Avimun, viajeros, pero sobre todo solidarios

Alrededor de 140 personas integran el colectivo asturiano Amigos Viajeros del Mundo (Avimun), una organización sin ánimo de lucro formada inicialmente por personas con ganas de viajar y conocer mundo, pero cuando el factor solidaridad entró en escena, la asociación dio un giro en su funcionamiento y adquirió un nuevo propósito.

José Ramón Silva Freije, presidente del colectivo Amigos Viajeros del Mundo
José Ramón Silva Freije.

José Ramón Silva Freije, presidente del colectivo Amigos Viajeros del Mundo, tuvo mucho que ver en este cambio de rumbo. Su necesidad en 2003 de fundir en un mismo viaje la experiencia turística con la solidaria fue el germen del Avimun actual. «La idea era ir a Senegal, un país que yo ya había visitado, y combinar el conocer el país con llevar ayuda a tres puntos. La gente acogió muy bien la propuesta, y a partir de ahí esa parte solidaria fue comiéndose a la viajera, aunque esta permanece. Cada vez nos interesaba más hacer proyectos en los países, incluso aunque no viajáramos a estos lugares».
El país africano fue la simiente de un movimiento que no ha cesado y que ha conseguido llevar a cabo importantes acciones en diferentes continentes. Eso sí, conservando las bases del colectivo: «Nosotros no tenemos socios, no se pagan cuotas y no tenemos ningún tipo de infraestructura, ni personal contratado; tenemos por bandera llevarlo a cabo sin generar gastos adicionales para que todo lo recaudado se destine íntegro a la labor», explica Silva, que reafirma la idea de trabajar «desde la sencillez de lo que tenemos. No queremos constituirnos en una ONG, con personal a su cargo».

- PUBLICIDAD -

Una vez que deciden dónde actuar en base a las necesidades existentes, el colectivo pone en marcha una captación de fondos a través de la venta de artículos solidarios, eventos gastronómicos y solicitando ayudas a diferentes entidades, a empresas de Asturias y al Gobierno regional. «No pedimos grandes cantidades, ni tampoco planteamos objetivos muy altos, preferimos ir de abajo a arriba para asegurar que realmente podamos hacer algo», añade.

Los viajes solidarios organizados para llevar ayuda o colaborar en los proyectos se costean entre los voluntarios participantes, «repartimos los gastos entre todos los que vamos, no salen de lo que se recauda para acciones solidarias –explica el presidente– porque allí tiene que llegar el cien por cien de lo conseguido».  

Obras en el centro de salud Medina Sering Mass (Gambia) con la colaboración de Asturies por África.
Obras en el centro de salud Medina Sering Mass (Gambia) con la colaboración de Asturies por África.

Avimun ha dejado su huella en muchos países. En Senegal impulsaron reformas integrales de escuelas infantiles, construyeron pozos de agua y crearon huertos cooperativos; a Gambia llevaron personalmente medicamentos y material de enfermería, y asumiendo los riesgos inevitables de llegar a territorios en guerra, viajaron en varias ocasiones a Ucrania para apoyar la instalación de hospitales de campaña, repartir directamente equipamiento médico y suministros de emergencia para la población.

Entre los lugares en los que mantienen proyectos en activo está Benín, allí apoyaron la construcción de una escuela, colaborando con la Fundación Juntos por la Vida. El centro imparte formación artística a niños y niñas como complemento a sus estudios y, cada año, algunos de estos jóvenes viajan a Asturias para participar en una gira organizada por Avimun. «Traemos a los niños por el verano –explica el presidente–. Como no pueden venir todos, los profesores eligen a los veinticinco mejores en materia de danza y baile, pero también por su rendimiento escolar».

- PUBLICIDAD -
Momento de la gira de Voces por Benin en Asturias.
Momento de la gira de Voces por Benín en Asturias.

La experiencia resulta de lo más provechosa para los jóvenes africanos, y este encuentro ya es una cita esperada en algunos ayuntamientos asturianos que apoyan la gira. «Si es posible, el próximo año intentaremos hacer una gira mayor y con menos conciertos, y quizá podamos tener tiempo para que puedan visitar algún colegio, porque interactúan muy bien con los alumnos asturianos, les explican cómo viven, qué cosas hacen, y eso llena muchísimo a la juventud. Es una labor muy importante que no es fácil, pero que merece mucho la pena».

