Ante la decisión de Educación de suprimir una unidad de Primaria, profesores y padres de alumnos del C.E.I.P. Carlos Bousoño han decidido iniciar una recogida de firmas para exigir una enseñanza de calidad.
Los vecinos de Boal muestran su preocupación ante una decisión que pone en riesgo el sistema educativo y que afecta de forma transversal a la comunidad de este rincón del Occidente. Las quejas tienen su fundamento en una experiencia anterior, ya que «en ejercicios anteriores nos quitaron una unidad de Primaria, juntaron en una misma clase a los alumnos de primero, segundo, tercero y cuarto causando un caos absoluto, porque además no pusieron ningún profesor de apoyo», explica Noelia García, miembro de la AMPA del Carlos Bousoño. Ella, como madre de un alumno afectado, pudo comprobar de primera mano los efectos devastadores del reajuste, «fue un desastre, una locura total, tanto para los niños como para la profesora que tuvo que afrontar cuatro competencias, con edades y necesidades diferentes. Y ya no digamos la atención a la diversidad, eso ya era totalmente imposible abarcarla».
Actualmente, el colegio dispone de tres unidades entre las que se reparten un total de 19 alumnos entre primero y sexto, una cifra inferior a los mínimos exigidos desde la Consejería de Educación. Desde la AMPA reclaman a la Administración que revise los criterios de la ratio máxima en colegios rurales ya que la escuela es un servicio esencial, una herramienta de cohesión territorial y una forma de generar igualdad de oportunidades.
«Ellos justifican la eliminación de esta unidad porque no llegamos a las ratios establecidos en la matrícula, y por eso pedimos que se revisen los criterios de dotación de recursos humanos para los servicios públicos en el medio rural. Se podría personalizar en cada centro una función dependiendo de la situación del Consejo o aportar medidas inmediatas para dotar de recursos estables al proyecto de la escuela rural que sigue siendo una referencia en excelencia educativa y un modelo de buenas prácticas en las escuelas rurales. Esto no nos parece que sea un privilegio, sino más bien un ejercicio de coherencia», explica la vocal del colectivo.
Además, la Asociación de Boal explica que el Gobierno asturiano tiene unos compromisos recogidos en la Ley de Impulso Demográfico y en el Pacto por el Medio Rural que se contradicen con este tipo de decisiones. «Hablan de mantener servicios públicos de calidad, pero en realidad, con estas medidas están desestructurando un proyecto educativo en un concejo rural con una dinámica demográfica frágil». «El Gobierno asturiano tiene que valorar el impacto social y territorial que supone la eliminación de una unidad porque, además de desestructurar un proyecto educativo, va en contra de la instalación de nuevas familias en el territorio, que quieren una enseñanza de calidad para sus hijos. La escuela rural no es el problema, es la solución; una parte fundamental para solucionar el desafío demográfico en Asturias», añade Noelia.
«La escuela rural no es el problema, es la solución; una parte fundamental para solucionar el desafío demográfico en Asturias»
Tras compartir su preocupación con el Consejo Escolar y la corporación municipal, la AMPA de Boal está recogiendo firmas y apoyos dentro y fuera del concejo. «Además de las firmas en papel, hemos habilitado la opción de la firma digital, ya que hay muchas personas de Boal que residen fuera y quieren apoyarnos, además de vecinos de otros municipios que comprenden la situación».
La intención de la Asociación es preparar un manifiesto dirigido a Presidencia del Principado de Asturias, que, acompañado de las firmas, recogerá la voz de quienes ven la importancia de seguir apoyando la escuela rural. El colectivo educativo también tiene previsto ponerse en contacto con otros colegios rurales afectados, como El Salvador, de Grandas de Salime, para juntos conseguir un cambio en la normativa actual.
Fijar población en el occidente asturiano es un reto mayúsculo al que el concejo de Boal se está enfrentando desde el dinamismo de su tejido social. «En estos tres últimos años conseguimos que varias familias con niños se instalaran en el pueblo, pero si restan calidad al sistema educativo, será más difícil que se queden», explica Noelia. La boalesa explica que ya se dio el caso de «dos familias que se fueron por esta cuestión. Con todo el esfuerzo que estamos haciendo para mantener vivo el pueblo, exigimos que mantengan la calidad educativa, porque nos están haciendo una faena. Y todos los años nos tenemos que levantar en batalla».
La escuelina, el centro educativo de 0 a 3 años, cuenta con ocho alumnos que serán el futuro de Primaria. Una cifra que los vecinos quieren ampliar dando a conocer las ventajas y bondades de este territorio de montaña del occidente asturiano. «Boal es un pueblo que está muy bien para vivir, porque, aunque es pequeño, tiene un montón de servicios, tenemos centro de salud, residencia de mayores, centros escolares de cero a bachiller, tiendinas, restaurantes, farmacia… Y, además, hay muchísima actividad asociacionista, con colectivos muy diferentes. Es una maravilla ahora mismo vivir aquí, pero si empiezan a recortarnos servicios y empieza a menguar la calidad, empezaremos a tener problemas y la escuela es lo primero, lo más importante», apostilla Noelia García.