Leo el sumario que encabeza este artículo y lo primero que me llama la atención es el uso de la “rr”; no suele ser habitual, se ve por ahí, por ejemplo, “Taller. Autorecambios”, cuando lo que quieren decir es autorrecambios, notable holgazanería léxica para expresar que venden recambios de automóvil.
Sin embargo, volviendo al texto, me sorprende que definan al árbitro como “autorresponsable”, ¿quiere decir el Comité de competición que es responsable de sí mismo? Parece que eso sería lo normal en una persona adulta; los árbitros, siempre lo pensé, son de otra pasta, sólo así se entiende que salgan cada domingo dispuestos a ser amenazados y a que les den recuerdos para su señora madre. Cuando no ver el coche pinchado o ellos mismos perseguidos a paraguazos.
Pero claro, luego lee uno el artículo con detenimiento y observa que el texto oficial dice “autor responsable de una falta grave”. Así, con espacio por medio, se entiende mejor, ¿Y cuál era el grave fallo? No saber contar. Permitió el señor colegiado que el Langreo hiciera seis cambios en lugar de los cinco reglamentarios. Como colaboradores necesarios se cuentan al entrenador de los langreanos (cesado), al delegado de campo, al presidente, al juez de línea y al público que no silbó la tropelía.
Dejamos esto de contar, pesar y medir a las máquinas, que no siempre son de fiar. Cada vez que viajo suelo sondear los precios de los hoteles, día a día más disparatados, a través de una agencia; tiene sede en Ámsterdam, por eso no es de extrañar que cometa tropelías como la que sitúa un hotel que está cerca de Guzmán el Bueno, al otro lado del puente, a ¡28 kms. del centro de León!

Como buen ciudadano y cliente habitual de la compañía, intento hacerles llegar la información para que rectifiquen. El procedimiento no es nada sencillo; cuando al final consigo emitir la nota, de manera automática me responden: “Paga 1 € y un Técnico te responde en minutos. Consultas ilimitadas a técnicos. Prueba 3 días por 1 €. Después, 35 €/mes. Cancela cuando quieras”. Hombre, ¡pero si sois vosotros los que tenéis el error! O sea, Artificial puede, Inteligencia lo dudo.
Un déficit terrible que nos amenaza es el uso de la IA para traducciones. Si ya las aplicaciones normales daban versiones de risa, las que se produzcan a partir de ahora serán patéticas.
Quiero empezar por las próximas, las de las lenguas ibéricas. El catalán, que ahora se empieza a normalizar; escribía Arturo Román a finales del año pasado la observación de que el aeropuerto, que justo acaba de llegar al pasajero 2.000.000, y que amplía internacionalidad, ha hecho cooficial el catalán antes que el asturiano. “En la cafetería de llegadas se lee: Amanida de pollastre, peça de fruta, dots azucarado, yogura natural desnatat Pastoret”.
Pero ya se habían adelantado los de la línea de autobuses Sama-Gijón, ejemplo de retraso en los horarios y de adelanto en esa moda internacionalista. Bien a la vista de todo el pasaje els consells de seguretat. Se agradece.

Las lenguas pueden en ocasiones ser equívocas, porque hay palabras que parecen ser amigas, pero tienen significados bien diferentes. Carmen Martín me envía una foto que traduzco en aras al buen nombre de la página; simplemente dice Clínica del pie.

Ahora, la buena, la gorda, es la trampa que han intentado colarnos los gerifaltes de Junts. Han votado contra los decretos de vivienda; para justificarlo alegan, entre otras cosas, haber recibido un montón de correos de pequeños tenedores de pisos rogándoles que eviten regulaciones. Pero se les ha visto el plumero de falsificadores, todo era una maquinación a través de IA y las máquinas todavía no tienen sensibilidad semántica. Así como en castellano la palabra “tenedor” señala por igual al instrumento para comer que a la persona que lleva contabilidades o posee varios pisos, tenedores ambas de libros o habitáculos, en catalán se usan dos términos diferentes.
Estos señoritos junteros que nos han dado la matraca con llevar el catalán al parlamento europeo parece que desconocen su propia lengua, los correos son firmados por forquetas, que sí son tenedores, pero diferentes. Veamos, diccionari.cat, leemos: Forqueta= forquilla. Estri de fusta, d’argent, d’alumini, etc., en forma de forca, amb dues, tres o quatre puntes, el qual serveix per a agafar la vianda i portar-la a la boca, tallar-la, etc. O sea, herramienta de distintos materiales para llevar la comida a la boca.
Tenedor de pisos, estimados señoritos manipuladores, esa figura que para llevar la comida a su boca nos quita una parte de nuestro pan, se dice de otra manera: “tenidor d’habitatges”. ¿Vale? De res. Ahora hagan el favor de reconocer su trampa. Y no mientan, que irán al Infierno.

