Miki López, fotógrafo. “Para ser fotoperiodista tienes que tener una visión crítica de las cosas”

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Miki López
Miki López / Foto cedida por Miki López
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Es el jefe de la sección de fotografía en La Nueva España. Miki López lleva más de treinta años recorriendo Asturias con sus cámaras, reflejando el día a día de una región que lo tiene enamorado por la belleza de sus paisajes, por la fuerza de sus gentes y por el enorme potencial que ve en ella.

Reconoce que tiene el sentido de su profesión muy claro, aunque le da pena ver que tiende a desaparecer. Empieza a hacer acto de presencia el vídeo, pero la potencia visual de una imagen fija es difícil de superar. “Una foto siempre va mucho más allá”. Piensa en color porque el blanco y negro en una región como Asturias es complicado. Los colores tienen mucha carga informativa y es vital saber usarlos. Su compromiso va más allá de cubrir las noticias diarias para el periódico o hacer fotos bonitas. Pretende que las suyas sean como un Arca de Noé en el que se preserven esencias, oficios, personas, rincones… Que nada se pierda y todo quede inmortalizado.

-Llevas treinta años en la profesión. ¿Cómo ha sido tu evolución a lo largo de estos años?
-Debo ser de los pocos que tienen la suerte de haber vivido el periodismo y el fotoperiodismo más convencional. Antes ibas a los sitios con la cámara, hacías las fotos, volvías al periódico, tenías que revelar y pegar las fotos en un papel para entregarlas en redacción. Esto era a principios de los noventa. Me acuerdo de una lotería que tocó por Grandas de Salime que fueron siete horas de viaje ida y vuelta, nadie sabía nada de ti porque no había móviles, solo tenías un busca. Llegabas al sitio, tirabas catorce o quince fotos a toda leche y de vuelta para Oviedo. Siempre con el estrés de que tenías que llegar, meterte en el laboratorio y no sabías ni lo que tenías. Era toda una aventura. Ahora ese proceso es mucho más corto y sobre la marcha ya vas viendo lo que tienes. Me río yo ahora cuando algunos compañeros te dicen que van estresados.

“Debo ser de los pocos que tienen la suerte de haber vivido el periodismo y el fotoperiodismo más convencional”

-Con la llegada de lo digital ¿se ha perdido la esencia de la fotografía?
-Ahora se habla mucho de la democratización de la fotografía. En los primeros años de la década de los 2000, solo hacíamos fotos los fotógrafos. Tampoco había Internet y la gente, tanto aficionados como profesionales, disfrutábamos más de la fotografía. Ahora las hay muy buenas, pero las tienes que encontrar en un mar enorme de imágenes. Antes, para conseguir un efecto bonito en una foto, tenías que saber de películas, usabas polarizadores, juegos de lentes y filtros de cristal auténticos. Esto te hacía meditar más y no pensar que primero haces la foto y después ya la arreglas para que quede guapa, tenías mucho conocimiento. Ahora se hacen verdaderas virguerías, pero sigues notando cuando hay alguien que controla. En general creo que perdimos, porque ahora cuesta mucho encontrar una foto buena de verdad. En el fotoperiodismo sigue ocurriendo lo mismo. La toma de la imagen en el momento decisivo no cambió y ahí sigue habiendo gente buena y otra menos buena. Los que estamos en Asturias tenemos mucho nivel, fíjate que tenemos dos Premios Pulitzer y esto es un orgullo para una región tan pequeña.

Mineros asturianos entre el humo de las barricadas con las que cortaron la circulación en la autopista Y en mayo de 2012
Mineros asturianos entre el humo de las barricadas con las que cortaron la circulación en la autopista Y en mayo de 2012 / Foto: Miki López

-También es cierto que en Asturias se vivieron situaciones muy potentes para los reporteros gráficos…
-Detrás de todo este nivel probablemente esté el conflicto minero, naval y la reconversión industrial que se vivió en Asturias y que generó grandes conflictos laborales y urbanos en los que te curtías. Es cierto que los de mi generación nos forjamos en ese tipo de fotografía y nos hizo aprender a trabajar muy rápido y con ojos en la espalda. Fue un entrenamiento fabuloso.

