Profesora por vocación y, hasta hace muy poco, Jefa de Estudios en el Colegio Público de Educación Especial Latores, Ana Iglesias García-Conde es una parte vital en la creación del proyecto “Oviedo Accesible”. Una iniciativa de maestras del cole que busca adaptar los espacios y hacerlos accesibles cognitivamente a todas las personas.
Se acaba de jubilar y dice que no lo lleva nada bien. Ana Iglesias lleva la devoción por la enseñanza en el ADN, y si hablamos de educación especial, todavía más. Apasionada del trabajo con niños con trastorno del espectro autista, le gusta asumir el reto de trabajar con cada uno de ellos. Conocerlos, potenciar sus fortalezas, romper estereotipos y, sobre todo, acompañar a todas las familias que llegan al colegio con el corazón encogido y sin saber cómo ayudar a sus hijos. Tejer redes de empatía y confianza es una de las labores que Ana, acompañada de todo el equipo directivo del centro, realizan desde el más absoluto respeto y amor.
-¿Qué te enganchó de la educación?
-Llevo trabajando desde el año 85, siempre en educación especial y en centro específico (no pasé por ningún centro ordinario). Empecé en Gijón y, aproximadamente en el 2002, vine para Oviedo y desde entonces estoy en el Colegio Público de Educación Especial Latores. Llevo más de trece años de Jefa de Estudios. A su vez, nunca he dejado la tutoría.
Hace tiempo me llamó mucho la atención y me gusta el tema del autismo. Llevo un montón de años trabajando con ellos en educación infantil y sé que son resultados más lentos, tienes que buscar muchos más recursos, ser muy creativo, tener más paciencia y un montón de cosas. Al final, el logro por supuesto que es del niño, pero ves tu trabajo y sabes que esa conquista es gracias a la labor que realizamos todo el centro educativo.
-En vuestro cole, ¿todos los niños tienen capacidades diversas?
-Es requisito indispensable para entrar. Lo que pasa es que los tipos de discapacidad que tienen son muy diferentes. Los hay con discapacidad motora asociada, cognitiva, algunos con discapacidad intelectual, síndromes de Down y alguna otra cromosomopatía. Fundamentalmente, sobre todo en los últimos años, el perfil que más tenemos es de niños y niñas con autismo. El centro es desde los 3 hasta los 21 años. Es un recorrido educativo muy amplio y los vemos crecer. Un concepto importante a tener en cuenta es que somos un centro de educación especial, pero somos muy inclusivos: en cuanto vemos la posibilidad de que un niño pueda pasar a centro ordinario, vamos a por ello. No queremos estar aislados en el colegio. Nuestros niños están con nosotros unas horas, pero tienen que salir de este espacio, saber y poder moverse en otro tipo de entornos.
«con respecto al autismo, hay mucho estereotipo. Te dan ese diagnóstico y una de dos, o te imaginas a Rain Man –una persona con una capacidad cognitiva brutal, aunque tenga sus “rarezas”–, o a un niño en una esquina balanceándose. Lo primero que tienes que hacer como profesional es derrumbar esos estereotipos»
-¿Qué es lo que te parece más atractivo de esa “dificultad” añadida?
-Después de tantos años, sigue siendo un reto continuo. Centrándome en el autismo, no hay dos niños iguales. Nunca puedes creer que lo sabes todo. Con cada uno, tienes que estudiar por dónde le entras para trabajar habilidades sociales, comunicación o para el desarrollo cognitivo. También me gusta mucho la empatía con las familias, los lazos que creas, sobre todo cuando son pequeñitos, porque llegan en un estado emocional muy comprometido. Muchas de ellas vienen con el niño recién diagnosticado y, en principio, es muy demoledor. Mi parte es ayudarlas, crear redes de empatía y confianza porque luego, su labor, es fantástica. En nuestro cole, la relación es mucho más cercana que en otros. El vínculo que estableces con ellos es muy fuerte.
