El marino asturiano Juan Merediz se ha inscrito oficialmente en la Global Solo Challenge (GSC) 2027-2028, regresando así a un evento en el que participó en su edición inaugural, pero en la que tuvo que retirarse por un problema con el piloto automático. Entre sus aventuras más destacadas se encuentra el haber dado la vuelta al mundo en solitario y sin escalas.
Había una vez un niño que cada noche se asomaba a la ventana de su casa en Gijón. Al abrigo de la oscuridad, veía el mar que tenía en frente y soñaba con lo que habría detrás de la línea del horizonte. Su cabeza imaginaba mil aventuras, surcaba mares, arriaba velas y capeaba temporales. Hoy, aquel guaje se ha convertido en un hombre que vive en un barco, ha navegado los mares y océanos del mundo y ha participado en importantes regatas como la Mini Transat, la Barcelona World Race, una Transgascogne o La Solitaire du Figaro.
Juan Merediz es mar en estado puro. Tal vez tenga más mareas que años y más salitre que sangre. Dice, y le dicen, que en tierra se apaga su luz y no es difícil de creer. En la mar encuentra la vida, es el hogar al que siempre tiene que volver. El lugar en el que le gustaría acabar sus días.
-¿Qué encuentras en el mar que pierdes en tierra?
-No sé por qué estoy en la mar. No es una elección. Sí sé que, cuando he estado separado de ella, no sólo no lo he pasado bien, sino que no he dado mi mejor versión. Y que cuando, por desesperación o porque no salen las cosas, tomé la decisión de dejarlo, se removió cielo y tierra para que yo estuviera ahí. Siempre me hace volver al inicio: un crío que quiso ir a la mar. Tuve la suerte de vivir en Gijón, cerca de donde ahora hay un puerto deportivo pero que antes era un muelle pesquero y también un desguace. Acabé en la vela por prisa. Si no hubiera tenido tanta, casi con total seguridad, hubiese acabado en barcos de pesca. Fue lo que me permitió navegar rápido. ¿Qué encuentro? La vida. Es mi hogar. Siento la mar en femenino. La veo madre, novia, esposa, amante. A veces como amante celosa y creo que no hay nada más peligroso que esto.
«Siento la mar en femenino. La veo madre, novia, esposa, amante. A veces como amante celosa y creo que no hay nada más peligroso»
-¿Las cosas son más sencillas en el mar?
-Infinitamente más. Hay una palabra olvidada que es honor. La mar es honorable siempre. Me sorprende cuando la gente te dice “es que de repente…”. No, de repente nunca sucede nada. Puedes chocar contra algo que no hayas visto, pero todo lo tienes que ver venir. Te puedes equivocar, eso es otra cosa, pero te están avisando. Buen tiempo, malo, lluvia, sol… Lo bueno y lo malo viene de cara. Esto lo vuelve todo muy sencillo. Es muy honesto. Cuando te sientas con niños a hablar siempre te preguntan por los tiburones. A ellos no se lo digo, pero a los mayores sí: los peores tiburones están en tierra.
-¿Costa o alta mar?
-La costa me cuesta muchísimo. Horrores. Mira, el hermano de mi pareja está en un momento muy, muy límite, casi en su final, y aunque suene tétrico, esto me llevaba a pensar dónde me gustaría acabar. Si palmo en tierra, dios no lo quiera, y tienen que echar las cenizas en algún sitio, tengo que recordarles que ni se les ocurra echarme a la mar desde costa. Que me saquen en barco a la mar de verdad. No quiero que me echen al agua y acabe en la playa.
Lo que me cuesta ahora es estar en tierra. Antes era filosofía, ahora ya es estadística. La gente, cuando me ve en un lugar y en otro, todos me dicen lo mismo: “¡Joder, cómo cambias!”. En la mar estoy de un humor fantástico. Dicen que tengo luz.
-¿Cuántas veces merece la pena intentarlo?
-A finales del 2023 intenté la Global Solo Challenge, una regata de cruceros de vela alrededor del mundo sin etapas. ¡Fue un desastre! Para mucha gente podría leerse como un fracaso absoluto, pero para mí no fue así. El fracaso es sentarte en el sofá y decir “se acabó”. Moverte y luchar no me lo parece. En mi caso es algo necesario. Duele y eso también hace que me vuelva a levantar y me recuerde que no me puedo quedar. Que, si no lo he conseguido una vez, es porque seguramente he cometido errores y que tengo que intentarlo otra vez de una forma distinta. El caso es que el año 2024 fue terrorífico. Un infierno por muchísimas cosas. En un momento dado dije: se acabó. No puedo más. Vendo el barco, pago poco a poco lo que me queda, pero no quiero volver a la mar.