“Robert Kappa ya decía que una foto no es lo suficientemente buena si no estás lo suficientemente cerca”

-¿Qué es lo más importante que tiene que tener un fotógrafo para hacer buenas fotos?
-Fui formador de fotógrafos en el CISLAN de Langreo y a mis alumnos siempre les decía, y todavía sigo diciéndolo, que realmente nosotros no somos fotógrafos, somos más bien periodistas. No escribimos con el ordenador, pero hacemos fotos que tienen que contar historias, y para poder hacerlo bien tienes que conocer a la perfección el tema en el que te estás moviendo. Por eso era obligatorio leerse el periódico de arriba abajo, sobre todo en la zona y en el tema en el que ibas a trabajar. Es evidente que una fotografía de sucesos es lo que ves, aunque también la experiencia te puede enseñar a captar el dolor sin caer en el amarillismo. Pero cuanto más conozcas de qué va el conflicto que estás fotografiando, qué factores humanos están detrás, qué sindicalistas hay, qué es lo que piensan y qué es lo que piden, lo tienes más fácil porque luego lo interpretas a través del visor y buscas esas cosas o simplemente las ves o las intuyes. Recuerdo que la última foto potente que hice de conflictos mineros fue a Villa. Estaba detrás de una barricada, con un fuego que parecía que lo estaba quemando. Y ¿quién nos iba a decir que tres años después su imagen iba a estar quemada de verdad? Esto lo interpretas después.

-En todo este proceso ¿qué papel juega el instinto?
-Mucho. Yo creo que una parte se entrena y otra naces con ello. Haces mucho de futurólogo, intentas ver por dónde van a venir las cosas, o cómo pueden hacerlo, pero esto pasa en cualquier faceta del fotoperiodismo. Hay eventos en los que tratas de adelantarte y por eso es muy común que le preguntemos a protocolo cómo se van a desarrollar los actos. En las cosas que son más improvisadas, también lo ves venir y tienes que procurar estar ahí y cerca, porque desde lejos no haces nada. Robert Capa ya decía que una foto no es lo suficientemente buena si no estás lo suficientemente cerca.
Yo tuve muy buenos maestros. Empecé en La Voz de Asturias, conocí a Eloy Alonso que fue fotógrafo de Reuters hasta hace poco y que también trabajó en la Agencia EFE, a Santiago García o a Fernando Robles y fui aprendiendo de ellos. Esto es un oficio y como tal, necesitas a un buen currante que te enseñe.

Un surfista al atardecer en la playa de Salinas
Un surfista al atardecer en la playa de Salinas. Año 2010 / Foto: Miki López

-Así que no es un buen fotógrafo el que tiene una buena cámara ¿no?
-Jamás, eso nunca. Las buenas cámaras ayudan a que el resultado final de tu trabajo sea mejor, pero poco más. El 90% del trabajo que hago, incluso de reportajes, lo podría hacer con un móvil, pero el resultado final no es el mismo que si lo haces con una Cannon o una Nikon. La fotografía de móvil no me convence, sobre todo para lo que yo la hago. Me gusta trabajar con elementos fotográficos que no tienen los teléfonos por mucho que digan. Tienen velocidad de obturación, pero no tienen un objetivo con diafragma y esto te limita mucho. Yo tengo la virtud o el defecto de que voy con la cámara a todos lados, hasta cuando estoy de descanso.

-La parte humana, ¿tiene un peso específico en tus fotos?
-Hubo un momento en el que me di cuenta de que estaba haciendo fotos que no iba a poder repetir nunca más. Desde hace veinte años, si me encuentro con algo que no veo habitualmente, paro, aparco y hago las fotos. Realmente soy un documentalista y procuro tenerlo todo muy bien archivado porque ahora no tengo nada en mente, pero sí pienso en un proyecto sobre el campo y el pueblo asturiano, incluso también de la ciudad, de lo que es la evolución de Asturias en los últimos treinta años. Aprovecho el trabajo que tengo como fotoperiodista para tratar de documentar los cambios que está teniendo nuestra sociedad: el abandono de los pueblos, la despoblación, el bajón de natalidad… Sí es cierto que ahí le meto una carga emocional potente porque quiero contar cómo un paisano de setenta años sigue tirando de arado o segando a gadaño. Tú ahí no ves a gente joven, ves a un hombre marcado por las arrugas y ya intuyes que no tiene relevo generacional.

