Úrsula Villabrille, Mujer Rural de Asturias 2026: “Hay mucho talento en el medio rural y muchas veces pasa desapercibido”

Llegó al Valledor (Allande) por amor y encontró allí mucho más que un lugar donde vivir. Encontró una forma de entender la vida. Desde una explotación de cabra bermeya levantada desde cero hasta una asociación que ha conseguido unir a más de ochenta mujeres en una de las zonas más despobladas de Asturias, Úrsula Villabrille ha ido construyendo futuro paso a paso, siempre desde el trabajo silencioso y la convicción de que los pueblos tienen mucho que decir si se escucha a quienes los habitan.

Recién reconocida como Mujer Rural de Asturias 2026, habla de arraigo, de comunidad, de innovación, de mujeres que sostuvieron generaciones enteras en silencio y de la necesidad de seguir creando oportunidades para que vivir en el medio rural siga siendo una elección posible

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-Eres Mujer Rural de Asturias 2026. ¿Cómo viviste el momento en el que te lo comunicaron?
-Con muchísima sorpresa. Fue una sensación de incredulidad. No me podía creer lo que me estaban diciendo. Te llaman por teléfono a primera hora y te dicen una cosa así y te quedas paralizada porque es algo que no esperas. Yo no sabía nada y tardé bastante en asimilarlo. Fue una noticia que tuve que ir masticando poco a poco hasta entender realmente lo que suponía.

-Tu historia no es la de alguien que heredó una explotación familiar, empezaste desde cero. ¿Cómo llegaste hasta aquí?
-Yo no nací aquí. Vivía en otro concejo y vine al Valledor cuando me casé. Teníamos una niña muy pequeña y, como cualquier persona, necesitaba un trabajo, pero en una zona tan aislada las opciones laborales son muy limitadas. Ir y volver todos los días a trabajar fuera era inviable. Las cabras siempre me habían llamado la atención, me parecían animales ágiles, inteligentes, divertidos y decidimos probar. Lo que mucha gente no sabe es que nosotros empezamos desde cero de verdad. No heredamos ganado, ni instalaciones, ni maquinaria. No había nada. Tuvimos que construirlo todo. Si alguien me pregunta si se puede empezar desde cero, diría que sí. Fácil no es, pero imposible tampoco. Aquí está la prueba.

«Las cabras siempre me habían llamado la atención, me parecían animales ágiles, inteligentes, divertidos. Así que decidimos probar y empezar desde cero. No heredamos ganado, ni instalaciones, ni maquinaria. Tuvimos que construirlo todo»

-¿Y cómo se aprende un oficio así cuando partes sin experiencia previa?
-Estudiando mucho. Leyendo todo lo que encontraba sobre cabras, sobre su manejo, su bienestar, enfermedades o alimentación. Todo lo que aparecía sobre ese tema caía en mis manos y me lo leía.
Y también aprendiendo mucho de los errores, como lo hace todo el mundo. No todo sale bien a la primera. Lo importante es rectificar, entender qué no funcionó e intentarlo de nuevo. Nunca tuve miedo a equivocarme. Siempre pensé que había que hacer las cosas lo mejor posible y seguir aprendiendo y hasta hoy.

-Manejas unas 250 cabras reproductoras y 18 yeguas. ¿Qué tiene de especial la vida de una pastora?
-Que no existen dos días iguales. La gente muchas veces no entiende que el trabajo de pastoreo implica estar pendiente del ganado todo el día. No es llegar a una finca, comprobar que todo está bien y marcharte. Aquí acompañas al rebaño, observas cómo se mueve, cómo aprovecha el monte, cómo responde a cada situación. Cada jornada depende del tiempo, de la estación, de las necesidades de los animales. Hay días en que buscas sombra y agua; otros, recorridos distintos. Es una forma de trabajar que exige presencia constante y que consume mucho tiempo, pero a mí me gusta porque me obliga a estar conectada con el entorno.

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Algunas de las yeguas de Úrsula Villabrille.
Algunas de las yeguas de Úrsula Villabrille.

-¿Qué te gustaría que la gente entendiera mejor sobre esta profesión?
-Que es un oficio que también está en peligro de desaparecer. Pastorear significa dedicar muchas horas a observar, acompañar y conocer a los animales. Hay que estar ahí y eso requiere una forma de vida que cada vez menos personas están dispuestas a asumir. Pero también es una profesión que te permite vivir muy cerca de la naturaleza y entender el territorio de otra manera. Eso para mí tiene un valor enorme.