-¿Cuál es el primer paso de esa empatía?
-Hay situaciones que tienes que intentar comprender y ponerte en sus zapatos. Yo estoy unas horas con ese niño, pero quienes conviven con él permanentemente, son ellos. Muchas veces, cuando llegan, están absolutamente perdidos. Además, con respecto al autismo, hay mucho estereotipo. Te dan ese diagnóstico y una de dos, o te imaginas a Rain Man –una persona con una capacidad cognitiva brutal, aunque tenga sus “rarezas”–, o a un niño en una esquina balanceándose. Lo primero que tienes que hacer como profesional es derrumbar esos estereotipos.
-¿Docentes y familias trabajando como uno solo?
-Es absolutamente fundamental. A los nuevos profesionales que llegan al centro siempre les insistimos en que lo primero es conocer al niño y empatizar con las familias. Muchas veces llegan en unas situaciones muy complicadas y necesitan mucha ayuda, tanto emocional como para entender qué es lo que le pasa a su hijo y tener confianza en que, dentro de sus limitaciones, va a poder avanzar y aprender. Gran parte de las veces, las expectativas que traen son equivocadas, o superaltas o demasiado bajas. Esto hay que ajustarlo y trabajar juntos. De nada sirve que yo consiga que en el cole un niño coma sopa si en casa no lo hace también.
-¿Cómo afecta todo esto al ámbito familiar?
-Hay discapacidades que condicionan mucho la dinámica familiar y cuesta mucho la adaptación. Esto es una realidad que puede llegar a cualquier casa y tienes que terminar aceptándolo. Cuanto antes lo hagas, va a ser mejor para todos. Quieras o no, también proyectan el futuro. “¿Qué va a ser de este niño cuando yo falte?”. Lo más fácil es decir que no hay nada que hacer con ellos, pero no es cierto. También te digo que a mí, una familia agradecida, me llena mucho. Puedo estar horas con los niños trabajando sin parar y sin venirme a bajo en ningún momento. Sin embargo, tengo una entrevista familiar y puedo acabar emocionalmente tocadísima. Ese agradecimiento que manifiestan, me emociona el alma.
«Muchas veces las familias llegan en unas situaciones muy complicadas y necesitan mucha ayuda, tanto emocional como para entender qué es lo que le pasa a su hijo y tener confianza en que, dentro de sus limitaciones, va a poder avanzar y aprender»
-¿Se debería acabar ya lo de “mirar raro” al diferente?
-No se trata de decir que no hay dificultades. Las hay, pero no pasa nada. No es que el cerebro del niño con autismo sea inferior al mío. Es diferente, ve el mundo de otra manera. No hay que intentar convertir su cerebro en igual al mío sino comprender el suyo y, a través de esa comprensión, intervenir y tener un proceso educativo acorde a sus necesidades. Igual que yo no puedo aspirar a ser una top model, un niño con una discapacidad cognitiva no va a ser ministro. ¡No pasa nada! Podemos ser otras cosas. De lo que se trata, es de exprimir las fortalezas y, en la medida de lo posible, con la intervención adecuada, paliar las dificultades sin negar que están ahí. Vivimos en una sociedad en la que toda tu composición cerebral sobre las cosas está hecha a base de estereotipos. Lo desconocido te da miedo y es un círculo vicioso. Poco a poco se va avanzando. No hace mucho, estos niños, no salían de casa.
-¿La educación debería caminar hacia un modelo más inclusivo?
