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Tras un verano de éxito, el remodelado Museo de la Miel de Boal será el complemento perfecto de la XXXIX Feria de la Miel, los próximos 31 de octubre y 1 de noviembre.
El pasado mes de julio, reabrió sus puertas el Museo de la Miel de Boal ubicada en Los Mazos, a tan solo 2 kilómetros de la capital del concejo, y lo hizo a lo grande para enseñar a vecinos y vecinas del concejo en qué consistió su remodelación integral. No faltaba detalle en un equipamiento que ha ganado en contenidos, luminosidad y comunicación al incorporar, entre otras cosas, nuevas tecnologías.
«El incremento de visitas con respecto a otros años ha sido grande, en agosto más de 300 personas se acercaron al Museo. Tuvo mucha aceptación; quienes ya lo conocían de antes destacaban la transformación tan grande que había experimentado el equipamiento» apuntan desde la Oficina de Turismo de Boal.
Desde su reapertura, visitantes de todas las edades han podido conocer la importancia de la apicultura, cómo transcurre la vida de las abejas, los diferentes tipos con sus funciones específicas, su asombroso comportamiento dentro y fuera de las colmenas y cómo elaboran el preciado néctar que ha puesto a Boal entre los lugares de España más apreciados por su miel.
El Museo de la Miel ha experimentado una importante transformación ganando en contenidos y atractivo turístico: «Tuvo mucha aceptación; quienes ya lo conocían de antes destacaban la transformación tan grande que había experimentado el equipamiento» apuntan desde la Oficina de Turismo de Boal.
Una gran maqueta espera en el interior del museo para sorprender a los más pequeños y dar a conocer las diferentes partes que conforman la anatomía de este insecto y las distintas funciones que cumplen. También una degustación de cinco variedades de miel con la Indicación Geográfica Protegida “Miel de Asturias” (de roble, castaño, eucalipto, montaña y brezo, está última mayoritaria en el concejo y que aporta una característica tonalidad oscura), que permite comprobar los distintos matices y sabores que adquiere en función de la flora del lugar que frecuentan estos insectos voladores.
La visita al museo te conduce en un viaje en el tiempo mostrando diversas piezas y herramientas utilizadas para extraer la miel en épocas anteriores, como un desoperculador donado por la Asociación de Apicultores de Boal que data de 1940. Esta herramienta se utilizaba para retirar la fina capa de cera (conocida como opérculos) con la que las abejas sellaban las celdillas de miel en un proceso que se ha de realizar con especial cuidado para no dañar los panales.
El equipamiento, que permite conocer todo el proceso melífero, ofrece una visita virtual al concejo de Boal y la degustación de varios tipos de miel.
En este recorrido por una apicultura ancestral tienen un lugar destacado los trobos o truébanos, las colmenas que tradicionalmente se realizaban en Boal vaciando troncos de alcornoque y cuya tapa se sellaba utilizando el estiércol de vaca a modo de pegamento. «Después iban tapados con una piedra de pizarra para protegerlos del frío y la humedad. Es algo que llama mucho la atención a los visitantes que sólo conocen las colmenas que se utilizan en la actualidad», añaden los informadores turísticos. Como los panales se hallaban fijos directamente sobre las paredes del truébano, para saber el momento óptimo de la cosecha los apicultores golpeaban la madera con los nudillos, determinándolo en función del sonido recogido.
Las piezas expuestas, todas diferentes y elaboradas de forma totalmente artesanal, se situaban en la montaña situadas en un cortín, una estructura que también se halla representada –aunque a menor escala– en el museo. Su función principal era la de proteger las colmenas de ataques de osos y otros animales, pero también de la lluvia, el viento, la nieve u otras circunstancias ambientales.
El modelo actual, la colmena Langstroth, también está representada en la exposición, permitiendo observar las notables diferencias con los trobos y cómo han facilitado las condiciones de trabajo a quienes se dedican a este oficio en la actualidad.
El concejo de Boal, el proceso melífero y las condiciones que han hecho de la apicultura una seña de identidad de este territorio están muy presentes en el museo a través de un audiovisual. La perspectiva completa se adquiere a través de las gafas de realidad virtual con las que es posible «sobrevolar Boal desde la perspectiva de una abeja», como explican en las visitas guiadas.
El centro de 225 m2 está ahora dedicado a la memoria de “Naro, el de Peirones”, como se conocía al apicultor y empleado municipal Julio Fernández Rodríguez que tanto hizo por esta actividad en el concejo, a través del estudio, la conservación y la divulgación de la apicultura tradicional. Además de formar parte de la Asociación de Apicultores del concejo, fue uno de los creadores de la Feria de la Miel.
El origen del centro divulgador, inicialmente una escuela impulsada por la Asociación de Naturales del Concejo de Boal en la Habana (boaleses que marcharon a América en busca de una vida mejor), también recuerda las raíces indianas de este municipio.
Durante los meses de septiembre y octubre, el equipamiento estará abierto al público de martes a sábado en horario de tarde (15:30 a 18:00h) y el domingo de 11:00 a 14:00h. Y en el mes de noviembre, en el marco de la XXXIX Feria de la Miel, los próximos 31 de octubre y 1 de noviembre, será posible disfrutar de sus contenidos a través de visitas guiadas. El centro, símbolo melífero del concejo, será una aportación fundamental para una feria que es todo un referente en el sector y que se ha confirmado como una de las citas agroalimentarias más importantes del occidente asturiano.