-No lo hiciste… ¿por qué?
-Fue el Juan niño que miraba por la ventana y soñaba con estar en la mar el que me paró los pies. Me dijo “Estás tomando una decisión sin tenerme en cuenta a mí”. Era agosto, lo recuerdo como si fuera hoy. En ese momento pensé en todo lo que me he perdido, en el tiempo que no he estado con mis hijos a los que adoro y por los que daría la vida, en todo lo que he dejado de hacer y ahora, porque algo ha salido mal ¿voy a parar? Si me rindo, ¿qué ejemplo les voy a dar a ellos?
«Ahora que está tan de moda “La Odisea”, de Christopher Nolan te diría que las sirenas, sobre todo sus cantos, son peligrosos porque, todo lo que te adule, malo y, todo lo que te castigue, también. En la mar te enfrentas a tu realidad»
-¿A qué dirías que te ha enfrentado navegar?
-Hay una cosa que llamamos los fantasmas. El que navega solo, nunca lo está. Te pongo un ejemplo: en el año 95, gracias a El Gaitero, tuve el honor y la suerte de poder correr la Mini Transat, una regata de dos etapas en solitario que cruza el Atlántico con barcos muy pequeñitos -de unos 6 metros y medio-. Cuando salí de Madeira y llegaba a la isla de La Palma, recordé que yo no le había dicho nunca a mi padre “te quiero”. Eso me provocó un dolor tremendo porque estás muy lejos, viviendo cada segundo de las 24 horas que tienen los días y no puedes hacer nada con eso. Hasta cuando duermes estás alerta. Si suena cualquier cosa la vas a oír y no tienes opción de dejarlo para después. Tienes que estar. Y cuando flaqueas con ese tipo de pensamientos, tienes que darte cuenta de ellos, conseguir que te entren y que de forma amistosa se vayan porque, si te enfrentas, va a ser un desgaste y vas a tener problemas.
-¿Te pasa lo mismo en tierra?
-En tierra olvido esto que te estoy contando. Estas semanas atrás, que estuve malo, con fiebre y débil, me empezaron a venir un montón de pensamientos que no son agradables y me olvido de que tengo que pararme y decirme: “Un momento. No todo lo que estás pensando es cierto, aunque esté en tu cabeza”. Ahora que está tan de moda La Odisea, de Christopher Nolan (la otra debería estarlo siempre), te diría que las sirenas, sobre todo sus cantos, son peligrosos porque, todo lo que te adule, malo y, todo lo que te castigue, también. En la mar te enfrentas a tu realidad.
«Creo que la naturaleza, en general, cuando tienes la oportunidad de estar de frente a ella, saca lo mejor y lo peor de ti»
-¿Saca lo mejor y lo peor de ti mismo?
-Estoy de acuerdo. Lo que pasa, es que soy muy de Pachamama. Lo que quiero decir es que yo lo encuentro en la mar, pero, cualquiera que vaya a la montaña, va a decir lo mismo. Lo que creo es que la naturaleza, en general, cuando tienes la oportunidad de estar de frente a ella, saca lo mejor y lo peor de ti. Pasan las catástrofes, los incendios, la dana y, tal vez lo que podría decir es que nos humaniza más. De normal, somos tan señoritos que olvidamos que somos animales, pero todas estas situaciones nos llevan al animal que somos. Al final, estamos en un medio en el que podemos morir, aunque lo olvidemos. Cuando veo gente que se va de vacaciones sin respeto alguno a la mar y que todavía se sienten ofendidos si les pasa algo, no consigo entenderlo. Acaba siendo como aquellos chavales que subieron al Angliru en pleno invierno.
