Sandra Gómez Yugueros es la creadora digital asturiana que está detrás de @saltando_ladieta. Está a punto de publicar su primer libro titulado “Mis recetas infalibles” con 66 recetas, muchas de ellas familiares, algunas asturianas, unas fáciles para diario mezcladas con otras más elaboradas para días especiales, pero, sobre todo, un libro creado desde el cariño y la ilusión.
Recuerda que desde pequeña le gustaba la cocina. Su abuela fue la principal responsable de que aprendiese a cocinar casi como si fuese un juego. Con el tiempo, acabó estudiando matemáticas, pero su madre, viendo lo que costaban las matrículas, le planteó una idea bastante loca: “¿Por qué no coges menos asignaturas para llevarlo mejor y buscas otra cosa mientras? Por ejemplo, puedes abrir un canal de YouTube. Seguro que te relaja un poco la cabeza e igual, con el tiempo, lo puedes llegar a monetizar”. ¡Brillante idea!
-¡Qué moderna tu madre animándote a que te hicieses Youtuber…!
-Le encanta la cocina y me dijo que se animaba a ayudarme. Empecé con el canal y con un blog porque era el momento en el que más fuerte estaban pegando esas cosas. Las otras redes las tenía de apoyo, para anunciar el vídeo que había subido en YouTube. Sobre el año 2022 Instagram empezó a coger fuerza con los reels, la gente subía directamente las recetas ahí y empecé a plantearme dar el salto también. Tenía unos 19.000 seguidores en YouTube que habían pasado a seguirme en Instagram, pero me planteé que eso tenía que aumentar. Así que me puse como objetivo subir una receta al día y, como mucho, dejar un día a la semana sin subir nada. Al final, está demostrado que la constancia es lo que más le gusta al algoritmo.
-¿Qué fue lo que hizo que te hicieses viral en redes?
-Poco a poco aumenté seguidores hasta los 80.000. En enero de 2024 subí la receta del sándwich Montecristo. Me acuerdo que iba de camino a Madrid en el AVE y empecé a ver que estaba entrando mogollón de gente y, cada vez que abría Instagram, tenía 100 seguidores nuevos. El sándwich se había viralizado de un día para otro, de hecho, sigue creciendo y dándome seguidores. Ese vídeo me dio 100.000 seguidores de repente. La verdad es que no sabes cómo gestionarlo y me agobié un poco. Yo decía “por favor, que pare”. Estaba contenta porque era lo que buscaba, pero no lo esperaba. Luego vino la parte mala de la viralización, que es que cuando el vídeo ya se calma y tus números pasan a ser mucho peores. Ahí Instagram me tuvo un poco penalizada, pero parece que eso ya ha pasado y las cosas vuelven a ir un poco mejor.
-¿Qué tiene de especial ese sándwich Montecristo?
-Si te digo la verdad, yo tampoco lo entiendo. La receta de este sándwich ya la tenía subida de antes pero no me acordaba. El día que lo hice, me tenía que marchar de viaje y necesitaba algo para subir porque hacía tres o cuatro días que no publicaba nada. Pensé en esto porque era una cosa rápida que en veinte minutos lo tenía listo. Cuando estaba editándolo fue cuando me acordé que ya lo había subido. Lo miré y ya tenía medio millón de visitas que tampoco está nada mal. Me pregunté ¿qué hago?, ¿archivo el anterior y subo este? Y como estaba mejor grabado y ya hacía mejor los reels, subí el nuevo.
-Pero… ¿por qué esta vez se hizo viral?
-Fue un cúmulo de cosas. Creo que es porque lo primero que enseño es cómo sale el queso derretido, en hilo, y eso llama mucho la atención. También que llevo las uñas pintadas y eso genera mucha controversia. Han dejado bastantes comentarios diciendo: “¡qué asco! Con esas uñas…”. Yo siempre contesto educadamente que estoy cocinando para mí y mi marido. Que no lo estoy haciendo en un restaurante y que tú, en tu casa, es como lo haces siempre. Además, era un color oscuro que llama mucho más la atención. Creo que también suma que la receta es tan fácil que a todo el mundo le gusta.
«Creo que el sándwich Montecristo se hizo tan viral porque lo primero que enseño es cómo sale el queso derretido, en hilo, y eso llama mucho la atención (…). Creo que también suma que la receta es tan fácil que a todo el mundo le gusta»
-¿Cuántas horas de trabajo hay detrás de un vídeo aparentemente sencillo como el del sándwich?
-Muchas. La gente piensa que es cosa de un momento, pero, si una receta te lleva media hora, a mí me puede llevar una hora y cuarto porque tengo que mover focos, preparar los ingredientes, colocarlos de manera presentable, que el resultado final esté bien… Después hay que editar lo que has grabado. Ahora lo hago mucho más rápido que antes porque ya son muchos años y me he tirado muchas horas delante del editor, pero todo es trabajo.
-Con el tiempo, ¿has llegado a encontrar un vínculo entre las matemáticas y la gastronomía?
