Inmaculada González-Carbajal García, Premio Mirada Violeta: «La cooperación es un compromiso de vida»

No conoce el descanso a la hora de trabajar por los demás, pero vive en paz porque ha elegido ser coherente. Inmaculada González-Carbajal se ha hecho preguntas y las respuestas la han conducido a una vida en lucha por los derechos sociales y la igualdad. Para esta cooperante, nadie es mejor o peor que nadie, y eso se traduce en acciones directas a través de la Fundación El Pájaro Azul que preside.

Hace menos de un mes, la médica e historiadora recibió de MASPAZ (Movimiento Asturiano por la Paz) un preciado galardón, el premio Miradas Violetas que reconoce su labor en cooperación al desarrollo. La ovetense, que ostenta el cargo de tesorera de la CODOPA, es una de las mujeres que, en palabras de dicha ONG «hacen historia y construyen derechos».

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Inmaculada González-Carbajal con Sor Ángela, la monja asturiana que regenta el Centro Bana Ya Poveda en Kinshasa.
Inmaculada con Sor Ángela, la monja asturiana que regenta el Centro Bana Ya Poveda en Kinshasa.

Cada dos por tres, viaja a la República Democrática del Congo, a Kinshasa, a visitar las instalaciones del Centro Bana Ya Poveda, con el que colabora la Fundación. La institución la regenta Sor Ángela, una monja asturiana que lleva años trabajando con niños y jóvenes de la calle procurándoles formación escolar y profesional, y que en palabras de la galardonada «es una mujer extraordinaria, un ángel». Aunque los viajes que realiza no están exentos de peligro, para Inmaculada el Congo es ya una segunda casa, un lugar tan duro como bello que le ayuda a crecer como persona. Un marco de vivencias que encara desde una visión espiritual forjada a través de treinta y seis años de artes marciales.

-¿Cómo viviste la entrega del premio Mirada Violeta?
-Fue un día muy bonito, porque además estuve acompañada por cincuenta personas de mi entorno, muy diversas, que te hacen sentir que eres querida.

-¿Cómo sienta recibir un galardón como este?
-Evidentemente es muy emocionante que alguien te dé un premio y que de alguna manera estén reconociendo lo que haces, pero yo lo hago porque me sale de dentro, no estoy pensando en el valor que tienes al hacerlo. Además, en mi caso el tema de la cooperación es un compromiso de vida, es una opción que he tomado en los últimos años. Es una forma de estar en el mundo que te obliga, una disciplina. Siempre digo que para ser bueno uno tiene que elegir ser bueno, porque a veces lo que te sale no es precisamente actuar con bondad.
La cooperación la entiendo como una herramienta indispensable para conseguir la justicia y una mayor igualdad, y eso implica una atención a toda tu vida. Para mí, que estoy acostumbrada a las artes marciales, es una disciplina de atención a pequeños hechos de la vida cotidiana donde a veces se te escapan cosas de ti misma que no te gustan. Y te dices: espera, que esto lo quiero modificar.

-Seguro que te ha tocado oír en alguna ocasión el comentario de “¿por qué os ocupáis de lo que pasa en otros lugares con todas las necesidades que hay aquí?”.
-Ese eslogan se puso de moda en los últimos años, sobre todo a partir de la crisis del 2011, pero yo siempre digo que quien dice eso no hace nada ni aquí, ni allí, ni en ningún lado. Porque las personas que hacemos no lo decimos.
El ser humano no es diferente en uno u otro lugar, yo me ocupo de situaciones donde la desigualdad está basada en la injusticia, en el injusto reparto y en la usurpación de los bienes, me ocupo de las realidades que produce. Me siento privilegiada de vivir en el mundo en el que vivo porque tengo sobre todo recursos sanitarios. Y si soy privilegiada, tengo que darle algo a la vida.

