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lunes 26, enero 2026

La educación ambiental, una asignatura pendiente

Casi todo el mundo está de acuerdo en que conservar el medioambiente en buen estado es un requisito ineludible para garantizar nuestro futuro. Las diferencias vienen cuando tratamos de definir en qué consiste y cómo se alcanza ese buen estado de conservación. La ciencia ha identificado los problemas, y nos dice que debemos actuar con extrema urgencia y cómo hacerlo. Sin embargo, paradójicamente, el conocimiento sobre este tema en la sociedad ha variado de forma inversa; la información disponible aumenta, pero la gente cada vez está más desinformada. A ello ha contribuido de forma decisiva la posverdad, mentiras que se hacen pasar por verdades, y que hoy en día inundan los medios, las redes sociales y los contenidos de Internet. Es por estos motivos que la educación ambiental es hoy más importante que nunca.

Una necesidad urgente

Gran parte de nuestro impacto sobre el medioambiente tiene que ver con costumbres y dependencias que vamos creando a lo largo de nuestra vida, y que una vez adquiridas, son muy difíciles de cambiar. Por eso, colegios e institutos son el mejor punto de partida para educar ciudadanos responsables e implicados en el cuidado del planeta. Con los adultos, esos cambios son más difíciles, pero igualmente necesarios.

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Una buena educación ambiental es la que proporciona a la ciudadanía las herramientas para desarrollar su vida con el menor impacto posible sobre su entorno, lo que  revierte directamente en una mejora de su salud y bienestar, y del futuro de sus hijos. Es responsabilidad de todos y todas, pero, sobre todo, debe contar con el respaldo de gobiernos y poderes públicos; las decisiones políticas no pueden centrarse en el desarrollo económico inmediato, sin contemplar el desarrollo sostenible para las generaciones futuras. Heredamos de nuestros mayores un paisaje que muchos otros territorios explotados y desgastados envidian; es frustrante ver cómo las acciones que la política emprende no contemplan el deterioro ambiental como criterio de selección.

El papel de la responsabilidad colectiva

La educación ambiental en los jóvenes lleva décadas funcionando, pero siempre a muy pequeña escala. Sin una asignatura específica que se repita cada año, no parece posible conseguir que los alumnos adquieran los conocimientos esenciales sobre una materia tan determinante para su futuro. Pero tan importante como el cuánto es el cómo. Actualmente, las actividades ambientales están enfocadas a fomentar la responsabilidad individual. Sin embargo, la base de los problemas ambientales modernos está en la ausencia de responsabilidad colectiva. Las decisiones políticas y la actividad económica son las responsables de la destrucción del planeta, mientras que los ciudadanos son sólo peones necesarios. Por eso, al poner tanto énfasis en los comportamientos individuales, en cierto modo estamos engañando a los alumnos. Es difícil convencer a alguien para hacer algo, haciendo lo contrario de lo que enseñamos, pero esa situación se da con mucha frecuencia. Le explicamos a un niño que no debe dejar una luz encendida si no la está utilizando, pero cuando sale de su casa cualquier noche, verá decenas de miles de bombillas encendidas por todas partes. Bombillas que están funcionando toda la noche sin que nadie las esté utilizando, despilfarrando una gran cantidad de energía y causando serios daños ambientales. Los jóvenes crecen y acaban normalizando esa hipocresía, y considerándola como algo normal. Quienes intenten ser responsables, sufrirán además una frustración importante al ver que su actitud “ejemplar” no tiene consecuencias más allá de hacerles la vida más difícil.  

Las decisiones políticas y la actividad económica son las responsables de la destrucción del planeta, mientras que los ciudadanos son sólo peones necesarios.

Por eso los jóvenes deben aprender desde una edad temprana que su comportamiento es importante, pero que la clave para conservar el medioambiente está en las grandes decisiones colectivas. Hay que explicarles desde el principio cómo se deben hacer las cosas, pero también que no es así como se están haciendo, y que debemos forzar cambios en quienes toman las decisiones y en los grandes sectores económicos. Se trata de mostrarles las contradicciones desde el primer momento, que no lleguen a descubrirlas por sí mismos y acaben dándose cuenta de que, aún sin quererlo, les hemos engañado. Un engaño que será una constante a lo largo de toda su vida, y que se apoya en la dificultad para diferenciar la verdad de la mentira. Por eso también es necesario enseñar qué es la ciencia y por qué el pensamiento científico y racional es imprescindible en la vida diaria y en la toma de decisiones.

Actividad escolar medioambiental impartida en el bosque.

Los jóvenes deben aprender desde una edad temprana que su comportamiento es importante, pero que la clave para conservar el medioambiente está en las grandes decisiones colectivas.

La educación ambiental formal en Asturias carece de una estrategia bien definida, a diferencia de lo que ocurre en otras comunidades, donde se promueven, desde las administraciones educativas y medioambientales, actividades al aire libre obligatorias y gratuitas para todo el alumnado. Está ampliamente demostrado que, como nos recuerda Heike Freire, mediante el contacto con la Naturaleza, los niños “desarrollan mucho mejor el aspecto físico y motor, también el plano emocional, creativo, imaginativo, a nivel social e intelectual”.