-Sí, los famosos “mayorinos del Angliru”…
-Es que es para decir: “A ver chavales, ¿dónde coño ibais?”. Esto daría para mucho debate, pero también es cierto que nos pasan cosas porque nos las merecemos. Hace poco un paisano de origen colombiano o venezolano, no lo recuerdo bien, se compró un barquín superbarato. Creo que lo compró en Gandía y tenía que ir hasta Santa Pola. ¡Sin más conocimientos, sin mirar el tiempo, sin tener experiencia… Nada! Había muy mal tiempo y, evidentemente, se acabó perdiendo. Apareció al cabo de más de una semana con las velas desguazadas, vivo de milagro frente a las costas de Argelia. Al final, acabaron haciendo que fuese un héroe. Sobrevivió dentro de la estupidez más absoluta.
«Soy muy atlántico y me emociona mucho volver al Cantábrico, posiblemente porque es el mío»
-¿Nos falta la perspectiva que te aporta estar en alta mar?
-Sé que la gente vive en la resignación. Mola mucho que nos hayan recordado el tema de La Odisea porque ahora somos como Polifemo, el cíclope. Esto es lo que pasa en redes sociales. Se cortan los audios o las imágenes donde a cada uno le encaja. Muchas veces leo los comentarios que me dejan y me pregunto ¿de verdad habrá visto o escuchado el vídeo? Y, si fuese sólo conmigo, podría entenderlo, pero es algo generalizado sobre cualquier tema. Ya no digamos si es algo relacionado con política. Es impresionante que no seas capaz de tener una perspectiva y decir que esos que te molan a ti no lo hicieron bien, o aquellos, que son los contrarios, lo han hecho mejor y habrá que copiarles. Esto me parece lo lógico en todos los sentidos de la vida.
Hace poco fuimos todos como borregos a ver el eclipse, ¡faltaría más! Pero ves todo lo que se mueve y dices: ¡carajo!, qué fácil es dirigir a la masa. Mira también lo de Ceuta. Lo haya hecho quien lo haya hecho, han sido capaces de movilizar a una locura de gente para hacer lo que hicieron. Con el miedo y la esperanza, los han movilizado como han querido. Lo digo de forma general, como ejemplo.
-¿Qué mar, de todos los que conoces, te representa?
-Soy muy atlántico y me emociona mucho volver al Cantábrico, posiblemente porque es el mío. Y eso que cuando volví de San Agustín (Florida) me dio pal pelo porque las roturas gordas en el barco fueron justo delante de Luarca. Pero me gusta mucho el color, el olor… También tengo que decir que es muy impresionante cuando has visto y tocado el sur. Me refiero al Atlántico, Pacífico Sur, Índico Sur. Pero tuve la suerte de ir a Islandia el año pasado en invierno, y, más allá de que te recuerda cada segundo que no somos nada, me pareció increíble. Si lo pienso, yo, que no volveré a vivir en tierra si puedo evitarlo, mi intención es que, cuando pueda vender este barco, me haré con otro pequeñito y viajaré a los extremos, a altas latitudes tanto del norte como del sur. Como curiosidad, te diré que gente mucho más interesante e importante en el mundo de la vela que yo, sobre todo franceses, cuando dejan el mundo de la regata, todos andan por Islandia, Groenlandia, Noruega y de ahí van a Chile.
«Nunca entenderé lo del planeta Tierra, Debería ser planeta agua o planeta océano. Nunca me lo había planteado así, pero creo que tiene más sentido porque, en tierra, nosotros mismos somos agua»
-¿Planeta Tierra o Planeta Agua?
-Nunca entenderé lo del planeta Tierra. Bueno, también antes el mundo giraba alrededor del humano. Debería ser planeta agua o planeta océano. Nunca me lo había planteado así, pero creo que tiene más sentido porque, en tierra, nosotros mismos somos agua.
-¿A pesar de cómo la tratamos?
-¡Cómo tratamos todo! ¿Cómo tratamos al humano? ¿Cómo nos tratamos a nosotros mismos? No nos cuidamos… Esa perspectiva te la da el agua, pero también la montaña o el desierto. Cuando vas en un barco haciendo una travesía larga, acabas viendo el valor real que tiene un litro de agua. Pasa igual con la comida y eso pone mucho en valor ciertas cosas. Creo que todo el mundo debería pasar quince días en la mar. Tengo una amiga que fue alcaldesa y siempre dice que debería instaurarse un servicio civil-administrativo obligatorio. Que todo el mundo tuviera que pasar por las administraciones, aunque fueran unos meses en su vida, para que entienda ciertas cosas.