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Proyecto de Internado para Niñas en la República de Benín. Este proyecto tiene como objetivo la construcción y equipamiento de un internado (Fase I) con capacidad para 30 niñas de escasos recursos en la comuna de Nikki y sus aldeas vecinas. Su propósito es ofrecer una educación inclusiva en un entorno seguro y de alta calidad, garantizando su escolarización y continuidad en los estudios.
Inmaculada en un centro escolar y de formación profesional en Glo‑Djigbé, que impulsa la Fundación junto con el Ayuntamiento de Oviedo y las Hermanas Terciarias Capuchinas y en el que las niñas aprenden costura, peluquería y alfabetización. También en la República de Benin, El Pájaro Azul tiene un proyecto de Internado para niñas de escasos recursos en la comuna de Nikki y sus aldeas vecinas. Su propósito es ofrecer una educación inclusiva en un entorno seguro y de alta calidad, garantizando su escolarización y continuidad en los estudios.

-¿Cómo hay que mirar para ver la realidad de lo que ocurre?
-No desde los esquemas de uno. En primer lugar, creo que es muy necesario ampliar la mirada porque la tenemos como con orejeras, y es una mirada que parte nada más que de nuestro entorno, de nuestro ombligo.
Si no la ampliamos, no vemos que estamos en un mundo global y que muchas de las cosas que nos dan el bienestar que tenemos aquí vienen de otros lugares, pero en esos lugares esas cosas no generan ningún tipo de riqueza, todo lo contrario. Es lo que ocurre en el Congo y en muchos otros países que tienen mucha riqueza y materias primas que interesan a la parte del mundo en la que vivimos como vivimos, mientras que ellos están empobrecidos. Y somos responsables subsidiarios de lo que pasa allí. Para mí es un tema de justicia, una vida no vale más que otra, eso es perverso.

-¿Cómo está la situación actual influyendo en las mentes?
-Estamos en un momento del mundo muy complicado, porque suenan tambores de guerra por todos los sitios y no tenemos líderes, líderes reales, ni políticos, ni religiosos, ni espirituales. No hay liderazgos fuertes que lleven a la humanidad a algo un poco más esclarecedor. Yo que tengo contacto con personas en muchos ámbitos, noto que la gente está desnortada, porque como digo muchas veces, una cosa es experimentar cosas y otra vivir. Las vivencias son transformadoras, te cambian, te aportan algo, te amplían la mirada mientras que las experiencias las acumulas como acumulas el dinero o lo que sea.
Hoy día falta mucho la parte espiritual del ser humano, y no hablo de religión, hablo de espiritualidad. A la gente, internamente, le falta un eje de valores o de moralidad, que no es moralina, son principios. Un eje que te permita saber dónde tienes que establecer los límites en tu vida.

-En occidente ¿estamos desconectados de nosotros mismos?
-Sí, de nosotros mismos y de la vida, no estamos asentados en la tierra como sí lo están poblaciones indígenas en Latinoamérica o en África que tienen los pies en la tierra, y eso es tenerlos en los problemas reales de la vida, que son la salud y la falta de dinero para poder comer o poder vivir.
Nosotros estamos en un universo que hemos creado. En Asturias tenemos una palabra extraordinaria para nombrarlo que es el refalfio. Es decir, tenemos todo cubierto y no lo sabemos valorar. Al no tener un sustento interno de valores en el que apoyarte, la vida no tiene sentido, te envenena, y entonces estamos permanentemente ocupados, huyendo de nosotros mismos. La gente no viaja, la gente se mueve, porque viajar es vivir en otro contexto y encontrarte contigo misma. Y se puede viajar en un contexto de turismo, pero con una actitud que puede ser diferente.
Yo soy quien soy hoy día en parte por todo lo que viajé y por todo lo que viajo. Porque me he encontrado con aspectos de mí misma, unos me han gustado y otros no, pero es un aprendizaje interno.

