En la Conferencia General de la UNESCO de 2019 se estableció el 24 de enero como el Día Mundial de la Cultura Africana y de los Afrodescendientes, con el objetivo de visibilizar el patrimonio, la riqueza y la diversidad de las culturas africanas, así como su influencia en todo el mundo a través de los movimientos de la diáspora y las comunidades afrodescendientes. Esta conmemoración propone reconocer la profunda huella del arte, las tradiciones y las expresiones culturales africanas, y valorar su contribución como una herramienta fundamental para conocer la historia y el legado de un continente excepcionalmente diverso. Reconocer la importancia de estas culturas como parte del patrimonio común de la humanidad no solo implica respeto por la diversidad cultural, sino también un paso hacia la paz, el diálogo y el desarrollo sostenible.
En la Fundación El Pájaro Azul siempre hemos considerado indispensable poner en valor la cultura africana, entendiéndola como un puente que favorece un mejor entendimiento y una mayor empatía entre sociedades que a primera vista parecen diferentes. La cultura, en todas sus manifestaciones, derriba los muros que se levantan desde la ignorancia y el miedo al otro. Además, es un instrumento que permite establecer un diálogo genuino en el que los africanos y afrodescendientes hablan con sus propias voces, evitando que su identidad sea reinterpretada desde una perspectiva occidental o colonialista. Es por ello que, desde el año 2009, organizamos un ciclo de cine africano en Oviedo y, desde el 2019, las Jornadas Internacionales de Literaturas Africanas para acercar a la sociedad asturiana a la riqueza y potencial de estas expresiones artísticas. No falta quien se asombra al saber que la industria de cine africana es la tercera del mundo y que cinco escritores africanos han recibido el Premio Nobel de Literatura.
La cultura africana constituye mucho más que un conjunto de expresiones artísticas o folclóricas: es un vehículo fundamental para comprender las realidades profundas de los pueblos, su forma de sentir, pensar y actuar, lo que nos acerca mucho más al reconocimiento de sus valores. A través de las diferentes expresiones artísticas se preservan las tradiciones, las lenguas autóctonas, los ritmos musicales y, en definitiva, se salvaguarda la memoria colectiva de los pueblos, a la vez que se fortalece su identidad. Esta riqueza cultural, en su diversidad, refleja experiencias históricas, valores compartidos y modos de interpretar el mundo. Promover y estudiar estas manifestaciones nos acerca a las realidades africanas desde su propia lógica y desde categorías externas o estereotipos que muchas veces simplifican y distorsionan la complejidad histórica del continente, al estar mediatizados por nuestra forma de ver y entender el mundo.
La cultura africana también genera oportunidades de trabajo para sectores como el cine, la literatura, la música, las artes plásticas y es, por tanto, un motor para el desarrollo que promueve posibilidades de trabajo vinculadas a su patrimonio cultural. De este modo, la cultura actúa como herramienta de empoderamiento para los pueblos africanos y afrodescendientes.
La difusión de sus expresiones artísticas, tanto tradicionales como contemporáneas, consolidan un sentido de pertenencia y dignidad que es esencial para enfrentar siglos de marginalización, colonialismo y racismo estructural.
La difusión de sus expresiones artísticas, tanto tradicionales como contemporáneas, consolidan un sentido de pertenencia y dignidad que es esencial para enfrentar siglos de marginalización, colonialismo y racismo estructural. En este sentido, la cultura se transforma en un instrumento activo para el cambio social: permite rescatar narrativas propias, reivindicar la voz de las comunidades africanas y afrodescendientes y promover la recuperación de memorias históricas silenciadas. Este empoderamiento cultural tiene efectos concretos en ámbitos como la educación, la cohesión social, la economía creativa y la participación comunitaria y aporta herramientas para reflexionar sobre el presente y diseñar futuros más justos y equitativos.
La celebración del Día Mundial de la Cultura Africana y de los Afrodescendientes cada 24 de enero es un reconocimiento de esta importancia: no se trata únicamente de celebrar la diversidad de expresiones culturales, sino de entender la cultura como un motor de diálogo, respeto mutuo y desarrollo integral, tanto dentro del continente africano como en su diáspora en todo el mundo.