Desde el colectivo tratan por todos los medios de dar a conocer estos proyectos entre la población escolar en España con el objetivo de contagiar en ellos la solidaridad. Muestra de ello es la experiencia vivida en el colegio Caude de Madrid, donde niños de primaria prepararon objetos para vender e hicieron una rifa solidaria. «Cuando vas allí y les cuentas lo que hacemos, pones algún vídeo y les hablas de los niños a los que ayudamos te preguntan mil cosas. Es quizá la parte más bonita de todo esto, porque ves un futuro ahí –explica José Ramón– y eso es muy importante. Cuando estás en África y ves a gente joven ayudando y trabajando allí, te enorgulleces, pero parece que ahora hay una desafección en ese aspecto, en la implicación. Es una pena, porque los que lo hacen están superencantados, es algo maravilloso».  

Gran parte de los proyectos realizados en este continente tienen por objetivo mejorar la vida de los niños a través de facilitarles un sustento y una educación. «Es importantísimo en lugares como Benín en los que todavía existe la esclavitud infantil y los niños trabajan de sol a sol en empleos muy duros, como las minas o los campos de algodón. Algunos padres venden a sus hijos a los terratenientes de países limítrofes que vienen a buscar mano de obra y en el caso de las hijas muchas son esclavas sexuales y otras trabajan en casas tan solo por la comida. Si levantamos una escuela en la que también damos de comer a estos niños, sus padres no los mandan a trabajar –explica–. Y si en el centro estudian y tienen actividades extraescolares, lo que le damos a la juventud es una maravilla».

La inauguración de una segunda escuela en la que también participa Avimun será uno de los alicientes para un próximo viaje a Benín, un país con futuros proyectos en un horizonte cercano. «Ahora queremos ayudar en la parte norte del país, en una zona en la que el Principado de Asturias había impulsado unas misiones, pero que ahora están abandonadas y seguramente destruidas. La idea es ver lo que se hizo e intentar volver a ponerlo en marcha, y es posible que el Principado también quiera participar. Y muy pronto también vamos a poner dos consultorios médicos en Gambia. Hay muchos proyectos en marcha, pero que tenemos que dosificar».

Las catástrofes humanitarias también exigen del colectivo asturiano una reacción rápida. Actualmente, y a través de Mensajeros de la Paz, Avimun está enviando ayuda a los damnificados de Venezuela. «Lo hacemos así porque hay que actuar muy pronto, mientras la tragedia sale en el telediario la gente tiene ganas de ayudar, pero luego, a los cuatro días todo esto ya no es portada y se olvida».

Ayudar rápido y de forma eficiente es algo que preocupa a este experimentado viajero, que ya ha comprobado cómo en Paiporta, a raíz de lo ocasionado por la Dana, sin una dirección y una perspectiva global, «los voluntarios pueden realizar cosas que no son necesarias e incluso estorbar. Hay que tener mucho cuidado; nosotros estábamos allí dando comida y cafés gratis, pero llegó un momento en que, si continuábamos, perjudicábamos a los residentes que ya habían limpiado y preparado sus establecimientos y querían volver a abrir la frutería y la cafetería».

José Ramón, acompañado por Carmen (integrante de Avimun) , junto al material preparado para enviar a Ucrania.
José Ramón, acompañado por Carmen (integrante de Avimun) , junto al material preparado para enviar a Ucrania.

Entre las mayores dificultades que plantea la ayuda humanitaria se encuentran las gestiones con los países receptores de las ayudas, cuyos gobiernos buscan cada vez más obtener rendimientos económicos en estas operaciones. «Es horrible trabajar con embajadas, con consulados… –explica Silva– porque antes a una ONG o a otro colectivo humanitario se les trataba muy bien, te daban todas las facilidades del mundo, pero ahora quieren aprovecharse y sacarte dinero. Tenemos un contenedor con ayuda retenido en Benín y nos piden miles y miles de euros por sacarlo. Y en Polonia, un país que siempre se había portado muy bien, ahora ya hay mordidas para que puedas entrar con material de emergencia para Ucrania. Cada vez se da menos valor a la ayuda y nos ven más como un billete; es algo injusto que te cuesta noches de sueño».