-Aunque ya lo estoy dejando, sigo dando clases particulares y a mis alumnos siempre les digo que todo en esta vida lleva matemáticas y la gastronomía también. Que tengas que adaptar una receta calculando cantidades con una regla de tres es vital y, concretamente, en las redes sociales, son muy importantes.
Todo son métricas y estudiar las estadísticas de los vídeos. Al final, todo tiene relación.
-Aprendiste a cocinar de la mano de tu abuela y tu madre. ¿Qué que te enseñaron?
-Todo. Mi abuela me cuidó hasta que tuve edad para quedarme sola en casa y la veía cocinar a diario porque lo hacía para mi abuelo, mi madre y mis tías y yo me ponía con ella. La primera receta que empezamos a hacer juntas fueron rosquillas. Tendría unos seis años. Mi abuela hacía la masa y me daba trocitos para que les fuera dando forma. Que te involucren en las cosas cotidianas como si fuera un juego, acaba haciendo que te gusten. Mi madre, toda la vida cocinó muy bien y siempre le gustó buscar recetas nuevas y probar. Entre las dos hicieron que me gustara a mí también.
-Siendo tu madre la que te animó a que abrieses el canal, estará muy orgullosa de ti, ¿no?
-Es mi mayor fan. Me ayuda mucho. Cuando está conmigo es la que va fregando mientras yo grabo, recoge las cosas y eso me quita mucho trabajo. La verdad es que es una maravilla y, si pienso en el libro, sin mi madre, no hubiese podido hacerlo. Para las fotos contraté a una fotógrafa profesional e hicimos 66 recetas en cuatro sesiones. Imposible hacerlo sin ayuda. Hay recetas del libro que están cocinadas por mi madre, otras por mi padre e incluso, alguna, por mi abuelo. Todos me ayudaron mucho. También conté con la ayuda de Ana Fuertes, mi socia. Ella fue la que hizo todos los estilismos. De hecho, me decía: “no has venido al salón a ver cómo estamos haciendo las fotos”. No me hizo falta porque me fio totalmente de ella. Y, la realidad, es que quedaron impresionantes.
-¿Se puede comer bien, saludable, barato, variado y sin perder mucho tiempo?
-Sí, se puede. De hecho, en un par de meses, voy a empezar a dar tips en Instagram para poder congelar. Que un día cocines cosas, las congeles y luego, en cinco minutos, te hagas una comida saludable con pequeñas cosas que tienes medio preparadas. Ahora que tengo menos tiempo para hacerme la comida o dejársela preparada a mi marido, también necesito hacerlo y voy a aprovechar para hacer algún vídeo de este estilo. Por ejemplo, congelar una boloñesa y que luego sólo tengas que cocer la pasta o rellenar un calabacín. Con poco tiempo, se puede seguir comiendo casero y saludable.
«Creo que hay que comer de todo, pero priorizando que sea lo más fresco posible. Coge una lechuga normal antes que abrir un paquete de esas ensaladas a las que le han metido conservantes y otras cosas para que dure varios días en la nevera»
-Ahora se habla mucho de la “comida real”, pero no deja de ser lo que comían nuestros abuelos…
-Yo creo que hay que comer de todo, pero priorizando que sea lo más fresco posible. Coge una lechuga normal antes que abrir un paquete de esas ensaladas a las que le han metido conservantes y otras cosas para que dure varios días en la nevera. Comida de toda la vida, la que viene de la huerta, del mar, de las ganaderías… Intentar minimizar los procesados y los ultraprocesados. Es verdad que todos recurrimos a ellos en algún momento. Yo, esta última temporada, estoy más descontrolada, como peor que nunca y por eso me nace la necesidad de vaciar todo lo del congelador, limpiarlo y empezar a llenarlo con cosas de ese estilo.
-¿Qué tienen tus recetas para que sean infalibles?
-Que son fáciles y las puede hacer todo el mundo. El feedback que me llega por parte de la gente es que explico muy bien. Yo creo que, tras tanto tiempo dando clases, lo de contar las cosas de manera sencilla y comprensible lo tengo incorporado. Y también que suelen ser recetas que no son complicadas y muchas son de saltarse la dieta. Eso a la gente le gusta mucho. Si subo un guiso tiene menos tirón que si subo un sándwich. Mi público, lo que busca, son cosas sencillas, con ingredientes fáciles de encontrar, baratos y que estén al alcance de todos. Muchas de ellas han nacido de no planearlas, de abrir la nevera y decir: ¿Qué grabo hoy?
-¿La cocina necesita liberarse de etiquetas?
-Sí. Hay que quitarlas en general, no solo en la cocina. Pero la que eliminaría la primera es lo de “saludable o no saludable”. Me parece que perjudica mucho porque la gente empieza a confundir muchísimas cosas. Por ejemplo, se hace creer que las cosas light o los productos 0% son saludables, cuando muchos son peores. Sin ir más lejos, los yogures, nutricionalmente, son mejores los enteros, normales y corrientes, que el light o el 0%.
«Lo que busca mi público son cosas sencillas, con ingredientes fáciles de encontrar, baratos y que estén al alcance de todos»
-¿Y algo que potenciarías?