“Aprovecho el trabajo que tengo como fotoperiodista para tratar de documentar los cambios que está teniendo nuestra sociedad: el abandono de los pueblos, la despoblación, el bajón de natalidad…”

-¿Entiendes tu trabajo como fotógrafo como un posicionamiento?
-Para ser fotógrafo o fotoperiodista tienes que tener una visión crítica de las cosas. Es cierto que dotas de cierta subjetividad a tus imágenes, las orientas dependiendo del mensaje que quieres dar y buscas ese ángulo o esa luz que apoya eso que estás viendo cambiar. Tengo cierta intencionalidad a la hora de hacer las fotos y si quiero dar una imagen de la Asturias despoblada, no puedo poner a nadie bailando con castañueles, aunque a veces lo estén. La gente mayor de los pueblos no tiene la concepción de que eso se acaba y de las consecuencias. Ellos lo saben, pero están en la fase final de su vida y tienen otras preocupaciones. ¿Es una pena que la gente joven no quiera venir? Sí, pero ellos no pueden hacer nada. Mucho de lo que hago en redes sociales es potenciar la imagen del paraíso en el que vivimos para ver si puedo aportar un grano de arena que haga que la gente quiera venir a vivir o desarrollar una actividad aquí.

-¿Cuál es el gran problema que se debería solucionar para conseguirlo?
-Uno de los grandes problemas del que no paro de quejarme es que no tenemos un pimiento de cobertura. En un paraíso como este se pueden desarrollar multitud de trabajos de manera telemática o a través de teletrabajo, pero, aunque alguien quisiera no puede porque no tiene cobertura. Para poder mandar un documento medianamente grande, tienes que estar buscando donde hay un repetidor para encontrar una señal de 4G y esto es tremendo. Hay que encontrar gente que quiera invertir en este tipo de infraestructuras. 

“En un paraíso como este se pueden desarrollar multitud de trabajos de manera telemática o a través de teletrabajo, pero, aunque alguien quisiera no puede porque no tiene cobertura”

-¿Qué se necesita para dar ese paso?
-Necesitamos una formación en vida rural aplicada a las nuevas tecnologías. Tecnificar y adaptar el sector primario. El turismo rural está muy bien, pero nuestra potencia es el sector primario: agricultura, ganadería, montes y pesca. Entiendo que nuestra región es muy complicada a nivel orográfico, pero también construimos carreteras de oeste a este y de norte a sur; mira cuantos años llevamos con el puñetero túnel de Pajares, con las millonadas que tenemos ahí metidas ¿y me dices que no podemos tratar de modernizar el campo en Asturias? No lo entiendo. Hasta cierto punto soy optimista porque pienso que tiene que haber un punto de inflexión, no nos van a dejar aquí como una reserva de siux.

-¿Se puede contar Asturias a través de fotos?
-A mí me cuesta muchísimo reflejar en una imagen la belleza que tiene esto. Tanto a nivel paisajístico como humano es muy complicado. La mitad de las veces no lo consigo y mira que lo intento. Cuando consigo una foto bonita siempre pienso que se aproxima a lo que veo, pero muchas veces me siento muy frustrado. Le doy vueltas, paso horas, vuelvo al sitio una y otra vez, espero esas luces que te ayudan, pero es difícil de plasmar y siempre me quedo a medio camino. Yo procuro no retocar mucho las imágenes y cuando consigo captar la atención de la gente, y ellos visitan ese lugar alucinan, porque suman lo que aporta el aire, el olor o el sonido que es lo que no transmite la fotografía, aunque lo intentes.

Primera noche de verano en el Lago del Valle, Somiedo. 21 de junio de 2017
Primera noche de verano en el Lago del Valle, Somiedo. 21 de junio de 2017 / Foto: Miki López

Tus imágenes tienen mucha fuerza, pero los textos que escribes para acompañarlas son el complemento perfecto.
-Eso nació a raíz de dar clase. Cuando veíamos mis fotos, muchos chavales me preguntaban: ¿qué estaba pasando a tu alrededor en el momento en el que apretaste el disparador? Es una buena pregunta y algo que a nivel educativo merece la pena ser contado. Empecé haciendo un blog explicando el contexto que rodeaba a alguna de las fotos que estaba haciendo: qué dificultades encontraba, qué había en ese momento… De ahí nació la idea del blog Memoria en negativo y que ahora básicamente lo tengo en Instagram. Ahí muchas veces me apoyo en una imagen para contar una historia. Otras veces cuento lo que hay alrededor de la propia imagen. Quería trasladar a la gente lo que yo sentía en el momento en el que estaba haciendo la foto.

-La mujer rural tiene mucha presencia en tus trabajos. ¿Qué ves en ella?
-Gran parte de los asturianos tuvimos una abuela o una bisabuela que caminaba kilómetros para llevarle la comida al marido o para llegar a un lavadero. Yo les tengo un respeto enorme, para mí son heroínas. Tengo muchas fotos de mujeres rurales y ahí te das cuenta de lo que sufrieron, pero hablas con ellas y no tienen concepto de sufridoras. Ese concepto se lo doy yo. Ellas dicen que trabajaron mucho, pero jamás las oyes quejarse por nada. ¡Es alucinante! Mi abuela tiene 93 años y nunca lo hizo, igual que mi bisabuela. Está claro que es otra vida, otro tipo de gente y no quiero decir que tengamos que volver a eso, pero sí es verdad que no valemos ni la mitad de lo que valen ellos. Con el espíritu que tienen sacaríamos este país adelante, pero la realidad es que no lo tenemos. Nos acostumbramos a lo bueno que se supone que es vivir en la ciudad y lo del pueblo lo dejamos para quien lo quiera.

