Y me lo copias cien veces

Son demasiados 6000 metros cuadrados para una modesta nave. Sobre el artículo anterior nos corrigió diligentemente Emiliano Velasco, (muchas gracias, amigo), experto en calidad en la construcción; nos indicaba que esa medida correspondería a una instalación equivalente a un campo de fútbol. O a los Talleres del Conde, que ahora promociona el Ayuntamiento de Langreo como fábrica cultural.

No hay que dejarse arrastrar por la grandeza del artista, Antoni Gaudí, que entonces empezaba a ejercer de arquitecto. Así que te tomas nota, descuidado Teobaldo, el edificio que aparece en la foto, -exhibida con orgullo por la página turística de Mataró-, tiene un muy interesante valor arquitectónico; la ingeniosa solución de los trece arcos parabólicos de madera permite una superficie diáfana, sin obstáculos de columnas. Pero solamente mide 600 m2. Para que no se te olvide me lo copias cien veces.

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¡Lo que puede llegar a hacer un simple cero! El uso de este concepto fue fundamental para desarrollar las Matemáticas. Y hoy en día es imprescindible en Informática, porque el lenguaje binario es el que hablan los ordenadores, uno/cero.

Para repartir un poco de humildad entre los que desprecian a otros seres humanos, recordar que el uso del cero como elemento neutro lo debemos a los árabes. En el siglo séptimo vislumbró el concepto el matemático indio Brahma Gupta, de allí se extendió por el imperio musulmán gracias a la protección a las ciencias del califa Abu Yafar Abdallah ibn Muhammed al Mansur (no confundir con el Almanzor español, también al Mansur, pero posterior en dos siglos), y fue generalizado en Europa por Leonardo de Pisa, Fibonacci, que lo aprendió en Al Magrib.

Pieza prolija para mentes infantiles, los científicos saben todo el valor del cero, de diseño perfecto: redondo, cerrado sobre sí mismo, completo. Hay que tomarse muy en serio las cosas aparentemente nimias.

Por un clavo se perdió una herradura,
por una herradura, se perdió un caballo,
por un caballo, se perdió una batalla,
por una batalla, se perdió el Reino.

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Pequeños detalles que te cambian el sentido de las cosas. Por ejemplo, la TPA pierde una “t” en un rótulo y se lee: “Lo que los robos pueden ofrecer a los humanos”. Susto, pero no; no se trata de una exaltación de la delincuencia, el informativo hablaba de robots.

Los titulares de prensa dan lugar a situaciones curiosas. En unas páginas que informan sobre la programación televisiva adjudicaban “La forja de un rebelde” a Charles Dickens. Pobre. No tuvo que acabar exiliado, como le pasó al verdadero autor, Arturo Barea, que relata los sufrimientos de los muchachos españoles muriendo en la absurda guerra del Rif para robar hierro para Bilbao.

La forja de un rebelde

A los pocos días, rectifica el periódico y nos informa que la obra de Dickens es “Historia de dos ciudades”. Despistes, a veces casi de ficción, como el de un amigo al que una radiografía muestra que lleva un tornillo en el estómago. No es capaz de saber la causa de tan inesperado suceso, si bien es cierto que existe la mala costumbre de algunos de poner en la boca los clavos que van a usar.

Comento esta cuestión en ambiente sanitario y una enfermera cuenta, partiéndose de risa, “¡Pues yo me tragué un destornillador!” Ponemos todos cara de incredulidad, eso no hay quien se lo trague; se explica: uno de esos pequeños destornilladores que usan los dentistas para asegurar los tornillos de las prótesis. Un profesional nos asegura que es un accidente no tan sorprendente como parece; realmente es una pieza pequeña.

Para tranquilidad de la audiencia, informo que ambos casos se saldaron sin necesidad de cirugías; la naturaleza, higiénica en sí misma, aportó su recta solución.

La Higiene, con mayúscula, debería ser asignatura obligatoria; todo el mundo parece haber olvidado que hubo una pandemia que se llevó mucha gente por delante, y seguimos esparciendo basuras por las calles, regalando microbios al toser en público o al escupir en la calle.

Falta de higiene en la comisaría de Manacor

Hay, no obstante, colectivos sensibles. En esta noticia algo atrasada de Diario de Mallorca se ve que los agentes policiales de Manacor estaban muy preocupados por su salud, y uno se pregunta qué podría hacer el señor alcalde con la comisaria. ¿Expedientarla? ¿Obligarla a la ducha cuando llegue al trabajo cada mañana?

Pero luego, lee mejor y se entera de que no hay tal. No se trata de un asunto higiénico, sino ortográfico, falta una tilde; el problema de escasa limpieza no es de la comisaria, la pobre, sino de la comisaría.

En estos tiempos, que la oposición señala los presuntos latrocinios de miembros del partido del gobierno, no está demás señalar que tenían razón quienes querían enseñar Ética desde las escuelas, porque a los que apostaron por Religión no parece que los haya llamado el Señor por los caminos de la santidad. En todes les cases cuecen fabes. Una vieja noticia, con errata, de un conocido diario irlandés, “De dios del Fondo Monetario Internacional a paria”. Reconocerás enseguida al protagonista y no dejarás de sonreír por un trazo de más en una letra.

Rodrigo Rata

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Teobaldo Antuña
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Lector impenitente, escribidor ocasional, Teobaldo Antuña mira con lupa la sociedad para ponerse del lado de quienes la construyen, ni obispos ni banqueros ni generales, sino las personas que viven de su trabajo.

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