Carmen Félix. El futuro de la mujer gitana

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Carmen Félix, Profesora en la Fundación Secretariado Gitano
Carmen Félix, Profesora en la Fundación Secretariado Gitano / Foto cedida por Fundación Secretariado Gitano
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Tiene 26 años. Está graduada en Pedagogía y tiene un máster en Investigación en Psicología y Ciencias de la Educación. Trabaja en la Fundación Secretariado Gitano de Oviedo como profesora de Promociona y participa también en el Consejo de la Juventud de España. Es mujer y gitana.



La ovetense Carmen Félix decidió cuando era pequeña que quería ir a la Universidad. Es la menor de cinco hermanas y tiene un hermano pequeño y se dio cuenta de que sus hermanas no conseguían nada solo con la ESO. El apoyo de sus padres y profesores fue fundamental a la hora de tomar la decisión de orientar su futuro. Reconoce que es un orgullo poder decirle a muchas gitanas que se puede, que ha llegado el momento de romper los estereotipos y los prejuicios que desde hace muchos años les discriminan por el simple hecho de ser gitanas y sobre todo mujeres.

-¿Qué significa para ti ser gitana?
-No sé cómo podría contestarte a esta pregunta. Hablar de mujer gitana es hablar de diversidad y esta diversidad tiene que ver con los distintos puntos de partida y aptitudes que tenemos en relación con la educación, la formación o la participación social que tengamos cada una. Actualmente las mujeres gitanas, como integrantes de una comunidad, sufren doble discriminación por ser mujer y por ser gitana. Somos una minoría étnica con lo cual nosotras tenemos la peor valoración social y no hay que olvidar que pertenecemos a una cultura cuyos valores están tradicionalmente asociados a una función social. En este sentido sufrimos mucha discriminación pero no dejamos de luchar para que se vaya desintegrando poco a poco.
-¿Cómo ha evolucionado la situación de la mujer en la sociedad gitana?
-Al igual que la sociedad mayoritaria es diversa, cada familia es un mundo. Con el paso del tiempo ha ido cambiando y ha sido todo un proceso. En el campo de la educación, por ejemplo, se ha vivido un gran cambio porque anteriormente solo se estudiaba la ESO y en muchas ocasiones ni se llegaba. Ahora hay muchos jóvenes que, como yo, han accedido a la Universidad y tienen sus carreras terminadas. Conozco a mujeres que con 30 años están preparando la prueba de acceso a la Universidad, son personas que se están superando a sí mismas. Por ejemplo, hay una de esas jóvenes que es madre de tres hijos y uno de ellos está cursando en el instituto bilingüe. Me estoy dando cuenta que la implicación que tienen los padres hacia el futuro de sus hijos es enorme, ellos quieren que sigan estudiando porque han comprendido que los estudios son la mejor herramienta para el día de mañana. Ya han incorporado que cuanta más formación, más posibilidades hay de optar a un puesto de trabajo.

“Actualmente las mujeres gitanas sufren doble discriminación por ser mujer y gitana. Somos una minoría étnica con lo cual tenemos la peor valoración social. No hay que olvidar que pertenecemos a una cultura cuyos valores están tradicionalmente ligados a una función social”

-¿Siempre tuviste claro que querías formarte?
-Sí. Era buena estudiante y me planteé seguir formándome para ver qué me deparaba el futuro. Cuando llegué al Bachillerato, tenía la ilusión de ir a la Universidad y lo hice. En segundo viví una crisis existencial porque no sabía qué hacer ni qué carrera elegir y gracias al apoyo de mis padres y el asesoramiento de mis profesores, me matriculé en Magisterio. Hice la PAU y saqué la nota, pero como es una carrera con límite de plazas no me admitieron ese año, así que me planteé tomarme un año sabático y esperar a que me cogieran el siguiente. Mis padres no entendían ese planteamiento, con lo cual, me sugirieron que hiciera pedagogía que era una carrera similar y al final me terminó gustando. Cuando acabé la carrera me hablaron de las becas Luis Sáez que da la Fundación para mujeres jóvenes gitanas que quieran seguir formándose en estudios de doctorado y postgrado. El único inconveniente era que tenías que marcharte a una de las ciudades de Castilla y León. En un primer momento mis padres me dijeron que no, pero luego se dieron cuenta de que era una oportunidad que no te ofrecen todos los días porque la beca te pagaba la matrícula del máster, el alojamiento, la manutención, el material escolar… te pagaban absolutamente todo y al final dieron su brazo a torcer. Esto supuso un cambio para ellos, pero saben que cuando me pongo con algo lo consigo. Ha sido un orgullo para ellos porque de todos los hermanos soy la única que ha accedido a la Universidad.