-Mientras cuidas las cabras también escribes un libro sobre la memoria del Valledor. ¿De dónde nace esa idea?
-Me gusta mucho hablar con la gente mayor. Escuchar cómo vivían, cómo eran las fiestas, las bodas, las costumbres, cómo se organizaban cuando no había las comodidades que tenemos ahora. Con todo ello me di cuenta de que muchas de esas historias se estaban perdiendo. Son recuerdos que forman parte de la identidad de este territorio y que merecen permanecer. Por eso empecé a escribir; aunque me haya apoyado en personajes ficticios, detrás hay historias reales que pertenecen a la memoria de esta zona. Me gustaría que quedaran como un legado para las generaciones posteriores. Porque la gente del Valledor merece ser conocida.

«También estoy escribiendo un libro. Me gusta hablar con la gente mayor, escuchar cómo vivían, sus fiestas, las bodas, las costumbres. Me gustaría que fuera un legado para generaciones posteriores. La gente de Valledor debe ser reconocida»

Úrsula Villabrille, Mujer Rural de Asturias 2026, en el Valledor (Allande) con su ganado.

-El jurado ha destacado tu compromiso con el territorio. ¿Qué significa vivir en un lugar que muchos consideran un símbolo de la despoblación?
-Yo aquí me siento profundamente a gusto, pero también soy consciente de que estamos en una situación delicada. Por eso llevamos tiempo trabajando en proyectos que ayuden a revertir esa pérdida de población. La idea es crear oportunidades reales para que la gente joven pueda quedarse y para que otras familias puedan venir. Porque si queremos que un territorio tenga futuro, las personas tienen que encontrar aquí posibilidades para desarrollar su vida.

-Uno de esos proyectos pasa por una cooperativa vinculada a las mujeres del territorio.
-Sí. Estamos trabajando en una iniciativa agroalimentaria que permita generar empleo para mujeres. Muchas veces los hombres encuentran oportunidades relacionadas con actividades forestales o ganaderas, pero las mujeres tienen menos opciones. Eso condiciona mucho la posibilidad de que una familia decida quedarse a vivir aquí.
Queremos crear algo que genere actividad económica y que, además, nazca desde la cooperación. Porque cuando hablamos de repoblación hablamos también de oportunidades para construir proyectos de vida completos.

«Estamos trabajando en una iniciativa agroalimentaria que permita generar empleo para mujeres. Muchas veces los hombres encuentran oportunidades relacionadas con actividades forestales o ganaderas, pero las mujeres tienen menos opciones»

-Como presidenta de la Asociación de Mujeres del Valledor (AMUVA) habéis conseguido reunir a más de ochenta mujeres para trabajar por causas comunes. ¿Cómo surge esa fuerza colectiva?
-Pues mira, surgió de una necesidad real. Había mujeres que llevaban toda la vida viviendo muy cerca unas de otras y apenas tenían espacios para encontrarse. Mujeres que habían dedicado su vida al trabajo y a la familia y que prácticamente nunca habían tenido un lugar propio. Queríamos crear precisamente eso, un espacio para compartir, aprender, conversar y sentirse acompañadas. La respuesta fue impresionante, las mujeres se involucraron muchísimo. Y para mí es uno de los proyectos más bonitos en los que he participado.

-Úrsula, hablas de ellas con enorme admiración.
-Pues sí, porque se la merecen. Son mujeres que trabajaron día y noche durante décadas, muchas veces sin reconocimiento alguno. Sacaron adelante casas, familias, explotaciones y pueblos enteros. Te aseguro que lo que más me emociona es verlas disfrutar de espacios que quizá nunca tuvieron. Escuchar sus historias, aprender de ellas y comprobar que siguen teniendo muchísimo que aportar. Muchas veces hablamos de innovación y de futuro, pero hay un conocimiento enorme en esas mujeres que no deberíamos perder jamás.

Actividades de la Asociación AMUVA.
Actividades de la Asociación AMUVA.

-También has apostado por incorporar tecnología a la ganadería extensiva. ¿Cómo encajan tradición e innovación?
-Para mí encajan perfectamente. Es como pasar de las madreñas a unas botas de montaña. El trabajo sigue siendo el mismo, pero utilizas herramientas que te ayudan a hacerlo mejor. Los drones o los sistemas de geolocalización me permiten ahorrar tiempo, localizar animales o revisar zonas de forma más eficiente. Si existe una tecnología que mejora tu calidad de vida y tu trabajo, no veo por qué no vas a utilizarla.

