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Santa Eulalia acogerá el próximo 12 de junio una nueva edición del Encuentro de Mayores de Morcín, una jornada de convivencia y reconocimiento de sus vecinos más longevos.
En esta ocasión los homenajeados serán Francisca Rivero Rivero, vecina de Les Maces y José Luis Fernández Suárez, de Argame. Ambos han pasado la mayor parte de su vida en el concejo y la jornada, que se festejará en la pista cubierta del Área Recreativa de Santa Eulalia, promete buenas dosis de emoción, comunidad e intercambio.
La cita es una fecha especial para los mayores de 65 años de todo el concejo, que aprovechan la jornada para reencontrarse con antiguas amistades y disfrutar de un día en compañía de sus vecinos y vecinas.
El evento dará comienzo a las 18 horas, y será Fernando Delgado, cronista oficial del concejo, el encargado de glosar a los homenajeados. El autor de “Nonagenarios: el excepcional legado de sus sacrificadas vidas” conoce de buena mano la valiosa aportación de anteriores generaciones al territorio con su trabajo y esfuerzo, y así lo ha reflejado en una publicación que rinde homenaje a los morciniegos de mayor edad.
Tras su intervención, serán las autoridades las que harán entrega de una placa a los homenajeados. Este día de reencuentros es uno de los más emotivos en el calendario de festividades y desde el Consistorio recalcan la importancia de apostar por el cuidado de los mayores que tanto han hecho por el concejo ofreciendo la cobertura necesaria para cubrir sus demandas. «Una de las principales acciones del gobierno es ahondar en la importancia tanto de los jóvenes como de los mayores del concejo, que son la base fundamental de Morcín, y en este día vamos a honrar a personas que forman parte de nuestra historia, recordar lo que significaron sus vidas en una época complicada y el futuro prometedor que nos dejaron gracias al esfuerzo y al trabajo realizado por su generación», explica Mino García, alcalde de Morcín.
A continuación, tendrá lugar la actuación del grupo de música tradicional “nosOtrestres”, compuesto por Laura, Candela y Mónica. Y a las 20:00 horas, se celebrará una espicha que, amenizada por Barry y Sandra, será el último acto de un día que honra las raíces a la vez que ofrece la oportunidad de tejer nuevos lazos y recuerdos.
Pepe Luis y Paquita, dos morciniegos de vida y corazón
Pepe Luis, como conocen coloquialmente a José Luis Fernández Suárez, llegó al concejo por amor tras casarse en Morcín en el año 61. Su esposa, maestra y practicante en Ribera de Arriba y Morcín, fallecida en septiembre del pasado año, era de Argame y allí ha seguido viviendo el nonagenario homenajeado. «Yo soy de Carbonero, un pueblo de San Martín de Pereda, perteneciente a Oviedo, pero llevo tantos años aquí que ya soy del concejo. Fíjate que tenía veintinueve cuando me casé. Llevo sesenta y cuatro en Morcín».
Su infancia no tuvo un comienzo fácil, a los cuatro años se quedó huérfano de padre «el primer cañonazo que cayó en la Fábrica de explosivos de La Manjoya lo mató al darle una esquirla en el corazón y tuvimos que marchar para la casa del padre de mi madre», explica. A partir de ahí, el pequeño José Luis fue adquiriendo responsabilidades hasta el punto de que con ocho años ayudaba a su madre a vender productos de pueblo en pueblo. «Ella cosía, pero ganaba poco, así que yo fui estraperlista. En Grau ella compraba fabes, maíz y jamón, y luego yo salía a venderlo. Como era un guaje, venían mujeres de otros lugares y lo vendía todo. Luego mi madre me dijo que estudiase perito mercantil y entré en la Escuela de Comercio de Oviedo».