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En Asturias se pone a disposición de los centros educativos la participación en varias iniciativas públicas, como es la Red Natural de Asturias (RENA), con unos gastos de desplazamiento que deben ser asumidos por el centro, suponiendo un impedimento importante en muchas ocasiones. También se pone a disposición la participación, siempre voluntaria, en la Red de Escuelas por la Circularidad, la única que contempla la gratuidad de los desplazamientos a sus instalaciones o sus encuentros, permitiendo una educación ambiental ligada al reciclaje, la prevención de la contaminación del agua o el consumo responsable, pero carente de actividades de conocimiento y contacto con en el medio natural que permitan al alumnado conocer su riqueza … y bien se sabe que lo que no se conoce, no se respeta ni se cuida. A esto se suma la carencia de una Consejería de Medioambiente como impulsora o interlocutora de estas actividades; otra debilidad muy importante.

Cómo lograr una educación ambiental eficiente

La educación ambiental debe desarrollarse en dos niveles. Por un lado, capacitando al alumnado tanto para identificar su impacto individual sobre el medioambiente y el de la sociedad en su conjunto, como para establecer pautas que contribuyan a neutralizarlo. Por otro, estableciendo un vínculo emocional entre el alumno y la naturaleza, que lleve el interés por conservarla más allá de las cuestiones puramente racionales o prácticas.

Debería existir una formación ambiental básica desde el ámbito educativo, obligatoria en todos los centros, y gratuita. En los centros educativos es necesaria la figura del Coordinador/a de Sostenibilidad, para que estos contenidos que la LOMLOE contempla, sean aplicados en todos los centros con homogeneidad y calidad. Y debería incluir aulas en los entornos naturales que permitan llevar al alumnado a conectar con la Naturaleza.

La educación ambiental no debe centrarse sólo en niños y adolescentes; la formación de la población adulta es también fundamental pero igualmente deficitaria.

Pero la educación ambiental no debe centrarse sólo en niños y adolescentes; la formación de la población adulta es también fundamental pero igualmente deficitaria. En la educación no formal, la que se desarrolla fuera de los centros de enseñanza, son escasas las entidades que ofrecen actividades de educación ambiental al público adulto, y suelen presentar dificultades para contar con espacios donde realizarlas. Mientras tanto, muchos espacios creados en su momento en los Parques Naturales con ese objetivo, incluso en nuestro Parque Nacional de Picos de Europa, o están cerrados o presentan un mantenimiento y personal insuficientes.

Lago Ercina. Lagos de Covadonga (Picos de Europa)
Lago Ercina. Lagos de Covadonga (Picos de Europa)

Quizás deberían promoverse desde el ámbito público, bien autonómico, bien municipal, centros permanentes donde el público adulto pudiera adquirir o mejorar este tipo de formación, que no está presente en el debate político, en la prensa o en la vida pública. Da la sensación de que nuestro entorno no necesita ser cuidado. Esta ausencia enfrenta a niños y adolescentes con una contradicción, ya que, tras recibir cierta educación ambiental en sus centros educativos, gracias al esfuerzo voluntario del profesorado implicado, se encuentran con que ese respeto por el entorno, la fauna, la flora, o la prevención de la contaminación en su barrio, su ciudad o su comunidad, no existe.

Distinguir la preocupación por el medioambiente del lavado verde

A los centros educativos llegan decenas de propuestas para una educación ambiental ligada a proyectos privados con unos u otros intereses, de la mano de empresas eléctricas, madereras, petrolíferas o entidades religiosas. Suelen ser gratuitas y facilitar todos los materiales y actividades a los y las docentes, pero sus objetivos a menudo distan mucho de los planteados en el apartado anterior. Con frecuencia, este tipo de propuestas están dirigidas a convencer a los alumnos de las bondades de la actividad que desarrolla la entidad que las promueve, tanto si esa actividad es respetuosa con el medioambiente como si no. En esos casos, la evidencia científica sólo se utiliza como apoyo si coincide con los intereses de la entidad. De lo contrario, se ignora o niega la evidencia y se recurre a la posverdad. Los educadores deberían ser capaces de distinguir propuestas de educación ambiental genuinas, de las que van dirigidas al lavado verde, apoyando las primeras y rechazando las segundas. Y tan importante como hacer ese filtrado, es el enseñar a los alumnos a hacer esa distinción. Durante su vida se encontrarán con innumerables ejemplos de lavado verde mezclados con propuestas legítimas de actividades que fomenten la conservación del medioambiente. Diferenciarlos les permitirá evitar que su contribución sea contraria a sus intereses y a los del conjunto de la sociedad.

Una oportunidad para frenar la autodestrucción

Tanto el camino hacia el colapso de la humanidad como el modo en que lo estamos recorriendo, están claramente identificados. Los actuales líderes mundiales lo han escogido, y parecen decididos a empujarnos a todos hasta el final. De nosotros depende dejarnos empujar o resistirnos y actuar para cambiar de rumbo. La educación ambiental es la pieza clave de ese cambio, y es nuestra responsabilidad dar a nuestros hijos la oportunidad de vivir un futuro igual o mejor del que nosotros hemos vivido. Sólo una sociedad bien informada y consciente de la situación podrá enfrentarse con éxito a la crisis climática y de biodiversidad.

26 de enero. Día Mundial de la Educación Medioambiental

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Clara Rosa Rodríguez Fernández y Rolando Rodríguez-Muñoz
Clara Rosa Rodríguez Fernández y Rolando Rodríguez-Muñoz
Clara Rosa Rodríguez Fernández es profesora de Secundaria, miembro de Teachers for future. Rolando Rodríguez-Muñoz es Investigador de la Universidad de Exeter y miembro de Geotrupes.

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