El Cuélebre de Avilés

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El Cuélebre de Avilés
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Leyendas similares podemos encontrarlas en otros lugares de Asturies o de Europa. En este caso la acción transcurre hacia el siglo XVII cuando la gente del Barrio de Sabugu, en Avilés, vivía de la pesca. Por desgracia para ellos, tras una galerna arribó a las arenas del Espartal un monstruoso cuélebre surgido de la mar, que inmediatamente fue a refugiarse a los acantilados de La Garita, en San Cristóbal. El animal hacía estragos en los alrededores. Los pescadores se armaron con sus sables, en un lugar que a partir de entonces se llamó La Sablera (en realidad es una explicación fantástica del topónimo, puesto que, en lengua asturiana, al igual que en francés, la arena de la playa se llama sable). La lucha fue inútil porque el cuélebre tenía las escamas durísimas y los sables no hicieron mella en él. Desesperados, los marineros pidieron consejo a los frailes del convento de Raíces (actual Castrillón), que cogieron una piedra del peñón donde se ubicaba el antiguo Castillo de Gauzón y la envolvieron con carne y pieles ofreciéndosela al cuélebre, que la engulló al momento. El monstruo murió así reventado.
La gente sacó de sus entrañas la piedra decorada que luego reutilizaron como pila bautismal en la iglesia de San Francisco, parroquia de San Nicolás de Bari (Avilés). Dicha pila resultó ser un capitel de mármol. De esta leyenda queda, también, como topónimo, el llamado «Caleyón del Cuélebre» que sube desde el merendero «Cuevas de San José» hasta La Folleca. Delante del merendero había unos campos llamados Los Praos del Cuélebre. Actualmente el Caleyón es una carretera asfaltada.

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