Este año, el Campeonato Mundial Nordic Walking Inwa 2026 celebrado en Lahti (Finlandia) del 11 al 13 de septiembre ha tenido sello asturiano. A sus 71 años, Josefina Collado Huergo, fundadora del Club Marcha Nórdica de Gijón, ha conseguido medalla de oro en 5 kilómetros y medalla de plata en 10 kilómetros en la categoría W70.
Es, como ella misma dice “una entusiasta de la vida”. Sin verle la cara, sabes que está sonriendo. Por su tono de voz, su entusiasmo, su energía, te das cuenta de que lo está haciendo. No hay doblez. Josefina no entiende la vida sin movimiento. Tampoco sin pensar en los demás ni en construir acciones que puedan mejorar el bienestar de las personas. Dice que heredó de su madre esa sonrisa permanente y una paciencia casi infinita. De su padre, la pasión por saber y el interés por conocer. Una buena mezcla.
Hace unos años fundó el Club Marcha Nórdica de Gijón desde el que imparte formación a todos aquellos que quieran iniciarse en esta disciplina que produce un bienestar integral y es apto para cualquier tipo de persona.
-¿De dónde surge tu pasión por el movimiento?
-Estudié magisterio, hice la licenciatura en pedagogía y saqué mis oposiciones como funcionaria. Siempre me encantó leer, estudiar y formarme. Herencia de mi padre, toda mi vida he tenido interés por casi todo. Por otro lado, siempre se me dio bien el movimiento y el ejercicio. Desde niña, mi asignatura preferida era gimnasia y me ponían matrícula de honor.
Estos días, cuando hablo con antiguos alumnos del colegio en Gijón, al que llegué en los ochenta, me dicen: “Fuiste un huracán de aire fresco en nuestras vidas”. Cuando les pregunto por qué, me dicen que hice algo que nadie hacía (yo era muy inquieta, tenía vivo ese sentido de hacer cosas y aportar a los demás). Vi que en las actividades extraescolares del centro faltaba algo. Había deporte, pero encontré un vacío importante. Le pregunté a la dirección si me permitían dar una actividad a la que llamé “expresión corporal”.
«cuando me jubilé, pensé: con la cantidad de tiempo que dispongo y dentro de las disciplinas que conozco, voy a ver cuál se adapta mejor a mí. Encontré la marcha nórdica. Investigué mucho, pregunté, me formé y decidí de que iba a ser mi disciplina del futuro»
-¿Casi como si te “inventases” una nueva actividad?
-Me llevé al colegio uno de aquellos radiocasetes enormes que tenía en casa. Les ponía música sinfónica o de ballet, yo me movía y ellos replicaban esos movimientos. Acababa la jornada escolar y, tanto ellos como yo, marchábamos fenomenal para nuestras casas. Nos recargábamos de energía.
A los 60 años, cuando me jubilé, yo sabía que la calidad de vida de los 20 últimos años de una persona depende de lo que haya hecho por sí misma y de lo que se mueva. Así que pensé: con la cantidad de tiempo que dispongo y dentro de las disciplinas que conozco, voy a ver cuál se adapta mejor a mí. Encontré la marcha nórdica. Investigué mucho, pregunté, me formé y decidí de que iba a ser mi disciplina del futuro.

-¿Cuál fue la razón para llegar a esa conclusión?
-Por algo esencial. Quería un deporte al aire libre y que fuese estructurado, con técnica. Cuando empecé, busqué lo mejor y me formé con los maestros alemanes que lo trajeron aquí. Bernd Goldschmidt y Eveline Feussner, de la Escuela Nordic WalkingALFA (ENWA), fueron los que lo trajeron a España en 2005 y son mis mentores. Este deporte surgió en Finlandia en 1930 y por eso quise participar este año en el campeonato. Me hacía ilusión ir al origen.
En el mes de abril subí un reel y por la mañana, cuando me levanté, me había escrito Marko Kantaneva (finlandés licenciado en ciencias de la actividad física y el deporte conocido por ser el creador y promotor de la marcha nórdica). Que alguien como él te diga que es hermoso lo que estamos haciendo en Gijón fue casi como entrar en éxtasis, brutal. Nunca lo hubiera soñado. Esto me hizo darme cuenta de que estaba en el buen camino, me lo tomé como una señal de que tenía que ir a Finlandia a participar en el campeonato.