Encuentro de Mujeres
Encuentro de mujeres / Foto cedida por Fundación Secretariado Gitano

-¿El sistema educativo está adaptado para la inclusión?
-Hace unos años hicimos una campaña que se llamó “La pregunta de Samuel”. Samuel era un niño que preguntaba por qué en el cole estudiaban la cultura de otros países pero no la gitana. Fue tal el impacto que tuvo esta pregunta, que por supuesto es muy difícil de contestar, que se fue a hablar con el Ministerio de Educación y supuestamente iban a integrar en los libros de texto la cultura gitana. Yo creo que se deberían inculcar contenidos o materiales didácticos sobre la cultura gitana para que no haya tantos estereotipos ni prejuicios, porque al final son imágenes desdibujadas que la sociedad mayoritaria adopta. Nosotros tenemos que luchar para que se eliminen definitivamente. Que en pleno siglo XXI se sigan manteniendo estos estereotipos que nos reducen no tiene sentido.
-¿Se debería fomentar la formación en el seno de las familias?
-Los jóvenes que somos referentes para otros niños tenemos un papel importante porque les contamos nuestra historia de vida y cómo hemos llegado a la Universidad o cómo hemos conseguido acabar la formación. Esto es vital porque en cierta manera les motivamos para que sigan estudiando y que piensen que si esta persona pudo hacerlo, ¿por qué no voy a poder hacerlo yo? También todos los años hacemos un encuentro de estudiantes y familias destinado a todos aquellos niños que se han titulado, como refuerzo motivacional para que sigan estudiando. Yo a veces llevaba a mi hermano pequeño al colegio y él le decía a sus compañeros que yo iba a la Universidad y ellos no se lo creían. Muchas veces me lo preguntaban directamente para que les dijese la verdad. Es un tema que hay que trabajar ya no desde los propios niños sino desde los padres, porque tienen unos prejuicios interiorizados que trasladan a sus hijos en la educación y no son buenos.

“Me estoy dando cuenta que la implicación que tienen los padres hacia el futuro de sus hijos es enorme, ellos quieren que sigan estudiando porque han comprendido que los estudios son la mejor herramienta para el día de mañana”

-¿Los adolescentes son conscientes de todo lo que se ha luchado para cambiar la realidad de lo que se vivía hasta hace poco?
-Hay que trabajarlo más pero generalmente sí. Viven con sus padres y ellos se lo cuentan cuando se quejan por algo. Es importante que lo sepan para que se den cuenta de la realidad y de lo que ha pasado la comunidad. Hace más de treinta años no teníamos el derecho de la educación y ahora tenemos pleno derecho. Yo he llegado a donde estoy gracias al apoyo de mis padres y a una de las becas Luis Sáez que da la Fundación que me permitió hacer un máster en León.
-Fenómenos mediáticos que surgen últimamente como Rosalía o películas como Carmen y Lola, ¿os ayudan?
-No. A Rosalía no la he escuchado, pero cuando oigo a personas decir que con ella es la primera vez que escuchan flamenco me sorprende, porque existen muy buenos artistas que cantan este género. La película de Carmen y Lola me parece que ensalza todos los prejuicios que tiene la sociedad mayoritaria sobre la comunidad gitana. Lo que vi en la película no es una realidad, yo no lo considero así y mucha gente que conozco tampoco. Pasa también con programas de televisión como los Gipsy Kings, que ensalzan mucho esa misma línea. La pregunta sería ¿por qué no hacen un programa de referentes gitanos positivos? Yo creo que es porque llama más la atención esto.

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