-Ahí hay que hacer muchísima labor. La inclusión no es meter al niño diferente en el colegio y pretender que todo fluya. Hay que ver la diferencia como algo que existe y luego, muy posiblemente, va a ser enriquecedor para todos. Te pongo un ejemplo: ahora, todos los colegios públicos son bilingües. Me parece una señal de calidad el intentar que el inglés tenga el mismo nivel que el castellano y forme parte del currículum. ¿Qué nos está pasando? Que está condicionando que muchos niños y niñas nuestros no puedan acceder a determinados centros públicos. Algunos no tienen la capacidad para estar en una clase impartida en ese idioma. Una medida que puede llevar a la excelencia educativa, si no das una alternativa que puedan usar ellos, ya no es excelente. Lógicamente, la culpa no es del profesorado sino del sistema. No puedes estar hablando de inclusión y de bilingüismo a la vez sin haber pensado una respuesta educativa para el niño que no puede acceder a la segunda lengua.
«No es que el cerebro del niño con autismo sea inferior al mío. Es diferente, ve el mundo de otra manera. No hay que intentar convertir su cerebro en igual al mío sino comprender el suyo y, a través de esa comprensión, intervenir y tener un proceso educativo acorde a sus necesidades»
-¿Qué aporta la diferencia?
-Amplitud de miras. Las personas, las culturas, los espacios, las lenguas, todo es muy diverso. Hay que tener la mente abierta. Además, hay una cosa que sucede en concreto con el autismo y es que rara es la clase en la que no haya un niño que lo sea. Ha aumentado mucho la incidencia. Una cosa que siempre les digo cuando tenemos reuniones combinadas con los centros ordinarios es: “No me digas tengo a veinte en la clase más Fulanito que es el vuestro”. ¡No! Mientras la mentalidad sea esa, vamos mal. Tú tienes veintiún niños en clase. Cuando consigamos que los vean como a uno más, entonces, estaremos hablando de inclusión. Es verdad que hay veces que faltan recursos, aunque se ha mejorado mucho.
-¿En qué lado de la balanza tiene que estar la responsabilidad de la adaptación?
-No podemos centrar las dificultades en las personas. Es el entorno el que no les da la respuesta adecuada y este es el origen del proyecto “Oviedo Accesible”. No es que un niño no entienda una biblioteca municipal, es que esa biblioteca no ha implementado las medidas necesarias para que sea accesible para ellos. Si todas las normas de un entorno las pongo escritas sin más, no solamente los niños y niñas de nuestro cole no lo van a entender, sino que, una persona que no conozca el idioma, tampoco lo puede utilizar. Hay que cambiar el paradigma.
-Háblame de “Oviedo Accesible”.
-Empezamos, aproximadamente, en el curso 21-22. Cada vez teníamos más niños y niñas con autismo y veíamos que era necesario adaptar el entorno del cole porque ellos tienen un estilo cognitivo y perceptivo diferente al nuestro. Fuimos adaptando distintas medidas que vimos que eran buenas no solamente para ellos, sino para todo nuestro alumnado con discapacidad. Nos dio buenos resultados, pero nos dimos cuenta de que no nos podíamos quedar sólo en el colegio.
Por esas casualidades de la vida, llegó una niña de tres añitos con autismo a la que le encantaban los cuentos y se vio, además, que eran una forma de interactuar y trabajar con ella. Era una niña sin lenguaje y con una afectación importante. Su mamá había intentado llevarla a la biblioteca del barrio, pero no comprendía el entorno, no entendía que allí no se podía gritar, no podía coger todos los libros a la vez y amontonarlos, etc. La madre me lo planteó en una tutoría y fue la mecha que prendió la llama. En el consejo escolar teníamos a un representante del Ayuntamiento que me puso en contacto con la coordinadora de todas las bibliotecas municipales de Oviedo y, lo primero que hicimos, fueron materiales para adaptar todas las bibliotecas.
«No podemos centrar las dificultades en las personas. Es el entorno el que no les da la respuesta adecuada y este es el origen del proyecto “Oviedo Accesible”»
-¿Cuál es la pregunta que nos debemos hacer para cambiar la mirada?
