José Antonio Campoviejo. Nunca su estrella brilló tanto

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El Corral del Indiano
Foto: J.A. Campoviejo. El Corral del Indiano
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Durante casi dos meses todos los lunes, miércoles y viernes, 70 familias de Arriondas tuvieron puntualmente en sus casas un menú completo que incluía desayuno, comida y cena. De la cocina del colegio del concejo un grupo de voluntarios elaboraron comidas con los excedentes facilitados por grandes superficies.

José Antonio Campoviejo
José Antonio Campoviejo / Foto: J.A. Campoviejo. El Corral del Indiano

Ayudar. Algo tan sencillo que volvemos complicado por darle demasiadas vueltas a las cosas. Cuando comenzó el confinamiento y empezaron a surgir iniciativas, a José Antonio Campoviejo no le encajaban las piezas. Hacía falta movilizarse, hacer algo que fuese útil para los que realmente lo estaban pasando mal y definir una estrategia efectiva que solucionase los problemas reales que estaba viviendo la gente. No hay nada más real que el hambre cuando no se tiene que comer. Así que diseñó el plan, movilizó efectivos y encendió los fogones. A un lado quedaron los nombres propios, las Estrellas Michelín y los Soles Repsol. Gente ayudando a gente.

-¿Por qué y cómo se puso en marcha la iniciativa?
-El segundo día de confinamiento, estaba en casa con mi hija de 15 años que piensa mucho, lo cual facilita mucho la labor, y veíamos que muchos cocineros estaban subiendo recetas a Instagram y yo le decía: esto no me encaja. Ella me preguntó: ¿cómo podríamos ayudar? Esa fue la clave, porque justo eso era lo que se necesitaba. El tema se nos estaba yendo de las manos y lo que veía me parecía un poco ostentoso, así que me dije: vamos a ayudar y fui dándole forma a la idea. Desde el principio lo quise desvincular del Corral del Indiano, a pesar de que los que me llevan la comunicación del restaurante me decían que hiciese una presentación, pero eso no es lo que me dictaba el corazón. Lo primero que hice fue llamar al alcalde para que cediera las instalaciones del colegio. Después a Makro para que me pudiese surtir de mucha comida para iniciar el proyecto y después nos pusimos en contacto con las grandes superficies de Arriondas para que nos dieran el excedente. Con todo esto atado, llamé a la hostelería de Parres para buscar voluntarios y enseguida aparecieron los que estuvieron conmigo hasta el final. Fue una cosa sencilla porque cuando crees que puedes ayudar a los demás todo es fácil. Así lo veo yo.

“Pienso que esto es un aviso que nos da la naturaleza de que este no es el camino”

-¿Por qué decidisteis poner punto final a lo que estabais haciendo?
-Nos informamos, vimos que ya nadie estaba totalmente necesitado y dimos por finalizado el tema. En casi dos meses servimos 3.480 comidas. Fue un trabajo muy gratificante porque sabes que estás haciendo algo bien y por los demás. Hicimos un buen grupo de trabajo, nos llevamos muy bien, éramos gente de muy diferentes sectores, pero fue fantástico. El equipo lo formamos cinco personas de mi equipo habitual y cinco de la hostelería local de Parres, aunque hay que decir que se hubiera sumado más gente porque teníamos una lista de 25 personas que querían ayudar. Cuando grabé el vídeo de despedida con todo el equipo, se lo quise dedicar a mi padre porque él era alguien muy íntegro, con pocos recursos económicos porque éramos una familia muy humilde, pero lo poco que teníamos nos enseñó a compartirlo con los demás y esto es lo más bonito que nos puede suceder.

-¿Cuál es el valor fundamental de todo lo que se está moviendo?
-Saco la conclusión de que la gente es muy solidaria. Nosotros estamos en un pueblo que no llega a 5.000 habitantes y la gente sale a los balcones a saludarme y a darme las gracias. Cuando estábamos en activo, hubo un señor que sacó diez euros del bolsillo para dármelos y no creas que tendría mucho más para él, pero me los quería dar para ayudar. Pienso que después de toda esa lucha, todos deberíamos ser mucho mejores. Íbamos un poco sin frenos y esto nos ha dado el alto. A los chavales que vienen a hacer prácticas al restaurante, siempre le invito a hacer pequeños detalles para hacer la vida más fácil. Cosas como llevarle a una señora la cesta de la compra a casa, simplemente para que ella no cargue con ese peso, ayudar a un señor minusválido a cruzar en un paso de cebra… Detalles pequeños que hacen del mundo un lugar mucho mejor. Nosotros dimos esas comidas, a lo mejor son pocas, pero si diez personas como nosotros hubieran hecho lo mismo ya estaríamos hablando de treinta y cinco mil y así sucesivamente. Los pequeños detalles, son mucho y compartir es lo mejor que nos puede suceder.

