“Los seres más mediocres pueden ser grandes solo por lo que destruyen”
(André Maurois)
Desde hace varios años, quizá muchos años, se viene hablando acerca de las relaciones tóxicas en el trabajo y del acoso laboral. Acoso que se ha visto incrementado en los últimos tiempos debido a las circunstancias críticas que estamos atravesando. El “sálvese quien pueda” es el slogan presente, al menos con más fuerza que nunca.
Estábamos convencidos que la pandemia, la Covid-19, nos haría más humanos porque el sufrimiento nos alcanzaba a todos, porque todos estábamos expuestos a un mismo peligro y, sin embargo, no nos ha hecho mejores ni más solidarios, como imaginábamos al principio, sino que cada uno mira su propio ombligo.
Y todas las actitudes que vamos adquiriendo se hacen extensivas al ámbito laboral:
La toxicidad existe porque existen personas tóxicas, personas que en circunstancias adversas sacan toda la maldad que les asiste.
Y el acoso es un mecanismo de defensa que se activa en circunstancias que se perciben como amenazantes, es la fórmula que pretende salvarse a sí mismo, su status, su economía y ello implica quitar del camino a aquel que considera un “estorbo”.
El acoso no se produce solamente de forma vertical (de una autoridad a un subordinado) sino también de forma horizontal (entre iguales). Menos frecuente es de abajo hacia arriba, pero también se puede producir. Imaginemos una serie de trabajadores y llega un técnico nuevo con el que no están de acuerdo y no les apetece ponerse de acuerdo.
¿Qué podemos hacer? O mejor ¿podemos hacer algo?
Es imposible parar toda la toxicidad/maldad que se desprende de algunos, pero algo podemos hacer, al menos hay que intentarlo. No podemos eliminar a la persona/s tóxicas, al psicópata laboral, pero podemos pararle los pies. Podemos, si nos empeñamos, mejorar las relaciones y ello podría contribuir a reducir las conductas de acoso.
Las personas tóxicas suelen ser aquellas que presentan un cúmulo de carencias y complejos sin resolver, tratan de agrandar su imagen y sus capacidades a costa de empequeñecer a los demás. El mundo para ellos no es acogedor presentando, por ello, miedos y ansiedades. Su visión es pesimista.
Así que para mantener una relación laboral aceptable, quienes se relacionan con esas personas tóxicas deben hacer acopio de paciencia, voluntad y sentido común. Si la relación es transitoria, puntual… lo adecuado es poner distancia, pero si debemos mantener una relación continuada hay que armarse de recursos para procurar una relación llevadera.
No podemos eliminar a la persona/s tóxicas, al psicópata laboral, pero podemos pararle los pies. Podemos, si nos empeñamos, mejorar las relaciones y ello podría contribuir a reducir las conductas de acoso.
Pero ¡ojo!, quizá convenga contemplar nuestra forma de proceder que, en muchas ocasiones, tampoco es la más adecuada.
Es, por ello, trabajar en nuestro terreno antes que esperar que ellos lo hagan (que no lo van a hacer).
Se trata de modificar la conducta del hostigador a través del cambio de nuestra propia conducta. Y cuesta entender que conviene reforzar a quien maltrata, sin embargo, se trata de un proceder que se espera beneficioso para evitar el mal ambiente, el conflicto y las rencillas que acaban desembocando en acoso.
Un estudio que apunta soluciones fue llevado a cabo por Arthur H. Bell y Dayle M. Smith. El estudio fue llevado a cabo durante 4 años entrevistando a 300 directivos de empresas con el siguiente planteamiento:
- ¿Cuáles son las personas que más conflicto causan en la empresa? y
- ¿Cómo se pueden corregir esas conductas?
Antes de proceder a la respuesta de estas preguntas los investigadores ponen de manifiesto que las personas que se consideran “víctimas” tampoco actúan con muy buen proceder: generalmente exhiben las siguientes conductas:
- Descalificación constante de la persona problemática
- Difamar y buscar consenso contra esa/s personas y
- Explicar e interpretar a la persona tóxica, su vida. Crear un monstruo con el material de las propias inseguridades.
Por tanto: los buenos, tampoco lo son tanto.
Dicho esto, les presento algunas personas tóxicas y cómo se ha intervenido con ellas a fin de obtener un clima laboral más confortable.
El neurótico se caracteriza por una búsqueda frenética de ser valorado, de reconocimiento, de poder. Presenta objeciones continuas a cualquier tarea que propongan los demás, siempre conoce un método mejor, un enfoque más lógico, una alternativa más rentable.
La Voz:
Es una persona difícil que se encuentra aislada por la mayoría porque trata de hacerse oír todo el tiempo protestando por lo que está mal y criticando cómo se hacen las cosas. Llamadas telefónicas, correos, cartas al boletín de la empresa (a la revista de la empresa). Habla como si representara a la mayoría de los empleados (con quienes se relaciona lo mínimo). Denuncia situaciones y emite quejas constantes.