-La pregunta es: ¿qué tengo que hacer para que comprendan este entorno y puedan participar y disfrutar en las mismas condiciones que cualquier otra persona que no tenga dificultades? La acción se centra en tres ámbitos. Por un lado, adaptamos los entornos, los señalizamos con imágenes de forma que sean comprensibles para el mayor número de personas posible. Luego, preguntamos cuáles son las normas sociales de ese espacio e intentamos también explicitarlas mediante imágenes. Y, las actuaciones comunes de ese entorno, también las explicitamos con imágenes. Nosotros pensamos en nuestros niños, pero no sólo es para ellos. Sirve para muchísimos colectivos.
-Supongo que, para ellos, todo lo que tiene que ver con el ámbito sanitario es difícil ¿no?
-En ese campo también realizamos alguna acción. Está pictografiado el centro de salud de Pumarín y están hechos los apoyos visuales de todos los centros de salud de Oviedo y para la zona de pediatría y de urgencias pediátricas del HUCA. Pero todo esto está pendiente porque implica una burocracia brutal. Hicimos también secuencias para que los niños entiendan, por ejemplo, lo que implica hacerse una analítica, una revisión de los ojos, ponerse una vacuna… Es un material genial porque tú imagínate que uno de nuestros niños llega a una consulta y se encuentra con una aguja, o que nunca hayan visto un fonendoscopio. Para ellos es una agresión. Es importante poder explicarles en casa qué es lo que les van a hacer y que incluso, el propio pediatra, se lo pueda ir enseñando. Está dando unos resultados buenísimos.
« Los pictogramas que creamos para que entiendan cosas como ponerse una vacuna son geniales porque tú imagínate a uno de nuestros niños que llega a una consulta y se encuentra con una aguja, o que nunca haya visto un fonendoscopio. Para ellos es una agresión»
-¿Habéis realizado alguna acción en el ámbito del ocio?
-Hicimos materiales para que los niños y niñas con autismo, por ejemplo, comprendan qué es o lo que ocurre cuando van a un cumpleaños. Que entiendan que el regalo no es para ellos, que se lo tienen que dar al otro niño, que no se asusten con las velas… Hemos preparado cosas también para un polideportivo y para el zoo hicimos una cosa chulísima. Les hicimos materiales para señalizar las zonas que tienen. Ellos, delante de cada jaula, tienen información escrita sobre cada animal. Nosotros lo convertimos en imágenes y ahora les puedes explicar las características de cada animal y lo que hacen. Para el Parque San Francisco en Oviedo, hicimos señalizadores de las zonas y ya están instaladas. Tienen pendiente la colocación de un plano accesible con imágenes que es una maravilla. Tardan más porque dependen de Patrimonio, pero la verdad es que el Ayuntamiento de Oviedo nos está respondiendo muy bien. Por otra parte, hicimos apoyos visuales de educación vial para cruces con semáforo y pasos de cebra. También nos llamaron para algún servicio privado como dentistas y peluquerías.
-¿Cuánto no hacemos por desconocimiento?
-Si de repente les dices: “Hoy vamos a cortar el pelo”, posiblemente no lo entiendan. Para un niño con autismo, cortarse el pelo puede ser muy traumático. Pero si, previamente, tienes en casa una secuencia con imágenes, que se pueden personalizar, en la que se vea la foto de la entrada de la peluquería, la foto del peluquero acercándose con la tijera y que, al final, vea un premio, te va a ayudar mucho. También es importante que el peluquero tenga cierta formación. Que sepa que tiene que ir despacio, por delante, enseñarle la tijera o lo que vaya a usar, dejar que lo toque, que juegue con el chisca, que el niño incluso haya visto previamente el espacio físico de la peluquería, sepa dónde lo van a sentar y acepte ponerse la capa. La anticipación de lo que va a suceder les da mucha tranquilidad.
«todo esto no es un trabajo mío. Yo soy la que coordino, pero, además, están en el grupo compañeros muy jovencitos que, con las nuevas tecnologías, hacen maravillas a una velocidad tremenda»
-¿Cómo es una fiesta de “prao” inclusiva?
