Tania Pasarín-Lavín (@ser_maestra): «Todos tenemos algo extraordinario, sólo hay que saber mirarlo»

Cree firmemente que todo lo que se aprende es más útil si se comparte. De ahí nació su necesidad de divulgar en redes, donde tiene casi setenta y nueve mil seguidores. Tania Pasarín-Lavín es Doctora en Educación y Psicología, profesora universitaria e investigadora en la Universidad de Oviedo. Además, ha escrito dos libros cuyo objetivo es conseguir que los docentes sean más inclusivos y la persona que está tras la cuenta de Instagram @ser_maestra.

Siente una curiosidad infinita por conocer y, para llegar a este momento, los caminos que transitó no fueron fáciles ni tampoco los que otros querían que ella recorriese. En muchas ocasiones, lo que puede parecer un fracaso, es el inicio de convertirte en lo que realmente eres o quieres llegar a ser. Natural de Villablino y afincada en Villaviciosa desde hace años, Tania ha aprendido que cada uno tiene sus propias fortalezas y discapacidades. Lo importante es saber encontrarlas y trabajar con ellas.

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-¿Por qué estudiaste educación?
-Realmente quería estudiar medicina, pero por circunstancias personales no conseguí sacar la nota necesaria. Mis padres me dijeron que no me iban a pagar la privada porque era mucho dinero y me puse a buscar lo que me gustaba y podía encajar dentro de la nota que tenía. Como soy un ser social que me encanta hablar, soy medio hiperactiva no diagnosticada y muy inquieta, creí que la docencia era una buena vía. Empecé y dije: “hago las prácticas y si no me gusta, cambio”. Me enganchó eso de poder formar a las personas. Ser consciente de cómo los niños avanzan es muy gratificante y satisfactorio.

-Imagínate que tienes el poder de crear al profe perfecto. ¿Cómo sería?
-Con muchos valores y principios. Una persona con tolerancia, sensibilidad y empatía. Que no sea racista, porque tenemos una sociedad bastante multicultural. Que sea muy tolerante porque existe una diversidad enorme con necesidades educativas diferentes y, sobre todo, que tenga inteligencia emocional para entender toda esa diversidad y a todas las personas que tenemos en las aulas con problemas de salud mental. Como ves, te estoy hablando de conocimientos, capacidades y habilidades personales porque creo que, teniendo eso, vas a formarte para que no les falte nada en otros terrenos.

-Planteabas una pregunta en tus redes: ¿Estamos enseñando a vivir o sólo a llegar a tiempo?
-Enseñamos a ser hiperproductivos, a ser los mejores y a correr para llegar antes que nadie a todo. Me parece un atraso porque lo que estamos generando son niños competitivos e individualistas. Lo veo también en la universidad y en las oposiciones a maestros. Cada vez hay menos compañerismo porque queremos llegar antes y mejor que nadie. Creo que deberíamos relajar un poquitín.

-¿Debería haber una línea continua entre las casas y las aulas?
-Es una pena porque yo, que vengo de la educación infantil, veo que ahí los padres se implican. Te preguntan al salir de clase, quieren venir a las reuniones, participar en las excursiones. Hay un vínculo familia-escuela maravilloso. Pero vemos cómo en la educación primaria empieza a reducirse, los niños ya empiezan a volar solos. Y está bien, hay que darles autonomía, pero ese vínculo se va perdiendo. En secundaria, ya hay sólo cuatro familias que se vuelcan e implican al 100% y creo que es un fallo porque, si la línea que estamos siguiendo en la escuela no es continuista, al niño le va a chocar que no se haga lo mismo en un sitio que en el otro.

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-¿Las familias debería estar dentro de las escuelas?
-Siempre. Lo que pasa es que vivimos en un mundo en el que esta hiperproductividad también se traslada a la vida adulta y no todos los padres pueden y tienen el tiempo para estar en los centros educativos todo lo que les gustaría. Vemos que hay una relación muy buena familia-escuela cuando son niños con hiperactividad, autismo, Síndrome de Down o cualquier tipo de necesidad especifica. Pero se diluye cuando tenemos niños, digamos, estándar. No podemos volcar toda la responsabilidad en el docente ni tampoco pretender que sea sólo de las familias. Los profes no sólo tenemos que enseñar, también tenemos que educar. Pero si no lo hacemos de la mano de unos padres que vayan en la misma dirección, no sirve de nada.

