Las heroínas no cobran horas extras

15 de octubre: DÍA MUNDIAL DE LAS MUJERES RURALES

¿Quiénes somos realmente esas mujeres rurales de las que tanto se habla?
Ser mujer y vivir en el medio rural, a día de hoy, significa convertirse en una especie de radar humano.
Detectar lo que falta, anticiparse a lo que puede desaparecer, reclamar lo que debería estar garantizado y buscar soluciones allí donde muchas veces solo encontramos silencio administrativo.

La despoblación no es únicamente una cuestión de números. También es una cuestión de derechos, de decisiones políticas y de prioridades. Porque los pueblos no se vacían de un día para otro: se van vaciando cada vez que desaparece un servicio, cada vez que una persona renuncia a un proyecto de vida porque no encuentra apoyo, cada vez que cuidar se vuelve incompatible con trabajar y cada vez que quienes sostienen la comunidad se cansan de hacerlo prácticamente solas.

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Por eso, vivir en el medio rural y ser mujer, también significa aprender a reclamar algo más que soluciones puntuales. Significa exigir que la vida en nuestros pueblos no dependa sólo de la capacidad de sacrificio de quienes los habitan. Que cuidar, emprender, participar en la vida pública y desarrollar un proyecto de vida propio, no sean actividades condenadas a la precariedad. Que el compromiso de las mujeres rurales no se utilice como sustituto de los servicios públicos, sino que se reconozca, se escuche y se acompañe con recursos reales.

Queremos poder vivir, trabajar, crear, cuidar y descansar en nuestros pueblos con la misma dignidad y las mismas oportunidades que en cualquier otro lugar. Y queremos que quedarse en el medio rural sea una elección posible, no una carrera de obstáculos que solo consiguen superar quienes están dispuestas a sostenerlo todo. Venimos de una sociedad acostumbrada a la inmediatez, a tener casi todo al alcance de la mano, a una globalización que nos acerca productos y servicios mientras, paradójicamente, aleja muchas decisiones de los lugares donde vivimos. Y, mientras tanto, nuestros pueblos envejecen. Se producen más despedidas de las que quisiéramos y nacen menos criaturas de las que necesitamos para garantizar el relevo generacional.

Queremos poder vivir, trabajar, crear, cuidar y descansar en nuestros pueblos con la misma dignidad y las mismas oportunidades que en cualquier otro lugar.

No se trata de idealizar el pasado ni de culpar a quienes se marchan. Nadie debería tener que quedarse por obligación ni marcharse por falta de oportunidades. Se trata de preguntarnos qué condiciones estamos ofreciendo para que vivir en el pueblo sea una elección posible, digna y sostenible.

Y ahí estamos muchas mujeres en el territorio rural:
En las reuniones del colegio, en las asociaciones, en las plataformas que defienden el territorio, en los proyectos culturales, en las cooperativas, fundaciones, en los negocios que intentan abrirse camino.
Escribiendo proyectos para conseguir financiación, organizando actividades, buscando alternativas para que las familias se queden, reclamando servicios y tratando de conectar a las personas que todavía creen que aquí hay futuro. Cuidando: de mayores, de peques, de animales, de huertas, de territorio; gestionando: psicólogas, abogadas defensoras de lo que nos pertenece, cuidándonos entre nosotras…

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Y cuando llegamos a casa hay otra jornada que comienza cuando termina la que figura en el calendario laboral. Esas cargas mentales… deberes del cole, reuniones extraescolares, citas médicas, preparar que la despensa este llena o por lo menos con algo para comer cada día, saber dónde está cada cosa de la casa, organizar las actividades de las criaturas, escuchar a quien lo necesita, llevar las cuentas, pagar deudas, contestar mensajes, hacer presupuestos, limpieza, cuidados, mantenimientos, la huerta….

En los pueblos muchas veces, emprender no es solamente una vocación. Nos convertimos en emprendedoras por necesidad y por rebeldía. Porque nos negamos a aceptar que vivir aquí signifique renunciar a tener ideas, derechos, cultura, autonomía económica o un futuro propio.

Reunión de mujeres y hombres en la calle.

Hay tantas mujeres como vidas, circunstancias y maneras de resistir.
Está la mujer que renuncia a oportunidades laborales para cuidar, la que trabaja en el campo, atiende al ganado o sostiene una explotación familiar; la que trabaja en la oficina, en la hostelería o emprende en un territorio donde todo cuesta un poco más. La abuela que vuelve a criar, la que cuida de sus mayores y la que sostiene a todo el mundo sin saber a quién recurrir cuando necesita ayuda. Está la mujer neurodivergente y la mujer con diversidad funcional que se enfrentan a barreras añadidas en entornos que no siempre comprenden ni respetan sus necesidades, sus capacidades o sus ritmos. La que cría sola, la que acaba de llegar y todavía no tiene una red de apoyo, la que quiere quedarse, pero no encuentra vivienda; la que quiere volver, pero no encuentra trabajo. La joven que se pregunta si tendrá que marcharse para poder elegir y la mayor que ve desaparecer los servicios y las personas que han formado parte de su vida. Está también la mujer que defiende su territorio, estudia proyectos que lo amenazan, presenta alegaciones. La que escucha hablar de la paz rural mientras acumula jornadas interminables, responsabilidades y preocupaciones que nadie ve.

