Trabajo social con alma: la experiencia de Nómades en Asturias

La Asociación Asturiana para el Cambio Social Nómades cumple veinte años acompañando a personas, familias y comunidades en procesos de transformación profunda. Su trabajo –discreto, constante, cotidiano– se despliega en colegios, institutos, barrios y espacios comunitarios donde la vida sucede sin focos. Allí donde a menudo se acumulan las dificultades, Mónica Iglesias y su equipo han aprendido que el cambio social no es una teoría, es una relación, una mirada, un vínculo que devuelve dignidad. Hablamos con ella sobre aprendizajes, desafíos y pequeñas revoluciones que nacen en lugares inesperados.

Mónica Iglesias, responsable del área de Intervención Social en la Asociación Asturiana para el Cambio Social “Nómades”
Mónica Iglesias, responsable del área de Intervención Social.

-¿Cómo nace Nómades? ¿Qué os llevó a dedicar vuestra vida profesional a la intervención social?
-La asociación nació hace veinte años fruto de un grupo de jóvenes que veníamos de movimientos sociales y colectivos de barrios donde se respiraba ilusión y la convicción de que el mundo podía cambiar si nos organizábamos. Aquella energía nos marcó profundamente y nos llevó a buscar una forma de intervenir que no fuera puntual ni asistencial, sino transformadora. Con el tiempo se fueron sumando nuevas compañeras y compañeros, cada uno con su sensibilidad social, su capacidad de apertura y su deseo de aprender. Esa mezcla es la que ha permitido que Nómades siga viva, adaptándose a cada contexto y manteniendo una mirada común: la realidad se transforma con otros, nunca en solitario.

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-Comentáis que nada reemplaza el encuentro interpersonal y la mirada auténtica. ¿Qué experiencias os han confirmado esta idea?
-Lo comprobamos constantemente. Somos seres interdependientes y nos construimos en relación con los demás. Cuando alguien recibe una mirada que reconoce su dignidad y su potencial, algo se desbloquea. Lo vimos en una niña de segundo de primaria que venía con mucho retraso lector. Tras varias sesiones de apoyo, consiguió leer un texto sin ayuda y se emocionó tanto que nos pidió buscar quién había inventado la escuela porque “le encantaba”. Ese momento de descubrimiento, de sentirse capaz, es impagable. También lo vimos en un grupo de adolescentes con fracaso escolar que ganó una liga de debate, o en un chico que, después de participar como monitor en un taller con niños de primaria, me dijo que se había sentido “adulto” por primera vez. Las personas mayores voluntarias también nos han mostrado el poder del vínculo: algunas han recuperado energía y ánimo gracias a su participación con adolescentes. Y quizá el proceso más transformador ha sido el de las mujeres gitanas de la Sierra de Granda, en Siero. Pasaron de ocupar un papel secundario en su comunidad a liderar reuniones con administraciones, crear su propia asociación y poner en marcha un proyecto productivo, Jucal Textil, un proyecto de emprendimiento e inserción laboral a través de la creatividad para elaborar bolsos, monederos, ropa para bebés. Verlas tomar decisiones, imaginar un futuro distinto y luchar por él es una de las experiencias más emocionantes que hemos vivido.

-Trabajáis en colegios, institutos, centros sociales… ¿Qué tiene de especial intervenir en espacios cotidianos de la comunidad?
-Intervenir en espacios cotidianos permite trabajar con la vida tal cual es. En un colegio, un instituto o un centro social se cruzan familias, docentes, vecinas, niños y adolescentes, y eso abre posibilidades que no existen en otros lugares. La escuela, por ejemplo, puede convertirse en un punto de encuentro que rompe prejuicios, genera convivencia y construye redes de apoyo. Cuando el aula se abre al barrio y el barrio entra en el aula, se crean dinámicas que transforman realidades.

-¿Qué cambios habéis visto en los barrios donde trabajáis desde hace años?
-Hemos visto procesos muy distintos: barrios que han mejorado gracias a la organización comunitaria y otros que han sufrido retrocesos por falta de cuidados institucionales. En algunos lugares la segregación escolar ha crecido, los servicios se han debilitado y los espacios públicos se han deteriorado. En otros, la comunidad ha sido capaz de generar dinámicas muy positivas. Lo que sí hemos aprendido es que cuando se crean espacios seguros y respetuosos donde la gente puede encontrarse, hablar y decidir, las cosas cambian. A veces de forma pequeña, pero significativa.

-¿Qué os enseñan los niños, adolescentes y familias con las que trabajáis?
-Nos enseñan autenticidad, algo que hoy escasea. Nos enseñan solidaridad: personas que tienen muy poco y, aun así, se vuelcan para ayudar a quien llega nuevo. Nos enseñan “conformismo” en el sentido de que hay que aceptar que hay límites y que cada cual tiene su papel. Nos enseñan resiliencia, alegría y capacidad de reinventarse. Y nos enseñan a ser mejores profesionales, porque nos obligan a revisar nuestras prácticas, buscar nuevas herramientas y aprender constantemente.

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-En el área de Mujer trabajáis autocuidado, crianza, creatividad… ¿Qué necesidades encontráis en las mujeres que participan?
-Sobre todo necesitan espacios propios, seguros, donde puedan hablar sin miedo y sin prejuicios. Necesitan tiempo para sí mismas, para cuidarse y pensar en su futuro; sentirse valoradas, escuchadas y capaces. Y, sobre todo, sentir que no están solas y que juntas pueden construir alternativas.

