trabajando muy duro para sacar algo medio decente. De ahí salió el vídeo Misión Respect, en tributo a Aretha Franklin, que se rodó por toda Asturias.
El claqué no es fácil. Implica tener muchas cosas a tu favor. Tienes que tener buen oído, destreza a la hora de ejecutar los pasos, tiene que ser muy limpio cuando lo bailas. A esta gente se lo propuse como una alternativa y llegaron a decirme que cómo no lo habían descubierto antes. El claqué es como un amigo al que siempre tienes ahí y nunca te va a fallar. Puedes mejorar tu relación con él trabajándolo y dedicándole tiempo. Me pone muy feliz que la gente sienta esto. Ahora ya me están preguntando que cuándo hacemos el siguiente. Les he dicho que, para navidades, hacemos un villancico claquetero.
-¿Hasta qué punto bailar puede llegar a ser una terapia?
-Lo es. Cuando llegas a clase, es tu momento de cambiar completamente de registro, concentrarte en lo que vas a hacer y olvidarte del mundo exterior. Antes de entrar, dejas todo en la puerta y te centras sólo en relajarte, aprender y dedicarte un tiempo a ti. Te puedo asegurar que mucha gente lo vive así. Las preocupaciones disminuyen. Está comprobadísimo que el baile y todo lo que son actividades sociales, favorecen la memoria, la psicomotricidad, la felicidad, generan oxitocina. Yo creo que es muy positivo aquella gente a la que le da muchas vueltas a las cosas en la cabeza. El baile te obliga a focalizar y concentrar toda tu energía en aprender esos pasos y coordinarte.
-¿No es también un espacio donde se crean relaciones positivas?
-Sí. De hecho, creo que es el éxito de esta historia. Fue una propuesta que enganchó con personas que tenían esa carencia, como la que pude tener yo y resolví en su momento. Este proyecto, resulta muy atractivo para esa gente que jamás habían ido a una clase de baile, muchos de ellos, por vergüenza. En mis clases tiene cabida todo tipo de gente. Personas que no cumplen con los estándares y que nunca se atrevieron a dar el paso por sentir que desentonaban, son muy bien recibidas. Es más, me presta que vengan porque ahí radica también el espíritu de esto que estamos creando juntos.
«En mis clases tiene cabida todo tipo de gente. Personas que no cumplen con los estándares y que nunca se atrevieron a dar el paso por sentir que desentonaban, son muy bien recibidas. Es más, me presta que vengan porque ahí radica también el espíritu de esto que estamos creando juntos»
-Para ti ¿es doblemente satisfactorio por poder darles lo que tú no tuviste en su momento?
-Ahí está el truco. ¡Me pillaste! Creo que sí… Sé lo que están sintiendo porque yo lo sentí antes que ellos. En cierta parte, me siento reflejado en la felicidad que están viviendo ahora y eso me satisface mucho. Por eso cualquier persona es bienvenida a bailar, aunque se considere torpe, me da igual. Yo la trato con el mismo respeto que al resto y le explico con trucos cómo hacer para que llegue a lo que los demás, a lo mejor, hacen de forma más rápida. En este aspecto, no soy de los que echo a la gente. Todo lo contrario. Para mí, la persona que decida bailar, tenga la condición que sea, es lo máximo. Valoro mucho la decisión de dar ese paso al frente.
-¿Crees que se sigue asociando la danza con un género?
-Hay mucha gente que no se atreve por prejuicios o por falta de que alguien potencie su actitud. Cuando hacemos alguna performance en la calle, sacamos a la gente a bailar. Hay veces que flipo con la destreza que tienen algunos chavales. Creo que a nosotros nos marcó aquel cine de cuando éramos jóvenes y nos engancha porque nos lo recuerda. A los más jovencinos el claqué no les dice nada y creo que es porque no lo ven en ningún sitio, no hay referentes, y entonces no se identifican con ello. Siempre pongo el mismo ejemplo: el fútbol te lo meten por todos los lados y los nenos piden lo que ven. Ellos no saben que, en este baile, pueden encontrar una pasión o una vocación. La gente a la que llego es de mediana edad y son los que conectan.
«A mí nunca me gustó bailar en la calle, lo hacía en teatros y lugares similares. Pero cuando fue lo de Thiller, ¡fue tan apoteósico!, la gente lo comentaba tanto por Gijón y se generó un ambiente tan positivo, que me cambió la mentalidad y me dije: “bailar en la calle no implica pasarlo mal”»
-Y, ¿qué pasa con los chicos?
-Ahora mismo, en el grupo, somos más de cuarenta y sólo hay unos cuatro o cinco chicos. Yo creo que no lo hacen por los típicos prejuicios de que “esto es para chicas”. Es una cosa que cuesta mucho cambiar porque, claramente, no es un tema de aptitudes y es una pena. Mira que hay referentes de grandes bailarines como Michael Jackson, Justin Timberlake o todos estos grupos nuevos que vienen ahora como los coreanos BTS, que están formados por figuras masculinas. Pero bueno, seguiremos poco a poco porque seguro que habrá quien acabe enganchando. Yo me doy por contento viendo que, en una parte, hemos vuelto a conectar con el claqué seis años después de que lo hubiese dejado.
-¿Cuántas vergüenzas vencidas de todos los que salen contigo a bailar en plena calle?
