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miércoles 14, enero 2026

Las extrañas apariciones de la sidrería El Gaucho

En el paso de un año a otro suelen dedicarse resúmenes de prensa y reportajes en radio y tv a recordar a personas significativas perdidas. Nos cuentan que han llegado a término Xuan Bello, -para desgracia de las letras asturianas-, Claudia Cardinale, Diane Keaton, Brigitte Bardot, Robert Redford, Héctor Alterio… A todos ellos paz; la que se respira, por ejemplo, en el coqueto cementerio que ilustra esta página, el del Puerto de la Cruz, (Tenerife); donde habrá huesos removiéndose de angustia con el bombardeo a sus parientes en Caracas por el matón yanqui.

Se han ido otros menos normativos, como Jorge ‘el Ilegal’, o Robe, ‘el de Extremoduro’, que en “Jesucristo García” cantaba: “Concreté la fecha de mi muerte con Satán, le engañé y ahora no hay quien me pare los pies”.

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También han dejado este barrio amistades, vecinos, gente común cuyo óbito no merece en prensa más espacio que una esquela. Entre ellas me llama la atención una, de diciembre, señalada con la estrella de David, poco habitual en estas latitudes. Corresponde a una señora de nombres y apellidos corrientes entre nosotros, si bien con Golda por sobrenombre. Sigo la pista y es la viuda de Tibor Budavari, natural de Hungría, que fuera extremo del Real Oviedo en los años 60. Andaban estos días los azules con esto del Partido de las Leyendas, pero no se menciona al extremo Budavari; poco aparece en Internet sobre él, sólo dos multas del Ayuntamiento de Gijón por 90 y 91 € respectivamente.

¿No le rememora el Oviedo por sectarismo? No quiero ser malpensado, pero igual le tuvieron en cuenta que en 2010, a través de la agencia de representación que llevaba con su socio Joaquín Secades, ofreció a Emilio de Dios -Sporting de Gijón-, “una lista de jóvenes húngaros y croatas” a buen precio.

Falleció el señor Budavari en 2023, el Candás Club de Fútbol le dedicó unas líneas de agradecimiento: “Nos enseñó a jugar al fútbol”. Ni más ni menos. Cariñoso recuerdo.

Solemos ser benignos en estas sentidas circunstancias, incluso hay una especie de acuerdo que exige no hablar mal de los muertos, normalmente lo proclaman quienes no tienen piedad con los vivos. Las necrológicas suelen convertirse en panegíricos. Pero los santos no existen, las obras inadecuadas, -con respeto para muertos y vivos-, pueden ser criticadas.

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Un ejemplo es lo que se escribió de B.B. Todo el mundo habló de su amor por los animales; muy bien que se manifestara contra aquella brutalidad de los cazadores de focas que, para no estropear las pieles con heridas de bala, las mataban a garrotazos. Pero estaba a favor, en cambio, de quebrar a trancazos los huesos de argelinos y otros inmigrantes.

Una baja nacional, Alfonso Ussía. Coincidí con él hace años en un acto de una multinacional en Madrid, hablamos de esta afición común a coleccionar erratas y meteduras de pata. Nos contó aquella anécdota tan divertida de un periódico guipuzcoano de cuando Franco: “Asistieron al acto el Señor Gobernador Civil de Guipúzcoa y Señora, el Señor Alcalde de San Sebastián y Señora, el Ilustrísimo Señor Obispo y Señora…”

Era el señor Ussía de posición acomodada, emparentado con la nobleza, sobre la que ironizaba con una cierta gracia en El marqués de Sotoancho y otras historias. Sin embargo, nunca llegó a tener el talento de su tío abuelo Pedro Muñoz Seca, (La venganza de Don Mendo), del que se declaraba heredero. Fue escorando cada vez más a estribor, pasó de ABC a La Razón y se hizo menos razonable; perdió una buena cantidad de procesos por faltar al respeto a criticados y criticadas. Entre estas últimas le ganó una demanda la antiguamente conocida como “amiga especial” del rey demérito.

La pérdida de papeles le llevó, -no se me olvida-, a ser de los voluntarios en poner en duda la limpieza del sistema electoral español. Ya se sabe, igual que el mal entrenador de fútbol, que cuando sale derrotado culpa al árbitro.

Tuit de Alfonso Ussía

Falleció en noviembre el señor obispo de La Laguna. Hubo alguna complicación para las manifestaciones de luto callejeras porque a la tarde se inauguraba la Fiesta del Vino, D.O. Tacoronte/Acentejo, que ocupaba el recorrido entre la Concepción y la Catedral. Dice “El Día” que había tres coches fúnebres y “180 sacerdotes, en total, todos vestidos de blanco y violeta”.

No coincidimos con la procesión funeraria, estábamos entonces comiendo en el restaurante Mallar, cocina interesante y bodega propia. En el camino leímos en la calle Empedrada pintadas en torno a una cruz de madera, “protejan a los niños”; Don Bernardo Álvarez (qepd), obispo emérito, había hecho declaraciones muy inadecuadas sobre el acoso a los pequeños. Puede que su dios lo haya perdonado, algunos padres recuerdan sus desafortunadas palabras.

También desaparecen las obras humanas. En La Felguera de Langreo cierra la sidrería El Gaucho y deja en inconsolable orfandad a parroquianos y parroquianas. Es tal el disgusto originado que en las paredes de la sidrería han empezado a manifestarse caras de extraña procedencia; estas sorprendentes apariciones serán próximamente analizadas por estudiosos como Iker Jiménez y los habitantes de Bélmez.

Las caras de la sidrería El Gaucho.
Las caras de la sidrería El Gaucho.

También ha echado el cierre el Restaurante Yumay, en Villalegre, y se volcaron con él los profesionales del fogón en merecido homenaje a la longevidad profesional. Si embargo, se les ha pasado otro caso, con tal centenaria experiencia que merece un estudio, no ya desde los profesionales de la hostelería, sino de la mismísima Facultad de Historia. Cien siglos, ¡pocos establecimientos habrá con diez mil años de antigüedad! Estar funcionando desde el Paleolítico es un ejemplo de gestión empresarial digno de premio.

Cierre del Restaurante Yumay, en Villalegre.

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Teobaldo Antuña
Teobaldo Antuña
Lector impenitente, escribidor ocasional, Teobaldo Antuña mira con lupa la sociedad para ponerse del lado de quienes la construyen, ni obispos ni banqueros ni generales, sino las personas que viven de su trabajo.

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