El poder se toma

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La presencia de las mujeres en el mundo de la judicatura durante el pasado año era de un 70,8%. A pesar de ello, apenas un 27% llega a los puestos de poder. Aprueban más opositoras que opositores pero ese avance se frena cuando llegamos a la cúpula, a los nombramientos discrecionales. Ahí sigue existiendo un techo de cristal que cuesta romper y que a veces, hasta se exhibe sin rubor.

En el juicio del ‘procés’, por ejemplo, de los siete magistrados del Supremo encargados del caso, solo uno es mujer: Ana Ferrer. Este desequilibrio en el mundo de la judicatura ha llamado la atención a Naciones Unidas, que ha hecho una recomendación al Estado español para que ‘aplique medidas especiales de carácter temporal para conseguir un equilibrio de género en los niveles más altos de la justicia’. Nada lo impide, ellas tienen méritos curriculares, antigüedad en la carrera judicial y experiencia más que suficiente para acceder justificadamente a esas plazas, denuncia la Asociación de Juezas de España.
El País, uno de los diarios de mayor tirada en España, convertía a Soledad Gallego en su primera directora después de cuarenta y dos años de andadura. Eso no impedía a esta periodista reconocer que aunque las mujeres trabajen en todas las secciones incluida la de deportes, cubran todo tipo de informaciones, tengan cargos intermedios, y lleguen a ser redactoras jefes, les es más difícil llegar a ser directoras o ser responsables de Opinión porque son los lugares donde más poder de influencia hay.
El poder femenino se concentra en la base de la pirámide y el desfase se produce en la cúspide, a la hora de realizar los nombramientos ‘de confianza’, que por lo general no se nutren de la plantilla donde trabajan muchas mujeres totalmente competentes. Y para justificar este hecho se utilizan dos coartadas: una, que no existen mujeres suficientemente preparadas para asumir altas responsabilidades (¿dónde han mirado?) y dos, que se trata de un puesto que debe ser ocupado por la persona más competente. (¿Quieren decir con esto que todos los hombres que están en puestos de alta responsabilidad tienen talento demostrado?). ¡Venga ya!
La denominada generación millennial -nacidos entre los ochenta y noventa- representarán el 75% de la fuerza laboral en unos pocos años pero ya se dejan oír. Llama la atención que las mujeres de esta generación tienen muy claro que van a ocupar puestos de responsabilidad, poseen una buena formación como tenían generaciones anteriores de féminas pero ellas han dado un paso más en su determinación de desempeñar un papel más importante en los órganos de decisión: se lo creen y han hecho de ello su propia reivindicación. Dicen que no están dispuestas a esperar para que haya ese 40% de mujeres en los puestos de dirección de forma progresiva, como dice la proposición de Ley de Igualdad Laboral. Van directamente a por ello. Las pueden reconocer porque muchas de ellas salieron a la calle el pasado 8M y lo volverán a hacer este año. Son jóvenes. Saben que históricamente el poder no se cede, se toma. Por eso, quieren recuperar el suyo, el que les corresponde. Sin pedir permiso porque juntas son más de la mitad de la población. Así que lo hacen por democracia pero sobre todo, por derecho.

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