La voz busca reconocimiento, busca público.
Estrategia: Agradecerle a la voz su recogida de información… su irritación y descontento puede llegar a desaparecer si se emplea la estrategia de atención oportuna.
Premio al pulso: reunirse con él una vez al mes.
El Neurótico:
El sí pero no. Se caracteriza por una búsqueda frenética de ser valorado, de reconocimiento, de poder. Presenta objeciones continuas a cualquier tarea que propongan los demás, siempre conoce un método mejor, un enfoque más lógico, una alternativa más rentable. Trata de buscar la perfección (cree que si no lo hace bien será el hazmerreír).
Vive en una continua insatisfacción y contradicción. Es una persona inmadura, insegura, vive angustiado por lo que dice y hace y también por lo que no dice y no hace.
La persona neurótica necesita creer en cada área de su vida y para ello necesita pautas que limiten sus acciones y reglas …. Y tiene que entender que tiene la capacidad dentro de sí misma para errar y para acertar (lo mismo que cualquier persona)
Estrategia: presentar todas sus objeciones por escrito. El acto de escribir exige que las ideas a medio camino alcancen su desarrollo completo a través de oraciones y que estas se estructuren en un argumento coherente.
El Ermitaño:
Hace lo mínimo posible para conservar su puesto de trabajo, quiere pasar inadvertido, suele haber hecho alguna petición a la empresa que se le ha denegado, deseaba una oportunidad de ascenso que no se ha cumplido… alberga pues, algún tipo de resentimiento y piensa que actuando así le devuelve a la empresa alguna ofensa. Detesta su trabajo, aborrece a sus compañeros y odia a la empresa.
Estrategia: a fin de sacarle de su pasividad, de su coraza, el directivo necesita energía y creatividad. El ermitaño se admite como un problema y se acostumbra a ser tratado como tal. En este caso el directivo rescató al ermitaño invirtiendo los papeles y pidiéndole ayuda para afrontar algunos problemas, pidiéndole que aportara ideas… lo rescató como solucionador de problemas.
El Chismoso:
Ha aprendido a valerse del chisme para obtener atención y afecto… es la forma que conoce para intervenir en las conversaciones y establecer relaciones sociales. El chisme seduce, hipnotiza, fascina, escandaliza y destruye. Cada rumor tiene su mercado y no todos repiten los chismes que oyen, algunos los mejoran. Aquellos que siguen hablando del chisme después de haberlo escuchado son tan responsables como su autor.
Estrategia: Informe al chismoso del daño que inflige a las personas, proyectos y planes de empresa. Recordarle la confianza que se ha depositado en él y se espera de él. Los chismes dejarán de ser su forma de obtener atención y afecto si esto lo obtiene por otras vías.
Generalmente, el mentiroso incumple la mayoría de sus funciones pero quiere recompensa. Miente para salvar la apariencia. Tiene miedo fóbico al fracaso.
El manipulador:
Es aquel que establece relaciones temporales e interesadas con sus compañeros para valerse de ellos en su propio beneficio. Los directivos han de actuar con prontitud para neutralizar sus traiciones que aniquilarán la armonía del equipo.
Se muestran como grandes y poderosos, intentan demostrar que son ellos quienes saben hacer buenos negocios, contarán historias donde ellos son los héroes, aparentan saberlo todo.
En general presentan las siguientes características: seductores, amables, elegantes, protectores (te dan para luego quitarte con creces). Suelen ser perversos.
Estrategia: Hablar con él de metas profesionales y para ello hay que informarle y formarle acerca de la participación constructiva en el trabajo de equipo. Se le prestará atención, se trabajará para que valore las relaciones de solidaridad… se le dejará claro que los “ataques de traición” no tendrán ningún beneficio.
El mentiroso:
Generalmente incumple la mayoría de sus funciones pero quiere recompensa. Miente para salvar la apariencia. Tiene miedo fóbico al fracaso.
Estrategia: Enfrentarle a una falsedad manifiesta (el argumentará que se pone en duda su palabra).
“Puedes engañar a todo el mundo durante un tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo, pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo» (Abraham Lincoln).
“Si me engañas una vez, tuya es la culpa, si me engañas dos la culpa es mía” (Anaxágoras).
El directivo autotélico procedió a darle una charla sobre estas máximas, sobre la importancia de aprender de los fracasos y le dejó claro que, ante la duda, el caso sería investigado.
La conclusión es que estos ejecutivos fueron capaces de modificar algunas conductas de sus empleados.
En líneas generales se necesitan ejecutivos que tengan en su programa un tiempo para atender estas necesidades, ganas de sacar lo mejor de los empleados y conocimientos para hacerlo.