-Lo tradicional. Pero no por las recetas en sí mismas sino por sus ingredientes. Usar los de toda la vida, los reales. Es que además vivimos en un lugar en el que todos tenemos algún familiar o amigo en nuestro círculo cercano que tiene huerta. Potenciar esas calabazas que duran todo el año. Sin ir más lejos hay una receta que me encanta que es la crema de calabaza asada. No es más que: calabaza, cebolla, zanahoria, ajo y un chorro de aceite. Lo metes todo en el horno y después lo trituras con caldo de pollo, verduras o agua. ¡Queda riquísima! Estas son las que hay que potenciar.
-¿Hay una cocina para un día y otra para todos los días?
-Sí, un día puedes hacer el sándwich Montecristo y no pasa nada, pero no te lo hagas todas las noches para cenar. Esto es algo que la gente confunde mucho. Piensan que yo me alimento a base de cosas de estas y nada más lejos de la realidad. El equilibrio es lo que debe sostener todo. No restringirte siempre ni tampoco comer a base de sándwiches.
-¿Liberar la cabeza de obsesiones?
-Exactamente. Yo estuve muchísimos años a dieta (de ahí surgió el nombre del canal) y es verdad que en el momento en el que te empiezas a permitir cosas, subes muchísimo de peso. Las dietas, en general, hacen mucho daño a la cabeza y hay que priorizar que estés en equilibrio. Cada uno tiene que buscar cuáles son los orígenes de sus problemas y encauzarse. En mi caso, es la falta de movimiento, pero es importante tener situadas cabeza y cuerpo. También es verdad que, con el paso de los años, el cuerpo te va a acabar pidiendo la crema de calabaza asada o un pollo guisado y va a dejar de pedir nuggets. Hay que saber relajarse un poco y disfrutar de las cosas en la medida en que puedas hacerlo de una manera sana física y mental.
«Las dietas, en general, hacen mucho daño a la cabeza y hay que priorizar que estés en equilibrio. Cada uno tiene que buscar cuáles son los orígenes de sus problemas y encauzarse»
-¿Cómo te va con los haters?
-La gente piensa que, amparada detrás de una pantalla, puede decir de todo, así que hay que aprender a inmunizarse. Cuando faltan al respeto paso completamente de esos comentarios. Directamente los elimino, porque yo no hago eso con nadie que haya comentado un vídeo mío. En otros casos, respondo amablemente con un saludo, una carita sonriente y un comentario para que se dé cuenta de que lo que está diciendo no tiene sentido. Pero tiendo a pasar porque, sino, no viviría. La gente se piensa que las redes sociales son tu día a día y no es así. Yo enseño un 5% de lo que hago.
-¿Existe algo prohibido en tu cocina?
-La casquería. Lo intenté, pero no puedo con ella. Y el pescado y el marisco no me gustan, pero soy capaz de cocinarlos.
-¿Alguna receta que hayas probado y no seas capaz de igualar?
-El caldo gallego de mi abuelo paterno nunca lo intenté hacer. Él es de Galicia y tengo miedo de ponerme a hacerlo y no estar a su altura. Gracias a Dios, a sus 83 años, sigue metiéndose en la cocina y todavía me lo puede hacer él.
-El libro que vas a publicar ¿es también una forma de recordar todas estas recetas familiares?
-Sí, tengo muchas. Por ejemplo, las albóndigas de mi abuela Mónica que junto a sus lentejas están riquísimas y, aunque sigue con nosotros, ya no cocina. También está el cordero que se ha hecho toda la vida en casa en las fiestas del pueblo, la sopa de marisco de mi madre, el caldo gallego de mi abuelo, otra receta de mi suegra… Es un libro muy familiar y, en los créditos, nombro a todas las personas de las que heredé esas recetas. También hay otras que las pensé exclusivamente para el libro que no es que sean de creación propia, pero les doy mi toque.
-¿Cuál es el proceso del que más disfrutas?
-Cuando ya toca comerlo. Ese es el mejor proceso. También cuando la gente me da su feedback y dice lo ha probado, le ha encantado y ahora es un básico en su casa. Cuando más disfruto es cuando lo disfrutan los demás.
-¿Tu cocina evoluciona contigo?
-Sí, aunque los gustos también van cambiando. Cuando me independicé hacía recetas más calóricas y ahora, muchas veces, me apetecen cosas sencillas y saludables. Eso refleja también una evolución en mi mente. Antes de vivir sola comía lo que me ponía mi madre. Cuando me independicé dejé de tener esas “restricciones” y me di más libertad. Te apetece comer todo lo que no comiste durante años y probar mogollón de cosas. Al final, cocinas como te encuentras en cada momento.
-¿Hacia dónde te gustaría creciendo, evolucionando y explorando?
-Me gustaría poder trabajar con más marcas que me gustan porque, al final, siento que es como un premio a mi trabajo. Pero tampoco es mi prioridad monetizarlo ni hacerme una marca personal. Simplemente me gustaría que la gente siga disfrutando y también hacerlo yo subiendo los vídeos. También es verdad que, a nivel laboral, me he centrado más en mi empresa que está relacionada con las redes sociales y ahí es hacia donde estoy tirando.