-¿Dirías que la marcha nórdica te transformó?
-Me formé y vi los beneficios reales que aportaba. Empecé a mejorar muchísimo físicamente, mi ánimo se levantaba y era feliz, así que me di cuenta de que este deporte era una bomba. Como te decía antes, hay días para todo, pero soy muy disciplinada y tengo mucha voluntad para hacer las cosas, aunque me cuesten. Aunque un día no me apetezca hacerlo, cojo mis bastones, miro al cielo y me digo “para adelante”. Cuando llevo veinte o treinta minutos soy otra persona, es como si me transformara. Me lo dicen también las personas que vienen conmigo. Te cambia el estado anímico, ya no sólo es bienestar físico, también es mental. Fíjate que nosotros entrenamos los jueves y siempre mi tienen que avisar de que se acabó el tiempo de la clase porque se nos pasa volando.
Esto vale para cualquier edad. En el club tenemos a una niña de once años que viene con su abuela de sesenta y pico y también tenemos a Sole, nuestra senior que se incorporó el año pasado y que en diciembre cumple ochenta y seis. ¡Me gustaría que la vieses! En los entrenamientos convivimos a modo intergeneracional y, mientras, trabajamos fuerza, equilibrio, coordinación… ¡Nos lo pasamos bien!
-¿Por qué está considerado un deporte tan completo?
-En la marcha nórdica no te apoyas, te impulsas. En esa acción, te fatigas menos, casi no cargas las articulaciones y, con el dominio pleno de la técnica, llegas a movilizar el 90% de la musculatura. Piensa que se basa en el esquí nórdico, que es el deporte más completo que existe.
Cuando Marko Kantaneva diseña los bastones y empieza a definir la técnica, corrían los años 60-90. El deporte llegó a Centroeuropa, ahí se expandió y se estudió detenidamente. En la Universidad de Mainz, Alemania, se hizo un estudio muy minucioso y fueron los que después trajeron la técnica a España y con los que yo me he formado.
«En la marcha nórdica no te apoyas, te impulsas. En esa acción, te fatigas menos, casi no cargas las articulaciones, y con el dominio pleno de la técnica, llegas a movilizar el 90% de la musculatura»
-Como actitud de vida, ¿valorar lo que puedes hacer y no quejarte por lo que no puedes hacer?
-Siempre digo: agradezcamos. Puede ser de palabra, con gestos o acciones, pero hagámoslo en vida. Yo recuerdo tanto agradecer a mis padres lo que se esforzaron para que yo estudiase de niña… Me siento infinitamente mejor haciéndolo. Ves la vida y valoras todo de otra manera. Hay días para rubios, morenos, pelirrojos… ¡Para todos los gustos! Cuando tengo ese día malo, pienso: “Dios proveerá. Mañana será otro día”. Pensar así me ayuda a transitar por la vida.
Recuerdo que, cuando todavía estaba dando clases, la madre de uno de mis alumnos me dijo una frase que nunca olvidé y que la he repetido cantidad de veces. “La felicidad está en la conformidad”. Yo soy muy creyente y siempre pienso que las cosas que llegan a mi vida lo hacen por voluntad divina. Si llega algo, lo tengo que aceptar y adaptar. Esto no quiere decir que lo asuma y no haga nada. Tengo que ver cómo lo abordo y lo resuelvo. En cualquier ámbito de la vida, cualquier revés, disgusto o contrariedad hay que canalizarla en base a nuestra forma de ser y pasar a la acción.
-¿Cómo puede ser que deportes tan beneficiosos sean tan minoritarios y desconocidos?
-Yo he ido a Finlandia sin el patrocinio de nadie ni el apoyo de ninguna institución. Alguna vez me han ofrecido alguna cosa, pero nunca lo he aceptado porque no es mi objetivo. Yo no vivo de esto y somos un club sin ánimo de lucro. Por supuesto que aceptamos colaboraciones económicas porque hay que pagar los seguros y unos gastos mínimos, pero el espíritu del staff que hemos montado este grupo humano, es generar bienestar. Yo tengo un lema que es “Gijón intergeneracional y saludable”. La gente se sorprende cuando les digo que llevo seis años haciendo esto y que, si una persona me pregunta si la formo para competir, lo hago. Pero, usando una expresión muy coloquial, he estado picando piedra durante mucho tiempo. Preparándome a mí misma a todos los niveles. También es cierto que tengo las herramientas y los conocimientos técnicos para poder hacerlo. Ahora puedo decir que estamos difundiendo la marcha nórdica en Gijón, España y fuera de nuestras fronteras gracias a haber ganado el campeonato.