Victoria Uría se apoya en el hombro de su hijo en el pueblo de Santiso, en Ibias. Enero de 2006
Victoria Uría se apoya en el hombro de su hijo en el pueblo de Santiso, en Ibias. Enero de 2006 / Foto: Miki López

“Tengo un respeto enorme a las mujeres rurales, para mí son heroínas”

-¿Se te puede conocer a través de tus fotografías?
-Sí, sin duda. Hay una cosa que me agrada que me digan y es que mucha gente conoce mis fotos sin ver la firma y este es el mejor piropo que le pueden decir a un fotógrafo. Me siento muy orgulloso de que lo hagan. Ahí te das cuenta de que estás imprimiendo algo a una obra que también muestra tu forma de ser, tu carácter o tus ideas. Bien es cierto que tienes mostrar objetividad, pero es inevitable que le metas la marca, sobre todo según van pasando los años porque le imprimes carácter al trabajo que haces. Yo admiro a muchos fotógrafos a los que luego pude conocer y me doy cuenta de que son como me los imaginaba viendo sus fotografías.

-¿Ver las cosas desde detrás de un objetivo te permite mantener cierta distancia?
-Siempre afecta. Cuando hay muerte delante de tu cámara es difícil. Si estoy trabajando en una situación de esas, que me tocaron varias, me aíslo. Es como si viera las cosas a través de una tele. Procuro estar más pendiente de lo que hago y tener mucho cuidado en el momento en el que aprieto el disparador. El bajón viene después, cuando ya pasaste las fotos y llegas casa. Con el tiempo vas haciendo callo, pero todavía tengo imágenes de cuando empezaba que no se me van de la cabeza.

“Hay una cosa que me agrada que me digan y es que mucha gente conoce mis fotos sin ver la firma y este es el mejor piropo que le pueden decir a un fotógrafo”

-¿Cómo fue trabajar durante la pandemia?
-Fue una época jodida. A nivel profesional fue muy complicada, incluso llegué a pasar miedo porque hasta que no supimos cómo eran las cosas pasó bastante tiempo. Ir a una UCI y ver ese sufrimiento, la incertidumbre de la gente en la calle… Eso te marca. Somos los únicos que estuvimos fuera porque teníamos que conseguir imágenes. Yo salí todos los días a trabajar y esa sensación me quedará para la historia: cruzabas Asturias de oriente a occidente y como mucho te encontrabas con un coche de la Guardia Civil. Fue una situación super surrealista, muy rara. En ese momento eres consciente de que lo que estás fotografiando tiene un valor histórico.

Dos soldados de UME desinfectan las inmediaciones del Hospital Central de Asturias al inicio de la crisis por la pandemia provocada por el Covid 19 en marzo de 2020
Dos soldados de UME desinfectan las inmediaciones del Hospital Central de Asturias al inicio de la crisis por la pandemia provocada por el Covid 19 en marzo de 2020 / Foto: Miki López

-¿Hace falta que pase algo para obtener una buena fotografía?
-No, no hace falta. De la cosa más sencilla puedes hacerla, pero es lo más difícil de conseguir. Por ejemplo, hoy cuentan que Avilés corre el riesgo de cerrar las aulas de infantil. ¡Exprímete la cabeza para sacar una foto de eso! Cuando alguien lo consigue, sabes que tienes delante a un tío que es un monstruo. Obtener una buena foto de lo cotidiano es complicado, hay que salir, buscar, caminar e igual no la consigues hoy, pero la encuentras mañana. No te puedes rendir. Cuando te mandan a cubrir cosas evidentes ya vas sobre seguro, pero las mejores fotos son las que haces de algo que no es muy importante.

-¿Hay que aprender a mirar?
-Sí, eso se aprende. Igual que te comentaba que hay muchas cosas que son innatas, si quieres ser un buen fotoperiodista, dar sentido a una imagen y saber captarla, tienes que perder la vista viendo fotos de otros y procurando entender qué quieren decir con eso. Cuando un fotógrafo es bueno, todo tiene un sentido. No solo son fotos bonitas.

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