-¿Por qué nos cuesta tanto entender la diferencia?
-Yo creo que, primero, por miedo a no manejar y no saber entender lo diferente. Segundo, creo que nos sentimos superiores. A veces creemos que lo normal es lo nuestro y no lo del otro. Ahí tenemos un trabajo grande porque, lamentablemente, vivimos en un mundo en el que la tolerancia a lo diferente está yéndose por unos derroteros que no nos gustan. Desde los centros educativos deberíamos trabajar la tolerancia y la empatía. Te pongo mi ejemplo: yo siempre fui una niña que hablaba muchísimo y me castigaban por hacerlo, no de manera diagnosticada, pero tenía una necesidad educativa diferente. Si me hubiesen puesto debates o actividades de hablar en clase, hubiese molestado menos y nadie me excluiría de nada. Cada uno juzga desde su normalidad y eso siempre es relativo.

-¿Una discapacidad o una capacidad diferente puede ser un don o es una condena?
-Yo creo que al principio es una condena. En la parte inicial, por las fases del duelo, antes de la aceptación, siempre llega la negación. Es verdad que lo que se aprende de ello es muchísimo, al igual que lo que pueden aportar a las aulas y a los hogares. La educación ya está girando hacia ahí, pero hay que verlo desde la perspectiva de las fortalezas. Hasta hace un tiempo se estudiaba lo que le faltaba a esa persona y se trabajaba ahí. Ahora, vemos qué es lo que tiene y nos apoyamos en ello para mejorar. Todas las herramientas inclusivas están yendo hacia buscar las fortalezas y vemos como cada vez más hay personas con discapacidad trabajando. Mucho es por las subvenciones, pero ya les vemos, tienen su espacio y nos sorprende menos. Obviamente, hay personas que tienen una capacidad por debajo de lo que se considera estándar y les produce una disfuncionalidad para hacer ciertas cosas, pero tendrá otras capacidades. Es maravilloso buscar esa parte para saber dónde pueden encajar y no excluirles.

-¿La responsabilidad está en saber mirar?
-¡Por supuesto! Y para eso deberíamos estar los docentes y las familias. De hecho, en los centros educativos, hay una figura que es la del orientador educativo, el cual debería trabajar con el objetivo de orientar a los estudiantes en secundaria para su carrera académica o profesional. No se trata de darles a los niños el mensaje de Mr. Wonderful de que pueden hacer todo lo que quieran y que sólo necesitan un poco de esfuerzo. No, no pueden hacer todo lo que quieran, pero sí pueden hacer grandes cosas. Hay que buscar en lo que son buenos y trabajar ahí. Los otros mensajes, muchas veces, dañan más que ayudan.

Tania Pasarín-Lavín en  DUA 3.0. Construyendo aulas inclusivas Unirioja

-¿Es importante permitir la experimentación, la caída y que aprendan a levantarse?
-Uno de los problemas que estamos viendo actualmente es que no se les enseña a equivocarse y cometer errores; parece que el niño tiene que ser perfecto desde los 3 años. Lo estamos viendo en la universidad en el sentido de que chavales de 18 o 25 años que suspenden o sacan una mala nota, creen que el problema has sido tú que pusiste un examen muy difícil. No se cuestionan si han estudiado lo suficiente, si lo hicieron de la manera correcta o si han venido a clase. Eso viene de atrás, de que sus padres les están salvando continuamente, sobreprotegiéndolos y de que, en los centros educativos, estamos luchando porque no cometan errores y lo hagan todo perfecto. Esto lleva a niños a tener baja tolerancia a la frustración, al error y con problemas para entender que, en la vida, no todo es de diez.

-¿El esfuerzo siempre merece la pena independientemente del resultado?
-Si tienes la capacidad de ser una persona con habilidades superiores y que con un bajo esfuerzo consigues las cosas, tienes mucha suerte. Lo que tienen que entender los niños es que las cosas requieren esfuerzo y que, en la vida adulta, nadie te regala nada. Es importante que desde las escuelas y las casas se les transmita que se van a encontrar con situaciones en las que no todo va a ser multicolor. No sólo hay que decirles el famoso: “Tú puedes ser lo que quieras ser”. ¡Pues no! A lo mejor no puedes ser astronauta de la NASA porque se requieren unas habilidades que no tienes. Por supuesto que tienes que luchar por ello, pero tienes que decirles que, lo más probable, es que sea más fácil ser fontanero. A veces el esfuerzo no te lo va a dar todo.