-Es una cosa que me llamó mucho la atención. Pensé que alguno de todos los que estaban se iban a echar atrás, pero no. Debe ser un chip que te cambia en el cerebro en el sentido de que cuando estamos en grupo te da igual todo. A mí nunca me gustó bailar en la calle, lo hacía en teatros y lugares similares. Pero cuando fue lo de Thiller, ¡fue tan apoteósico!, la gente lo comentaba tanto por Gijón y se generó un ambiente tan positivo, que me cambió la mentalidad y me dije: “bailar en la calle no implica pasarlo mal”. Además, es un momento en el que haces feliz a las personas que están pasando por allí en ese momento. A mí, ver feliz a la gente, me pone muy contento.
-¿En qué punto se dan la mano el claqué y los flashmob?
-Lo del claqué es una subdivisión de los flashmob, que es lo que realmente tiene poderío. Yo tenía muchas ganas de celebrar el aniversario de la emisión del videoclip Thriller, que cumplió 40 años en el 2023. Sabía que tenía que hacer algo y de ahí surgió la idea de buscar gente para que bailase en la calle el Thrillerón. Ochenta personas bailando la canción en el Paseo de Begoña. Fue una cosa muy chula y el germen de toda esta historia. Yo pensaba que al acabar cada uno se iría para su casa y punto, pero se vinieron arriba y me dijeron: ¿no vamos a hacer nada más? Siempre aprovecho los aniversarios de las canciones o los cumpleaños de los cantantes para hacerles un homenaje así que, hicimos otro flashmob sobre Tino Casal aprovechando que hubiese cumplido 75 años. Yo lo conocía, pero sólo me había quedado con sus cuatro canciones más famosas. Cuando me puse a bucear en su discografía y también en lo que había hecho antes de ser famoso, me quedé impresionado. No quería que cayese en el olvido y de ahí que fuese el artista que escogí para hacer el siguiente. Ahora, que se van a cumplir los 50 años de la canción Dancing Queen de ABBA, vamos a bailarla el día 16 de agosto en la Playa de San Lorenzo.
-Realmente, ¿qué va a pasar el día 16?
-Nos juntaremos alrededor de cien personas. Hice una convocatoria y salió muy bien. Estamos ahora con los últimos ensayos y creo que es una cosa que va a dar mucho que hablar porque es el primer flashmob tan multitudinario. Llevo tiempo en esta historia, estuve buscando y no ví ninguno tan bestia como va a ser este. Nosotros estaremos en la playa para que la gente lo pueda ver desde el Paseo del Muro. Tengo muy buenas vibraciones con esto y, ojalá, ahora que se mueve todo tanto por las redes sociales, les llegue hasta Suecia y ellos lo vean. Me haría muchísima ilusión que lo publicasen en su canal oficial, sería un reconocimiento y un mérito impresionante.
Sumamos también otra cosa en este evento, y es que Madonna cumple 68 años el mismo día, así que, después, vamos a hacer un baile con su canción Confessions on the dance floor II. Ella tenía 18 años justo cuando salió la canción de Dancing Queen y yo creo que fue asignada para ella. Como si hubiesen dicho: te haces mayor y tú vas a ser la reina del baile dentro de unos años.
-¿Cómo definirías lo que se vive en estos encuentros?
-Yo creo que el hecho de juntar a cien personas tal y como estamos viviendo la sociedad ahora mismo es un gran logro. Se hace de una manera totalmente altruista. Todos los que vienen lo hacen para disfrutar, reír y hacer algo que les hace felices. Es darle un poquitín de color a la vida que, muchas veces, la convertimos en una escala de grises.
Yo también veía de pequeña a Fred Astaire y Ginger Rogers bailando claqué, y me parecía guapísimo y dificilísimo. Nunca me había planteado la posibilidad de practicarlo. Pero parece ser cierto eso de «nunca es tarde si la dicha es buena» y, gracias a Robert Taboada y Claqué Asturias, descubrí esta disciplina y espero y deseo seguir aprendiendo.
¡Qué alegría Eva! Nunca es tarde para cumplir sueños y disfrutar de aquello que te hace realmente feliz.
Formáis un grupo maravilloso. La energía de Robert es contagiosa a tope y nadie mejor que él para capitanearos en estos retos.
Mucho ánimo para el día 16 y que todo sea un rotundo éxito.
Empecé a bailar con Robert con el Thrilleron y sigo con él. Acepté el reto del claqué y como bien dice,estamos chiflados pero felices. Tengo 63 años y mi cuerpo a veces no responde cono me gustaría pero me encanta estar en Claqué Asturias
¡¡Pili!! Seguro que lo haces impresionante… Hay veces que el cuerpo protesta un poco pero hay que hacerle poco caso.
Esa energía desbordante que contagiáis con cada baile vale su peso en oro. ¡Ole tus 63 y todos los que te quedan por delante disfrutando del claqué y el baile!
Gracias por escribirnos.
Ser participé de estos «proyectos bailables» y compartirlo con esta gente fantástica que los forma es un regalo en la vida DE VIDA. Ojalá disfrute la gente viendo el Flashmob el día 16 tanto o más de lo que lo vamos a disfrutar nosotro@s bailando.
Hola Margarita!!!
El disfrute está asegurado. De eso no hay duda.
Ojalá de Gijón directo a Suecia… ¡Toda la suerte para el día 16!
Marta me ha encantado el artículo, has captado la esencia de una manera increíble.
Gracias a ti por haberme abierto la puerta a conocer este mundo tan desconocido para nosotras… Nos hablaste de Robert y fue un auténtico descubrimiento.
¡¡¡Formáis un grupo maravilloso!!!