-¿Pensabas que podías ganarlo?
-En ningún momento. Era consciente de la dificultad que iba a tener porque el nivel de la gente que participa es muy alto y, en un evento de estas características, dependes de cosas que tú no controlas. Mi objetivo era acabar la competición y no tener fallos técnicos porque, a la tercera tarjeta amarilla que te saquen, te ponen una roja y quedas descalificada. Nunca soñé con un oro ni con una plata. Para mí, participar en la cuna del deporte que he escogido, era un reto vital. Nada más.
-¿Cuánta importancia tienen las pequeñas acciones?
-Si vieses mis manos, te darías cuenta de que tengo una artrosis severa. Igual que en otras partes del cuerpo que no se ven. Hace unos años tuve una lesión importante por una caída en el pueblo y empecé a tener dolores de manera persistente. Aun así, no paro de moverme y hacer mis ejercicios. Se ríen mucho conmigo, pero siempre les digo que, mientras se hace el café, yo me pongo de puntillas, aguanto ahí unos segunditos y vuelvo a bajar. Eso lo hago unas cuantas veces. Con ese sencillo acto, estas fortaleciendo el soleo, bombeando sangre y activando la musculatura. Por supuesto, los ejercicios siempre tienen que estar adaptados a la condición de la persona. Yo nunca digo que me repliquen, pero sí que vayan poco a poco progresando. Cualquier pequeño movimiento es sumativo para el cuerpo.
«Mi objetivo era acabar la competición y no tener fallos técnicos porque, a la tercera tarjeta amarilla que te saquen, te ponen una roja y quedas descalificada. Nunca soñé con un oro ni con una plata. Para mí, participar en la cuna del deporte que he escogido, era un reto vital»

-Empezar a decir “ya soy mayor” ¿es el primer paso para serlo?
-Totalmente. El otro día, en una comida familiar, una sobrina de 23 años me dijo otra frase que ahora se usa mucho: “No me da la vida”. Desde el mayor respeto le dije: Por el cariño que te tengo, por favor, no vuelvas a verbalizar, ni en tu mente ni en tu boca, esa frase. ¡Es catastrófica! Le estás diciendo a tu cerebro y a tu cuerpo que no eres capaz. ¡Claro que lo eres si te lo propones! Por el contrario, tengo una frase que repito mucho: hay que insistir, persistir, resistir y nunca, nunca desistir. Yo estoy en el aquí y en el ahora. En este momento estoy disfrutando de esta conversación contigo y no me preocupo ni me ocupo de la cena, de mi marido o de algo que tengo que hacer mañana. ¿Estoy feliz haciendo lo que hago? ¿Es positivo? Pues entonces intento encontrar tiempo y me centro en ello al 100%. Cuerpo y espíritu alineados. Si vives en esta actitud, las emociones que llegan son positivas. Construyen. Por eso me parece que la vida me está dando un premio y lo digo desde la más absoluta humildad. Lo que hago, mis acciones, construyen bienestar para otras personas y le doy gracias a la vida por poder hacerlo.
-¿La generosidad siempre tiene retorno?
-Siempre digo que prefiero mil veces hacer algo por alguien a que lo hagan por mí. Si llega algo, bienvenido sea, pero, si no llega, por algo será. Es mi manera de ser y esto me hace estar muy tranquila. Tengo una amiga que me dice que todo lo que me está ocurriendo ahora, es justicia divina. No lo sé… Agradezco al Señor que sea así.
«Somos como nos movemos. La acción del movimiento es integral. En lo íntegro, en lo absoluto, va todo»
-¿El movimiento es vida?
