El operador dice que “parece” que está en chino y sugiere la posibilidad de traducir al español. Ciertamente no sólo parece escritura china, lo es; pero si el operador informático no lo identifica con seguridad, ¿qué esperanza podemos tener de que lo exprese bien en castellano?
Es éste un ejemplo sencillo para cuantos se fían de las máquinas en tareas que piden cerebro humano. Algunos resultados dan la risa. Serie policíaca “Mindsomer murders”, el inspector jefe Tom Barnaby interroga a una señora, que le responde ofendida: “Nosotros somos cristianos, creemos en Dios y la intersección de Jesús”. El causante de tal traducción ha sufrido al parecer una intersección eléctrica, vulgarmente cruce de cables; necesita de nuestra piadosa intercesión para librarse de castigo.
A veces el sistema se lía él solito, sino ya me contará usted cómo se pueden generar dudas de este calibre:

Claro que en ocasiones liamos la historia nosotros mismos; qué va a pensar el pobre aparato si el periódico se cambia a sí mismo de género y se define como “diaria de la mañana”

Es tarea difícil llenar páginas cada día con información contrastada y expuestas de manera clara. Muchas veces con escasos efectivos en las redacciones, así que hay que correr, como consecuencia se deja escrito: “…En concreto, pretende revisar las liquidaciones económicas del dúo y comprobar que las cantidades recibidas por cada uno corresponden a lo que les correspondía”. (Crisis Andy y Lucas)
Se informa de que un matrimonio de policías en situación de descanso detiene a un tipo que estaba en búsqueda y captura. La noticia se presta a juegos ingeniosos, porque el fugitivo es detenido en “El Fugitivo”; el redactor subraya que “según los testigos la pareja se encontraba completamente fuera de servicio”. ¿Se puede estar fuera de servicio en parte?
En Diario de León suelo leer la columna de García Trapiello “Cornada de Lobo”. Son los García Trapiello gentes artísticas o eclesiales, según dé el aire. El más famoso de la familia, Andrés, se ha librado del García a efectos publicitarios, pero de raza le viene al galgo.
O al lobo, como el caso del columnista, Pedro. Cuenta en la última que heredó la afición de la prensa de un tío, que andaba por donde ponían a los aprendices; primero a cortar teletipos y luego a Sucesos. Explica que en ocasiones ayudaba al pariente y eso le dio ocasión de leer partes de casas de socorros, accidentes de tránsito y expedientes de la Guardia Civil.
No era este cuerpo un ejemplo de ilustración en tiempos de Franco, de modo que los partes eran con para enmarcar. Señala las dificultades del encargado para dar ciertas noticias de modo que no se alteraran con sus palabras buenos usos y costumbres, en particular cuando tuvo que redactar el informe de la detención de “un varón de 37 años, carpintero, borracho, sorprendido a las tres y media de la tarde intentado abusar de una pollina estacada en La Virgen del Camino”.
El uso de palabras adecuadas también se atasca, lógicamente, a los comerciantes chinos; en estas páginas sonreímos frecuentemente con sus rótulos; originales unos, como el que avisa (sic) “Artículos de cristal no se descabian porque no se descambia. Gracias”. Claro que también en la distribución nacional se ponen a altura similar, en la colección de fotos tengo una, mala de reproducir porque está desenfocada, donde un Mercadona anuncia una considerable rebaja en el precio, -quedaría a 1’19 €-, el Turrón Chocho Crujiente. Sorprendente producto, como el caso del almacén oriental que vende un “cuchillo felador”. Casi da miedo

Quizá el Instituto Confucio de León se ha hecho consciente del problema y ha establecido lazos con el Ágora de la Poesía. La colaboración entre ambas entidades se manifiesta en el acto conjunto que realizaron el 25 de septiembre, y es el origen del cartel.