 El Corral del Indiano
Foto: J.A. Campoviejo. El Corral del Indiano

-Ahora que se habla de volver a una nueva normalidad, ¿qué ha cambiado?
-Yo pienso que la vida va a cambiar muchísimo. Somos muy vulnerables. Un poco antes del confinamiento mi hija me dijo que todo esto se solucionaba parando el mundo quince días. Acabamos discutiendo porque yo le decía que eso era imposible. Llevamos sesenta y aquí seguimos, con lo cual va a cambiar absolutamente todo, incluida la forma de interpretar la vida. Yo espero que cambie a mejor por parte de todos. De todas formas, creo que algo extraño está pasando además de que un virus nos ataque. Llevo mucho tiempo pensándolo. Durante la pandemia anterior había en el planeta unos mil ochocientos cincuenta millones de habitantes. Hoy esa cantidad casi la hay de chinos, en el año 2020 estamos llegando a los ocho mil millones de habitantes y eso es insostenible. Pienso que esto es un aviso que nos da la naturaleza de que este no es el camino. Nosotros hemos desaparecido un mes y medio y el planeta se ha reactivado. Lo devastamos todo y el volumen de personas que somos es inasumible para la Tierra.

-¿A qué reflexión debería conducirnos?
-En todo esto hay otra lectura que es respecto a los excedentes de comida de las grandes superficies, de lo que se tira. Nosotros todos los días recibíamos la comida suficiente para, al menos, dar un plato de comida a setenta personas. Uno de los platos y medio desayuno se elaboraban con el excedente, así que se está tirando una cantidad de recursos alimenticios que es una auténtica barbaridad. Ahora esto queda en manos de las administraciones que son las que tienen que decidir. Nosotros paramos un viernes, al martes siguiente en mi localidad, se habrán tirado alimentos que podrían consumir al menos 210 personas. Es un dolor, pero imagínate si lo llevas a una gran ciudad. No sé cuantificar la cantidad de gente que pasa necesidad en el mundo y la cantidad de toneladas diarias de comida que se tiran, pero es vergonzoso. Esto es lo que deberíamos pensar, cambiar y entre todos, luchar por ello.

“No sé cuantificar la cantidad de gente que pasa necesidad en el mundo y la cantidad de toneladas diarias de comida que se tiran, pero es vergonzoso. Esto es lo que deberíamos pensar, cambiar y entre todos, luchar por ello”

-¿Juntos somos más fuertes?
-Con todo esto hay otra cosa con la que intento ser consecuente que es que, si muchos fuésemos como son muy pocos, esto no funcionaría. Hay gente que piensa: yo, yo y después yo. Si muchos fueran así, esto sería un desastre. Pero afortunadamente, la solidaridad que se ha mostrado es en lo que tenemos que inspirarnos.

-¿Son más las cosas que nos unen o las que nos separan?
-Los tiempos ahora son muy complicados y muy convulsos. Fíjate que nosotros ya en plena pandemia y dando cientos de comidas, mi mujer en un tuit de Rosa Díez dio un Me gusta. Ese mismo día alguien, con un pseudónimo, me contestó: “eres una auténtica basura miserable. Ojalá te arruines, jamás volveré a comer en tu restaurante”. Le quise responder, pero tenía bloqueada la opción de mandarle un mensaje. Es un momento en el que la libre expresión se ha perdido, nos hemos vuelto muy polares y eso es terrible. Tengo la suerte de que mi hija piensa y reflexiona sobre todo con total libertad y eso es muy bonito. A mí me da igual que lo haga en rojo, azul, verde o amarillo, quiero que piense. Estoy terriblemente satisfecho porque tiene 15 años y se ha pasado el confinamiento formándose, leyendo, intentando entender la política… Estamos en una generación en la que piensan los demás por uno y eso no puede ser. Es insostenible porque no nos va a llevar a ningún sitio. El libre pensamiento hoy en día está mal visto con lo cual en este sentido no sé a dónde vamos a llegar.

-¿Puedes decir que eres otra persona distinta a la que eras cuando comenzó la crisis?
-Lo que puedo decir es que soy más feliz ahora que hace mes y medio. Tengo menos dinero, pero lo que hice me hizo feliz. Cumplí 50 años un día de confinamiento y yo dije que seguramente ese fue el día mejor de mi vida porque, nunca fui de celebrar los cumpleaños y siempre eran más ostentosos, pero ese día llegué a casa, me freí dos huevos y me supieron a gloria. Estaba encantado porque 70 familias habían tenido un buen menú porque lo hice como si fuera para celebrar mi cumpleaños. Se hizo una fabada asturiana con la receta del Corral del Indiano, pollo asado al horno y de postre arroz con leche. Fue algo fantástico.

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