Vida vs Muerte

Así es que para algunos la muerte es el tránsito al más allá, un más allá de paz, de equilibrio, de justicia, de luz y de libertad; para otros significa la reencarnación. La doctora Elisabeth Kübler Ross, psiquiatra y escritora, dedicó su vida al estudio de la muerte, a las emociones de los moribundos y a los cuidados paliativos. Concluye que la muerte significa la conclusión de la vida en este mundo y es la cosa más bella que nos pueda ocurrir. Quiero entender que esa belleza, a la que ella hace referencia, tiene que ver con estados especiales donde la muerte es la salvación de la dignidad de un cuerpo que se deforma, que se rompe y duele y, que se resiste a seguir luchando.

La doctora Kübler Ross también es conocida porque propuso el modelo de las cinco etapas del duelo, un marco psicológico que describe las distintas fases emocionales por las que pasa una persona ante una pérdida significativa o una enfermedad terminal. Pero eso es otro asunto.
Para mí es simplemente el final de mi vida ya que mi vida existe en la medida en que puedo sentir, tocar, oler, hablar…; no quiero pensar nada más porque no creo que exista nada más allá de la muerte.

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En este sentido Eduard Punset contaba la siguiente historia: En los años 70, en el metro de Nueva York encontró un grafiti que decía: ¿Hay vida antes de la muerte? Esta es la cuestión, dijo Punset.
Pero, paso a paso, lectura a lectura, esto tiene que ver con lo que ya había dicho Oscar Wilde: “Vivir es lo más raro del mundo. La mayoría de la gente existe”.
El grafiti al que hace referencia Eduard Punset, al plantearse como un interrogante invita a la reflexión, pero esta reflexión ya venía siendo, años atrás.
No hay vida antes de la muerte si vivimos una vida que cumple una rutina automática dejando pasar los días por pura inercia biológica. Eso es existir.
Vivir es un acto consciente y poco frecuente, según Oscar Wilde; implica vivir cada día con intensidad, crear con libertad, sentir emociones profundas, descubrir y no seguir al rebaño. Hecho esto podemos decir que hay vida antes de la muerte. Y esta forma de hacer no surge sin más, hay que trabajar en ella, hay que crear vida, con mayúsculas.

Y, en esta línea de pensamiento, se manifestó, ya en aquellos tiempos, Sócrates cuando dijo: “Filosofar es, en el fondo, prepararse para morir”
Luis Rojas Marcos abre otra línea de reflexión cuando dice:  «A pesar de la ola de curiosidad esperanzadora en el destino humano, el terror a la muerte sigue siendo universal».

El miedo y cuál es nuestro hacer ante su presencia. Es por ello por lo que no la contemplamos, la apartamos, la olvidamos, la ignoramos, vivimos como si no existiera, acumulamos propiedades, negamos el envejecimiento, desafiamos su presencia cuando maltratamos nuestro cuerpo o pisamos el acelerador, recurrimos a la cirugía a fin de olvidarnos de la edad, etc. Sin embargo la muerte hace su presencia en nuestras vidas con mucha frecuencia, se lleva a nuestros abuelos, vecinos, padres; entonces le vemos la cara, se va aproximando cada vez más, está entre nosotros, nos recuerda que nadie se queda aquí y pensamos en ella por mucho esfuerzo que hagamos por reprimir nuestro pensamiento.

Reprimimos el miedo a la muerte pero, cuando los mecanismos de represión bajan la guardia, sentimos angustia, miedo, tristeza, impotencia. Hagamos lo que hagamos no podemos hacer nada, un buen día nos sorprenderá y sin nosotros el mundo seguirá rodando y ni una sola partícula romperá su equilibrio cuando nos hayamos ido.
Es duro concebir que sin nuestra presencia el mundo sea igual de importante, que no se resienta, que todo siga en su sitio, que no se pare unos segundos al menos para despedirnos. Y, sin embargo, no podría ser de otra forma, ¡qué contradicción!, porque los que vivimos tampoco queremos que el mundo se pare, se altere o se resienta cuando otros se van.

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Vivo mi vida e intento sacarle partido, aprender, vivir el momento,  leer, viajar, bailar y reír todo lo que pueda. Porque reír es benéfico para el organismo y uno nota sus beneficios de forma inmediata. De la misma forma que bailar y bañarse en el mar…

Entre tanto tengamos vida tendremos que vivir intensamente,  porque de lo contrario, ya sabemos, estamos muertos en vida.
¡Brindemos por la utopía!

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