Amuravela de 32 kilates

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Homenajeados en la XXXII Amuravela de Oro, junto a miembros de Amigos de Cudillero y autoridades.
Homenajeados en la XXXII Amuravela de Oro, junto a miembros de Amigos de Cudillero y autoridades. / Foto: Fusión Asturias
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Un año más, la Asociación Amigos de Cudillero extiende sus velas para navegar en los extensos mares de la cultura. En su trigésimo segunda edición ha premiado a D. Víctor García de la Concha, por su labor como director de la Real Academia Española y a D. Carlos López Otín, en reconocimiento a su contribución a la investigación aplicada, y al acercamiento entre Universidad y Empresa. En ambos se reconoció además su compromiso con Asturias.

El 25 de septiembre se reunieron en Cudillero casi cuatrocientos invitados, para apoyar con su presencia la intensa labor que viene realizando la Asociación Amigos de Cudillero. En esta ocasión, el colectivo pixueto hacía entrega de la Amuravela de Oro, un galardón que -como recordó el presidente de dicha Asociación, Juan Luis Alvarez del Busto- “tiene como objetivo reconocer la labor de aquellas personas, instituciones o colectivos que destaquen por su buen hacer a favor de Asturias, y por tanto de Cudillero, en los campos social, cultural, empresarial, turístico o cualquier otro considerado de relevancia». Tras un emotivo momento de recuerdo para Juan Alsina Torrente, que recibió la XVII Amuravela de Oro, junto a Tico Medina, pasó a relatar los méritos de los actuales galardonados: «García de la Concha es orgullo de su tierra asturiana, un español universal que ha logrado -junto con sus colaboradores de la RAE-, dotar de una estructura moderna, accesible y de acuerdo con las nuevas tecnologías de la comunicación, a ese gran tesoro que es el idioma de Cervantes, de Clarín, de Pablo Neruda o de Vargas Llosa. López Otín es un científico de amplios horizontes, al que los asturianos ya hemos hecho nuestro, que desde su laboratorio de la Universidad de Oviedo da esperanzadores pasos adelante en la lucha por el conocimiento y contra la enfermedad. Ambos unen a la excelencia de su tarea intelectual, la sencillez, la cercanía y el compromiso permanente para divulgar sus saberes, para hacer fácil lo difícil, para servir a sus semejantes».

«Este galardón tiene como objetivo reconocer la labor de aquellas personas, instituciones o colectivos que destaquen por su buen hacer a favor de Asturias, y por tanto de Cudillero, en los campos social, cultural, empresarial, turístico o cualquier otro considerado de relevancia».

Juan Luis Alvarez del Busto, presidente de Amigos de Cudillero.

En esta edición se vino a reconocer, pues, la unión de las Letras y las Ciencias, antaño hermanas y hoy distanciadas por la especialización existente. Pero como se ocupó de recordar posteriormente Carlos López Otín, «Letras y Ciencias forman parte de lo mismo, porque la Cultura es única».
En este marco intensamente cultural discurrió una velada entrañable, en la que el Rector Magnífico de la Universidad de Oviedo desde 2008, Vicente Gotor Santamaría presentó a Carlos López Otín con gran cercanía y orgullo, logrando que los presentes conociesen el alcance de sus logros. «Este galardón pasa a engrandecer todavía más a una persona de un extraordinario prestigio investigador y docente -señaló el Rector-. El profesor es un extraordinario divulgador de la ciencia y esta es una de las mejores cualidades que puede tener precisamente un investigador. Es un privilegio poder asistir a alguna de las múltiples charlas que de una manera altruista imparte en nuestra región. López Otín ha conseguido algo que muy pocos científicos logran: conectar con la gente, hacerla partícipe de los avances científicos, despertar interés entre los más jóvenes y remover conciencias sobre la situación de la investigación en España. Ha conseguido, en definitiva, llevar la ciencia a pie de calle». Tras desglosar su curriculum como estudiante, docente e investigador, añadió: «Ha hecho mucho con muy poco, por eso tiene mucho más mérito lo que ha hecho. Gracias a su tesón y a su talante personal ha sabido transmitir a sus discípulos el amor por el trabajo, sólo así es posible situar a un grupo en el plano internacional de la biomedicina. Quiero además destacar que Carlos prefiere utilizar la primera persona del plural y no del singular. Nunca habla de yo sino de nosotros, consciente de que detrás de un descubrimiento hay un equipo y no sólo una persona. Cree en el trabajo en equipo y lo practica, por eso muchos de sus discípulos han seguido una brillante trayectoria en centros de investigación nacionales e internacionales».

«La investigación de calidad no cuesta dinero, no cuesta nada. Al contrario, trae, genera conocimiento -una palabra muy importante-, y además genera riqueza que revierte en beneficio de los demás».

Carlos López Otín, científico.