-Una vez te escuché decir que no se podía decidir estando en la emoción.
-Sí, esa es una de las cosas que aprendí en África en situaciones muy duras que me tocó vivir, donde emocionalmente estaba muy ocupada por la rabia, la tristeza, o por la mezcla de ambas. Y me di cuenta de que en esos momentos de emoción no podía decidir, porque la decisión no iba a ser adecuada. En realidad, no puedes hacerlo desde ninguna, porque tampoco puedes hacerlo desde el miedo, por ejemplo. La emoción hay que acogerla, vivirla, drenarla, o sea gestionarla y luego, cuando ya ha pasado, entonces decides.
Las grandes meteduras de pata de mi vida han sido unas desde el exceso de ingenuidad que tengo, y las otras desde lo emocional.

-¿Está sobrevalorada la emoción?
-Claro que estás sobrevalorada, además la emoción en ese momento no te permite conectar contigo misma porque eso requiere otro estado de atención. Y fíjate que, en el fondo, en todas las corrientes, tanto las corrientes religiosas como todas las corrientes espirituales, como incluso dentro del arte o la música, la base es la atención. Algo que hoy día nadie practica.
Y a los niños no se les ayuda ni se les enseña y es fundamental. Porque con la atención yo puedo tener la posibilidad de saber qué está pasando y en un momento de peligro puedo poner recursos en marcha. Pero, si lo que hago es conectarme con la emoción, me tiro por la ventana.

-Y unida a la atención, imagino que también habitan el silencio y la observación.
-Claro, porque la atención implica convivir con uno mismo, y en soledad y silencio tienes momentos muy duros, pero también momentos maravillosos. Es una forma de estar conectada contigo misma. Pero… ¿qué hace la gente? Estar todo el día juntos para no encontrarse consigo mismos, porque tienen muchísima angustia.

Chicos congoleños juegan con ruedas.

-¿Hay que estar atentos a las señales que te trae la vida, a las pistas que te da?
-Sí, pero es la misma línea de la atención. También creo que es importante que a veces las personas nos hagamos preguntas. Hoy día poca gente se plantea ¿para qué estoy en esta vida? ¿Qué me toca bailar? En el momento que te haces preguntas, tu forma de atender a tu entorno es diferente, tienes otro estado de atención y ahí es donde ves que, efectivamente, lo que pasa tiene un sentido. Y a veces pasa lo que dice el famoso refrán de que “Cuando se cierra una puerta, se abre una ventana”. A veces la vida me da un portazo en la cara, pero ese mismo portazo te pone en la disponibilidad de ver que hay una ventana que se abre hacia algo que no habías sospechado. Hay que tomarse lo que pasa en la vida como un aprendizaje, yo siempre se lo digo a todo el mundo porque me lo digo a mí.
Y no digo que haya que pasarlo mal para aprender, pero a veces somos tan imbéciles, que la vida nos tiene que dar un par de hostias (con perdón) para que reaccionemos.

-¿Cuándo decidiste que tenías que dar un paso al frente en el mundo de la cooperación?
-Me lo planteé con treinta y pico años, en el momento dulce de la homeopatía. Tenía demandas de trabajo para tres y cuatro meses, y había dos opciones, una era ponerme a trabajar como loca y engordar el bolsillo hasta no se sabe dónde, y la otra decir: no, yo quiero vivir. El trabajo es una parte de mi vida, pero no es el eje, y yo quiero otras cosas. Y como quiero vivir, no puedo ganar tanto dinero.
Siempre digo una frase que me dijeron hace muchos años, y es que cada persona tenemos capacidad para manejar una determinada cantidad de bienes materiales, y más allá de esa cantidad, podemos hacer cometer desastres.