-Sois un equipo multidisciplinar y con vocación de trabajo colectivo. ¿Cómo se vive esa diversidad desde dentro, Mónica?
-Es una riqueza enorme. Tenemos perfiles de trabajo social, educación, psicología, animación sociocultural, comunicación, artes… y colaboradoras que han sido maestras para nosotras, especialmente dos profesoras universitarias que nos han ayudado a sistematizar, valorar y mejorar nuestra práctica. Esa mezcla nos permite adaptarnos a cada contexto, crear proyectos muy distintos y aprender unas de otras. También nos obliga a estar abiertas, a escuchar y revisar lo que hacemos. Pero es precisamente eso lo que hace que Nómades funcione.

Taller para niños de Granda (Siero) impartido por la Asociación Asturiana para el Cambio Social “Nómades”
Taller para niños de Granda (Siero) .

-Tenéis un voluntariado muy activo. ¿Alguna historia que os haya marcado especialmente?
-Una de las más bonitas ocurrió en un instituto. Una madre empezó a participar como voluntaria en las tertulias literarias. Su hija, que estaba pasando un mal momento y repetía curso, no quería verla por su clase. Pero poco a poco escuchó a sus compañeros decir que su madre comentaba cosas muy interesantes… Así que empezó a verla con otros ojos y empezaron a cambiar las cosas en casa: donde antes solo había discusiones, surgieron temas sobre los libros, tertulias, cosas que pasaban en el aula. La relación cambió. La hija terminó haciéndose voluntaria y la madre sigue colaborando hoy, aunque ya no tiene hijos en el centro. Es un ejemplo precioso de cómo la participación transforma vínculos.

-¿Qué desafíos encontráis hoy en la intervención con familias en situación o riesgo de exclusión?
-La desigualdad creciente, la fragilidad de los servicios públicos en algunos ámbitos y la falta de oportunidades reales para muchas familias. También vemos que cada vez cuesta más sostener procesos largos, porque la precariedad desgasta. Pero, pese a todo, encontramos mucha fuerza, mucha capacidad de lucha y mucha voluntad de cambio.

-¿Qué os preocupa más del contexto social actual?
-Nos preocupa que la desigualdad se esté normalizando. Que el mercado gane terreno frente al Estado y eso se traduzca en pérdida de derechos. Que haya discursos que culpabilicen a quienes están en situaciones difíciles en lugar de mirar las causas estructurales. Y que la convivencia se resienta cuando no hay espacios donde encontrarse y hablar.

Mónica Iglesias, de la Asociación Nómades (izda.) con Adela Gabarri, presidenta de la Asociación Gitana de Gijón.
Mónica Iglesias (izda.) con Adela Gabarri, presidenta de la Asociación Gitana de Gijón.

-Trabajar con realidades duras puede desgastar. ¿Cómo os cuidáis?
-Cuidándonos entre nosotras, compartiendo lo que nos pasa y lo que nos afecta. Buscando momentos de humor, descanso y desconexión. Y recordando que no estamos solas: somos un equipo y eso es lo que nos sostiene cada día.

-Después de tantos años, ¿qué os sigue emocionando?
-Nos emociona ver que alguien descubre que puede, que una familia recupera esperanza, un barrio se organiza, una mujer toma la palabra por primera vez o un adolescente se siente valioso. Esas pequeñas grandes cosas son las que nos mueven y nos emocionan.

-¿Qué os gustaría que la gente supiera sobre el trabajo social que normalmente no se ve?
-Que nuestra labor no es solo gestionar recursos o resolver problemas es, sobre todo, acompañar procesos, escuchar a las personas, estar ahí, sostener. Es mirar a la cara con respeto y confianza y hacer que la persona que está al otro lado lo sienta. Es creer en su capacidad, incluso cuando ellas mismas no pueden hacerlo.

-Si pudierais enviar un mensaje a quienes nunca han oído hablar de Nómades, ¿cuál sería?
-Que el cambio social es posible y empieza en lo pequeño, lo cotidiano, en una relación. Y que cuando las personas se sienten escuchadas y valoradas, todo puede transformarse.

Nómades cumple veinte años sin hacer ruido, pero dejando huellas profundas. Su trabajo demuestra que la transformación no nace de grandes discursos, sino de vínculos reales, de miradas que reconocen a las personas. de espacios donde la gente puede ser y decidir. Quizá por eso, cuando Mónica habla de su labor, lo hace con una mezcla de serenidad y emoción. Porque sabe que el cambio social no es una utopía: es una historia que se escribe cada día, en cada barrio, en cada aula y en cada encuentro.

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Mariló Hidalgo
Mariló Hidalgo
Periodista con más de 30 años de experiencia, especializada en entrevistas y reportajes de profundidad. Tras formarme en Derecho, encontré en el periodismo mi verdadera vocación. Llevo 12 años en Fusión Asturias y desde 2012 soy directora de la revista, donde escribo sobre territorio, cultura, proyectos humanos y paisajes sociales del Principado. Mi trabajo se centra en la conversación pausada, la escucha y el retrato honesto de personas que construyen Asturias desde dentro.

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Mariló Hidalgo
Periodista con más de 30 años de experiencia, especializada en entrevistas y reportajes de profundidad. Tras formarme en Derecho, encontré en el periodismo mi verdadera vocación. Llevo 12 años en Fusión Asturias y desde 2012 soy directora de la revista, donde escribo sobre territorio, cultura, proyectos humanos y paisajes sociales del Principado. Mi trabajo se centra en la conversación pausada, la escucha y el retrato honesto de personas que construyen Asturias desde dentro.

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