Ostricultura artesanal

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Eduardo y Manolo en el cultivo de ostras de Acueo, en Castropol
Eduardo y Manolo en el cultivo de ostras de Acueo / Foto: Acueo
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En la desembocadura del río Eo, en el concejo de Castropol, se cultiva la Crassostrea Gigas, una variedad de ostra de extraordinario sabor. Aquí crecen estos bivalvos sin necesidad de aportarles ningún tipo de nutrientes, alimentándose solo del fitoplancton de las aguas de la ría. Acueo y Ostrastur son las dos empresas productoras locales.

La ostra de Castropol está cada vez más valorada y no tiene nada que envidiar a la gallega o francesa. “Cada zona tiene sus propias características, la de aquí tiene un sabor fuerte, yodado como resultado de las aguas donde crecen, unas aguas muy puras y limpias. Nuestras producciones son pequeñas, lo que nos permite trabajar con mimo, cariño, así que el resultado es un producto muy cuidado”, asegura María Antonia Fernández, bióloga de Ostrastur.

Cuando baja la marea quedan al descubierto miles de parrillas de cultivo donde se crían estos moluscos. Han de pasar dos años para que el producto se pueda comercializar. “Producimos unas veinte toneladas al año pero llegamos hasta cincuenta que exportábamos a granel principalmente a Francia. Lo malo de aquello era que dentro del mercado era una ostra más. Ahora cambiamos de política y vendemos a nivel nacional, directamente al consumidor, para hostelería y particulares. Desde esta esquinita de Asturias y después de veinticinco años de trabajo, hemos conseguido diferenciar y promocionar la ostra del Eo hasta adquirir una identidad propia”, comenta el ostricultor y biólogo Eduardo Martín, de Acueo.

El trabajo de los ostricultores es artesanal, aprovechan la bajamar para revisar, mover los sacos y comprobar que los moluscos crecen en las condiciones adecuadas.

Aquí se apuesta más por la calidad del producto que por la cantidad. La gente cuando consume la ostra de Castropol sabe que se lleva a la boca un producto con garantía. Para que su consumo sea seguro, una vez sacadas de la ría pasan por una depuradora y son sometidas a un estricto control sanitario.

El trabajo de los ostricultores es artesanal, aprovechan la bajamar para revisar, mover los sacos y comprobar que los moluscos crecen en las condiciones adecuadas. “Del trabajo en la ría, apunta Fernández, lo más duro son los temporales, la humedad, el frío y el viento. Aunque la verdad es que disfrutamos mucho trabajando al aire libre”.

Panorámica del cultivo de ostras. Ostrastur (Castropol)
Panorámica del cultivo de ostras. Ostrastur / Foto: Ostrastur

Ambas empresas no solo muestran con orgullo la bandera de la ostra local desde Castropol a toda España, sino que han conseguido atraer al público hasta este pequeño pueblo del Occidente. “Además de la venta online, desarrollamos una intensa labor en redes sociales, -comenta Martín de Acueo-, vamos a ferias y una vez al mes nos acercamos al mercado de productores de Madrid. Nos acogimos a la iniciativa del Principado, ‘Saboreando Asturias’, que daba a conocer a los turistas los productos de cada zona. En nuestro caso acercar las ostras a la gente sin los clichés de un producto exclusivo, introducirlo en nuestra cultura gastronómica ya que su precio no es excesivo”.

El 30 de abril y 1 y 2 de mayo se celebra en Castropol el VII Festival de la Ostra, bajo el lema “Somos la ostra”. En este evento organizado por el Ayuntamiento, se llegan a consumir cerca de 20.000 unidades de este molusco al natural o elaborado en diferentes tapas.

La ostricultura se está consolidando en la villa y el Festival que se celebra desde hace siete años se ha convertido en un importante reclamo turístico.

“Nos asombra cada año la cantidad de gente que viene a comer ostras, especialmente al natural, que es algo muy específico y no a todo el mundo le gusta. También se pueden comer cocinadas por las Escuelas de Hostelería y en bares y restaurantes en forma de tapa. Hay presentaciones que literalmente te entran por los ojos al primer golpe de vista y en cada edición presentan nuevas recetas. Llevo años dedicándome a esto y aún me sorprende la gente que viene a Castropol desde cualquier punto de la geografía a comer exclusivamente las ostras. En una zona donde no hay gran tradición y cultura de este molusco, esto es algo novedoso”, exclama Fernández de Ostrastur.

La ostricultura se está consolidando en la villa y el Festival se ha convertido en un importante reclamo turístico por ello, desde el Consistorio, se espera que en unos años el evento pueda ser declarado como Fiesta de Interés Turístico Regional ya que más del 90% de los visitantes son de fuera del concejo.

“Si todo el mundo que visita Vigo acaba comiendo ostras en el emblemático mercado de La Piedra, Castropol también se puede convertir en una referencia”, asegura Martín que acaba de conseguir el sello ecológico para Acueo: “un certificado que da un valor añadido a nuestra producción y nos permite competir en el mercado internacional”.

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