-El otro día le preguntaban a Pelayo Gayol si creía que debería volver a instaurarse la mili…
-Como soy de la mar, y partiendo de que no tengo el gusto de conocerlo en persona, pero leo y escucho lo que dice porque me parece que tiene unos valores claros, me voy a mojar diciendo que no estaría de más instaurarlo. Una de las cosas que hemos perdido de manera absoluta es la falta de respeto a la autoridad. Para mí, la profesión más importante es la del maestro. Antes decía que era primero sanidad y luego educación, pero ahora lo he cambiado. ¿Qué profesión conoces que, en su centro de trabajo, tenga un cartel que diga: “Si usted me agrede, llamaré a seguridad”? Es terrorífico, pero pasa en los centros de salud. Por eso creo que hay que empezar por la educación.
«¿Cómo tratamos al humano? ¿Cómo nos tratamos a nosotros mismos? No nos cuidamos… Esa perspectiva te la da el agua, pero también la montaña o el desierto. Cuando vas en un barco haciendo una travesía larga, acabas viendo el valor real que tiene un litro de agua. Pasa igual con la comida y eso pone mucho en valor ciertas cosas. Creo que todo el mundo debería pasar quince días en la mar»
-En el punto social en el que estamos, son cosas que pueden desatar temporal…
-Sé que puedo hacer pocos amigos con esto, pero se ha ido pastoreando mucho y educando en unas líneas determinadas. No estoy hablando de política, que quede claro. Interesa tener controlada a la población. Puede sonar muy antiguo, pero a mí me gusta que me den los buenos días en un ascensor. Yo lo hago. Pero… me voy a complicar más: cuando fue lo del COVID, tuve la estúpida e inocente ilusión de decir “joder, si nos diésemos cuenta de que ponerte la mascarilla es para proteger al de enfrente de lo que yo le pueda transmitir, ya es algo que nos llevamos”. ¡Pero no! Nos la poníamos para protegernos del de enfrente. Justo es eso: convertirnos en enemigos cuando deberíamos ser otra cosa.
-¿Levantar la voz en ese mar revuelto?
-Recuerdo un podcast de Fer Miralles (especialista en oratoria, formador en comunicación y campeón de España de oratoria) que ponía de ejemplo como orador y movilizador de masas excepcional a Hitler. Que quede claro que no estoy haciendo apología del nazismo, sólo estoy hablando de su capacidad, de lo que puedes llegar a movilizar sabiendo hacerlo. Mira lo que están haciendo ahora con todo lo que está pasando en este país. Es incomprensible que no salgamos a la calle. Cuando entramos en la Unión Europea hubo sitios como Madrid a los que les fue muy bien. Pero mira Asturias, Galicia, Cádiz… Los astilleros se fueron a la mierda, la ganadería con la cuota lechera nos arrasó el campo, la minería desapareció. Fueron años de dolor. Siempre digo que soy hijo del sector naval y eso nos hizo ser de una manera. Jamás he sido capaz de ver Los lunes al sol. ¿Para qué, si ya lo vivía?
Antes salías a la calle a luchar por lo que creías que era justo y había unos sindicatos que luchaban, pero ahora van de la mano junto con quien gobierne. No ves una movilización y, cuando la hay, la callan. ¿Cuántas noticias ves sobre la huelga de médicos que todavía continúa? Entras en El País, cero. En el ABC, El Mundo, La Vanguardia… La prensa general lo tapa. Los de un color y los del otro. Y dices, ¿por qué?
«Antes salías a la calle a luchar por lo que creías que era justo y había unos sindicatos que luchaban, pero ahora van de la mano junto con quien gobierne. No ves una movilización y, cuando la hay, la callan»
-¿A cuánta gente que surcó los mares les debemos una parte de nuestra historia?
-A raíz del homenaje que quise hacerle a Pedro Menéndez de Avilés, conocí mucho más su historia y también he ido descubriendo a otra gente que hizo cosas por el mundo. Yo no sabía quién era Isabel Zendal (me sonaba por el hospital que hizo Ayuso), ni Francisco Javier de Balmis, que dio la vuelta al mundo, o José Salvany, que murió por el camino y ella (Isabel) se quedó en México… Aquí ha habido un montón de gente que se ha jugado la vida ya no por el que está enfrente sino por el que está al otro lado del charco. Ahora, cada vez que veo mi vacuna de la viruela, me recuerda que esta gente, literalmente, se jugó el pellejo por los demás. Eran españoles y no hay nadie que defienda eso y no en plan paternalista. Nos están queriendo convencer de que el ecuatoriano, guatemalteco, venezolano, colombiano o mexicano son “enemigos” y tenemos un poder brutal si nos unimos porque somos hermanos y estamos dejando que otros intereses nos separen. Otros, están pensando: “¡cuidado! Que no se cojan de la mano y no se den cuenta de que se llevan bien porque sino…”.