-Tu trayectoria también ha estado marcada por incendios muy duros en la zona que os afectaron directamente. ¿Cómo se vuelve a empezar después de algo así?
-Con mucha terquedad. El incendio de 2011 llegó justo cuando acabábamos de empezar. Habíamos hecho un enorme esfuerzo y de repente ves cómo desaparece gran parte de lo construido. Después llegó otro incendio y volvió a golpearnos. Son momentos muy duros y muy desmoralizadores, pero al final miras alrededor, miras a los animales que dependen de ti y decides seguir. Creo que aquí somos gente luchadora. Habrá épocas mejores o peores, pero intentamos seguir adelante.

«Me gustaría que este premio sirviera para escuchar más a las mujeres rurales. Detrás de cada casa, cada pueblo hay mujeres con ideas, con proyectos y con ganas de aportar»

-¿Qué tiene de especial el Valledor para que hayas decidido quedarte?
-La gente. Desde el primer día me sentí acogida como una vecina más. Encontré personas auténticas, generosas y cercanas. Aquí hice amigos para toda la vida y descubrí una forma de vivir que encaja conmigo. Una vida tranquila que todavía te permite marcar tu propio ritmo y disfrutar de lo esencial.

-¿Qué te gustaría que el resto de Asturias entendiera sobre la vida en un pueblo de montaña?
-Que aquí hay calidad de vida. Muchas veces se piensa que estamos lejos de todo, pero tenemos herramientas, comunicaciones, tecnología y capacidad para hacer las cosas. Lo que ocurre es que vivimos a otro ritmo. No digo que esta vida sea para todo el mundo, pero sí creo que muchas veces se subestima el valor de vivir con calma, con silencio y en contacto directo con la naturaleza.

Úrsula Villabrille, Mujer Rural de Asturias 2026, con sus cabras.

-¿Y qué te gustaría que ayudara a cambiar este premio?
-Me gustaría que sirviera para escuchar más a las mujeres rurales. Detrás de cada casa, cada pueblo hay mujeres con ideas, con proyectos y con ganas de aportar. Hay mucho talento en el medio rural y muchas veces pasa desapercibido. Me encantaría que vengan, que hablen con ellas, que les pregunten qué necesitan y qué futuro imaginan para sus pueblos. Porque a veces la mejor idea para cambiar las cosas puede estar precisamente en la última casa del último pueblo.

-Si pudieras hablar con una niña del Valledor que sueña con quedarse, ¿qué le dirías?
-Que luche por lo que le guste. Da igual si quiere ser ganadera, peluquera, ingeniera o cualquier otra cosa. Lo importante es esforzarse, intentar hacerlo lo mejor posible y no dejar que nadie le diga que no puede. Yo siempre digo que no tengo miedo a fracasar, tengo miedo a arrepentirme de no haberlo intentado. Y con esa idea intento vivir.


Úrsula Villabrille insiste una y otra vez en definirse como una mujer normal. Sin embargo, en una conversación de casi una hora aparecen una explotación ganadera levantada desde cero, una apuesta decidida por la innovación, una asociación que ha tejido nuevas redes entre mujeres del territorio y proyectos pensados para que otras personas puedan quedarse donde ella decidió quedarse un día.
Quizá por eso este reconocimiento trasciende lo individual. Porque el premio celebra a una mujer, pero también una forma de entender el medio rural basada en el arraigo, la cooperación y la convicción de que el futuro de los pueblos se construye entre todos y todas. Y porque, aunque ella rehúya los focos, hay trabajos que merecen ser contados precisamente para que quienes los realizan también puedan reconocer el alcance de lo que están haciendo. Para nosotras –Fusión Asturias– ha sido un placer conocerlo y poder contarlo.

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Mariló Hidalgo
Mariló Hidalgo
Periodista con más de 30 años de experiencia, especializada en entrevistas y reportajes de profundidad. Tras formarme en Derecho, encontré en el periodismo mi verdadera vocación. Llevo 12 años en Fusión Asturias y desde 2012 soy directora de la revista, donde escribo sobre territorio, cultura, proyectos humanos y paisajes sociales del Principado. Mi trabajo se centra en la conversación pausada, la escucha y el retrato honesto de personas que construyen Asturias desde dentro.

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Mariló Hidalgo
Periodista con más de 30 años de experiencia, especializada en entrevistas y reportajes de profundidad. Tras formarme en Derecho, encontré en el periodismo mi verdadera vocación. Llevo 12 años en Fusión Asturias y desde 2012 soy directora de la revista, donde escribo sobre territorio, cultura, proyectos humanos y paisajes sociales del Principado. Mi trabajo se centra en la conversación pausada, la escucha y el retrato honesto de personas que construyen Asturias desde dentro.

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