Lector impenitente, escribidor ocasional, Teobaldo Antuña mira con lupa la sociedad para ponerse del lado de quienes la construyen, ni obispos ni banqueros ni generales, sino las personas que viven de su trabajo.
No es de extrañar la cara de susto de Melchor, suceden tales cosas en estos tiempos que ni los mismos magos, estrelleros, predictores de acontecimientos, podrían imaginar.
El viejo sueño de Ebenezer Scrooge se va a hacer realidad justo el año que se conmemora a Dickens, Rajoy suprime la paga de Navidad y el suplemento del coste de vida de las pensiones; Ratzinger retira la mula y el buey del establo. La Navidad, si no abolida, queda seriamente tocada en sus símbolos.
Cuando menos esa es la conclusión que se extrae de los datos numéricos que publica El País, al día siguiente, lunes 22 de octubre; sin embargo, sorprendentemente, no se tienen noticias de impugnaciones.
Aquí, cerca de casa, han abierto unos ciudadanos orientales, trabajando de sol a sol, como chinos, una tienda casi tan grande como el campo de fútbol que tiene al lado, en el que la hierba artificial no reverdece las viejas glorias del Racing de Sama ni del Círculo Popular de La Felguera.
'De asesinato, nada. No existe pureza de la lengua, la pureza de la lengua es un mito, otra de las creencias piadosas...' respondía el director de la Academia de la Lengua a la pregunta de Eduardo García '...pero si los periodistas asesinamos el lenguaje...'.
Ya, ya sé que no me quedado calvo pensando el título; tenía algún otro peor, porque la verdad es que todo lo malo se me pega. Afortunadamente la chispa popular nos libra de las tonterías pseudo-intelectuales.
Esto va a mucho mejor, ¿dónde va a parar? El clima, quiero decir, que ya sale el sol y eso; podremos salir a tomar sidra a las terrazas e iremos de excursión.
¡Si no lo oigo no lo creo! Resulta sorprendente ver los errores reproducirse con tanta naturalidad. Posiblemente recuerde Vd. la cita de hace dos meses acerca del amigo que informaba con orgullo haberse hecho 'donante de orgasmos'; pues bien, en esta semana escucho a media mañana RNE, un locutor se ríe de los errores de su propia casa y pone un corte en el que un compañero informa de una muerte 'por fallos multiorgásmicos'. El recopilador de errores comentaba con sorna que tales fallos, propiamente, no llegan a matar, pero incomodan.