-Háblanos de tu experiencia en las artes marciales. Durante mucho tiempo practicaste el Aikido, del que eres 4º DAN, y ahora sigues con el Iaido, la espada japonesa. ¿Qué es lo que te aporta?
-Aporta precisamente estas cosas de las que estamos hablando, porque al estar trabajando con un elemento como es la espada, sí o sí tienes que tener una atención especial con tu cuerpo. Siempre digo que, a pesar de ser médico, no sabía que tenía tantas partes en el cuerpo como cuando empecé con las artes marciales, sobre todo con el Iaido. Tienes que estar pendiente, por ejemplo, del dedo meñique de la mano derecha, que es fundamental para la sujeción del sable y para los cortes. De ahí que la Yakuza, una red mafiosa japonesa, cortaba el dedo meñique como castigo cuando la gente estaba deshonrada.
Otra cosa muy buena es que, en las artes marciales, sobre todo en el Iaido, nunca vas a hacer bien las cosas. Evidentemente, cuando llevas dieciocho años como llevo yo, ves que no haces las cosas como hace cinco o diez años, pero no llegas a la cumbre de nada. Y eso viene muy bien para ir limando poco a poco el ego.

Inmaculada González-Carbajal en una clase de iaido, arte marcial japonés.
Inmaculada González-Carbajal en una clase de iaido.

-Dicen de la katana japonesa que no solo es una práctica física, que también es un camino espiritual que te permite desarrollar tus habilidades. ¿Es un deporte para estar mejor por dentro y por fuera?
-Yo practico en una escuela antigua del siglo XVI, y nuestro maestro allá en Japón, que es un hombre muy especial, siempre dice que: Si haces Iaido, y no eres mejor persona, no lo hagas porque no sirve para nada. Y digamos que te permite tener, no solo agilidad, también fortaleza de fondo. Físicamente te mantiene muy bien, y si la practicas de corazón, con atención, aporta otras muchas cosas.

-En las artes marciales, ¿prosperas según cómo sea tu actitud?
-Claro, yo llevo 36 años con una disciplina física muy exigente. A mí el Aikido me salvó la vida en el sentido de que yo tengo mucho temperamento. Me enseñó que la diplomacia es el arte de resolver los conflictos en violencia. Y eso lo aprendí con el trabajo físico, a través de la conexión con mi cuerpo.

-¿En qué medida en ti se disocian, o no, el querer y el deber? Me refiero a que quieras hacer unas cosas, pero piensas que debes hacer otras.
-Vamos a ver, precisamente es un tema sobre el que voy a escribir en breve, porque vivimos muy disociados. Todos tenemos escapes de disociación, no estamos totalmente unidos ni permanentemente unidos.
Creo que parte de lo que estamos viviendo es porque llegamos a tal grado de disociación que es como si fuéramos el Doctor Jekyll y el Mr. Hyde. Lo que te ayuda a estar menos disociada es la conexión contigo misma y la atención, necesarias para parar y reflexionar sobre las cosas de la vida. Eso también es un trabajo porque mientras estamos aquí andando sobre la tierra y caminando hay que estar trabajando con uno mismo constantemente.

-Expresaste en algún momento que tenías miedo a todo aquello en ti que te impedía realizar lo que querías realizar.
-Sí, claro. A todas las pulsiones o las emociones, porque yo soy de enrabietarme mucho, aunque cada vez entro menos. Ese es mi talón de Aquiles o mi piedra en el zapato, lo que pasa es que antes era una roca y ahora va teniendo una forma más asequible, pero uno tiene que trabajarse toda la vida. A mí no me vale decir: es que yo soy así. ¡Ah, no, perdona!, tú eres así fruto de múltiples circunstancias, tu temperamento, el carácter que se ha construido, lo que has aprendido, pero también, porque no te has trabajado.
Cámbiate a ti mismo y ya verás cómo tu entorno cambia, cambian las relaciones y cambian muchas cosas. Pero volvemos a lo de siempre, a la atención.

-¿Es la clave?
-Sí, por eso te decía que todas las disciplinas espirituales, físicas, artísticas, pasan por la atención.