-Fue una demanda que tuvimos en Meres para las fiestas de la Virgen de la Cabeza. Señalizamos las ubicaciones para que los niños supieran todas las zonas que iban a poner en la fiesta: el puesto de sidra, el de los helados, la orquesta… Se hizo también una historia social explicando que podía haber voladores que hacen mucho ruido pero que no pasaba nada, que pueden bailar si les gusta, subirse en las barracas sin tener ningún problema. Esto fue gracias a una compañera que estaba en la comisión de festejos y lo propuso. Es intentar que el entorno se adapte a la condición cognitiva diversa.
-¿Cómo es de importante la labor del equipo en un proyecto como este?
-Conste que todo esto no es un trabajo mío. Yo soy la que coordino, pero, además, están en el grupo compañeros muy jovencitos que, con las nuevas tecnologías, hacen maravillas a una velocidad tremenda. En el colegio hay movilidad de profesionales. Este año empezaron tres o cuatro nuevos y siempre les insisto mucho en que lo primero que tenemos que tener es paciencia. Hay servicios en los que vamos a entregar los materiales y mañana los tienen colocados y, hay otros, que es trabajo a largo plazo.
-¿Qué se aprende al enseñar?
-Muchas cosas. Me gusta el reto de darle vueltas a cómo puedes conseguir revertir situaciones, de pensar “esta conducta que es muy desadaptativa, ¿cómo consigo transformarla?”. Muchas veces queremos cambiar cosas que no tienen importancia y hay que discernir hasta qué punto tienes que intervenir. Si, por ejemplo, el niño disfruta alineando coches, ¿por qué me tengo que empeñar en que no lo haga? Sin embargo, si los hace rodar por el suelo, tengo que enseñarle que eso, en el entorno de un teatro, no lo puede hacer. Antes, era muy típico en educación especial, intentar quitar todas las conductas que parecían desadaptativas. Si a él le gusta y no daña o interfiere en un entorno, no pasa nada.
-¿En quién te han convertido ellos?
-Disfruto cada día y creo que hay pocas personas que puedan decir eso. No tengo la sensación de ir a trabajar. Llego a casa cansada porque el esfuerzo físico y mental es importante, pero ellos han conseguido que cada día de mi larga carrera profesional haya tenido retos que superar. Han logrado que esté muy satisfecha de mi papel como maestra. En ningún momento me he sentido frustrada, a pesar de trabajar con la discapacidad durante cuarenta y un años. Hay situaciones en las que me he sentido preocupada, pero nada me ha quitado la ilusión.
«Me gusta el reto de darle vueltas a cómo puedes conseguir revertir situaciones, de pensar “esta conducta que es muy desadaptativa, ¿cómo consigo transformarla?”»
-¿Cómo afrontas la jubilación?
-Mal, no quería. Me jubilo porque estoy cansada y lo tengo que hacer. Son muchas horas y físicamente lo noto. De hecho, es una decisión que tenía que haber tomado hace ya tres años. Me cuesta muchísimo, pero entiendo que todo tiene su momento. De todas formas, quiero seguir con el tema de la vida accesible, sólo tengo que buscar otra forma de hacerlo. Además, desde fuera y con más tiempo, voy a poder impulsar más cosas que tengo en la cabeza. Hay muchísimas asociaciones en las que admiten el trabajo voluntario. Y, por supuesto, para cualquier cosa que me pueda necesitar el colegio y las familias, ahí estaré. También me seguiré formando, que es una cosa vital. No quiero olvidarme de que fui maestra.
-¿Dejas amigos más que compañeros?
-En el colegio dejo compañeros que son amigos. Todo el trabajo que he desarrollado como Jefa de Estudios, no hubiera sido posible sin no cuento con el equipo directivo que tenía. Trabajar en un centro específico te tiene que gustar, si no es imposible. Si no es por vocación, no aguantas.