Mujer rural. Generosas como la tierra

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En el centro Maruja con su marido y sus dos hijas: Marina y Geli
En el centro Maruja con su marido y sus dos hijas: Marina y Geli. Foto: Maruja del Corro
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Trabajan el campo, cuidan del ganado y además se ocupan de alimentar a la familia y educar a los hijos. Siempre han tenido doble trabajo y escaso reconocimiento. Riosa, como otros concejos rurales, es hoy lo que es gracias al trabajo de todas estas mujeres tantas veces invisibles. Hablamos con María Josefa del Corro de Felguera y Teresa Hevia de Llamo. Una mirada al pasado y presente de la mujer rural.

Riosa es el escenario de la experiencia de estas dos mujeres, profundamente vinculadas a la tierra. Se presentan con el peso de una historia que posiblemente nunca sea recogida en ningún libro pero que merece ser conocida.

‘Maruja’ del Corro

Maruja del Corro
Maruja en la actualidad. Foto: José Luis Cabo Sariego

María Josefa (Maruja) vivió la mayor parte de su vida en Llamo y ahora lo hace en Felguera. Tiene noventa años, un rostro sereno, arrugado por el viento y una espalda doblada por el peso. Sus manos y sus huesos doloridos hablan de la pesada carga que le tocó soportar y que ella recuerda con alegría.

“Ya de bien pequeña ibas a segar y cargar la hierba en la espalda para llevarla hasta el pajar. Luego de mayor además de todas las tareas del campo tenías que encargarte del marido, de la crianza de las dos hijas, de ir a lavar al río porque de aquella no había lavadero en el pueblo y de atender a los cerdos porque luego matábamos… Y todo lo hacía sola porque en la aldea los hombres en aquella época no ayudaban, ahora las cosas han cambiado. Recuerdo en una ocasión que después de venir del campo fartucos de trabajar todo el día, el marido se sentó y empezó a pedirme cosas. Mi yerno que lo vio le dijo que por qué no lo cogía él, que yo había trabajado igual o más que él. La contestación fue, ‘eso son cosas de muyeres”.

Maruja trabajó hasta la extenuación, casi parecía que había desarrollado el don de la ubicuidad. “Lo mismo ayudaba a parir a las vacas que iba con ellas al campo, segaba a guadaña… la vida en la aldea era muy dura. Luego llegó la segadora con la que me entendía muy bien hasta el punto de que era yo la que la arreglaba. Me leí las instrucciones, entendí como funcionaba y como al marido no se le daba bien, me encargaba de ella. Llegué a desmontar y arreglar el carburador yo sola”.

“Antes a la mujer no se la tenía en estima. Había que trabajar y no se apreciaba nada de lo que hacíamos”

(Maruja del Corro)

Las mujeres en el campo no han tenido más remedio que fortalecerse mental y físicamente para sacar adelante trabajo y familia. Maruja no fue una excepción. “En una ocasión teníamos veintiocho montones de hierba para arrastrar con la pareja de ganado, amenazaba lluvia y dije al marido que me ayudase a coger cinco que había al final de la finca y ya estaba anochecido. Como la cría empezó a llorar comenté que se quedara con ella y ambos se quedaron dormidos. Cuando despertó a las cuatro de la mañana ya la había bajado yo la hierba y la tenía a la puerta de la cuadra”.

En 2017 la Asociación de Mujeres La Pimpana le hizo un reconocimiento en el Día de la Mujer. “Me prestó mucho. Se portaron muy bien conmigo y me hicieron regalos. A mí me gusta que me pregunten y atender a la gente. Creo que antes a la mujer no se la estimaba nada. Había que trabajar y no había aprecio a nada de lo que hacíamos, hoy creo que las cosas afortunadamente han cambiado. Ahora no me puedo quejar, estoy muy contenta con todo lo que tengo”.

 

Teresa Hevia en “La Cosecha de Otoño” (Riosa)
Teresa Hevia en “La Cosecha de Otoño” . Foto: Fusión Asturias

Teresa Hevia

Con la misma suavidad con la que labra la tierra, teje la lana, selecciona las setas en el bosque, trabaja el cuero y acaricia a su perro. Y debe de hacerlo bien a juzgar por los frutos que esta le regala cada temporada.

Teresa Hevia es una mujer polifacética que nació en el campo, vivió en la ciudad unos años y regresó de nuevo al entorno rural donde vive en la actualidad. “Nací y me crié en Llamo. Mis padres trabajaban en la mina de Texeo pero en casa también había huerta, vacas, caballos, gallinas. Con tantas cosas por hacer, nadie se quedaba en casa, trabajábamos todos: recogíamos ablanes, íbamos a la hierba… Luego me trasladé a Gijón porque mi marido trabajaba allí pero veníamos al campo los fines de semana. Cuando se jubiló regresamos y ahora vivimos entre Llamo y Muriellos”.

Tiene dos huertas donde cultiva de todo para consumo doméstico, calabazas, calabacines, patatas, pimientos, tomates, maíz, cebolla, lechuga… “Este año probé a plantar girasoles y me han salido preciosos”. Además de trabajar la tierra echa una mano con el ganado que también le gusta. “Tenemos vacas de la raza Asturiana de los Valles que acaban de bajar del Puerto, también yeguas y potrines pero yo de quien estoy enamorada es de Roco, mi perro. Lo entiende todo, es muy obediente y me hace mucha compañía. Con él me voy a dar largos paseos por el monte, a coger setas”.

“Fui a varios cursos de cuero y cestería. Me gusta seguir mejorando la técnica, practicar y experimentar”

(Teresa Hevia)

Teresa es también artesana, ha cultivado su sensibilidad y trabaja el cuero, hace punto y cestos. En cada pieza se puede percibir una parte de ella. “Fui a varios cursos y talleres, aprendí muchas cosas y sigo haciéndolo. Me gusta seguir mejorando la técnica, practicar y experimentar. Hacer todo esto me relaja, me entretiene y me saca de la rutina del día a día. Tengo una página de Facebook donde muestro lo que hago y también las cosas que me regala la huerta. Además participo en las ferias y mercadillos que se organizan en el concejo”.

Qué duda cabe que la vida en el campo ahora no tiene nada que ver con la de antes. Las nuevas generaciones de mujeres se benefician de las mejoras que han traído los nuevos tiempos. Aún así, el papel de la mujer en el medio rural sigue teniendo una parte de invisibilidad. “Sin ella la vida en el campo no hubiera salido adelante. Históricamente ha trabajado tanto o más que el hombre. Recuerdo que mi madre venía de trabajar en la mina y luego seguía haciendo las cosas de casa, porque en aquel momento, los hombres no colaboraban en nada del hogar. La mujer es clave a la hora de fijar población”.
Teresa es feliz en el campo empapándose de lo que ve, de lo que oye, de lo que siente y de lo que le aportan los que le rodean. “Nunca dejas de aprender y de sorprenderte”.

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