-¿Por eso dices que en España tenemos el problema de que se dejan de contar historias?
-Me encanta el mundo de la publicidad y, cuando ves que te cuentan una historia, te quedas lelo. Yo, que no soy nadie salvo para los míos y que no tengo ni idea de cómo se llevan las redes sociales, de pronto vi que las mías se dispararon y me pregunté ¿por qué ha pasado? Pues es porque cuento una historia corta y es creíble. Dices algo que te ha pasado y lo haces tal cual. Otro tema es que estés o no de acuerdo. Esto me ha dado mucho qué pensar en la línea de lo extraordinaria que es la vida.
Cuando navego solo hay gente que me escribe, que no tiene ni idea del mar, pero que se siente muy identificada conmigo por la situación que vivo porque se encuentran a alguien que parece que se lo pasa bien y que, cuando no es así, se le nota en la cara y lo cuenta. A todos nos ha pasado estar en tierra rodeados de gente y decir: qué solo me siento y qué solo estoy. Ahora mismo, puedo decir que me siento bien en la soledad. Me siento bien acompañado y también acompañando. No es significativo, es decir, no tengo miedo a estar solo conmigo mismo.
«A raíz de la dana de Valencia, conocí a un bombero que se llama Antonio y tiene una frase maravillosa: “Somos buenos, pero no infalibles”. El miedo es una herramienta que te tiene que servir para estar atento. Somos buenos, vale, eso es confianza, pero ¡cuidado! Tan negativa puede ser una cosa como la otra»
-Pero, ¿la soledad realmente existe?
-¡Ojalá lo estuviéramos! Creo que el problema es que nadie puede llegar a estarlo porque siempre tienes una voz dentro que te está hablando. Son esos fantasmas que te dicen permanentemente que no eres capaz, que no vales, que el otro es más fuerte que tú. O al revés, que tú puedes con todo. Tiene que haber un momento para todo y todo en su justa medida. Creo que el problema es la gestión de la falta de soledad. En lo que yo me dedico, como en cualquier otro tema, la palabra mágica es miedo. Es la otra pregunta habitual que te hacen: “¿no sientes miedo?”. Pues en la mar, no. A veces lo hago bien, otras mal. ¿Alguna vez ha estado ahí? Claro que sí, pero rápidamente lo he intentado corregir.
-¿Miedo o respeto?
-De chiquillo yo tenía pánico a la oscuridad, tenía que dormir con la luz del pasillo encendida. Hasta que no eres tú mismo el que la apagas, nadie puede hacerlo por ti. Lo que siempre decimos en la mar es que lo que nunca puedes perder es el respeto.
A raíz de la dana de Valencia, conocí a un bombero que se llama Antonio y tiene una frase maravillosa: “Somos buenos, pero no infalibles”. Me la he tatuado. El miedo es una herramienta que te tiene que servir para estar atento. Somos buenos, vale, eso es confianza, pero ¡cuidado! Tan negativa puede ser una cosa como la otra. Siempre digo que yo soy extremo del centro, y ese centro lo marco yo donde a mí me rola porque soy marino. Derechas, izquierdas, lados… ¿Dónde están? ¿Quién los marca? Tenemos que ser cada uno de nosotros y, entonces, nos llevaríamos mucho mejor.
-¿Por qué?
-Porque habrá cosas en las que discutamos y eso es apasionante y muy bonito. En otras, estaremos de acuerdo y nos daremos abrazos y besos, pero nunca acabaremos dándonos bofetadas. Podremos dar voces, preguntar por qué alguien te dice algo, pero no pasa nada por reconocer que, tal vez, el otro tiene razón; volvemos a lo mismo de antes, el miedo a que otro tenga razón, a tener que decirte a ti mismo: ¡joder, estaba equivocado! Es apasionante poder hacerlo.
«La mar te obliga a decidir. Cuando en cualquier sociedad tienes gente que es capaz de tomar decisiones, todo va mejor porque necesitamos la figura del líder»
-¿El mar forja caracteres fuertes?
