Leo a Juan José Millás más como filósofo doméstico que como escritor. Ver su columna cada mañana es ejercicio refrescante, como la hoja del taco calendario, que antes te daba una larga relación de los santos del día y un precepto moral. Ahora hay almanaques laicos que suministran citas de alguna personalidad notoria y te informan de que se celebra el Día Internacional de Algo.
Desconfío de santos y de verdades históricas, pero me divierte arrancar la hoja, que, complementariamente, enseña a manejar los números ordinales. Pongamos un ejemplo reciente, la del 20 de diciembre, que un amigo (gracias, Felipe), me envió puntualmente; me indicaba que estábamos en el tricentésimo quincuagésimo cuarto día de 2025, que se recordaba a Filogonio y a Augurio (espero que buen augurio), a la par que era el Día Mundial del Escepticismo. No sé si con un día será suficiente…
Son estas ideas de almanaque munición ideológica de la que se dotan los personajes que nos amargan el vermú o los fraternales ágapes de estas jornadas con sus ocurrencias. Al grito de “¡vas decímelo a mí!” inician un crescendo en la perspectiva de que el incremento de tono aumentará de modo directamente proporcional sus malhadadas certezas.
Al grito de “¡vas decímelo a mí!” inician un crescendo en la perspectiva de que el incremento de tono aumentará de modo directamente proporcional sus malhadadas certezas.
Recomienda Millás avenirse, puesto que “los cuñados más felices son los que abandonan las comidas navideñas habiendo llevado la razón”. En ese contexto, agravado por la inmoderada ingesta de alcohol, me parece un buen consejo; anotado queda. Admito a los que en estas señaladas fechas celebran el cumpleaños de un chavalín nacido hace tiempo en Belén de Judea, a los que predican cristiana hermandad, paz y amor les doy la razón, aunque luego no sepan qué hacer con ella.
Hay quienes después de esta prédica echan a la calle en Badalona a cuatrocientas personas que tendrán las nubes por techo desde ahora, alardeando a mayores de que no recibirán ni un euro de ayuda. Al Ungido y sus padres, al menos, les permitieron okupar una cuadra.
Siempre pagamos el pato los pobres. En Oviedo, los concejales de la derecha montaraz piden que se anule la partida presupuestaria de ayuda a África, texto: La realidad es que mientras el Ayuntamiento va a destinar dinero municipal a proyectos como la construcción y mejora de instalaciones agrícolas en África, la adquisición de vehículos para cooperativas en terceros países, la compra de maquinaria, animales, placas solares o equipamientos productivos…” En la ciudad hay deficiencias, argumentan.
La mala baba contra otras razas lleva a extremos tan absurdos como en Los Realejos (Tenerife), donde el cartel de Reyes representa a un Baltasar blanco.
Siempre podemos encontrar excusas para no ayudar al prójimo. Se trata de una partida de 700.000 € sobre un presupuesto de 294 millones; es decir, el 2,38 %. Algo así como si un jubilado que cobre los 1800 € de la pensión media de Asturias dedicara a obras sociales 43 €. Este año se van a pulir, sólo en la improductiva lotería de Navidad, 120 €. Y no quiero ensañarme con el derroche en luces navideñas, después de doce meses parloteando de ahorro energético.
Estos señoritos derechosos están todo el día dando la turra con la inmigración, no quieren que vengan. Pese a Millás, no les doy la razón. Yo tampoco quiero que vengan, con otro argumento: Es doloroso que jóvenes africanos se jueguen el pellejo en el Atlántico para poder comer; la solución es que en sus países tengan medios, y para ello debemos pagar sus productos de manera justa e invertir en sus proyectos.
La mala baba contra otras razas lleva a extremos tan absurdos como que en Los Realejos (Tenerife) el cartel de Reyes representa a un Baltasar blanco. Álvaro Morales en El Diario.es habla de un equipo que ya ha cometido alguna otra fechoría; ejemplo, en zona que pretende promocionar la denominación de origen Tacoronte-Acentejo, celebró un acontecimiento municipal con vino de Ribera de Duero. “Situaciones un poco chirriantes, por decirlo suave”, escribe.
Me niego a dar la razón a quienes han remitido insultos y amenazas de muerte al pintor Fernando Vaquero. Es artista de sólida formación, -tuvo por maestro a Antonio López-, aplaudidísimo por sus obras de tema religioso; por ejemplo, el Santísimo Cristo de la Expiación, que fue llevado a Roma en el Jubileo de Cofradías 2025. El hombre ha hecho gratuitamente el cartel de Reyes para Sevilla; dibujó a un niño a la espera de los Magos, con una camiseta del Betis Balompié y un hábito de procesionante de la Hermandad de la Macarena. Quieren quemarle el estudio los del Sevilla F.C. y se quejan amargamente el resto de las cofradías.
¡Pues vaya! Para el año próximo, en vez de cartel, un mural. Vamos a ver dónde se pueden meter los datos de las 60 hermandades que componen la carrera profesional de Semana Santa, y esperemos que no pidan incluir sus uniformes el Club Deportivo Alcalá, el Club Atlético Antoniano, el Atlético Sanlúcar Club de Fútbol, el Castilleja Club de Fútbol, el Club Deportivo Gerena, el Club Deportivo Utrera, el Coria Club de Fútbol, el Dos Hermanas Club de Fútbol y la Unión Balompédica Lebrijana. Seguramente no bastarían los metros cuadrados de pared de La Cartuja. Digo, por poner un estadio neutral.
Así que Millás concluye: Dales la razón “y dedícate a los langostinos”. Pero soy escéptico, no sé si será solución; por cuestiones de conciencia, una parte de los que comemos vienen de África y no se los pagamos a 103,45 €/kg, como los de Sanlúcar.
Pero hace años el propio Juan José nos señaló otro problema en “La mujer loca”, que la pobre estaba rodeada de sustantivos por doquier; tanto que en el metro le dio un ataque de ansiedad por la invasión de sustantivos. No es de extrañar, por tanto, que el otro dejara el trabajo de filólogo. “- ¿Es pescadero? -Sí, ya sabes que de lo primero que se quita la gente en las crisis es de la filología y del marisco, así que ha tenido que dejar la enseñanza”. Puede que tenga razón.