Los sabores y sinsabores de la solidaridad

José Ramón Silva Freije lleva varios años al frente de Avimun. Es el alma de este colectivo y el primero que viaja para llevar ayuda humanitaria a otros países y asegurar que llegue a su destino en las mejores condiciones, incluso asumiendo grandes riesgos. Con los años ha ido transformando su necesidad viajera inicial, enriqueciéndola con un ingrediente de humanidad y solidaridad que ha ido impregnando a la asociación asturiana. Desde la naturalidad y una sincera apertura, nos cuenta lo difícil que resulta asumir una responsabilidad como esta.

-¿Cuál fue tu primer viaje solidario? ¿Qué te condujo a dejar de ser un viajero convencional?
-Fue a Senegal, había muerto mi hermano –que era más joven que yo– de una enfermedad larga. Mi mujer y yo, que nos gustaba mucho viajar, no habíamos podido hacerlo y tras su fallecimiento, a los dos meses o tres meses quisimos marcharnos unos días. Yo no quería organizarlo y en una agencia de viajes nos propusieron ir a este país con un guía local, David Sagna. Resultó que era supersolidario, nos llevó a los poblados donde él ayudaba, compramos alimentos para llevarles y a mí me quedó supergrabada esta experiencia. Me hizo revivir y salir del bache tan grande en el que estaba a raíz de la pérdida familiar. Así que el primer viaje solidario que organicé fue a Senegal. Fuimos más de treinta y tantas personas y salió tan genial, que pensamos que había que seguir.

Entrega a David Sagna (guía de Senegal) del material para el orfanato de Mbour.
Entrega a David Sagna (guía de Senegal) del material para el orfanato de Mbour.

-Alguien tiene que ponerse al frente de la organización y asumir gran parte de las cargas y te toca a ti. ¿Me equivoco?
-No, es así. Igual llevo un porcentaje del 90%; nadie asume estas cosas, y yo lo entiendo. Dedicar tu vida a esto es complicado, te absorbe, todo esto te consume. Pero, cuando te solicitan ayuda, no es tan fácil decir “no puedo, no quiero…” entonces lo intentas.

-¿Qué es lo más duro de sobrellevar?
-Es muy difícil llevar este ritmo y esta implicación, sobre todo en lo emocional. Las cosas que más compartes son las que salen muy bien, pero al lado de estas hay un montón de otras que fallan. Esas casi no las sabe nadie, te las tragas tú y eso hunde mucho, aunque también hay una parte muy gratificante.
Es muy importante conseguir apoyos, por ejemplo, ahora estamos levantando dos centros médicos en Gambia, y gracias a la implicación de unas enfermeras del Hospital Puerta de Hierro de Madrid hemos podido conseguir ocho incubadoras que están en perfecto estado, pero que el hospital las iba a renovar. Cuatro se han ido para Gambia y las otras cuatro a un hospital de Ucrania. En muchos de los viajes participan enfermeras que abren sitios de cura en los poblados, y a mí eso me enorgullece un montón, estas cosas llenan el alma.

-Empezaste como un viajero sin más, y ahora tus experiencias tienen un propósito solidario. ¿Qué diferencia hay entre viajar de una manera o de otra?
-Son viajes que te entran por el corazón, no como los otros que entran por la vista, son distintos. Y, sobre todo, no son viajes simples, porque en realidad hay un trabajo previo de muchos meses. No son de ir, ver y volver. Son experiencias que duran mucho porque luego las revives al hacer los vídeos, al compartirlas y presentarlas.
De todas formas, en nuestros viajes solidarios, aunque desarrollamos las acciones que tenemos programadas, no dejamos por ello de visitar el país. De los quince días que podemos estar, cinco o seis los dedicamos a visitar lo más destacado del país. No es la principal, pero existe esa parte, y yo no quiero renunciar a ella, sobre todo por la gente que va y porque me gusta integrar.
En la asociación también hay espacio para los viajes “normales”, los típicos, porque hay personas que no tienen tanta implicación en los otros viajes, pero que colaboran igualmente de otras formas. Participan en las comidas solidarias, en las ventas de artículos, en las campañas de recaudación… y todo es muy importante.

