Se asustaba el Lazarillo porque en el entierro que pasaba por su calle anunciaba la viuda a grandes voces “Marido y señor mío, ¿a dónde se os llevan? A la casa triste y desdichada, a la casa lóbrega y obscura donde nunca comen ni beben”. Como pasaba mucha hambre en aquel empleo alarmaba a su patrón: “Oh señor, que nos traen acá un muerto!”
El autor de la vida de Lázaro de Tormes se mantuvo anónimo por cuidado de la Inquisición, no hay duda de que era hombre culto, porque esta historia procede de un antiguo cuento sufí donde un niño que tampoco comía mucho hacía la misma advertencia a su padre. Y antes en El asno de oro. Teléphoron dice que “en esta casa que está de luto no se enciende el fuego”; o sea, no se cocina.
Ahora se entierra menos, pero el mundo de los muertos sigue considerándose lóbrego y obscuro, como si realmente los cuerpos no desaparecieran y llevaran otra vida. Son las leyendas del Hades y otras que citan siniestras moradas eternas. Por lo menos se procura que haya paz, quizá por eso en Galicia vedan la entrada a vehículos que no sean de residentes en el cementerio, según se ve en la foto de portada.
Solemos avisar a familiares y amistades de la pérdida del ser querido mediante la publicación de esquelas, que en ocasiones sirven también para reivindicaciones sociales.

Cuando se trata de óbitos humanos van los anuncios desde la máxima sencillez al gran aparato, según la personalidad de quien las encarga. A falta de fotografías identificativas, se suele subrayar la personalidad de la persona difunta citando el pueblo de procedencia o naturaleza, el mote, la profesión, su negocio o la empresa para la que trabajó, o los ascendientes, como informan desde Pola de Siero sobre el adiós a Tere, “hija de María La Carlista”.
Entiendo que se ponga como referencia la ocupación, verbigracia “Maquinista de Renfe”, o un sencillo “El Médico”. Me parece bien identificar a “Luisa La Castañera” de Noreña, pero desconozco el mérito de citar a un “Miembro del COE 72”. (Como ya no se hace la mili, traduzco COE: es el Cuerpo de Operaciones Especiales, actividad voluntaria entre quienes fuimos obligados a perder año y medio de estudios o trabajo). Y ya dejo sin calificar, a gusto del amable público, la esquela del finado joven Gajousky que subtitulan “forofo del Barça”.
El mote había ayudado en el pasado a identificar a Fumanchú en Turón, Toño El Bocadillo de Trubia, El Vikingo en la Barriada de San Antonio en Ciañu, o Manolín El Cordionista, de Mieres. En este año tenemos que lamentar las pérdidas de J.L.F.A., El Guapu de Figaredo. En la misma localidad tenía un homónimo Colombo, famoso detective de TV. Algunos apelativos son bien sorprendentes, como F.A.C.F., que seguía siendo El Nenu aunque nos dejó con 90 años. Pero, por encima de todos, mi respeto hacia G.A.T., El Bueno, fallecido este año en Oviedo.
Entiendo que se ponga como referencia la ocupación, verbigracia “Maquinista de Renfe”, o un sencillo “El Médico”. Me parece bien identificar a “Luisa La Castañera” de Noreña, pero desconozco el mérito de citar a un “Miembro del COE 72”.
Purpurina era el sobrenombre de la fallecida esposa de un periodista aficionado de Langreo, que firmaba las páginas de El Delfín del Nalón. Periodista profesional era Don Z.G.M.V. que en junio nos dejaba asegurando que “me voy en contra de mi voluntad”.
Los epitafios y recomendaciones son variados, así no nos sorprende que, de Titita (98 años), aseguraran sus familiares “te echaremos de menos”, porque era “trabajadora incansable”. Un caballero de Langreo dicta la esquela de su marido y, además de la cada vez más habitual recomendación de no gastar dinero en flores, “entréguenlas a una buena obra”, aconseja presentarse en el tanatorio, “vestido adecuadamente”.
Don Misael Campo deja escritas para la posteridad dos esquelas, en una hace constar a su “adorada mujer”, a su “amada madre” y una larga lista de familiares su agradecimiento “por ser y estar”; en la otra reflexiona y se alegra de que “al final de una endiablada disputa contra el güisqui conseguí restablecer mi dignidad”. Creo que es bueno hacerse eco de su triunfo, al igual que es interesante señalar que la tensión habitacional llega al camposanto, como se ve en el anuncio que recogemos, donde hemos borrado el número de teléfono porque no pagan la publicidad.

La última morada suele ser también objeto de exposición al escrutinio público. En la larga lista de cementerios recorridos, cito esta vez el de Cluj, capital de la Transilvania. Fueron tierras ocupadas en su momento por el Imperio Austro-Húngaro, del que no guardan buenos recuerdos, quizá por eso las tumbas hungáricas, con su parcelita delante, están protegidas con verjas puntiagudas, para que los muertos rumanos no las okupen. Tienen en general una curiosa particularidad, frente a las lápidas han colocado un banco, como los del parque, para que los visitantes puedan sentarse a charlar con los yacentes. Suelen ser conversadores silenciosos, que nunca llevan la contraria.

Otro día comentaremos más particularidades, que por hoy se va haciendo esto largo. No me abstengo, no obstante, de hablar de la última modernidad, hasta ahora no vista en ningún jardín del último adiós. Para su desgracia, falleció Roxana Sipos muy joven; en su panteón la foto como jugadora de balonvolea y el recuerdo de sus compañeros del 8º curso del Liceo, promoción 2020; pero el detalle más sorprendente son los códigos QR, a partir de los cuales se puede ver en YouTube un resumen fotográfico de su existencia breve.

Uneori, vieţile scurte ne învaţă lecţii pe care anii un le pot aduce. En ocasiones, las vidas cortas nos enseñan lecciones que los años no nos pueden traer. Paz a los muertos, consuelo para sus familias y sus amistades.