-¿Hay algún hijo o algún niño o niña que no sea extraordinario?
-Todos tenemos algo extraordinario, sólo hay que saber mirarlo. También creo que todos tenemos una discapacidad. Siempre pensamos que una discapacidad es clínica, pero cualquier persona tenemos una baja capacidad en alguna habilidad o competencia de nuestra vida. Lo único que tenemos, son capacidades diferentes. Probablemente algunas muy buenas que nos hacen extraordinarios y otras un poquito más bajas en las que tenemos que trabajar para orientarlas hacia un mejor camino.

-¿Esa diferencia es tu mayor fortaleza?
-Puede serlo, pero no siempre tiene por qué. Estoy en contra de las etiquetas. Son muy necesarias en la educación porque, sin ellas, no hay recursos. Si no le ponen nombre a lo que tiene tu hijo, no va a tener un apoyo del pedagogo terapéutico, ni del especialista de audición en lenguaje, ni va a tener acceso a otros medios que le puedan ayudar. Pero en la vida real a mí no sirven de nada. Ahora hay muchos adultos diagnosticándose de cosas. Si te vale para entenderte mejor, genial. Pero poco más. Muchas veces condiciona más que ayuda. Me ha pasado con padres que me escriben porque a su hijo le acaban de decir que tiene altas capacidades y preguntan cómo actúan ahora con él. Pues exactamente igual que cómo actuabas ayer. Lógicamente lee, fórmate para saber apoyarlo y estimularlo, pero poco más.

-Los niños ¿tienen que ser lo que son y vivir las cosas correspondientes a cada edad?
-Es una pena porque cada vez los vemos más adultizados. Vas a un restaurante y tienen al niño sentadito, sin tablet ni móvil, portándose genial y jugando con las servilletas. Puede que sea muy tranquilo, pero ¿qué hace un niño? Corre, juega, incordia… Si quieres que se esté quieto todo el rato, igual tenías que haberte comprado una planta. Ellos investigan, curiosean, no paran y es ahí donde empieza el problema. Intentamos que dejen de ser niños antes de tiempo, pero, luego, cuando empiezan a ser pre adolescentes con 12 no nos gusta. Entonces, ¿para qué apuraste la etapa anterior?

-Pasaste por experiencias de bullying y de sentir que no servías. ¿Qué te hubiese gustado saber en aquellos momentos?
-¡Es difícil! Además de lo que ya hemos comentado de que te enseñen a equivocarte y a caerte, es importante que te ayuden a entender que vales más de lo que dice otra persona. La autoestima y todos los conceptos que hay en torno a la inteligencia emocional son tremendamente importantes para la infancia. Nos importa demasiado lo que diga el resto, más ahora con las redes sociales, y debería darnos igual a menos que te lo diga una persona a la que quieres y te quiere. Es una tarea difícil pero vital. Mi madre me lo repetía mucho cuando me decían cosas desagradables en el colegio: “tienes que diferenciar lo que es verdad de lo que no. Si es mentira, no hagas caso”. No caló y lo pasé mal. Pero es un mensaje muy poderoso porque te sitúa en lo que realmente eres.

-¿Qué raíz habría que cortar para eliminar esos comportamientos?
-El bullying empieza en la diferencia. Alguien ha considerado que tú eres distinto y le ha parecido buena idea enseñárselo al resto y reírse. Todo el mundo piensa que eso les pasa a los gorditos, con gafas o con necesidades especiales y no es así. Yo era una niña normotípica, sin aparato, delgada, una belleza europea normal y me hicieron bullying porque a alguien le dio la gana de ver que yo era habladora y llamaba un poco más la atención. Fueron dos años horribles y, encima, me castigaron una semana en el recreo con mi acosador para que llegásemos a entendernos. Ahí tenemos una labor muy grande docentes y padres. No tengo la varita mágica, pero sí sé que hay que trabajar la autoestima entendida como amor propio.

