“Asturias, alma de sidra”, la nueva marca que pone en valor nuestra identidad

Hay fines de semana que parecen escritos para recordarnos quiénes somos. El mío empezó así: un grupo de amigos, una mesa larga, risas que se enredan con la tarde… y, cómo no, unas sidrinas que fueron apareciendo sin hacer ruido, como si supieran que no hay conversación que no mejore con un culete. La magia estaba en el compartir, sí, pero también en ese gesto tan nuestro que convierte cualquier encuentro en un pequeño ritual. Porque la sidra no acompaña: convoca.

Y quizá por eso, cuando pienso en el verano que empieza, pienso inevitablemente en ella, en la sidra como puerta de entrada, como tarjeta de presentación, como experiencia que define a Asturias ante quienes llegan buscando algo auténtico. Algo que no se pueda copiar.

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Este año, más que nunca, la sidra será protagonista. No solo porque la cultura sidrera asturiana es Patrimonio Inmaterial de la Humanidad, sino porque el Principado ha decidido convertir ese reconocimiento en una oportunidad real para el turismo.

El Gobierno del Principado presentó a principios de año en Fitur el Plan de Promoción Turística de la Cultura Sidrera 2026, dotado con 900.000 euros, con el objetivo de “destacar la sidra como elemento diferencial de Asturias, reforzar la desestacionalización y consolidar una oferta vinculada a la identidad cultural, el territorio y el mundo rural”.

La nueva marca Asturias, alma de sidra nace precisamente para eso, para unir paisaje, tradición y emoción en un mismo relato. Para que quien llegue aquí entienda que la sidra no es un producto, es una experiencia que no se puede perder. Una forma de mirar, de celebrar la vida. La viceconsejera de Turismo lo resumió con claridad: la sidra ha dejado de ser “un producto de consumo” para convertirse en “una experiencia turística integral”. Y es cierto.

Quien entra en un chigre por primera vez descubre que allí el tiempo funciona de otra manera. Que el “vasu va” es más que una frase, es una invitación. Que el escanciado no es un gesto técnico, sino un lenguaje propio. Quien participa en una espicha siente que está entrando en una tradición que no necesita explicarse. Quien visita un llagar comprende que detrás de cada botella hay generaciones enteras sosteniendo un oficio que forma parte del ADN asturiano. Y eso, –esa autenticidad que no se fabrica– es exactamente lo que busca el viajero de hoy.

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La consejera de Cultura lo dijo sin rodeos: el reconocimiento de la Unesco “ha abierto una oportunidad excepcional para poner en valor la identidad asturiana y reivindicar la singularidad cultural que nos identifica”.
Y es que la sidra no solo habla de tradición: habla también de futuro. Habla de un territorio que se reconoce en su paisaje y en su lengua. Habla de un mundo rural que se fortalece gracias a la modernización de plantaciones, a la incorporación de jóvenes y a programas como Saborea el Paraíso, dotado con un millón de euros para impulsar productos con denominación de origen.

La sidra es, también, una forma de resistencia. Una manera de decir que lo auténtico importa. Que lo que se comparte permanece. Que lo que se cuida florece.
Este verano, la sidra estará presente en rutas, llagares, museos, sidrerías, ferias gastronómicas y campañas de promoción dentro y fuera de España. El stand de Asturias en Fitur ya incorporó un chigre como elemento experiencial, y se están desarrollando itinerarios interactivos para descubrir llagares, sidrerías y eventos gracias a los fondos Next Generation.

Todo ello forma parte de un relato que no se inventa, que se reconoce porque la sidra lleva siglos contándolo. Cada vez que un visitante prueba un culín por primera vez, está entrando en nuestra casa. Está entendiendo quiénes somos.
La sidra es paisaje, economía, tradición, turismo, investigación, futuro. Es un hilo conductor que “enhebra y explica buena parte de nuestra historia”, como recoge el documento oficial, pero, sobre todo, es una forma de estar juntos, de celebrar, de reconocernos.

Asturias tiene alma de sidra porque la sidra es el alma de Asturias y en esa reciprocidad –tan sencilla y profunda– se sostiene una identidad que no necesita artificios.

Brindemos por lo que permanece, por lo que nos une, por lo que nos hace reconocibles incluso lejos de casa.
Brindemos por esta cultura que, aun siendo ya patrimonio del mundo, seguirá sabiendo siempre a Asturias.

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Mariló Hidalgo
Mariló Hidalgo
Periodista con más de 30 años de experiencia, especializada en entrevistas y reportajes de profundidad. Tras formarme en Derecho, encontré en el periodismo mi verdadera vocación. Llevo 12 años en Fusión Asturias y desde 2012 soy directora de la revista, donde escribo sobre territorio, cultura, proyectos humanos y paisajes sociales del Principado. Mi trabajo se centra en la conversación pausada, la escucha y el retrato honesto de personas que construyen Asturias desde dentro.

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Periodista con más de 30 años de experiencia, especializada en entrevistas y reportajes de profundidad. Tras formarme en Derecho, encontré en el periodismo mi verdadera vocación. Llevo 12 años en Fusión Asturias y desde 2012 soy directora de la revista, donde escribo sobre territorio, cultura, proyectos humanos y paisajes sociales del Principado. Mi trabajo se centra en la conversación pausada, la escucha y el retrato honesto de personas que construyen Asturias desde dentro.

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