Si no sabes, no opines

“La sabiduría no viene de la edad, sino a partir de la educación y el aprendizaje”
(Antón Chéjov)

Y es que la vida es un ensayo, pero cuando ya estamos a punto de realizar la función nos encontramos con que no tenemos tiempo.

“Cuando aprendí el juego se acabaron las monedas”, dice Carlos Goñi en una canción.

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Así es que conviene aprender un poco más rápido para poder afrontar todos los tropiezos que nos van a ir saliendo al paso. Para mí, la mejor fórmula no es el “ensayo y error”, que sí, que es una forma de aprendizaje básica y útil, sin duda alguna, pero lenta.

Benjamin Franklin lo expresó de la siguiente forma: “Deberías aprender de los errores de otros, porque nunca tendrás tiempo suficiente para cometer todos esos mismos errores tú mismo”.

Y es que para aligerar el aprendizaje lo más útil es la lectura y el camino: conocer, oler, observar otras culturas, experimentar…

Sorprende, por tanto, que algunas personas crean que pueden opinar sin haber leído un libro en su vida, ni visto una gran película para comentar, que el tiempo de la escuela ha quedado muy atrás y que te largan: “mi opinión es tan válida como la tuya” y se quedan tan frescos.

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Vamos a ver, de verdad, no es así. Hay gente, mucha gente, que no ha salido de su entorno o ha salido poco, que no ha leído un libro y no se ha sentado en un aula más allá de lo puramente obligatorio, que no ha viajado, que no busca el conocimiento porque no le interesa y que todos los días de su vida transcurren de la misma manera… Entonces ¿en qué conocimientos y experiencias se va a basar para opinar?

Y es que para opinar sobre un tema se necesita información previa, comprensión del contexto, pensamiento crítico y argumentos basados en datos o razones.

Es, por ello, que muchas discusiones, son inútiles porque hay una parte que se niega a contemplar una idea que no es la suya. Y dice: “Así me lo han enseñado en mi casa” y ya queda claro que desde entonces ni quiso ni tuvo más enseñanzas. A veces respondo con algo de sarcasmo y digo: ¿Entonces a partir de ahí no has aprendido nada?

Y luego están los que se jactan de no haber leído un libro en su vida. Que no son pocos.

Y es que la vida es un aprendizaje constante, años de entrenamiento para meter la pata lo menos posible, adquisición de habilidades sociales, aprendizaje de modos y maneras de ser asertivo, tener en cuenta lo que no se debe decir.

David Bustamante lo dijo de la siguiente forma: “Todos tenemos un espejo en casa y nadie necesita que le digan si ha engordado o ha adelgazado. Es mejor respetarse y, si no se tiene algo positivo que decir, es mejor cerrar la boca”.

En este sentido he aprendido muy bien la lección que un día encontré en el contexto de una historia real:
Enrique, con todo cariño, se pasaba las horas muertas trabajando en una goleta de madera. A mí me parecía preciosa. Con un casco, sus velas, sus cañoncitos. Todos los días, por la tarde, como por casualidad, me dejaba caer por su chabola para ver cómo avanzaba la construcción.
– Jo Enrique, ¡qué bonita es!
– ¿De verdad te gusta? ¡Pues menos mal que le gusta a alguien!
– Tienes que pensar un nombre bonito para ponérselo.

El autor de esta vivencia es Félix Novales que era el que hacía las preguntas y no era capaz de entender que Enrique le dijera que era el único al que le gustaba. Con los años, dice que éstas como tantas otras cosas se fueron clarificando.
Porque, el amigo de Enrique, el amigo de siempre, nunca le hizo ninguna apreciación. Nunca le dijo lo bonita que era.

Y es que si no somos capaces de decirle algo positivo a una persona que se está esforzando en hacer algo, sería conveniente que revisásemos nuestra conciencia. En este sentido Oscar Wilde lo expresó de la siguiente manera: “Cualquiera puede simpatizar con las penas de un amigo, simpatizar con sus éxitos requiere una naturaleza delicadísima”.

Hay una frase, de esas que tengo recogidas en mis “libretas de vida” que dice así: “Muy grandes deben ser mis errores y muy pequeñas mis victorias, los errores todo el mundo los ve, mientras que mis victorias por nadie son mencionadas”. Siento no tener la autoría.

Poco a poco, a través de lecturas, vivencias, música, experiencias estoy aprendiendo a vivir. Y, evidentemente, he aprendido mucho del contacto con la gente, con mis pacientes. Cuando las emociones afloran y eres capaz de ponerte al otro lado de la mesa, de meterte dentro para imaginar cómo me sentiría yo en esa situación, es entonces cuando comienzo a entender otras formas de pensar y de sentir.

La primera vez que leí a Schopenhauer, en el libro El arte de vivir fue cuando yo tenía unos 40 años, quizá menos y confieso, con cierta dosis de vergüenza, que me reía muchísimo, nunca me había reído tanto leyendo a un autor. Me parecía muy crítico, demasiado. Pero con el paso del tiempo llegué a encontrarme con situaciones, personas, y otros autores que decían lo mismo aún siendo considerados pensadores positivos como Bertran Russel.

Y es que la vida es un aprendizaje, un arte, y a medida que uno va aprendiendo se da cuenta que los sabios pueden orientarnos en el camino. Porque lo que yo leía y me producía risa lo fui encontrando en la vida.

Nadie le decía a Enrique lo bonita que era su goleta ¿por qué?
No lo puedo entender, creo que hay que ir por la vida diciendo cosas bonitas porque con un lenguaje positivo las relaciones fluyen de una forma más confortable para todos.

Pongo un ejemplo que vi hace poco vía internet: era la visita de la Reina Letizia a no recuerdo qué lugar y se la vio hablando con la gente y con los niños. Les preguntó algo respecto a sus preferencias entre los móviles y la lectura (la reina no pierde ocasión de hacernos ver los beneficios de la lectura).
Pues miré, por curiosidad, los comentarios de la gente y me encontré con algunos críticos, incluso algunas decían cosas como: “ya habló la lista” y cosas por el estilo que me parecieron de muy mal gusto. Es más, tendríamos que agradecer esos consejos de la Reina Letizia que siempre se muestra próxima y siempre son sabios sus discursos.
Yo no entiendo porqué hay este descaro, no entiendo porqué la gente desdeña, además con acritud, este tipo de orientaciones.

En fin, Schopenhauer lo expresó de la siguiente manera: “Es verdad que los sabios de todos los tiempos han dicho, en términos generales, siempre lo mismo, pero no menos lo es que los necios, o sea, la inmensa mayoría de la gente de todos los tiempos, han coincidido entre sí, a saber, en hacer lo contrario”.

Y mucho me temo que así seguirá siendo.

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