Tania Pasarín-Lavín (@ser_maestra). Doctora en Educación y Psicología, profesora universitaria e investigadora en la Universidad de Oviedo

-¿Cuál es la reconstrucción personal que más te ha costado?
-Cuando oposité en 2019 tuve un ataque de pánico en la exposición oral. Estuve yendo a terapia durante años porque no era capaz de hablar en público ni de expresarme como era yo. Esa reconstrucción, desde ese fracaso tan grande, fue la más potente y difícil. Soy una fiel defensora de la terapia. Empecé a ir en 2020 y sigo yendo porque me parece que es muy importante conocerse, aprender a manejar lo que tienes dentro y ser mejor persona ya no sólo con el mundo, sino contigo misma. También es verdad que soy afortunada y, de momento, no se me ha muerto nadie muy querido. Creo que esa es una de las cosas más duras de la vida.

-¿Todo lo importante empieza por uno mismo?
-Creo que sí pero también es verdad que es muy importante la unión con las otras personas. Somos seres sociales y necesitamos a los demás. Obviamente todo empieza en ti, pero siempre debemos tener una red de apoyo, amor y cariño que nos impulse y nos ayude. Yo no sería lo que soy sin el apoyo de mis padres, amigas y, ahora, de mi pareja. Soy la dueña de mi camino, pero (esto es una cosa que nos está costando mucho) hay que enseñar a los niños que tener amigos es importante.

-En muchas publicaciones hablas de parar, de escucharte. ¿Cómo es de necesario hacerlo?
-Ahora parece que es más guay decir: “Es que estoy sobreviviendo”, “Es que no me da la vida”. El que te dice: “Estoy aquí, relajado”, parece que lo miras raro. Yo, que me dedico a investigar la creatividad y todo el tema cognitivo y del aprendizaje, una de las cosas más importantes para la creatividad, es tener tiempo para aburrirse. Esos momentos eureka, que son en los que tienes mejores ideas, suelen venir cuando no estás haciendo nada.

-Dices que la montaña te salvó en un momento de estrés muy alto. ¿Qué encontraste en ella?
-El esfuerzo me dio una recompensa enorme. Me aportó mucho ver que era capaz de llegar a una cima y disfrutar las vistas o correr un kilómetro más que el día anterior. También me dio muchísima calma y paz. Me enseñó a estar sola conmigo misma, que era algo que no sabía. Me ha costado mucho gestionar esa soledad y además me aportó enseñanzas como tener constancia para llegar arriba literal y metafóricamente hablando. Que el esfuerzo tiene siempre recompensa, aunque parezca que no. Realmente me salvó.

-¿Te pone ante tu realidad?
-Totalmente. Puedes tener un día de energía a tope y lo disfrutas o puedes tener un día de mierda en el que todo te cueste. Pero, cuando vuelves, siempre tienes la sensación de que hiciste lo correcto yendo. Es el poder de la naturaleza. Pasa lo mismo sea la montaña, la playa, el mar… Todo lo que sea estar lejos de los coches, los móviles y el ruido te da algo real. Me pongo un poco mística, pero creo que nuestro origen es ese y tenemos una conexión especial con ello. No conozco a una sola persona que empiece a hacer deporte en la naturaleza y diga: “¡Qué mal me ha venido!”. No existe.

-¿En algún momento dejamos de aprender?
-Cuanto más conocimiento adquiero, más inculta me siento. Es imposible saberlo todo y te juro que me da mucho coraje darme cuenta de lo que me queda. Siempre le digo a mi pareja que el mundo es muy grande y no voy a poder recorrerlo entero, que los conocimientos son enormes y no me va a dar tiempo a aprenderlo todo. ¡Es injusto! Yo quiero ser inmortal para seguir conociendo y aprendiendo cosas.  

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Marta Malde
Marta Malde
Periodista con más de 25 años de experiencia, inicié mi trayectoria profesional en Galicia, trabajando a pie de calle temas de territorio, cultura, gastronomía y vinos. Posteriormente me trasladé a Asturias, con la que mantengo un vínculo familiar, para continuar mi desarrollo profesional. Estoy especializada en entrevistas en profundidad con un enfoque basado, principalmente, en escuchar. En Fusión Asturias combino mi labor periodística con el ámbito del marketing, siendo responsable del departamento comercial de la revista.

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