Ser mujer rural consiste en aprender a habitar el lugar sin desaparecer nosotras en el intento.

Todas son mujeres rurales. Comparten una misma realidad: una parte importante de su trabajo sostiene la vida de otras personas.
Y también está… la culpa. La culpa por trabajar demasiado y no estar suficiente con las criaturas. Por estar con ellas y no avanzar en el proyecto. Por descansar mientras hay cosas pendientes. Por no participar en la actividad del pueblo. Por querer, de vez en cuando, que nadie nos necesite; por no cuidarse y ver como su físico va a peor…

No queremos mujeres heroínas.
Queremos mujeres con tiempo, con autonomía, con derechos, con oportunidades y con proyectos que no dependan de su capacidad para sacrificarse. Queremos pueblos donde cuidar sea una responsabilidad compartida, donde emprender no signifique vivir permanentemente al límite y donde la participación de las mujeres no se dé por hecha ni se sostenga a costa de su salud.

Queremos que nuestras hijas e hijos crezcan sabiendo que pueden quedarse en el pueblo.
Porque no se trata de que dejemos de cuidar nuestro territorio, nuestras familias o nuestros pueblos. Se trata de que cuidarlos no implique olvidarnos de nosotras mismas.
Y, de vez en cuando, quiero que nos quede tiempo para algo tan revolucionario como salir a caminar por el bosque sin sentir que deberíamos estar haciendo otra cosa.
Caminar sin el teléfono en la mano. Sin repasar mentalmente la lista de pendientes. Sin convertir el paseo en pensar una actividad o resolver un problema del proyecto.
Caminar porque sí. Escuchar el agua, oler la tierra húmeda, mirar cómo cambia la luz entre los árboles.
Recordar que también somos parte de ese territorio que tanto nos empeñamos en cuidar. Que no hemos venido al mundo solamente a producir, organizar, atender y resolver.
Que estamos vivas.

Ser mujer rural consiste en aprender a habitar el lugar sin desaparecer nosotras en el intento.
Por eso, en el Día de la Mujer Rural, no queremos que nos feliciten por nuestra capacidad de trabajo, nuestra entrega o nuestra fortaleza.
Queremos un futuro corresponsable con los cuidados. Y que, por una vez, sea el pueblo quien se encargue de que las mujeres puedan salir a dar ese paseo por el bosque.
Sin culpa y sin prisa…


Noelia Romero

Noelia Romero. Gestora y coordinadora de proyectos culturales, comunitarios y de dinamización rural
PERFIL PROFESIONAL



Gestora cultural y coordinadora de proyectos vinculados a la cultura, la dinamización comunitaria, la soberanía alimentaria y el desarrollo rural. Mi trayectoria combina experiencia técnica en artes escénicas, formación forestal y creación de iniciativas culturales y sociales orientadas a fortalecer el tejido comunitario, favorecer el arraigo y generar nuevas oportunidades en el medio rural.

FORMACIÓN
  • Artes, Imagen y Sonido.
  • Iluminación de espacios escénicos.
  • Gestión forestal y recursos paisajísticos.
  • Gestión cultural.
  • Edición de vídeo.
EXPERIENCIA PROFESIONAL Y PROYECTOS

Cultura y artes escénicas

  • Diez años de experiencia en el ámbito técnico teatral.
  • Teatro Arriaga de Bilbao y Teatro de la Laboral de Gijón.
  • Experiencia en iluminación y producción técnica de espectáculos.

Producción ecológica y soberanía alimentaria

  • Impulso de PitaSana, proyecto de producción ecológica vinculado a la tierra y a la alimentación sostenible.

Coliving y coworking rural

  • Cofundadora de Acougo de PitaSana, en Boal (2023).
  • Desarrollo de un espacio de convivencia, trabajo compartido y encuentro que favorece el arraigo de familias, el intercambio de saberes y la creación de comunidad en el medio rural.

Gestión y diseño de proyectos culturales

  • PitaFesta: cultura, participación y dinamización rural.
  • Maixeira: diseño y desarrollo de iniciativas culturales vinculadas al territorio.

Desarrollo rural y economía social

  • Coordinadora del proyecto De Boal Cooperativa, vinculado al reto demográfico y a la creación de iniciativas de economía social y transformación alimentaria.

Asociacionismo y participación comunitaria

  • Presidenta de la asociación cultural Gallinero Culturero.
  • Impulso de proyectos culturales y comunitarios que promueven la participación, la creatividad y la transformación social desde el medio rural.
ÁREAS DE TRABAJO
  • Gestión y producción cultural.
  • Diseño y coordinación de proyectos.
  • Dinamización comunitaria y participación social.
  • Desarrollo rural y reto demográfico.
  • Economía social y soberanía alimentaria.
  • Cultura, territorio y sostenibilidad.
  • Comunicación audiovisual y edición de vídeo.
  • Asociacionismo y creación de redes.

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📍Boal, occidente de Asturias. Trabajo por un medio rural vivo, diverso y creativo, donde la cultura sea una herramienta de encuentro y transformación, las comunidades puedan desarrollar sus propios proyectos y las mujeres rurales tengan capacidad para imaginar, liderar y construir futuro desde sus territorios.

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