-Desde la neurociencia se están conociendo los beneficios de prácticas como la meditación o las técnicas de respiración, cuestiones que te ayudan a estar presente y por tanto a la atención. ¿Todo está perfectamente unido?
-Para una parte de la sociedad, la ciencia es ahora la nueva religión, pero todo esto está descubierto y puesto en práctica desde hace mucho tiempo. Lo importante es que la persona lo descubra y lo experimente. Eso es lo fundamental.

-¿Hay algo que te preocupe?
-Sí, estoy muy preocupada por los niños, por la sociedad del futuro. Ahora que todo va tan rápido, que todo tiene que ser corto y explosivo, estoy preocupada por la enseñanza que se les está dando. Están metidos en una vorágine, en una locura, y ya ves a los críos ansiosos. Además, estamos sustituyendo las herramientas innatas en el ser humano por herramientas que te lo dan todo hecho, y entonces, lo tuyo se pierde.

El Ébola, a las puertas de Kinshasa

-Ahora mismo las noticias que llegan del ébola en el Congo son preocupantes. ¿Cómo percibís está situación?
-El ébola es una enfermedad endémica en el Congo y cada cierto tiempo tienen brotes fuertes. Siempre hay ébola allí, lo que pasa es que no trasciende porque a lo mejor son pocos casos y de vez en cuando hay rebrotes. Ahora está localizado, sobre todo, en la frontera con Uganda, una zona muy complicada porque en esta parte están en conflicto y es una zona muy deprimida, con muy pocos recursos sanitarios. Ese es el problema fundamental para afrontar una situación como esta, no hay más que ver las EPIS que llevan, un plástico malo y una mascarilla quirúrgica.

-Las instalaciones de la Fundación Pájaro Azul, el centro Bana Ya Poveda, están en Kinshasa. ¿Estáis preocupados ante la cercanía del ébola?
-Sí, aunque en principio no hay nada en el contexto cercano de nuestra gente. El problema es la movilidad de las personas que viajan hacia otros lugares, y si el ébola se propaga en Kinshasa el problema sería mayor porque allí hay mucha población. Es una ciudad de unos 15-16 millones de habitantes y ahí entraríamos ya en el terreno de un posible descontrol.
No sé lo que va a pasar, porque hay ya más de 500 casos afectados y más de 200 y pico muertos, entre ellos voluntarios de Cruz Roja.

Kinshasa. República Democrática del Congo.
Kinshasa

-¿Situaciones como esta hacen que se valore aún más la sanidad que tenemos en España?
-Desde luego, allí es todo de pago y al alcance de unos pocos porque las cosas son muy caras. Es decir, tú no tienes una cobertura sanitaria como hay aquí, la desprotección es absoluta.

-¿Se conoce muy poco de lo que ocurre en África?
-Las noticias que nos llegan de África son solo las de determinados desastres que nos puedan afectar, porque es lo único que preocupa. El resto no interesa. No se habla nada, por ejemplo, de los conflictos enquistados que hay, pero tampoco de las buenas noticias. Nosotros desde la Fundación trabajamos mucho con el cine y la literatura africana, para cambiar un poco esa mirada opacada hacia el continente. Y está opacada por la pena, pero la pena no construye igualdad, la pena revictimiza al que lo está pasando mal. Y además te pone casi en una relación de superioridad frente al que está sufriendo.

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Isabel G. Muñiz
Isabel G. Muñiz
Periodista y reportera de Fusión Asturias desde 1994, especializada en turismo, patrimonio natural y experiencias locales en los concejos del Principado. Gallega de origen y asturiana de adopción desde hace más de 35 años. También realizo entrevistas divulgativas sobre talento cultural, científico, deportivo y social.

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Isabel G. Muñiz
Periodista y reportera de Fusión Asturias desde 1994, especializada en turismo, patrimonio natural y experiencias locales en los concejos del Principado. Gallega de origen y asturiana de adopción desde hace más de 35 años. También realizo entrevistas divulgativas sobre talento cultural, científico, deportivo y social.

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