Tras la muerte de su padre, el pequeño Jose Luis, con tan solo 8 años, ayudaba a su madre a vender productos de pueblo en pueblo: «Ella cosía, pero ganaba poco, así que yo fui estraperlista. En Grau ella compraba fabes, maíz y jamón, y luego yo salía a venderlo»
Su trayectoria laboral siguió pronto la tradición familiar y con 16 años empezó a trabajar en la Fábrica de explosivos, siendo vocal del Consejo de Administración de Unión Española de Explosivos. «Los compañeros me votaron y también fui presidente del Sindicato Provincial de Químicos y Derivados –añade–. Se jubiló tras 44 años, aunque afirma que en su vida tocó todos los palos, «desde recoger castañes, hasta segar con guadaña y esbarallar, hasta ser concejal y ejercer de panadero. Los abuelos de mi mujer tenían una panadería y, a veces, cuando faltaba el panadero me levantaba de madrugada para echar una mano».
Ahora, Pepe es de los que rompe tópicos, y a sus 94 años mantiene intactos sus recuerdos. Eso, a pesar de que en 2025 pasó en cinco ocasiones por el quirófano, incluyendo una operación de corazón. «Parece que quedó bien y aquí estoy», comenta el nonagenario padre de dos hijos que sigue conservando su vitalidad.
Francisca Rivero, Paquita, también llegó a Morcín, en particular al núcleo de Les Maces, a raíz de su matrimonio. Ella era natural de La Caviella, un paraje de Ponga. Como a todos los niños y niñas rurales de su época, le tocaba ayudar en las tareas. «Era lo que había entonces, –explica su hija Nati Bulnes– atender la huerta, los praos, los gochos, los burros y las pitas. No es la imagen de la ganadería de hoy en día, más bien era subsistencia pura. Su familia se desplazaba en burros y bajaban a Cangas de Onís o zonas limítrofes con León a hacer trueques».
Como había que ayudar en casa, durante varios años se dedicó al servicio doméstico y al cuidado de niños en grandes núcleos de población como Gijón y Oviedo. «Pasó de vivir la guerra y miserias en un pueblo a trabajar para otros en la ciudad, personas con alto poder adquisitivo. A veces era buena gente, pero otras eran personas muy altivas y déspotas hacia los que consideraban sus sirvientes. No es como ir a trabajar hoy a una casa a cuidar a un anciano o unos niños. Era otra mentalidad» añade Nati.
como muchas mujeres emparejadas con la industria del carbón, Paquita sufrió la incertidumbre que genera un trabajo sumamente arriesgado y también el yugo de la visión machista imperante en las cuencas de esa época.
Conoció al que sería su marido, Feliciano Bulnes, un minero al que todos conocían por Chano, a los 44 años, una edad tardía para casarse en aquella época. Tras la boda fueron a vivir a un pisito asignado por la minería en el núcleo de Les Maces. Y, como muchas mujeres emparejadas con la industria del carbón, Paquita sufrió la incertidumbre que genera un trabajo sumamente arriesgado y también el yugo de la visión machista imperante en las cuencas de esa época. «El hombre era el que mandaba en casa, y ella estaba ahí para aguantar y tirar por todo, pero siempre a la sombra –explica–. No sé qué hubiese hecho si hubiese tenido otras oportunidades y pudiera permitirse el lujo de pensar a qué se quería dedicar o qué le inspiraba, aunque sí sé que le gustaban el cine y los caballos».
Aunque sigue manteniendo su casa en Les Maces, desde hace nueve años, Paquita vive con su hija Nati en Cármenes, en la provincia de León. El Encuentro de Mayores promete ser un día de fuertes emociones para esta mujer de 94 años, de ahí que Nati mantenga todavía en secreto el evento que llevará a su madre a reencontrarse con sus conocidos y vecinos. Muy pronto tendrá la ocasión de regresar a una tierra en la que echó raíces y recoger el cariño de todos los que la conocen.
Transporte para todos
El Encuentro, al que están invitadas todas las personas mayores de 65 años del municipio, cuenta con un sistema de transporte habilitado por el Ayuntamiento de Morcín para facilitar la asistencia. Por motivos de organización, se ruega solicitarlo previamente en el teléfono 985 78 31 78.
El transporte contará con dos líneas. La primera saldrá a las 17:00 horas y pasará por Peñerudes, La Piñera, Castandiello, Busloñe, La Enseca, Cardeo, La Roza y Santa Eulalia. La segunda línea partirá a las 17:30 horas y recorrerá La Foz, Les Maces, Argame y Santa Eulalia. El regreso está previsto entre las 21:00 y las 21:30 horas.