-Sí. Y añado algo más: somos como nos movemos. La acción del movimiento es integral. En lo íntegro, en lo absoluto, va todo. Te hablo a nivel físico y también de tus acciones en otros planos. Ya por deformación, cuando una persona se acerca a mí, según cómo se mueve, gesticula, sonríe… ya me está transmitiendo información. Mi intuición se agudiza cuando lo observo. Ahora veo a mucha gente caminando con bastones y eso no es marcha nórdica. Está muy bien porque, en vez de estar sentados viendo una serie de Netflix, se están moviendo, pero no tiene nada que ver con este deporte.
-¿La acción llama a la positividad?
-Hay algo que para mí es fundamental y es que una persona sonría. Si a una buena técnica, le sumo la sonrisa todavía estoy movilizando más músculos. Es algo que está estudiadísimo. La nieta de una amiga mía tiene una enfermedad autoinmune y la están tratando en la mejor clínica de Alemania. A modo de terapia, una de las cosas que les dicen es que, cuando se levanten, se miren al espejo y sonrían. Esto vale para todos nosotros. Mírate al espejo y dite: ¡Qué bien! Un día más, aquí estoy, todo está bien, vamos a por ello. Antes de acostarte, da siempre las gracias. Busca tres cosas buenas que te hayan pasado y agradécelo. Pueden ser cosas sencillas como que haya venido tu hija a visitarte o hayas tenido una conversación agradable con un vecino. El otro día di dos talleres a unas cuantas personas que se han incorporado. Para mí merecen toda la amabilidad y las recibo con la mejor de mis sonrisas porque aquí todo el mundo es bienvenido. Si han dado el paso y han querido venir es por algo. Eso ya es importantísimo.

«Hay algo que para mí es fundamental y es que una persona sonría. Si a una buena técnica, le sumo la sonrisa todavía estoy movilizando más músculos. Es algo que está estudiadísimo»
-¿Por eso siempre tienes una sonrisa en la cara?
-¡Sí! Me gusta sonreír. Lo heredé de mi madre junto con una paciencia casi infinita. Cuando las cosas vienen torcidas y malas, hay que tener resistencia y resiliencia. Esa cualidad me ha ayudado mucho en la vida a persistir, tener voluntad, aguantar, ser constante y, venga lo que venga, pensar que pasará. Ella murió súbitamente casi con mi edad. Justo al día siguiente de celebrar juntas su 73 cumpleaños. Tengo la gratitud en el alma de ser ese el último recuerdo que tengo de ella.
-¿De dónde se tira cuando no hay ganas?
-Hay días malos en los que nada sale y el cuerpo no responde. Mi vida no ha sido un camino de rosas. Pero siempre hay algo que les digo a mis nietos: no digáis que tenéis un problema. Eso es otra cosa. Puedes vivir dificultades, incluso adversidades. Yo he pasado por muchas, pero no pasa nada. Se trata de continuar. Hay que tener resistencia a la frustración y eso, hay que aprenderlo. Yo insisto mucho en esto cuando estoy con niños y se lo digo a mis hijos para que eduquen a los suyos en que lo aprendan. En la vida va a haber de todo. Las cosas no son siempre bonitas ni de color rosa. Si no he tenido un buen entrenamiento o no he respondido cómo pensaba, analizo qué me pasó, saco mis conclusiones y tiro para adelante. ¡Claro que tu mochila está cargada con muchas cosas! Pero no pasa nada, hay que seguir. Yo, cuando tengo un día malo me digo: “Dios proveerá. Mañana será otro día”. Tengo mucha fe, pero respeto a quienes no la tienen. Hay un plano que denomino espiritual que cada uno puede entender a su manera, pero hay algo fundamental en la vida que es ser buena persona. Eso no está reñido con las creencias.
-Tus cinco nietos (Clara, Mateo, Irene, Marina y Stella) estarán muy orgullosos de su abuela, ¿no?
-Pienso que es algo que les dejo en legado. Cómo, si te esfuerzas, consigues las cosas. Me gusta mucho leer sobre genética y epigenética. Sigo mucho a Nazareth Castellanos y a otras personas que en ese campo saben mucho y aprendo de ellos. Uno de estos días leía cómo, aparte de la carga genética que hayamos heredado de padres o abuelos, lo que hagas por ti mismo en el día a día, esas acciones que desarrollas, te van transformando. Si a nivel epigenético, los cambios que haga, los puedo transferir, es algo impresionante. Ya hay estudios sobre ello. Eso pasa a otra generación y supone una transformación.