-Cuando estoy en la mar y voy con gente disfruto mucho, pero reconozco que puedo llegar a ser extremadamente duro, tajante en ciertas cosas cuando te das cuenta de lo que está sucediendo. Esa parte no es mala, pero hay mucha gente que no la acepta porque les da miedo. Falta eso que hablamos antes de la educación. No estoy diciendo que tengamos que volver a que un profesor te dé una colleja, no me refiero a eso. Jamás le he puesto un dedo encima a una persona entrenada por mí. Pero sí creo que se puede educar desde la firmeza. Cuando vas a cualquier tipo de guerra, y la vida lo es, siempre piensas: ¿a quién querría tener al lado?
-¿Por qué dices que el mar es una gran escuela de líderes?
-Es una teoría muy mía que no la discutiría con nadie. La mar te obliga a decidir. Cuando en cualquier sociedad tienes gente que es capaz de tomar decisiones, todo va mejor porque necesitamos la figura del líder. Defiendo muchísimo que los chiquillos naveguen y soy muy crítico con los entrenadores y monitores en el sentido de la importancia que tiene el que eduquen. Hace poco tuve la suerte de coincidir con una chica que empezó a navegar conmigo cuando tenía 14 años. La formación la terminó a los 18 y ahora tiene 37. No sabes el gustazo que me dio ver que sigue navegando, cómo ha crecido profesionalmente, y cómo, cuando han venido malas, ha sabido capearlas porque la vela le permitió tener unos valores, una resiliencia. Dando cancha a mi ego, poder decir que 22 años después todavía tengo contacto con ella y alguno más y que reconozcan todo lo que les enseñé y ayudé, es señal de que algo hice bien.
-¿Por qué mucha gente piensa que lo de navegar es para gente con dinero?
-En esto tenemos un enorme problema producto de la estupidez española que es habitual en ciertas cosas. Hay una mentalidad bastante extendida de que esto es de ricos. Dile tú a un paisano de la ría, a alguien que trabaja en un astillero, a un marinero que marcha temprano a la mar o a una paisana que está haciendo redes que esto es un mundo de pijería. ¡Qué va! Esa mentalidad tiene más que ver con la náutica. Es verdad que hay mucha gente con pasta en este mundo, pero mejor porque así podemos vivir mucha gente alrededor. Yo vivo en un barco pequeñito de regatas que es muy antiguo y tengo un vecino de ochenta y pico años que vive en un barco que no llega a 6.000 euros. Otra cosa sería plantearse si vive ahí por gusto o por necesidad, pero la gente no piensa qué tiene que hacer para poder acceder a esto. Leo mucho en mis redes sociales esto de que soy un señorito, rico, millonario… Normalmente no contesto a esta estupidez. Sólo te puedo decir que hay días que empiezo a trabajar en una vela a las seis de la mañana pasando un calor de muerte. Si esto es de ricos… Soy un trabajador como otro cualquiera.
-¿Hay alguien en el mundo del mar al que quieras de manera especial?
-Tengo la suerte de tener una amistad sincera y muy querida con Jorge Uría que tiene un podcast fantástico llamado “A son de mar”. Él es hijo de Suso “el de La Emperatriz”. Siempre digo que, cualquiera que busque el primer capítulo que hicieron, en el que lo entrevista cuando tenía 95 años, acaba llorando. ¡Es una maravilla! Yo le pedí permiso a Jorge para poder llevar en mi barco una estrella de seis puntas que siempre llevaban en sus embarcaciones él y su hermano. Para mí era un dios que caminaba sobre las aguas y era una forma de tenerlos cerca de los dos. Murió este año con cien años y dos días. Hubiera querido navegar con él.
Una de las mejores cosas que he hecho en mi vida es convencer a Flor Guardado, directora del Puerto Deportivo de Gijón, de la importancia de poner una placa en el pantalán donde Suso tuvo a La Emperatriz tantos años. Hacerle un homenaje me parecía algo fundamental y necesario. Es muy chiquitita, pero ahí está puesta en su honor. Yo no pude estar el día que lo hicieron, pero sé que estuvo él con sus hijos, cantaron La Salve Marinera y fue un momento muy emocionante para todos. Todo el mundo habla bien de él y era un marino excepcional. Ojalá pusieran una calle a su nombre porque, realmente, se lo merece.