Entrega de material en Ucrania, con la colaboración de la ONG Juntos por la Vida.
Entrega de material en Ucrania, con la colaboración de la ONG Juntos por la Vida.

-En 2024 fuisteis a Ucrania a llevar suministros de emergencia. ¿Cómo se afronta un viaje así?
-Es muy complicado, siempre tienes un poco de miedo y la familia te dice que estás loco. Arriesgar la vida por esto, por ayudar, no es fácil, pero es algo muy personal. Y fíjate que ya no te lo digo por mí, sino por toda la gente con la que fui. He ido tres veces y con personas distintas en cada viaje.
Es una situación que cuesta creerla, pero luego te adaptas, la vives como algo que tienes que hacer. Aunque parezca mentira, la gente que está allí intenta hacer una vida normal, porque si no sería insufrible. Van a trabajar por la mañana, y aunque cada poco tengan que bajar al refugio para protegerse, los niños van al cole.
Cuando estás allí, las primeras veces que suenan las alarmas o hay el toque de queda te asustas, pero a la cuarta ya te haces a ello y ya te estorba ese sonido. Nosotros hemos llegado hasta el frente de guerra, fuimos al Dombás a repartir alimentos frescos porque en esas zonas los campos estaban minados y la gente no puede cosechar, íbamos de noche y escoltados por el ejército. Lo pasamos mal, pero es verdad que una vez que estás allí no quieres ver ese miedo ni pensar en él. Yo estuve tres veces y siempre intento poner todas las pegas del mundo a la gente que quiere participar porque es un viaje de muchísimo peligro.

-¿A la dureza de la guerra se suma la empatía hacia la gente que vive allí en esas condiciones?
-Claro. En Ucrania, mucha la gente a la que ayudamos era gente mayor que vivía sola. Habían perdido a sus hijos y ya no tenían nada más que perder, no querían abandonar sus casas que es lo único que les quedaba, aunque estuviese destrozada y tenían preparada una mochila con las fotos familiares por si tenían que salir rápido. Los niños también son muy afectados porque se asustan mucho con las alarmas y lo pasan muy mal, son los que siempre lo pagan. Es una experiencia dura, y cuando regresas, a todos los que fuimos nos pega un bajón porque ves que solo puedes ayudar a una pequeñísima parte de gente. Es una gran frustración que pasamos todos. Esto ocurre en muchos viajes, las enfermeras que van con nosotros sufren por la impotencia de no poder atender a todos los que lo necesitan, bien por falta de tiempo o de material adecuado. En África, se avisan unos a otros por los poblados y se forman colas y colas tan grandes que no pueden atender a todo el mundo.
Y hay que decir en todo esto que, a las mujeres voluntarias hay que poneros un monumento porque sois incansables, increíbles, nos dais mil vueltas a los hombres.

¿De cuánta utilidad te ha parecido este contenido?

¡Haz clic en una estrella para puntuarlo!

Promedio de puntuación 5 / 5. Recuento de votos: 1

Hasta ahora, ¡no hay votos!. Sé el primero en puntuar este contenido.

Temas relacionados: Solidaridad en Asturias
Isabel G. Muñiz
Isabel G. Muñiz
Periodista y reportera de Fusión Asturias desde 1994, especializada en turismo, patrimonio natural y experiencias locales en los concejos del Principado. Gallega de origen y asturiana de adopción desde hace más de 35 años. También realizo entrevistas divulgativas sobre talento cultural, científico, deportivo y social.

DEJA UN COMENTARIO

¡Por favor, introduce tu comentario!
Introduce aquí tu nombre

Más del autor /a

Últimos artículos

Lo más leído

Isabel G. Muñiz
Isabel G. Muñiz
Periodista y reportera de Fusión Asturias desde 1994, especializada en turismo, patrimonio natural y experiencias locales en los concejos del Principado. Gallega de origen y asturiana de adopción desde hace más de 35 años. También realizo entrevistas divulgativas sobre talento cultural, científico, deportivo y social.

Más del autor /a