Emocionado y agradecido por el reconocimiento dispensado por el Rector en nombre de toda la Universidad de Oviedo, López Otín se subió al estrado. En su discurso mostró su sorpresa por el premio, relacionado con la mar, ya que él -aragonés nacido en Huesca, al pie de los Pirineos- se considera una persona terrestre. Gran orador, relató a los presentes la primera vez que vio el mar siendo niño, en un viaje en coche, similar a un relato escrito por Galeano. Su vida le alejó del océano, «porque me puse a estudiar sin parar, intentando entender las claves de la vida y de las enfermedades. En este afán cogí un tren que me llevó a Zaragoza, y después a Madrid. Pero curiosamente en Madrid conocí a Gloria y empecé el viaje inverso yendo a Salinas, Santa María del Mar, la Concha de Artedo, cabo Vidio, la Playa del Silencio y finalmente al mágico Cudillero. Y aunque ya no era un niño tuve que pedir ayuda para mirar, para intentar entender todo aquello que yo nunca había visto. Esa fue mi transición de terrestre a marino, o de caízo a pixueto. Porque del mar venimos todos los que estamos aquí desde el amanecer de la vida». Vivió veinte años en Salinas y a la orilla del mar pudo reflexionar y diseñar experimentos, que posteriormente con ayuda de sus compañeros podía hacerlos realidad. «Muchos domingos comíamos al sol en el bar de Isabel, en Cudillero, y eso me sirvió para establecer lazos muy sólidos con algunos habitantes de aquí. También y con orgullo enseñé las calles verticales de Cudillero, el anfiteatro de arquitectura imposible a amigos y colegas de todo el mundo. Incluso a algún premio Nobel, que saltó del coche en plena cuesta porque estaba tan impresionado con lo que estaba viendo que quería captarlo de manera directa». Por último, recordó que «la investigación de calidad no cuesta dinero, no cuesta nada. Al contrario, trae, genera conocimiento -una palabra muy importante-, y además genera riqueza que revierte en beneficio de los demás».

«Mi trabajo en la RAE ha sido un duro pero fácil, porque las veintidós Academias americanas y española tuvimos claro desde el primer momento que el objetivo era lograr que todos los hispanohablantes tuviéramos la misma Gramática, la misma Ortografía y el mismo Diccionario».

Víctor García de la Concha, exdirector de la RAE.

La emoción del público se dejó notar en la salva de aplausos que acompañaron al científico, y dejaron el escenario vibrando cuando el abogado D. José Luis Merino García-Ciaño se subió para presentar al siguiente Homenajeado, D. Víctor García de la Concha: «Como Maestro, durante más de nueve lustros ha ejercido de profesor numerario, adjunto y catedrático de enseñanza media y universitaria hasta terminar su tarea docente en la cátedra de Filología Española de la Universidad de Salamanca. Además se le ha reconocido con ocho doctorados Honoris Causa, muchas otras distinciones y cargos académicos. Como autor, su labor de crítico literario abarca lo más y mejor de la literatura española, desde el Lazarillo hasta los poetas del 27, pasando por Pérez de Ayala y sus senderos poéticos, su afición a las letras hispánicas del Renacimiento y muy especialmente a la literatura mística del siglo XVI. Por otro lado, llevó el español a todas partes y es artífice de que estemos a punto de hablarlo 500 millones. Para ello allanó los caminos que pudieran separar a los hispanohablantes, recuperando términos aquí en desuso pero en Hispanoamérica habituales, unificando formas ortográficas, variedades semánticas y acepciones tolerables».
Era el momento de las Letras, con mayúscula. La poesía, la gramática y la novela reconocidas a través de la unidad del idioma español, el gran logro de D. Víctor García de la Concha. De primera mano, el premiado pasó a relatar cómo se fraguó y como se logró tamaña gesta que venía persiguiéndose desde hacía un siglo: «José Luis Merino ha puesto énfasis en mi labor en la Real Academia Española y ha señalado de manera especial lo referido al trabajo realizado en y con América. Debo confesar -se sinceró García de la Concha- que han sido los mejores años de mi vida y creo que hemos hecho -subrayo el plural- un buen trabajo. El primero, su majestad el Rey; él fue quien a los pocos días de haber sido yo nombrado director de la RAE me llamó a su despacho y me dijo: ‘No te pido más que una cosa, que te dediques a América. Tienes que vivir en América, visitar todos los países y lograr la unidad de acción al servicio de la unidad de la lengua, base de la comunidad iberoamericana. Cuentas conmigo para todo, yo te abriré todas las puertas’. Y así fue, y por tanto el mérito es suyo. En los doce años que duró mi mandato he hecho cincuenta viajes a América, realizando la mayor parte de las veces visitas a las Academias de dos o tres países cercanos. Hemos celebrado veinte reuniones plenarias de las Academias, desde Río Bravo a la Patagonia. Ha sido un trabajo duro, pero fácil porque las veintidós academias americanas y española tuvimos claro desde el primer momento que el objetivo era lograr que todos los hispanohablantes tuviéramos la misma Gramática, la misma Ortografía y el mismo Diccionario. Trabajamos mucho, discutimos más, pero el día en que en Medellín una a una, las veintidós Academias de la Lengua Española fueron explicitando la aprobación ante más de cien rectores, muchos escritores, muchísimos hispanoamericanos, y dieron la aprobación, la cara del Rey allí presente se iluminó gozosa. Tanto como el día en que presentamos la nueva Gramática en Madrid con la asistencia de todas las Academias. Después de un siglo de intentos era la primera vez que todas las Academias lográbamos una Gramática de español total, no sólo del español de España. Una gramática de todos los hispanohablantes, con su sólida base de unidad y su riqueza de variedad».
Así, entrelazando Ciencias y Letras, como sucede con la mágica espiral del ADN que estudia López Otín, esta XXXII Amuravela de Oro sirvió para unificar los saberes, y a todas las personas a través del idioma, al que tanto ha contribuido García de la Concha.

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